De niño mendigo a premio Nobel: Mario Capecchi

La vida azarosa y casi de ficción novelesca del italoamericano Mario Capecchi, premio Nobel de Medicina o Fisiología del año 2007, es un ejemplo tanto de superación personal de unas circunstancias muy desfavorables como de los graves daños colaterales que ocasionaron el nazismo y la Segunda Guerra Mundial.

¿Puede un niño de 9 años que nunca ha ido a la escuela, que no sabe leer ni escribir, llegar a ser premio Nobel de Medicina? Sí, lo hizo el italoamericano Mario Capecchi (Verona, 6 de octubre de 1937). Su abuela, Lucy Dodd, era una joven adolescente de familia acomodada de Portland, Oregón, que soñaba con ser pintora y que a finales del  siglo XIX viajó a Europa junto con su madre, estableciéndose en Florencia.

Lucy se casó en 1905 con el arqueólogo alemán Walter Ramberg, con el que tuvo tres hijos: Walter, Lucy y Edward. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Ramberg fue reclutado por el ejército alemán y murió en combate en 1915. Lucy Dodd-Ramberg siguió pintando, sobre todo paisajes de estilo impresionista, y adquirió en Florencia una villa, que utilizó como colegio elitista para enseñar a jóvenes norteamericanas. Cuando sus hijos fueron mayores, envió a los dos varones a estudiar en Estados Unidos, mientras que Lucy estudió Literatura en la Sorbona de París. Poetisa y dotada para las lenguas, Lucy Ramberg llegó a enseñar en esa Universidad.

Antioch College (Ohio, Estados Unidos), donde Mario Capecchi se graduó en Física y Química (Wikimedia).

Lucy se integró en un grupo de poetas opuestos al fascismo, “Los bohemios”, que tuvieron actividad política contra Mussolini, publicando artículos y panfletos. Se enamoró de un aviador de la Fuerza Aérea Italiana, Luciano Capecchi con el que no llegó a casarse, lo que en aquellos tiempos implicó una gran dosis de coraje, y tuvo un hijo, Mario. En 1937 Lucy se trasladó a un chalet de los Alpes italianos, a Bolzano, donde Mario permaneció con ella hasta los tres años y medio. Su madre le hablaba tanto en italiano como en alemán. En la primavera de 1941 la Gestapo arrestó a Lucy y la encarcelaron, seguramente en el campo de Dachau, aunque no existen registros que lo prueben. Mario relata en su autobiografía que, a pesar de su corta edad, tuvo la sensación de que difícilmente volvería a ver a su madre.

Lucy se anticipó a su detención por la policía alemana, vendiendo parte de sus bienes y dándole dinero a una familia campesina de Bolzano para que cuidaran de Mario durante  su ausencia. Fue una vida sencilla, entre campos agrícolas. Mario recuerda como pisaban las uvas todos, también los niños, para obtener el mosto del vino. En este momento la Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo. Los aliados habían desembarcado en el sur de Italia y avanzaban hacia el norte. Había bombardeos americanos y en uno de ellos Mario resultó herido en una pierna, que sin llegar a romper el hueso le dejó una cicatriz permanente. Por razones poco claras, el dinero de su madre no llegó más y Mario fue expulsado de la granja, a la edad de cuatro años y medio. Vagó por la carretera de Bolzano a Verona, juntándose con otros niños sin hogar, y tuvo que vivir en la calle pidiendo limosna o robando comida para mitigar el hambre y no morir. En este contexto de miseria estuvo cuatro años. Sus recuerdos de aquella época son intensos pero no continuos, como una serie de instantáneas, algunas de ellas brutales.

 En julio de 1942 Mario llegó a Reggio Emilia en un episodio poco claro, ya que allí vivía su padre. Luciano no aceptó a su hijo, lo maltrataba y lo internó en un orfanato. También expulsado de allí, Mario enfermó. Recogido en la calle por un anónimo samaritano, ingresó en el hospital de Reggio Emilia con fiebre tifoidea y malnutrición. El propio Mario recuerda en sus memorias el hacinamiento en el hospital, con las camas casi juntas, sin sábanas, sin ropa, y con una dieta diaria consistente en un tazón de café de achicoria y un trozo de pan. Pasó un año con fiebres intermitentes, pero logró superar la enfermedad.

A finales de abril de 1945, los aliados liberaron Dachau. Su madre había sobrevivido y comenzó la búsqueda de su hijo. Lo encontró ingresado en el hospital, justo el día del noveno aniversario de Mario. Lo alimentó, le compró ropa y lo bañó, por primera vez en muchos años. Desde América, el tío Edward envió dinero para el pasaje, y pronto madre e hijo embarcaron en Nápoles hacia los Estados Unidos. Lucy nunca superó el trauma de las horrorosas experiencias de sus años de prisión. Se encerró en sí misma, casi sin hablar, y así permaneció hasta su muerte a los 82 años.

