Los trenes de sangre de India y Pakistán

Poca gente no conoce hoy a Mahatma Gandhi, el impulsor de la independencia de la India y uno de los principales predicadores de la no violencia.

Junto a su compañero Jawaharlal Nehru y a su rival, Muhammad Ali Jinnah, el 15 de agosto de 1947 logró declarar la independencia de la India del imperio británico. Hubo grandes celebraciones por las calles al grito de «Jai Hind», «victoria para la India», pero lo peor todavía estaba por llegar. Menos de un año después, el país estaría dividido en dos y muchos de sus ciudadanos, muertos.

El Punyab, llamado a veces el granero de India, es una región situada entre Pakistán y el norte de India, cuyos límites siguen siendo disputados a día de hoy. Antes de la partición, en la población del Punyab se mezclaban musulmanes, hindúes y sijs, aunque predominaban los primeros, lo que lo convirtió en una zona de tremendas tensiones tras la independencia y con las primeras conversaciones sobre la partición. Ya en 1940, la Liga Musulmana, el principal partido islámico del país liderado por Muhammad Ali Jinnah, firmó la Resolución de Lahore, en la que reclamaba dos Estados separados para evitar que los musulmanes indios fueran oprimidos y discriminados en zonas de mayoría hindú o sij. Gandhi se opuso diametralmente a la división de la India, pero las protestas que estallaron tras la Resolución y los crecientes enfrentamientos, a menudo muy sangrientos, que se produjeron entre los musulmanes y los hindúes y sijs del Punyab hicieron que en 1946 se aprobara la partición de la India. 

Gandhi y Muhammad Ali Jinnah, los dos artífices de la partición de la India y Pakistán. Fuente: Wikimedia Commons.

En 1947, el Punyab fue dividido en dos mitades, siguiendo líneas religiosas: en India, el Punyab Oriental (con capital en Shimla y luego en Chandigarh); y en Pakistán, el Punyab Occidental (con capital en Lahore). Sin embargo, la escalada de violencia previa a 1947 había causado un odio entre las tres poblaciones religiosas que tendría terroríficas consecuencias.

Las repercusiones de la partición no se hicieron esperar en el Punyab. Las líneas férreas que unían Chandigarh, Amritsar y Lahore fueron empleadas por millones de personas que huían de un lado a otro de la nueva frontera. En los primeros tres meses de independencia, casi cinco millones de musulmanes fueron evacuados del Punyab hacia Pakistán. Los trenes que transportaban estos ingentes números de personas eran a menudo atacados por el camino, por sijs e hindúes si se trataba de un tren de musulmanes y viceversa, todos ellos azuzados por odio que la partición había alentado. Se cuentan historias terribles de carreteras y vías de tren cubiertas de cadáveres, y los cálculos del número de víctimas de estas matanzas ferroviarias estiman hoy entre doscientos mil y dos millones de muertos.

Un tren lleno de musulmanes en septiembre de 1947, similar al que pasó por Amritsar. Fuente: The Citizens Archive of Pakistan

La peor de todas sucedió el 22 de septiembre de 1947 en Amritsar, en el Punyab indio. El tren, que llegaba cargado de musulmanes que abandonaban India, arribó a la estación de Amritsar por la tarde y, en cuanto se detuvo, un destacamento de sijs que lo estaban esperando abrió fuego a bocajarro contra la máquina. Tras esto, entraron en el tren y asesinaron a hombres, mujeres y niños indiscriminadamente. Los periódicos de la época reportaron que el tren iba escoltado por un grupo de hindúes, que no hicieron nada por detener la matanza. Esta duró unas tres horas y dejó 3000 muertos y 1000 heridos. Como era de esperar, hubo consecuencias y dos días después, el 24 de septiembre de 1947, un tren de sijs e hindúes que entraba en Lahore, ahora Pakistán, fue atacado por musulmanes, provocando la muerte de 340 personas. 

Artículo de la masacre de Amritsar del 25 de septiembre de 1947 en el periódico australiano The Advertirser. Fuente: Trove/National Library of Australia.

No fueron las únicas matanzas de este estilo que se produjeron en los trenes que cruzaban la frontera. Catorce millones de hindúes, sijs y musulmanes abandonaron sus casas tras la partición para instalarse en India y Pakistán, y solo podemos imaginar lo que debió ser ver llegar aquellos trenes llenos de cadáveres a las estaciones, en lo que aquellos que vivieron esos momentos han descrito como ‘un silencio fúnebre’. A día de hoy, la partición y sus consecuencias inmediatas siguen siendo un tema polémico tanto en Pakistán como en India, pues ambos países presentan su independencia como un éxito total, pero las vías de tren que unen Lahore y Amritsar siempre recordarán la sangre que se derramó sobre ellas.

Bibliografía

Hajari, N. (2015), Midnight Furies: The Deadly Legacy of India’s Partition, Boston y Nueva York, Houghton Mifflin Harcourt. 

Talbot, I. (1998), Pakistan: a modern history, Londres, Hurst & Co. 

Tan, T. Y. y Kudaisya, G. (2002), The Aftermath of Partition in South Asia, Londres y Nueva York, Routledge.

Lectura adicional: K. Singh, Tren a Pakistán, Libros del Asteroide, 2011.

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