José de Herrando. 300 años del nacimiento del «Tartini español»

Este pasado año 2020 la historia nos recuerda que no solo debemos de conmemorar al genial Ludwig van Beethoven en el 250 aniversario de su nacimiento, o al gran violinista y compositor italiano Giuseppe Tartini; sino que nos apunta una nueva efeméride en la que celebrar el 300 aniversario del nacimiento del violinista español José de Herrando. Este artículo pone el broche de oro a los homenajes que, de forma única en España, ha estado haciendo Fundación Hispania Música y su orquesta Concerto Málaga a esta figura esencial del XVIII español. Su vida y creación son vitales para entender nuestra historia musical dieciochesca, fundamentalmente en la música instrumental y de cámara.

José de Herrando (1720/21-1763) es, probablemente, el violinista nacido en España más representativo del siglo de las luces en nuestro país. Desarrolló su actividad en el ámbito de la corte madrileña como miembro de la Capilla de la Encarnación y de la Capilla Real. De la misma forma, trabajó para la Casa de Alba, Casa de Osuna y la Condesa-Duquesa de Benavente. Participó con asiduidad en la orquesta del Teatro del Buen Retiro en Aranjuez, La Granja o El Escorial y fraguó una gran amistad con el castrato Farinelli. Virtuoso consumado, Herrando fue uno de los violinistas más aclamados de España y, por ello, se hace acreedor de que lo consideremos el «Tartini español».

La vida de José de Herrando transcurre básicamente en el tercio central del siglo XVIII
y desarrolla principalmente su actividad en Madrid, donde la música instrumental comienza a vivir una etapa de mayor esplendor. En su vida, se distinguirá como intérprete, compositor y profesor, circunstancia habitual en los violinistas de la época, a modo de espejo de los grandes maestros italianos como Corelli, Vivaldi, Locatelli o Tartini, entre muchos otros. Oriundo de Valencia, debió nacer en 1720 o en algún momento entre enero y febrero de 1721.

Siendo aún adolescente se traslada a Madrid por circunstancias de trabajo de su padre, que también era músico y debía incorporarse a la compañía de teatro de Manuel San Miguel. En 1737 ya se le sitúa por primera vez como violinista participando en la ópera «Constancia y Mujer» de J.B. Mele. Posteriormente, accede a la Capilla Real del Convento de la Encarnación de Madrid, llegando a ser su primer violín. Igualmente, comienza a figurar asiduamente como violinista contratado de la orquesta operística del Teatro del Buen Retiro, formada especialmente para tocar en las fiestas organizadas en la corte por Carlo Broschi Farinelli, que se realizaban tanto en Madrid como en la permanencia rotatoria estacional de la corte en Aranjuez, Escorial y la Granja.

Retrato de José Herrando grabado por Manuel Salvador Carmona, (1734-1820), desde un dibujo de Luis Velázquez. 1757, Biblioteca Nacional de España, IH/4313.
Retrato de José Herrando grabado por Manuel Salvador Carmona, (1734-1820), desde un dibujo de Luis Velázquez. 1757, Biblioteca Nacional de España, IH/4313.

Finalmente alcanza su etapa de madurez artística en la década de 1750, momento en el que comienza a codearse con los mejores artistas del momento y con importantes personajes de la nobleza y de la Casa Real. En este momento pasa al servicio de la Casa de Alba, para la que trabajó desde 1751. Colabora igualmente con la Condesa-Duquesa de Benavente entre 1753 y 1758, no sólo como violinista y compositor, sino también en calidad de festero.

Herrando acaba fraguando importantes e influyentes amistades, destacando su contacto frecuente con Farinelli, figura que acumulaba un gran poder e influencia en la corte. Una relación que debió ser muy cercana y convertirse en una fuerte amistad, pues Farinelli contaba con él para formar parte de la plantilla de la orquesta del Buen Retiro y, además, Herrando le dedicó una colección de sonatas para quintone, instrumento que Farinelli tocaba.

