Ebla: el imperio desconocido

Todos hemos aprendido en el colegio que la escritura surgió, en torno al 3000 a. C., en Egipto (jeroglífica) y en Mesopotamia (cuneiforme), y, aunque esto no deja de ser verdad, esta narrativa se olvida de Oriente, puesto que en China hay sinogramas documentados desde el año 6500 a. C., y de otras zonas del Levante mediterráneo que a menudo pasan desapercibidas. Este es el caso de Ebla, una de las ciudades-estado más poderosas y olvidadas de la Antigüedad.

Localizada en la actual Siria, a 50 km al sur de Alepo, Ebla fue una importantísima potencia levantina entre los siglos XXX y XXIII a. C. Si bien inscripciones egipcias y acadias coetáneas ya habían alertado a los estudiosos sobre un reino vecino llamado Ebla, no fue hasta el descubrimiento de una estatuilla de la diosa Ishtar con el nombre de un rey eblaíta lo que identificó el yacimiento de Tell Mardik como Ebla, cuyo edificio principal, el palacio, había comenzado a ser excavado en 1964. El mayor descubrimiento de todos, sin embargo, fue unos años después cuando se descubrió una ‘biblioteca’ con casi 1,800 tablillas en sumerio y en eblaíta (aunque ambos usan el mismo sistema de escritura, lo que ayudó a descifrar el segundo). Irónicamente, debemos agradecer este descubrimiento a la destrucción y quema del palacio, puesto que las tablillas, de arcilla mojada, se cocieron en las llamas y de esta manera han llegado hasta nosotros.

Ruinas de Ebla en la actualidad. Fuente: Lugares con historia.

Estas tablillas dan cuenta de una ciudad-estado que, en su cénit, habría controlado todo el oeste de Siria hasta Damasco y parte del valle del Éufrates, lindando con los imperios de Akkad y Mari al este (las relaciones con sus vecinos no fueron siempre amistosas). Se regía por una monarquía electiva elegida por los principales aristócratas de la ciudad, y el rey se apoyaba en un visir real que habría gestionado, entre otras cosas, el ejército y la cancillería, donde se encontraba la biblioteca. Ebla fue un Estado enormemente belicoso y, aunque su influencia se extendió por el Levante mediterráneo gracias a la pericia y a la ambición de sus comerciantes, no dudó en lanzar expediciones guerreras contra las ciudades vasallas que se rebelaban contra su autoridad o contra sus vecinos: Mari durante el primer reino de Ebla (3000-2300 a. C.) y Akkad durante el segundo (2300-2000 a. C.), con mayor o menor fortuna en cada caso. 

La biblioteca de Ebla, tal y como se la encontraron los arqueólogos. Fuente: Pinterest.
Tablilla cuneiforme hallada en Ebla. Fuente: Historyofinformation.com.

Ebla fue finalmente destruida por el rey hitita Mursili I en torno al 1600 a. C. y, aunque continuó siendo habitada hasta el siglo VII d. C., nunca volvió a disfrutar de la gloria que había tenido durante el tercer milenio. Durante la guerra civil siria, entre 2013 y 2020 el yacimiento de Ebla fue expoliado y arrasado, creando grandes problemas para los futuros arqueólogos, y, precisamente por las dificultades que su estudio entraña, Ebla debe tener el reconocimiento que se merece como pieza clave en la historia del Mediterráneo antiguo.

Naram-Sin, rey de Akkad que, junto a su padre Sargón, luchó contra Ebla durante el segundo reino. Fuente: Wikimedia Commons.
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