Naqsh-e Rostam: la necrópolis de los reyes de Persia

Las Guerras Médicas y la conquista de Asia de Alejandro Magno hicieron famosos a varios soberanos persas: Darío I, Jerjes I y Darío III, y Jenofonte dio fama imperecedera a Ciro II el Grande en su Ciropedia.

Sin embargo, siempre que hablamos de reyes aqueménidas, lo hacemos desde la óptica griega, con fuentes griegas y, al final, opiniones griegas. Muy pocos testimonios nos han llegado de la historia aqueménida desde el lado de los propios persas; por ello, los pocos testimonios textuales y arqueológicos que tenemos son tanto más preciados.

Ese es el caso de uno de los yacimientos más desconocidos y sin embargo más significativos del imperio aqueménida: la necrópolis de Naqsh-e Rostam. Igual que las pirámides honran a los antiguos faraones de Egipto, los soberanos persas se enterraron con pompa y esplendor en unas tumbas excavadas en la roca de la montaña. El yacimiento, a unos 12 kilómetros de la antigua capital persa de Persépolis, es pura historia iraní. Los relieves más antiguos documentados en el enorme farallón rocoso datan del año 1000 a. C., de época elamita, y de hecho dieron nombre al lugar, puesto que se creía que representaban al héroe persa medieval Rostam (Naqsh-e Rostam significa ‘el relieve de Rostam’). 

Foto panorámica de Naqsh-e Rostam, con las cuatro tumbas excavadas en la roca y la Torre de Zoroastro en el extremo inferior izquierdo. Fuente: Wikimedia Commons/Diego Delso

Flanqueados por la llamada Torre de Zoroastro, posiblemente un santuario del siglo V a. C., cuatro reyes aqueménidas se enterraron aquí, esculpiendo tumbas con monumentales fachadas al estilo del palacio de Persépolis. Darío I (522-48 a. C.), Jerjes I (486-465 a. C.), Artajerjes I (465-424 a. C.) y Darío II (423-404 a. C.) eligieron Naqsh-e Rostam como el lugar para su descanso eterno. Todas las fachadas, con forma de «cruz persa», están coronadas por relieves de los reyes, sus súbditos y el dios Ahura Mazda. La tumba de Darío I, sin embargo, es la que más atención ha atraído siempre, puesto que contiene una larguísima inscripción en persa antiguo cuneiforme, en la que se listan todos los territorios bajo control aqueménida, asegurando que la expansión de Darío y de su imperio ocurrió bajo la gracia de Ahura Mazda: el rey incluye a los griegos que vivían en la costa de Asia Menor y a Macedonia en este listado. Por desgracia, poco se sabe del contenido de las tumbas o de sus ajuares: todas ellas fueron saqueadas en época helenística, tras la conquista de Alejandro Magno. 

La llamada Torre de Zoroastro. Fuente: Wikimedia Commons/Diego Delso. 
Parte de la inscripción de la tumba de Darío I. Fuente: Wikimedia Commons/Diego Delso. 

En época tardoimperial, lo que había sido el imperio aqueménida fue conquistado por los sasánidas, que establecieron el imperio sasánida o segundo imperio persa (que fue, de hecho, el último gobierno que hubo antes de la conquista musulmana). Cinco reyes sasánidas aprovecharon Naqsh-e Rostam para realizar grabados con sus gestas militares, entre ellos uno que representa la victoria de Shapor I contra el emperador Valeriano. No cabe duda de que Naqsh-e Rostam fue durante muchos años, y aun hoy sigue siendo, un lugar que rezuma historia.

Relieve de Shapor I venciendo al emperador Valeriano, que se arrodilla ante el caballo del rey sasánida. El ejército de Valeriano fue totalmente destruido en la batalla de Edessa (260) y el propio emperador fue hecho prisionero. Fuente: Wikimedia Commons/Diego Delso. 
Si te gusta nuestro trabajo, la mejor manera de disfrutarlo de una manera completa es suscribirte. Recibirás en casa nuestra revista en papel acompañada de marcapáginas ilustrados y obtendrás ventajas digitales, como leer la revista en nuestras apps o acceder a todos los contenidos en la página web.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Artículo añadido al carrito.
0 artículos - 0,00