Tras el fallecimiento del violinista Francisco Manalt, en enero de 1759, surge una plaza vacante en la Capilla Real de su Majestad, pero, debido al proceso de sucesión del rey que finalizó con la coronación de Carlos III, las oposiciones se retrasan y no son convocadas hasta junio de 1760. Herrando, que ya había optado con anterioridad y según las actas se aprecia cierto veto, ganó la oposición a pesar de no contar con el beneplácito del maestro de capilla, Francisco Courcelle. El tribunal lo conformaron el propio maestro de capilla y tres violinistas, que decidieron darle la plaza a Herrando aun a pesar de que Courcelle apostó por darle la prevalencia al aspirante Salvador Rexach. Destacamos aquí un fragmento de lo reflejado por Felipe Sabatini en su informe:

«Don Joseph Herrando tiene un bello tono, un gran brillante, mucha ejecución, muy limpio y muy fino; solo altero algo el tiempo en el último allegro de su sonata, y en lo de capilla hubo algún en que suplirle; pero toco la sonata de repente como ninguno; y en el último allegro se le quebró la prima algo antes de acabarlo, y sin embargo de eso la prosiguió hasta terminarla, y quiso volver a repetir para concluir, y nosotros le dijimos que bueno estaba»

José de Herrando fallece el 4 de febrero de 1763 con 42 años y soltero. Fue enterrado en la capilla de la novena perteneciente a la iglesia de San Sebastián de Atocha, la cual estaba vinculada al gremio de los actores, debido a que fue cofrade durante toda su vida, además de que dicha parroquia le pertenecía por ser vecino de la calle Huertas.

Su formación como violinista marca un estilo compositivo de gran nivel

Mucho se ha especulado en relación con su aprendizaje violinístico, lógicamente sus primeros pasos debió darlos con su padre, quien, como hemos mencionado anteriormente, también era músico. O quizás, aprendió con algún músico cercano a la familia que estuviese relacionado con el teatro musical donde su padre se desenvolvía profesionalmente. Tras sus primeros contactos con la música y sus años de aprendizaje violinístico en su entorno, debió, evidentemente, perfeccionarse con un buen maestro.

 Se ha venido especulando mucho en el pasado sobre su ascendencia violinística. Hasta la fecha, se le situaba en la escuela de Corelli, o del veneciano Facco, que pasó gran parte de su vida en Madrid, pero evidencias documentales y, sobre todo su marcado estilo compositivo, lo sitúan escolásticamente en la «Scuola delle Nazioni», fundada por Tartini. Este asunto ya fue expuesto en el número 25 de esta misma revista en el artículo titulado «250 años de la muerte del violinista Giuseppe Tartini. La resonancia de su figura en la España dieciochesca». Más allá de esta cuestión, se hace indudable su avanzado conocimiento del violín para la España de la época, así pues, seguro, estuvo en contacto directo con la vanguardia, porque su calidad converge perfectamente con el nivel de violinistas insertados tradicionalmente en el discurrir de la historia de la música universal.

La faceta de compositor la cultivó profusamente en dos áreas claramente delimitadas. Por un lado, trabajó en la música instrumental camerística y, por otro, también realizó composiciones musicales para el teatro, siendo muy versátil en sus obras ya que componía desde la popular seguidilla hasta la sonata.

Su estilo compositivo muestra una gran influencia tartiniana, su música es el puro estilo galante español personificado, fruto del balance entre las corrientes provenientes de la península itálica y de las singularidades hispanas concretadas en una corriente violinística genuina, adscrita al estilo galante en su segunda etapa. Nuestro violinista es el prototipo de artista ilustrado, absolutamente merecedor de verse reconocido como el «Tartini español», pues su escritura es de una frescura exquisita, tan singular y delicada como las retorcidas molduras del más bello arte ibérico churrigueresco, desde una visión dieciochesca enmarcada en un nuevo renacer, rememorando un rococó, pero a la española, donde la ornamentación visualmente recargada resulta ser liviana y efímera, con una concepción estética de trascendencia efímera sujeta estrictamente a la belleza puramente artística en sí misma. Por ello, sus composiciones y maestría violinística lo convierten en merecedor de la categoría de violinista y compositor de primer nivel.

