En contexto. Albania 1997: la olvidada crónica balcánica

Time Magazine Photo, Vlore, Albania, 1997. Del autor Robert Nagle.

En 1997 la República de Albania fue testigo del alzamiento de toda una población, que sintiéndose estafada no dudó en asaltar los cimientos del Estado como el ejército o la policía, creando de este modo una situación totalmente insólita en la más reciente historia europea. La gestación de esta crisis desde inicios de la administración Berisha en 1992 hasta su definitiva explosión a inicios de 1997, quedan plasmados en el presente texto que pretende acercar al lector un episodio más de la inestable geopolítica balcánica.

Clío va al cine. Cambiar la Geografía

El barón de Arizona (Samuel Fuller, 1950), es una entretenida y algo moralizante historia sobre el caso real de James Reavis, un atrevido falsificador que reclamó en 1883 el territorio del estado norteamericano de Arizona. Tras un complejo proceso se desestimó su petición y se descubrió su bien urdido engaño.

El cine despierta recuerdos de la infancia, moviliza emociones que creíamos perdidas bajo la suave embestida de las bandas sonoras y genera un mapa vital inevitable. Somos los libros que leemos, la gente con la que conversamos y, muy especialmente, las películas que amamos. Un cine abandonado, una historia fabulosa de un estafador que quiso ser barón de Arizona y un hallazgo son los mimbres con los que puede construirse un peldaño de la memoria.

La crisis está en la mirada

Joel McCrea y Veronica Lake forman una singular pareja en Los viajes de Sullivan, Preston Sturges (1946). Él recorrerá transmutado en vagabundo un país en ruinas para descubrir las cosas que de verdad importan. La crisis del 29 y sus efectos son el marco generador de la trama de esta comedia con mucho fondo social.

Aprender a mirar es la clave. Descubrir dónde se sitúa la línea del horizonte es una de las anécdotas favoritas de Steven Spielberg sobre su encuentro con el ya por aquel entonces legendario John Ford. La esencia detrás de la anécdota es, básicamente, que la mirada es la herramienta más poderosa de la que puede presumir un autor, ya sea sobre el lugar donde se pone el sol, el modo de tratar un personaje o bien en torno a un acontecimiento histórico.

La memoria es un cine de verano

Fort Bravo (Escape from Fort Bravo, John Sturges, 1953), es un western clásico protagonizado por Eleanor Parker y William Holden. La película tiene la facultad innegable, como tantos otros clásicos, de evocar aventuras y pasiones simplemente con el recuerdo de algunos fragmentos. Anida, por tanto, en esos sustratos del pasado toda una forma de entender el cine.

La fascinación por el cine puede tener infinitos cauces, caminos e interpretaciones. Tantos como individualidades sensibles encierran la humanidad y sus obligados confinamientos. No podemos dejar de apelar ahora a ese cine, que también es historia viva del relato que nos construye, aprendido en la infancia y convertido con el tiempo en un combustible sensacional para analizar, como en un espejo deformado, las crudezas de la existencia.

Clío conquista América

Una de las funciones más habituales del cine es servir como elemento para reflexionar sobre los momentos más conflictivos o polémicos de nuestra historia. Es decir, revisitar determinadas épocas al albur de las características, particularidades y rasgos de una etapa concreta que vio nacer cada película ayuda a alumbrar el debate historiográfico y, si bien no aporta luz sobre los hechos, sí cumple la sagrada visión de obligarnos a parar, mirarnos en el espejo del tiempo y pensarnos como sociedad.

Clío va al cine. El cine dentro del cine

José Luis Garci apunta en su ‘Morir de cine’ que nada malo puede ocurrir cerca de una sala de cine. Más allá de la imprecisión metafórica y escasa seguridad científica de esta frase, sí deja patente un innegable amor por el cine. Lo cinematográfico, por su fuerza fabuladora, por ser capaz de arrancar una sonrisa en plena tragedia (y una lágrima en la comedia), por su fuerza semiótica y por la posibilidad casi inherente de crear nuevos mundos posibles (o imposibles), como diría André Bazin, se convierte en un espacio de libertad para el hombre. Lo mismo ocurre con el arte en general, pero pocas disciplinas han explotado tanto como el séptimo arte la reflexión sobre sí mismo, la revisión de sus neblinosos contornos o el auto homenaje descarado.

Una cicatriz de celuloide

Apocalypse Now es probablemente el mejor ejemplo de cómo la guerra puede transformar, degradar y alterar la naturaleza del ser humano. Hay en la pulsión de sus planos, en los recorridos de la cámara y en las resonancias literarias un indescifrable valor estético y reflexivo sobre el absurdo de la propia lucha.

En general, el arte ha encontrado en la guerra un doble potencial. Por un lado, es un excitante marco narrativo, pues genera un espacio donde las pasiones humanas se desatan, posibilitando excesos de todo tipo. Por el otro, es la causante de muchos de los traumas que se destilan o reflejan, en mayor o menor medida, a través de la creación. El cine, lejos de estar apartado de dicho influjo, se ha bañado constantemente en tales aguas.

Clío va al cine. La pulsión escópica

El cine es uno de los artes que más nos acerca a las pulsiones atávicas, pero no lo hace con la mera representación de lo intangible (eso ya había ocurrido con la escultura, la pintura y finalmente la fotografía). El celuloide tiene la aspiración de capturar furtiva e incongruentemente el movimiento y, con él, retazos del alma humana y fragmentos de su historia. Lo cierto es que, aunque fracasa en el proceso, el estruendoso y sublime resultado ciega con el resplandor de la cola de un cometa.

La memoria como novela

Cartel del cortometraje.

En esta ocasión abordamos La Jetée, cortometraje de culto dirigido por Chris Marker en 1962. Sus singulares hechuras tienen mucha más relación con el contexto histórico de las que cabría imaginar. La ciencia ficción es una excusa para hablar del peligro nuclear y de las búsquedas del ser humano.

El III Fichla anuncia las películas que participarán en la sección oficial a competición

Cartel FICHLA 2018

Seis documentales y seis largometrajes de ficción optan, en cada categoría, al premio ‘Testigo de la Historia 2018’ de la tercera edición del Festival Internacional de Cine Histórico de La Laguna. El Espacio Cultural Aguere y la Universidad de La Laguna acogerán los pases de las producciones seleccionadas, entre el 31 de octubre y el 4 de noviembre.

Canal Historia tendrá una amplia participación en la tercera edición del Festival Internacional de Cine Histórico de la Laguna

El ‘Canal Historia’ participará como jurado y hará entrega del premio al mejor documental. Este canal internacional colaborará en la retrospectiva ‘La Máquina del Tiempo’, dedicada al 50 aniversario de la muerte de Martin Luther King, y estrenará en exclusiva para Europa el documental ‘Rise Up, the movement that changed America’.

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