Santa Olga de Kiev: la venganza se sirve caliente

Hoy vamos a hablar de Rus. ¿De Rusia, quieres decir? No, no, habéis leído bien: de Rus. Si se suele hablar de Rusia como la Madre Rusia, entonces Rus sería la Abuela Rusia, puesto que el nombre de este país euroasiático deriva del suyo.

Rus fue un Estado medieval eslavo, un conjunto de federaciones que respondían a un poder centralizado en torno a Kiev, que existió entre los siglos IX y XIII entre Bielorrusia, Rusia y Ucrania. Fue un reino que ha generado numerosísimas leyendas del acervo cultural eslavo, y durante unos años tuvo una reina que no les iba a la zaga a otros sangrientos gobernantes de la época: Olga de Kiev.

Retrato de Santa Olga por Mikhail Nesterov (1892). Fuente: Wikimedia Commons.

En el siglo X, la región de Rus había sido tomada por Ríurik, un jefe vikingo que había puesto fin a las guerras intestinas entre eslavos y fineses y se había hecho con el trono, estableciendo la dinastía rúrika, que gobernaría hasta el siglo XVI. Olga era la hija de Oleg, uno de los subalternos de Ríurik y gobernador de Kiev, y se la casó con Igor, el hijo del propio Ríurik. Todo queda en familia, que se dice. Igor era un hombre ambicioso, tanto como su padre, y eso acabaría convirtiéndose en su ruina.

Aunque hizo un buen trabajo a la muerte de su padre, expandiendo el territorio de Rus, Igor comenzó a tener problemas en las fronteras de su reino. Un pueblo vecino, los drevlianos, se rebelaron contra la autoridad rusa a la muerte de Oleg y, aunque Igor logró subyugarlos y que pagaran el tributo acordado, las fuentes nos dicen que regresó a territorio drevliano, con un ejército reducido, para exigir más dinero todavía. Esto no debió de gustarles nada a los drevlianos, que, ni cortos ni perezosos, ataron a Igor a dos árboles tensados y lo desmembraron vivo. 

Olga y el cuerpo de su difunto marido, el príncipe Igor, por Vasily Surikov (1915). Fuente: Wikimedia Commons. 

Tanto si esta sensacionalista versión de su muerte es cierta como si no, el caso es que Olga quedó como regente de su hijo Sviatoslav, que solo tenía tres años, y se dedicó a vengar la muerte de su marido. Engañó a no una ni dos embajadas de drevlianos que, con muy poco ojo, le propusieron que se casara con el príncipe que había asesinado a Igor, y los asesinó a todos: en cierta ocasión invitó a una embajada a un festín y, cuando todos estuvieron borrachos, ella y sus soldados los pasaron a cuchillo; en otra ocasión, invitó a otra embajada, los encerró en un pajar y le prendió fuego. Los engaños de Olga para tomar Iskorosten, la principal ciudad de los drevlianos, todavía se narran en historias rusas y ucranianas: la reina envió un ejército de palomas con trozos de sulfuro ardiendo para pegarle fuego a la ciudad, tomándola sin casi mover un dedo.Hasta la mayoría de edad de Sviatoslav, Olga gobernó Rus con el apoyo del pueblo y del ejército, y fue una gobernante de lo más exitosa y apreciada. En torno al 950 se convirtió al cristianismo y tras su muerte fue canonizada, convirtiéndose en una de las figuras más importantes de la expansión de esta religión en Europa del Este. Si algo hay que aprender de esta historia es que, sin duda, nunca hay que subestimar a una mujer que quiere venganza.

Santa Olga, por Nikolai Bruni (1912). Fuente: Wikimedia Commons
Olga vengándose de los asesinos de su marido, en un manuscrito del siglo XV. Fuente: Wikimedia Commons
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