El asesinato de Filipo II de Macedonia: un magnicidio que cambió el mundo

La fama de Alejandro Magno no tiene parangón, ni en el mundo antiguo ni en el moderno; el propio Julio César lo admiraba y se sentía minúsculo comparado con el rey macedonio.

Pero Alejandro reconoció varias veces que el mérito de la grandeza de su reino y de su ejército no le correspondían a él, sino a su padre, Filipo II de Macedonia, una de las mentes militares más preclaras de la historia. ¿Qué habría sido del mundo antiguo si Filipo no hubiera sido asesinado en el año 336 a. C.?

Filipo II accedió al trono en un momento bastante convulso de la historia de Macedonia. Era el hijo más joven de Amintas III y estaba bastante lejos en la línea sucesoria, pero sus dos hermanos, Alejandro II y Pérdicas III, fueron asesinados: el primero a manos de su cuñado, Ptolomeo de Aloros, y el segundo en una batalla contra los ilirios. Filipo pasó su infancia pasando de mano en mano: fue rehén político de los ilirios durante un tiempo y más tarde de los tebanos, lo que le permitió tomar buena nota de los numerosos avances militares que estaban ocurriendo en Grecia en ese momento. Cuando subió al trono (desplazando a su sobrino Amintas IV, el legítimo heredero, al que Alejandro prontamente ejecutó cuando fue coronado), Filipo convirtió Macedonia en el reino más poderoso de toda Grecia, con un ejército imparable que lo hizo amo de la Hélade en un tiempo récord.

Retrato de Filipo II de Macedonia en marfil. Fuente: Pinterest. 

Pero Filipo era también un hombre difícil. Sabemos por las fuentes que era un gran (y mal) bebedor y que era propenso a estallidos de ira. Su relación con su cuarta mujer, Olimpíade (cabe destacar que era polígamo y se casó siete veces) y con su hijo Alejandro nunca fue del todo buena, especialmente cuando, hacia el final de su vida, decidió casarse con Cleopatra, la jovencísima hija de uno de sus generales, y amenazó a Alejandro con declararlo bastardo si esta le daba un hijo.

En el año 336 a. C., se celebró en Egas, la capital de Macedonia, la boda entre la hija menor de Filipo, también llamada Cleopatra, y su tío, Alejandro de Epiro. Durante las festividades en el teatro de la ciudad, Filipo hizo sacar en procesión doce estatuas doradas de los doce dioses olímpicos, y luego una tercera de sí mismo – un acto de increíble vanidad. Empeñado en entrar solo al teatro para saludar a la multitud como forma de causar efecto, no pudo hacer nada cuando Pausanias de Oréstide, uno de sus guardaespaldas, le saltó encima y lo cosió a puñaladas. Pausanias fue perseguido y ejecutado inmediatamente, pero el daño estaba hecho. Filipo II había muerto.

Pausanias asesina a Filipo en el teatro de Egas, de André Castaigne (1898). Fuente: Wikimedia Commons. 

Aunque la principal explicación que se dio fue que Filipo había insultado gravemente a Pausanias, ya fuera por un lío de faldas o por un asunto más político, siempre hubo rumores de que Olimpíade y Alejandro habían estado involucrados – rumores que este siempre negó con vehemencia. La muerte de Filipo dio el trono a su joven hijo, que se convirtió en uno de los reyes más exitosos de la historia y que conquistó Grecia y Asia, marchándose de Macedonia en el 334 a. C. para nunca volver. 

Fachada de la tumba de Filipo II en Egas (actual Vergina). Fuente: Wikimedia Commons. 
Busto de Alejandro Magno por el escultor Lisipo. Fuente: Biografías y Vidas. 
Si te gusta nuestro trabajo, la mejor manera de disfrutarlo de una manera completa es suscribirte. Recibirás en casa nuestra revista en papel acompañada de marcapáginas ilustrados y obtendrás ventajas digitales, como leer la revista en nuestras apps o acceder a todos los contenidos en la página web.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Artículo añadido al carrito.
0 artículos - 0,00