Fragmento de «Fernando VI y Bárbara de Braganza con su corte, 1750-1759». Grabado a buril en 1752 por Charles-Joseph Flipart (1721-1797), por pintura de Jacopo Amiconi (1682- 1752). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Fragmento de «Fernando VI y Bárbara de Braganza con su corte, 1750-1759». Grabado a buril en 1752 por Charles-Joseph Flipart (1721-1797), por pintura de Jacopo Amiconi (1682- 1752). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Herrando cabalga en su madurez hacia algunas composiciones en un estilo más clásico, espejo de la escuela de Mannheim, con una evolución de su discurso armónico y con la aparición de un incipiente bitematismo que le hacen huir finalmente de la estructura conceptual heredada de la suite en cuatro movimientos a modo de sonata da camera, a la sonata más puramente clásica de tres movimientos. En algunas sonatas recurre al tema descriptivo y alegórico de la naturaleza, tan de moda en el barroco italiano, así como también a la apariencia que nos da en algunos casos el concepto de composición de las sonatas en par, que vivió muy de cerca de la mano de Scarlatti.

En definitiva, Herrando se sitúa en un estilo galante a la española, pero cabalga bien entre dos tendencias, pues conoce el pasado violinístico barroco, al cual recurre, sobre todo, en su estructura, pero se muestra abierto a los progresos del clasicismo. Estamos pues antes un compositor que lidera un grupo de violinistas compositores nacidos en España que de forma incipiente atisban un clasicismo a la española. Probablemente sean de los pocos que vivieron en España una analogía a lo que ocurría en otras partes de Europa, pues se desen-
volvieron en los entornos de la corte y las casas nobiliarias, espacios permeables a las nuevas influencias.

Un legado de relieve

El legado de José Herrando lo encontramos repartido por el mundo, algunas obras claramente concretadas y otras, que, aunque sabemos de su composición, no han sido halladas. Se trata de una amplia obra, pero aún difusa. Su catálogo compositivo discurre sobre la música de cámara, por un lado, y la música teatral por otro. Igualmente, también le debemos sus trabajos pedagógicos.

Al servicio de la Casa Alba, Herrando compuso concretamente entre 1750 y 1760 multitud de obras. Entre las piezas que Subirá catalogó en el archivo de la Casa Alba figuraban sonatas, tocatas, tríos, dúos, además de un libro de lecciones para la viola y otro no declarado de lecciones para violín, lo que nos aporta el dato de la preocupación pedagógica de Herrando. La primera composición de Herrando para los Alba pudieran haber sido las dos colecciones de seis tríos compuestas en 1751 para dos violines y bajo continuo. Éstas fueron dedicadas al duque de Huéscar y conocidas también como doce tríos. También compuso Herrando «Doze Tocattas A Solo de Violin y Baxo para el Excelentísimo Duque de Huéscar de Herrando [sic]» y otra colección en forma de recopilación de doce sonatas para violín y bajo.

En 1754 le dedica una colección de seis sonatinas a Farinelli, tituladas «Sonatine a solo per violino di V corde, per divertimento del Sig. D. Carlo Broschi Farinelli» depositadas en la Biblioteca Comunale de Bolonia. En 1758 se publican en Londres «Eighteen New Spanish Minuets, for two violins and a bass» impresas por John Johson, con obras de Herrando, Cabar, Camusso, Espinosa, Luna y Narciso. Mitjana nos indica que la mayoría son de Herrando, y que los demás autores son absolutamente desconocidos.

Así mismo, y editados en 1760, aparecen los «Tres duos nuevos a dos violines», además, nos dice Siemens, que procedente del antiguo archivo del conde de Fernán Núñez aparecen varias sonatas, entre las que destacan «Sonata Per Violino ê Basso del Sigº Errando [sic]»; «Sonata â solo Yntitulada El Jardin de Aranjuez en tiempo de Primavera con diversos cantos de páxaros y otros animales del Sigº Herrando [sic]».

