La muerte de Sócrates

«Recuerda pagarle al dios Asclepio el gallo que le debemos». Con estas palabras, lo creamos o no, se despidió del mundo Sócrates, el filósofo griego que transformó el pensamiento antiguo y que la influido en la filosofía occidental incluso hasta nuestros días.

Sócrates no murió de viejo, de enfermedad o por accidente: fue condenado a muerte por la ciudad de Atenas y ejecutado mediante la cicuta, un potente veneno. ¿Cómo fue esto posible?

Busto de mármol de Sócrates, copia romana del original griego de Lisipo. Fuente: Wikimedia Commons. 

Sócrates era oriundo de Atenas, de donde no se movió en toda su vida, y nació en una familia relativamente acomodada, donde se educó como cualquier ateniense que se preciase, recibiendo lecciones en literatura, música y gimnasia. Tenía fama de ser, hablando en plata, muy feo: bajito, rechoncho, de ojos saltones y nariz respingona; hasta sus contemporáneos, como Alcibíades y Aristófanes se reían de su aspecto. Su esposa, Jantipa, tenía por su parte fama de tener muy mal carácter; una representación típica de la pareja en el arte posterior suele mostrar a Jantipa, enfurecida, tirándole encima un orinal lleno de heces a su marido.

Sócrates y Jantipa, grabado de Otto van Veen (1607). Fuente: Wikimedia Commons.

Pero lo que más llamaba la atención de Sócrates era su intelecto. Desde joven mostró una inteligencia prominente y un sentido de la ironía muy agudo, y poco a poco fue haciéndose famoso por las clases que impartía a los jóvenes nobles que se juntaban con él, en las que, contrariamente a lo que uno podría esperar, Sócrates no discurría ni daba clases magistrales, sino que preguntaba y preguntaba y preguntaba, obligando a sus discípulos a pensar y a llegar ellos mismos a sus propias conclusiones. Este método retórico se llamó posteriormente «método socrático» en honor al filósofo. Aunque Sócrates nunca puso nada por escrito, su principal discípulo y sucesor espiritual, Platón, dejó plasmada en su obra la forma que tenía su maestro de compartir su sabiduría. A través de diálogos como los del CritónProtágorasCritias o Gorgias(todos ellos titulados en honor al principal protagonista de cada diálogo), Sócrates interrogaba inquisitivamente a sus discípulos sobre la ley, la justicia, el amor, la amistad o la paz.

La llamada Prisión de Sócrates en Atenas, junto a la colina de la Pnyx, aunque excavaciones recientes han desmentido que este lugar fuera empleado como prisión. Fuente: Oddvisor.

Esto, además de su disconformidad con las leyes establecidas por la polis, llevó a los gobernantes de Atenas a sentirse profundamente descontentos con Sócrates. Se lo acusó de corromper a la juventud (una acusación que, vista en retrospectiva, tiene bastante sentido) y de no respetar a los dioses de la ciudad. Tras un juicio muy polémico, en el que Sócrates se negó a exiliarse y a dejar Atenas, fue condenado a muerte mediante la ingesta de cicuta. Rodeado de sus amigos y discípulos, Sócrates se suicidó en el 399 a. C., a los setenta y un años.

La muerte de Sócrates, de Jacques-Louis David (1787). Fuente: Wikimedia Commons. 

Este filósofo tuvo una vida extraordinaria y una muerte trágica, pero su legado, continuado por Platón y por el discípulo de este, Aristóteles, cambió la faz del pensamiento occidental para siempre.

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