La Estatua de la Libertad: la primera dama estadounidense por excelencia

Además de uno de los monumentos más icónicos de Nueva York, la Estatua de la Libertad es, también, un símbolo de Estados Unidos y de la American way of life.

Su nombre oficial es bastante más rimbombante de aquel al que estamos acostumbrados: Liberty Enlightening the World, «La Libertad iluminando al mundo», pero representa muy bien el ideal con el que se creó, aunque, por diversas razones, no siempre se logró mantener. La vida de la Estatua de la Libertad es tan interesante como la escultura en sí y un fiel espejo de la historia del siglo XX. 

Statue of Liberty New York City

La creación de la Estatua de la Libertad se relaciona con la independencia de Estados Unidos, puesto que fue un regalo de Francia a este país en el centésimo aniversario de su independencia, en 1886, puesto que numerosas tropas francesas, lideradas por el marqués de Lafayette, ayudaron a los entonces colonos americanos a liberarse del yugo británico (aunque estos luego no les correspondieron durante la Revolución francesa). En 1886, Estados Unidos acababa de salir de la Guerra de Secesión y estaba reconstruyéndose y tratando de regresar a una cierta estabilidad, por lo que el simbolismo de la Estatua, cuando el político francés Eduardo Laboulaye propuso la idea, fue tremendo.

Diseñada por el escultor Frédéric Auguste Bartholdi, la Estatua se inspiró en modelos clásicos, en esculturas de Hécate y del dios Helios – de hecho, la corona rayada que lleva es una copia exacta de las coronas solares de numerosos dioses griegos, como los citados Hécate y Helios o Apolo, o de la corona de los emperadores bizantinos. La Estatua comenzó a ser ensamblada en París, donde se expuso en la Exposición Universal de 1878 (con la intención de recabar fondos para poder completarla y exportarla). 

Estatua de la diosa Hécate en mármol (copia romana de un original helenístico), clara influencia en el diseño de la Estatua. Fuente: Wikimedia Commons. 

Una vez montada totalmente en Francia, con un armazón de hierro y un recubrimiento de cobre, la Estatua procedió a ser desmontada para trasladarla a Estados Unidos. Se decidió que se la colocaría en la isla Bedloe, rebautizada isla de la Libertad, frente al puerto de Nueva York, orientándola hacia Europa como símbolo de que siempre acogería a sus inmigrantes – una localización un tanto desafortunada al estar muy cerca de la isla Ellis, famoso centro aduanero de los siglos XIX y XX en el que numerosos inmigrantes fueron detenidos y recluidos. 

Desempaquetamiento de la cara de la Estatua a su llegada a Nueva York el 17 de junio de 1885 (autor desconocido). Fuente: Wikimedia Commons. 

La Estatua se inauguró el 28 de octubre de 1886 y ha permanecido desde entonces como un icono del skyline neoyorkino y una de sus mayores atracciones turísticas, siendo testigo de acontecimientos tan trágicos como los ataques terroristas del 11-S contra las Torres Gemelas. Se esté o no de acuerdo con el ideal que pretende transmitir, la Estatua de la Libertad ha pasado a formar parte del acervo cultural internacional, apareciendo en todo tipo de literatura, cine, televisión y música y dando lugar a réplicas que se encuentran en Las Vegas, Buenos Aires o París entre otros. Con sus 46 metros de altura, la Estatua es un coloso de fama imperecedera. 

La Estatua de la Libertad con la isla Ellis justo detrás. Fuente: Klook
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