Su tío Edward era un brillante físico, profesor de la Universidad de Princeton, que contribuyó a la fabricación del primer microscopio electrónico en la RCA. Junto a su tía Sara Romberg se propusieron el reto de rescatar a Mario de su pasado. Empezó inmediatamente su escolarización y Sara le daba clases de refuerzo, comenzando por el aprendizaje del inglés. Sara y Edward eran cuáqueros, y vivían en una comunidad en Pennsylvania.

Mario necesitó tiempo para curar las heridas de su mente. Durante muchos años tuvo terrores nocturnos, grandes sacudidas bruscas durante el sueño que llegaron a romper el armazón de su cama. Sus tíos lo llevaron a psiquiatras infantiles, pero lo que lo curó fue el paso del tiempo y el apoyo de  la vida en común en la comunidad cuáquera. Buen estudiante, también practicaba deportes.

Su carrera fue muy rápida. Estudió en el Antioch College, donde se graduó en Física y Química en 1961. Después pasó al MIT, el Massachussets Institute of Technology de la Universidad de Harvard en Cambridge (Massachusetts), donde se apasionó por la biología molecular. Según sus palabras era la disciplina que unía a la física, la química, la genética y la biología. Entró en el laboratorio de James Watson, premio Nobel de Medicina en 1962 junto con Francis Crick por el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN de los cromosomas. Watson fue su verdadero mentor: le enseñó a investigar y a utilizar la tecnología existente. Mario trabajaba 90 horas semanales y con la dirección de Watson acabó el doctorado en 1967. Pasó al departamento de Bioquímica de la Harvard Medical School de Boston, al otro lado del río, donde permaneció cuatro años.

Después decidió cambiar de manera radical y en 1973 se trasladó al Medio Oeste, a la cátedra de Bioquímica de la Universidad de Utah en Salk Lake City. Según sus palabras, las prestigiosas y competitivas universidades de élite del Este tenían proyectos de investigación a corto término y exigían resultados rápidos, mientras que en la más plácida universidad del Medio Oeste proyectó un nuevo trabajo, a largo plazo pero con un mayor riesgo de fracaso por su carácter innovador. Le costó desarrollarlo más de 10 años.

Los ganadores del premio Nobel de Fisiología y Medicina en 2007: Mario R. Capecchi, Sir Martin J. Evans y Oliver Smithies (NobelPrize.org)

Junto con Martin Evans y Oliver Smithies recibió el Nobel de Medicina del año 2007 por sus trabajos sobre células madre y manipulación genética en modelos animales, el llamado gene targeting. La capacidad para cambiar o eliminar genes, para determinar su función, el campo en que trabajaron estos investigadores premiados, ha sido un hito de la genética y de la medicina. Descubrieron los principios y métodos para introducir modificaciones en genes específicos de ratones. Por micro-manipulación, insertaron un trozo de ADN externo en los cromosomas del núcleo celular y además en un locus específico, usando la recombinación homóloga. Así crearon ratones transgénicos, que poseen un trozo de ADN ajeno, colocado en el laboratorio por fertilización in vitro. De esta manera se pueden estudiar bien las funciones de un gen determinado, conocer su expresión tanto en el estado de normalidad como en las enfermedades genéticas como la fibrosis quística. Se puede remover el gen anormal y sustituirlo por uno sano, abriendo el camino para la curación de muchas de estas enfermedades.

En su breve bosquejo autobiográfico, Mario Capecchi ha relatado las experiencias que pasó en su niñez y juventud, que fueron la clave de su espíritu creativo. En su caso, a pesar de la ausencia total de educación temprana y de su terrible lucha para sobrevivir, mostró que los obstáculos pueden ser superados, se pueden convertir ideas en realidades prácticas. Estableció un paralelismo entre la brutal lucha contra el hambre del niño-mendigo, su resiliencia ante  las circunstancias adversas, la capacidad de resistir, que requiere concentración, superación del miedo, competitividad, confianza, observación y precisión en su actuación, y la propia creación científica, el hallar caminos nuevos, el construir algo que no existe pero que está imaginado, que requieren las mismas cualidades.

Para saber más

—Kristin Kain (2008). «The first transgenic mice: an interview with Mario Capecchi». Dis Model Mech, 1 (4-5): 197-201.

—Mario R. Capecchi. Biographical. Página web de los Premios Nobel: www.nobelprize,org/prizes/medicine/2007/capecchi/biographical/

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Pedro Frontera Izquierdo

Doctor en Medicina. Profesor de Pediatría de la Universidad de Valencia.

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