También se identifican diferentes minuetos para violín procedentes del «Manuscrito Hague» y una pieza miscelánea de presumible composición de Herrando, en una edición típicamente romántica instrumentada para arpa y piano denominada «Caprice suivi d’un theme varié et dialogué».

Sonatas dedicadas a Farinelli. Biblioteca Comunale de Bolonia.
Sonatas dedicadas a Farinelli. Biblioteca Comunale de Bolonia.

Además, Herrando quiso seguir la senda marcada por su padre y continuó componiendo para el teatro, lo que le hizo estar vinculado a este mundo de por vida. Sus obras más conocidas fueron «Aún que vive Don Juan de Espina» con libreto de J. de Cañizares; la comedia «Los Juegos Olímpicos», ambas compuestas en Madrid en abril 1752; el Auto sacramental «La Cura y la Enfermedad», la comedia «El segundo Augusto Cesar y proféticas sibilas», el auto sacramental «El día mayor de los días» y la comedia en tres actos «Judas Iscariote» con libreto de A. de Zamora. En 1755 debió componer la «Serenata de Indimion y Diana», para las veladas organizadas por la Condesa-Duquesa de Benavente. Ya, en la década de los sesenta retoma la composición teatral y, con texto de Calderón de la Barca, compone en 1761 «Manos Blancas no ofenden». En octubre de ese mismo año compone «La perla de Inglaterra y peregrina de Hungría» con texto de Nicolás Hernández, y «Don Juan de Espina en Milán» con texto de Cañizares. Por último, no debemos olvidar el sainete «El pagador de todos», considerada pieza clave en el surgimiento de la tonadilla escénica española.

En cuanto a su labor de profesor debemos destacar las palabras de Mitjana: «Nos ha dejado numerosas pruebas de su real talento. Es el autor de unos de los primeros métodos de violín que se hayan redactados en castellano. Contribuyó de manera eficaz a desarrollar la enseñanza de los instrumentos de arco». Herrando cultivó su faceta como profesor al igual que la mayoría de sus contemporáneos, entre sus discípulos encontramos a Francisco de Paula, heredero de la Casa de Alba. Pero la riqueza de la herencia de Herrando radica en el legado escrito dedicado expresamente a la enseñanza de los instrumentos de cuerda. En concreto, un método para violín «Arte y puntual explicación del modo de tocar el violín con perfección y facilidad (…)» impreso en París en1756 que se convierte en el primer método de violín publicado por un español. Al año siguiente se puso a la venta en las tiendas de Madrid.

Igualmente, también realizó un método de viola manuscrito denominado «Libro de diferentes Lecciones / para la Viola Para el Excmo. Sr. / Duque de Alba / del Sr. Dn. Joseph Herrando», y una serie de lecciones para violín manuscritas en un número no determinado con exactitud debido a las diferentes informaciones que manejamos, relacionados en algunos documentos como «Veintiocho ejercicios para violín y bajo». Es muy posible que su producción didáctica fuera mucho más amplia, un legado muy significativo en esta materia que hasta la fecha es el más importante del siglo XVIII español.

Para saber más

—Subirá, José (1927). La música en la Casa de Alba. Estudios históricos y biográficos. Madrid: Hauser y Menet.

—Siemens, Lothar (1988). Los violinistas compositores en la corte española durante el periodo central del siglo XVIII. Madrid: Revista de la Sociedad Española de Musicología (XI, 3).

—Boyden, David (2002). The History of Violin Playing from Its Origins to 1761: and Its Relationship to the Violin and Violin Music. New York: Oxford University Press.

—Gil de Gálvez, J.M. (2016). El violín en la España del siglo XVIII desde Giacomo Facco a Felipe Libón: Evolución histórica-artística y pedagógica. Málaga: Universidad de Málaga. Tesis Doctoral inédita.

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José Manuel Gil de Gálvez

Violinista: Intérprete, profesor e investigador. Doctor (PhD) en Música con mención internacional. Profesor de la Universidad Alfonso X el Sabio
Líder de Concerto Málaga, orquesta de cuerda española. Presidente de Fundación Hispania Música.

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