Superando clichés: las comunidades fenicias y púnicas

Estado actual del tofet de Cartago (Wikimedia).

La cultura fenicia y púnica ha sido injustamente tratada por la historia. Desde época de Homero, las fuentes clásicas nos han transmitido una visión de los fenicios como gentes embaucadoras, rencorosas y maliciosas. Una imagen distorsionada y estereotipada, pero a su vez impregnada por un fuerte pensamiento eurocentrista que ha tenido y sigue teniendo grandes repercusiones en nuestra forma de ver el pasado.

Las guerras púnicas y el nacimiento de la hegemonía romana en el Mediterráneo

La batalla del Cabo Ecnomo representada por el pintor francés Gabriel Jacques de Saint-Aubin en 1763. Fue una de las mayores batallas navales de la Antigüedad (Wikimedia).

Pocas guerras de la Antigüedad han hecho florecer más la imaginación de las generaciones posteriores que las guerras púnicas. Curiosamente, el conflicto que encumbró a Roma como auténtica potencia mediterránea es recordado fundamentalmente por las hazañas de su gran rival: Aníbal. El paso de los Alpes con sus elefantes y las grandes batallas en suelo itálico, que pusieron en jaque a la República romana, son citados frecuentemente como hechos que pudieron cambiar la historia del mundo conocido, pero ¿cuál fue el origen del enfrentamiento entre romanos y cartagineses?

El puerto de Cartago, capital del Mediterráneo

Pocos pueblos han dominado el mar como los cartagineses, quienes fueron capaces de convertir su ciudad en el centro comercial y político del Mediterráneo. Desde el enorme y moderno puerto de Cartago partían los barcos para la conquista de costas extranjeras, y a sus muelles llegaban mercancías y riquezas. Esta es la historia de una de las mayores obras de ingeniería de la Antigüedad.

Consideraciones sobre las relaciones entre al-Andalus y Bizancio

Vista aérea de la Mezquita de Córdoba (Toni Castillo, Wikimedia).

Cada vez se hace más necesario, en Historia, apagar las luces y volverlas a encender con el único propósito de recobrar la perspectiva. Y tampoco lo es menos la urgencia por articular un relato nuevo acerca de nuestro pasado, tarea a la que deberíamos aplicarnos los historiadores profesionales. Las últimas declaraciones en torno a al-Andalus y su huella, tanto en la identidad española, como en la fisonomía de nuestras ciudades, hacen necesario reconducir el debate y evitar distorsiones intencionadas.

‘Ni dejéis al mundo testimonio nunca visto’. El saco de Tesalónica, 904

Una nave zarpando del puerto de Constantinopla rumbo a Tesalónica, en Grecia, nos sirve de punto de partida para relatar una historia que suena actual. El escenario es el mismo, un Mediterráneo surcado por gentes obligadas a dejar sus hogares y una ciudad asediada; tablero en el que se juegan intereses con la misma torpeza ayer que hoy. Por azares de la Historia, se ha conservado un testimonio de primera mano de aquellos acontecimientos que permite darles un trasfondo humano.

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