Archippe, una benefactora helenística

La palabra ‘mecenas’ forma ya parte íntegra de nuestro vocabulario: alguien que financia algo, generalmente relacionado con las artes o las letras. Sin embargo, poca gente sabe que el término viene del nombre de un romano de época de Augusto, Cayo Mecenas, gran amigo del emperador que efectivamente patrocinó a numerosos literatos de la época. Y lo que menos gente sabe todavía es que los ‘mecenas’ ya precedieron a este por varios siglos y que, en el mundo griego, eran prácticamente una institución asentada y regulada.

El evergetismo, del griego euergeteō, ‘llevar a cabo una buena acción’, se popularizó enormemente en las polis de época helenística (323-31 a.C.), en las que ciertos individuos notables que acumulaban la riqueza de las ciudades la empleaban para favorecer a las mismas, encargándose de financiar diversos aspectos de la vida pública: los edificios, las labores de mantenimiento o los juegos atléticos y los cultos religiosos. Con esta aparentemente desinteresada benefacción a la comunidad, los evergetas o benefactores esperaban convertirse en personajes clave para el devenir político de las póleis y lograr beneficios sociales y diversos honores.Asia Menor, lo que hoy en día conocemos como Turquía, se convirtió en uno de los principales escenarios de desarrollo histórico de esta época, especialmente con la emergencia del reino atálida en Pérgamo. El interior de Asia Menor comenzó a ser urbanizado con la fundación de grandes ciudades con nombres dinásticos, como Laodicea o Estratonicea, pero la costa jonia ya había sido colonizada por los griegos desde época arcaica (siglo VIII a. C.) y tenía numerosas ciudades de gran antigüedad. Una de estas ciudades era Cime (hoy Aliağa), que aseguraba ser una de las ciudades más antiguas de la región. Aquí surgió, en el siglo II a. C., una mecenas tan desconocida como fascinante: Archippe.

Pilares con las inscripciones de Archippe. Museo Arqueológico de Esmirna. Autora: Cristina Mestre González.

De la vida de Archippe no sabemos gran cosa: era hija de un benefactor de Cime y tuvo un hermano llamado Olimpios que murió antes que ella, dejándola como única beneficiaria de la fortuna familiar. Sabemos que en la época helenística la situación de la mujer se liberalizó con respecto a períodos anteriores, aunque sus derechos siguieran siendo reducidos, y en numerosas ocasiones tenemos descripciones de herederas. Archippe, sin embargo, es un caso singular.

Ocho inscripciones grabadas en pilares del bouleuterión de Cime, el edificio en el que se reunía el Consejo de la ciudad, describen los honores que se le concedieron a esta mujer tan notable. Archippe no solo se encargó de reparar el bouleuterión, encargándose incluso de revisar los planos, sino que también encargó la construcción de un nuevo santuario a la diosa Homonoia en el ágora y pagó de su propio bolsillo las deudas acumuladas de la ciudad, ganándose, entre otros honores, la exención del pago de las liturgias, es decir, la obligación de costear de su bolsillo ciertos cargos públicos, que le habrían correspondido. Con un lenguaje ampuloso y grandilocuente, en las sucesivas ocho inscripciones se nos dice que Archippe recibiría honores públicos y una colosal estatua de bronce tocada con una corona por la personificación del pueblo de Cime, el dēmos, así como sacrificios por su salud y honores funerarios tras su muerte, entre los que se contaba una procesión en la que su cuerpo sería llevado por los efebos y el gimnasiarco hasta el lugar en el que los demás benefactores de la ciudad estaban enterrados.

Tetradracma de plata de Cime del siglo II a. C., de la época de Archippe. Fuente: Wikimedia Commons. 

Las menciones en los textos a la debilitada salud de Archippe y a la preocupación de Cime con su posible muerte hacen pensar que la mujer no participaba en persona en la vida política de la ciudad, pero, aun así, su influencia es indiscutible. La concesión de estatuas en honor a benefactores fue algo común en el mundo helenístico, pero Archippe es el único ejemplo de una mujer benefactora que recibiera tal distinción.

Archippe fue sin duda una singularidad para su tiempo: una mujer rica, madura y soltera, sin marido ni hijos, que se convirtió en una personalidad destacada dentro de su comunidad y participó en ella, transformando Cime y dejando una tan huella duradera en la vida política y cultural de la polis que sus conciudadanos la honraron hasta después de muerta, sin escatimar en honores que le habrían concedido a un hombre. 

Acrópolis de Pérgamo, una de las ciudades más importantes de Asia Menor y vecina de Cime. Fuente: Wikimedia Commons.
Templos en la acrópolis de Pérgamo como los que Archippe ayudó a restaurar. Fuente: Wikimedia Commons.

Bibliografía:

Bielman, A. (2012), “Female Patronage in the Greek Hellenistic and Roman Republican Periods”, en A Companion to Women in the Ancient World, Eds. S. L. James y S. Dillon, Malden, Wiley-Blackwell, pp. 238-248.

van Bremen, R. (2008), “The date and context of the Kymaian decrees for Archippè (SEG 33 1035 – 1041)”, Révue des études grecques n.º 110, pp. 357-382.

Inscripciones en I. Kyme 13 (SEG 33.1041).

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