Los guerreros de Xi’an: guardianes para la eternidad

El susto que los granjeros Yang Zhifa y Wang Puzhi se llevaron el 29 de marzo de 1974, cuando, al excavar un pozo para sus campos, se toparon con el mayor hallazgo arqueológico de China, debió de ser apoteósico.

Pues fue así como se descubrió la tumba de Qin Shi Huang, el primer emperador de China, y los 8000 guerreros de terracota que lo custodian en su sueño eterno.

Qin Shi Huang se declaró emperador de China tras unificar el país en el año 221 a. C. y gobernó durante once años más, expandiendo las fronteras de su imperio y ampliando la Gran Muralla China; sin embargo, su obra arquitectónica más famosa es, sin duda, su mausoleo. Las obras para su construcción comenzaron cuando el emperador (entonces rey) tenía apenas 13 años, y sabemos que se emplearon casi 700 000 trabajadores en él (por llamarlos de alguna manera; los anales indican que fueron obligados a trabajar en estas obras). La elección del monte Li para construir el túmulo no fue aleatoria: era un lugar en el que se ubicaban minas de oro y jade, por lo que el emperador quiso asociarse a esos materiales preciosos.

Panorámica del ejército de terracota en Xi’an. Fuente: National Geographic. 
El monte Li huyendo del calor, rollo colgante de seda de Yuan Jiang (1702). Fuente: Wikimedia Commons. 

Los guerreros de terracota no son más que una pequeña parte de la gigantesca necrópolis de Qin Shi Huang: prospecciones arqueológicas han señalado que el complejo entero se extendería hasta 98 km2. La tumba en sí, si bien ha sido localizada, todavía no se ha abierto ni excavado por miedo al posible deterioro de lo que se encuentre en su interior; de momento, las excavaciones se han centrado en los fosos de las figuras de terracota, que, de hecho, se encuentran a 1,5 km del mausoleo. 

Los guerreros de terracota descubiertos, más de 8000, son oficiales de infantería, caballería y arqueros que guardan el mausoleo para proteger al rey en el más allá. Son bastante altos, entre 1,75 m y 2 m de altura, y, a pesar de que ahora los vemos todos de color oscuro, originalmente estuvieron pintados de vivos colores, como casi todas las esculturas de la Antigüedad mundial. En otros fosos también se encontraron esculturas de músicos, acróbatas u oficiales. Está claro que Qin Shi Huang quiso llevarse a su corte entera a la otra vida, replicando su palacio imperial en su mausoleo y su ejército en los guerreros de terracota, posiblemente la exhibición de poder más espectacular de cualquier monarca del mundo antiguo. 

Recreación de los guerreros de terracota policromados. Fuente: Wikimedia Commons. 
Detalle de los guerreros en el yacimiento. Fuente: Wikimedia Commons. 

El mausoleo de Qin Shi Huang también tiene una vertiente más oscura: se han excavado hasta tres fosos con restos humanos, algunos de ellos mutilados o con señales de haber tenido una muerte violenta: ¿quizás los trabajadores obligados a colaborar en las obras? ¿Prisioneros sacrificados? ¿O miembros de la corte de Qin Shi Huang depurados por su sucesor? Las excavaciones del mausoleo continúan en la actualidad y todavía es muchísimo lo que tenemos que aprender de la tumba de este monarca, pero, hasta entonces, podemos deleitarnos con la visión del gran ejército chino de Xi’an. 

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