11 de febrero de 1873: proclamación de la Primera República española

El 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo I de Saboya, se celebró una reunión conjunta del Congreso de los Diputados y del Senado, constituidos en Asamblea Nacional para la ocasión, que acordó la proclamación de la Primera República española.

El historiador y catedrático de Universidad, Emilio Castelar, subiría a la tribuna para pronunciar el memorable discurso que saludaba la llegada de la República: «Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria».

Alegoría de la Primera República. 
La Flaca 6 de marzo de 1873.
Tomás Padró (Wikimedia)

La Primera República tuvo una duración efímera como república parlamentaria, menos de un año, ya que el 3 de enero de 1874 el general Pavía, con fuerzas militares y de la Guardia Civil, disolvió violentamente el Congreso de los Diputados. Aunque se mantuvo otro año más como república autoritaria, con el parlamento disuelto, las garantías constitucionales suspendidas y el general Serrano al frente del poder ejecutivo, hasta que otro golpe de Estado en diciembre de 1874, encabezado por el general Martínez Campos, restableció la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII. 

Proclamación de la República por la Asamblea nacional. 
La Ilustración Española y Americana 16-febrero-1873.
Pellicer (Wikimedia)

Descubrir la Historia dedicó un amplio análisis a esta convulsa etapa de nuestra historia. En este breve artículo de recuerdo de esta efemérides histórica queremos hacer referencia a cinco aspectos concretos, posiblemente menos conocidos para el gran público, que enumeramos a continuación: 

El programa social

Pi i Margall, líder del Partido Republicano Federal (PRF) y hombre fuerte durante la primera mitad de vida de la república parlamentaria, primero como ministro de la Gobernación del poder ejecutivo presidido por Figueras (del 12 de febrero al 11 de junio de 1873), y luego como presidente del poder ejecutivo (del 11 de junio al 18 de julio del mismo año), puso en marcha todo un programa de medidas sociales entre las que destacaríamos: el impulso de una reforma agraria para asignar lotes de tierra a los jornaleros, recurriendo para ello a la expropiación de tierras que sus dueños mantuvieran sin cultivar al menos durante cuatro años; la prohibición del trabajo infantil de niños en edad escolar; la protección de las condiciones higiénicas para mujeres que trabajaran en la industria; la reducción de la jornada laboral a 9 horas (muy por encima de esa cifra en la época, por ejemplo, en la avanzada Inglaterra, las Leyes de Fábrica —«Factory Acts»— la limitaban a 10 horas); el establecimiento de un salario mínimo; la supresión de las herencias colaterales y reducción a la quinta parte de las directas. Planteaban también la implantación de la enseñanza pública, gratuita y obligatoria, así como la separación entre la Iglesia y el Estado; y la abolición de la esclavitud en Cuba.

La estructuración del Estado

El proyecto de Pi i Margall era el de constituir una República de carácter federal en la que la nación española se definía compuesta por 17 Estados regionales: Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla La Nueva, Castilla La Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia y Vascongadas. Y la manera de articularse se explicaba en el proyecto de Constitución que no se llegó a promulgar («non nata») y que decía: «En la organización política de la Nación española todo lo individual es de la pura competencia del individuo; todo lo municipal es del Municipio; todo lo regional es del Estado y todo lo nacional es de la Federación». Lo que representaba, sin duda, un ideario muy avanzado y moderno de conformación del país.

Proclamación de la República en las calles de Madrid la noche del 11 de febrero, dibujo de Vierge en Le Monde Illustré, 1 de marzo de 1873 (Wikimedia)

La dificultad/imposibilidad de su aplicación

Ante la ofensiva armada que desarrollaba el movimiento carlista en el norte del país, el Gobierno pidió la supresión de las garantías constitucionales en las provincias vascas para combatir la sublevación, pero la Asamblea Constituyente lo rechazó porque había sectores favorables a extenderlo a todo el país para combatir contra los republicanos federales más radicales, los conocidos como «intransigentes», lo que llevó a la ruptura de estos últimos abandonando la Constituyente y marchando a sus territorios de origen a promover las insurrecciones cantonalistas.

