El griego: cuatro mil años de historia

«De e los sos ojos tan fuertemientre lorando tornava la cabeça i estávalos catando». Estos son los primeros versos del Cantar del Mio Cid, y leerlos en castellano antiguo, tal como se pusieron por escrito en torno al año 1200, nos resulta rarísimo.

¡Y eso que solo son de hace ochocientos años! ¿Os imagináis poder leer textos en castellano de hace casi cuatro mil años? Pues los griegos pueden, porque el griego es una de las lenguas más antiguas que todavía se hablan, desde sus orígenes con los micénicos hasta la Grecia de Mitsotakis. 

Evidentemente, en cuatro mil años un idioma cambia mucho, y los griegos actuales no pueden leer a Homero con la misma facilidad que a Pétros Márkaris, pero no deja de ser increíble que el lenguaje siga siendo, en esencia, el mismo. Las primeras instancias de textos en algo que se pueda identificar como griego vienen del período micénico. Durante décadas tras excavar los palacios cretenses de Cnosos y Festos y los griegos de Micenas o Tirinto corrieron ríos de tinta para tratar de descifrar las misteriosas tablillas que allí se encontraron, hasta que se llegó a dos conclusiones: que en esas tablillas había dos idiomas distintos, el Lineal A y el Lineal B, y que el Lineal B, la lengua de los micénicos, ¡era griego! Un griego muy primitivo, sin duda, pero griego al fin y al cabo. Por ejemplo, el nombre del dios Poseidón ya aparece, en su forma po-se-da-o, o se mencionan los to-ra-ke para hablar del thorax de las armaduras.

Tablilla micénica con griego en escritura Lineal B. Fuente: Dr Dud’s Dicta.

El griego antiguo que hoy estudiamos ya aparece en Homero, aunque este utilizaba lo que se ha llamado unaKunstsprache, o lengua artística, que no es exactamente lo que habrían hablado los griegos del siglo viii a.C., sino que es una forma literaria que mezcla dialectos y palabras muy elevadas. Ya es en Heródoto, Tucídices o Jenofonte cuando alcanzamos el griego «clásico», aunque en este periodo todavía hay diferencias dialectales, que casi desaparecerán con el imperio de Alejandro Magno y la creación del koiné, una suerte de griego estándar para que todos los habitantes de sus territorios pudieran entenderse. Aun así, era un idioma endiablado: los acentos, los espíritus (las aspiraciones, como cuando en el inglés se pronuncian las h) o los modos verbales son totalmente distintos a nuestro propio sistema del español.

Inscripción en griego clásico, actualmente en Delfos. Fuente: Wikimedia Commons.

En época medieval, Grecia formó parte del Imperio bizantino (y, durante un corto periodo, del reino de Venecia), pero a partir de 1453, con la caída de Constantinopla, estuvo bajo control otomano hasta su independencia en la década de 1820. Estos largos siglos de coexistencia con los otomanos transformaron enormemente el idioma, añadiendo numerosos términos turcos que aún hoy perviven. El problema llegó con la independencia griega y la estandarización del idioma en el recién creado Estado. Se crearon dos grupos de pensamiento: aquellos que abogaban por la katharévousa, la «lengua pura», que retomaba elementos del griego antiguo, y los que defendían el demótico, la lengua popular. Tras muchas disputas, en 1976 el griego demótico se convirtió en la lengua oficial de Grecia.La lengua de un país puede decirnos tanto sobre él como su historia, y es que las palabras son un fiel reflejo del desarrollo de cualquier territorio. Grecia tiene miles de años de historia a sus espaldas, y su lengua, también.

Asedio de la acrópolis, de Georg Perlberg (ca. 1850), en la que se muestra la lucha en la guerra de independencia griega. Fuente: Washington Mag Culture. 
Bandera griega frente al Partenón en la acrópolis de Atenas. La lengua y la bandera fueron uno de los muchos elementos unificadores de la nueva República griega en el siglo xx. Fuente: Pinterest. 
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