Esta situación imposibilitó la permanencia de Pi i Margall al frente del poder ejecutivo al defender una línea política tendente a la conciliación entre republicanos, perdiendo el apoyo de la Asamblea Constituyente para ser reemplazado por Salmerón, de orientación más conservadora, al frente del poder ejecutivo el 18 de julio de 1873, lo que llevó a que el estallido cantonalista se intensificase aún más por todo el país.

La represión militar del movimiento cantonalista, al igual que la guerra de Cuba y las carlistas, fueron aprovechadas por los militares monárquicos para ascender rápidamente a sus partidarios dentro del ejército, de manera que, desde que se produjo el golpe de Pavía en enero de 1874, hasta el definitivo de Martínez Campos en diciembre de ese mismo año, el mando militar se fue estructurando progresivamente con el objetivo de asegurar el regreso de los Borbones.

El cantonalismo no era un movimiento separatista

El movimiento cantonalista no tenía ningún carácter independentista. Querían imponer de forma acelerada y de abajo hacia arriba buena parte de los objetivos que se había marcado el propio Pi i Margall. De hecho, en el cantón de Cartagena se llegó a constituir un gobierno provisional de la Federación Española, desde el que se adoptaban, por ejemplo, medidas para eliminar cargas y rentas de carácter feudal que habían sobrevivido hasta esa fecha en diferentes territorios del país. Es decir, no tenía un carácter ni localista ni separatista, como a veces se ha querido presentar.

Sin embargo, el movimiento insurreccional cantonalista, apoyado por internacionalistas seguidores de Bakunin (líder de tendencia anarquista), precipitó la caída de Pi i Margall, y con ello se produjo la suspensión de la aplicación de todo su programa social, así como del proyecto constitucional que aun habiendo sido aprobado por la Constituyente no se llegó a promulgar.

Pi i Margall en 1869 (Wikimedia)

La Internacional y el movimiento cantonalista

El compañero de Marx, Engels, redactó un informe para la Internacional en 1873 en el que criticaba duramente el papel de los anarquistas bakuninistas en la insurrección cantonal titulado Los bakuninistas en acción, en el que se puede leer: «Castelar y comparsa, se echaron a temblar ante el movimiento que les rebasaba; no tuvieron más remedio que ceder el poder a Pi i Margall, que intentaba una transacción con los intransigentes. Pi era, de todos los republicanos oficiales, el único socialista, el único que comprendía la necesidad de que la República se apoyara en los obreros. Así presentó enseguida un programa de medidas sociales de inmediata ejecución, que no sólo eran directamente ventajosas para los obreros, sino que, además, por sus efectos, tenían necesariamente que empujar a mayores avances y, de este modo, por lo menos poner en marcha la revolución social. Pero los internacionales bakuninistas, que tienen la obligación de rechazar hasta las medidas más revolucionarias, cuando éstas arrancan del «Estado», preferían apoyar a los intransigentes más extravagantes antes que a un ministro».

Cuando se está a punto de cumplir casi un siglo y medio (149 años) de la proclamación de la Primera República española parece un buen momento para reflexionar sobre algunos de estos aspectos menos conocidos.

Para saber más

Juan Sisinio Pérez Garzón (2016). El Sexenio Democrático, 1868-1874 en Historia contemporánea de España 1808-1923. Madrid: Akal.

Jesús de Blas, Alfredo López y Juan Pedro García (2021). La Primera República de 1873Descubrir la Historia.

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Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

Alfredo López Serrano

Doctor en Historia por la UCM y profesor de Enseñanza Secundaria de Geografía e Historia. Entre 2003 y 2017 ha sido Profesor Asociado en la Universidad Carlos III de Madrid. Es Presidente de la Federación Española del Profesorado de Historia y Geografía FEPHG y miembro del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular MCEP.

Juan Pedro García de las Heras

Licenciado en Historia y diplomado de estudios avanzados (DEA) por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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