Roma en Escocia: un territorio hostil

Cuando hablamos de conquistas y ocupación romana, es usual dirigir los focos de atención hacia la península ibérica, Dacia o Germania. Sin embargo, en pocas ocasiones se analiza el paso de los romanos por Escocia, una tierra lejana e inhóspita. Las lluvias, una orografía compleja y, sobre todo, unas tribus tremendamente belicosas, supusieron un auténtico quebradero de cabeza para Roma.

Normalmente, cuando el aficionado a la historia de Roma pretende conocer la actividad desarrollada en los procesos de conquista y expansión, centra su foco de atención en una geografía bien definida y repetitiva: la península ibérica, la península itálica, Dacia, Germania… Pocos son los que se interesan en las pretensiones de dominio que tuvieron los romanos en Escocia, una tierra que se presentaba lejana y recóndita para Roma.

Sin duda, lo primero que pensamos sobre la dominación romana de Gran Bretaña es una famosa construcción defensiva: el muro de Adriano. Sin embargo, la isla presentó grandes inconvenientes a unos romanos que se esforzaban enormemente por conquistarla y controlarla. Las lluvias, una orografía compleja y, sobre todo, unas tribus tremendamente belicosas, supondrán un auténtico quebradero de cabeza para Roma.

La geografía de Caledonia y los caledonios

Escocia, al norte de la denominada Britania, recibía en tiempos romanos el nombre de Caledonia, una tierra inhóspita que presentaba un relieve muy accidentado por la combinación de cadenas montañosas y valles de distintas formas y tamaños. Tácito, autor que escribirá sus obras a caballo entre el siglo I y II, se presenta como una de las principales fuentes para conocer las campañas romanas en Gran Bretaña. En referencia a la climatología de Caledonia, el historiador romano explica que «el cielo es oscuro con muchas lluvias y nieblas. (…) Los días son mayores que los nuestros y la noche clara; en la última parte de Inglaterra es tan corta que con poca diferencia vendréis a conocer el principio y el fin de la luz».

Por otra parte, Tácito también nos proporciona una breve descripción de los habitantes de estas tierras. El autor comenta que los caledonios tenían cabello rubio y presentaban un gran tamaño corporal, por lo que sitúa el origen de estos individuos en Germania. Sin embargo, es Herodiano, con su Historia del imperio romano después de Marco Aurelio, el que aporta una descripción más amplia sobre la presencia física de los britanos y, por ende, de los caledonios. El autor romano explica que los bárbaros estaban acostumbrados a nadar por los terrenos pantanosos y se movían con gran habilidad a través del agua; al ir prácticamente desnudos, el barro no suponía una complicación.

Estatua de Cneo Julio Agrícola, gobernador de Britania que fue protagonista de la conquista de la isla. (Wikimedia)
Estatua de Cneo Julio Agrícola, gobernador de Britania que fue protagonista de la conquista de la isla. (Wikimedia)

Además, Herodiano describe a las gentes de Caledonia con los adjetivos «belicosos» y «sanguinarios». En relación a ello, nos ofrece una explicación acerca del armamento utilizado por los britanos, resaltando que «se defienden solo con un estrecho escudo y una jabalina, además de una espada que cuelga de su cuerpo desnudo». Al parecer, los caledonios no portaban corazas ni cascos, ya que podrían ser un estorbo para desplazarse por esos terrenos de marismas.

Roma llega a Caledonia: los pictos como enemigos

Si nos centramos en los primeros pasos de Roma en Caledonia, tenemos que recurrir nuevamente a Tácito, que se configura como una fuente esencial para este estudio gracias a su obra De vita et moribus Iulii Agricolae, traducida como Agrícola. En ella, el historiador romano nos proporciona una gran cantidad de datos esenciales para establecer la relación de hechos sucedidos en la toma del norte de la isla por parte de Cneo Julio Agrícola, senador y militar de gran peso que, curiosamente, era suegro del propio Tácito.

Agrícola fue gobernador de Britania desde el año 77 hasta el 84, tiempo que le valió para concluir la conquista de la isla y proceder al inicio de su romanización en la que destacó la evolución de las calzadas. En Agrícola, el dirigente romano aparece como un hombre aglutinador de esos valores tan importantes para la sociedad romana, como son la fidelidad, la honestidad y la competencia en su puesto de gobernador. En definitiva, se presenta como una figura cargada de virtus. Con total seguridad, la relación familiar entre el militar y el historiador tenga algo que ver en esta consideración positiva sobre su persona que se trasladó a partir de la obra literaria y que ha llegado a nuestros días.

Independientemente del valor como persona y actor principal en la política romana, Agrícola protagonizó a lo largo de su estancia en Gran Bretaña un total de siete campañas, una por cada año en el que se desempeñó como gobernador en la isla. Alcanzó el territorio de Escocia en la que el dominio romano se haría harto complicado, entre otros motivos (como los geográficos y climatológicos antes citados), por la presencia de unos habitantes atroces y muy guerrilleros: los pictos.

La mayor parte de los conocimientos que tenemos de las tribus pictas (como la lengua o la religión) se obtienen, sobre todo, de sus piedras talladas. Usualmente, el lector imagina a un picto como un individuo feroz con tatuajes de color azul en el cuerpo. Aunque Tácito no comenta esto, sí tenemos referencias de otros autores. Es el caso de Herodiano, quien comenta que los pictos «tatúan sus cuerpos con diversos dibujos y pinturas de todo tipo de animales». Marcial, en Epigramas, habla de «azulados britanos». Otro autor que hace alusión a estos dibujos corporales es Claudiano. En su obra Poemas, referencia «las exánimes figuras tatuadas» de un picto moribundo.

La piedra de la serpiente. Este tipo de restos arqueológicos se configuran como la principal fuente de información de la que podemos servirnos para conocer a los pictos. (Wikimedia)
La piedra de la serpiente. Este tipo de restos arqueológicos se configuran como la principal fuente de información de la que podemos servirnos para conocer a los pictos. (Wikimedia)

Isidoro de Sevilla indica en Etimologías que los pueblos se reconocen tanto por la vestimenta como la lengua. Describiendo particularidades de diferentes razas, como los persas o los germanos, habla así de los pictos: «pictos (pintados), nombre que les viene del de su cuerpo, convertido en algo grotesco por medio de una experta aguja de punta fina y jugo exprimido de una tierna planta, de forma que portan esas cicatrices como emblema de lo que cada uno es, ostentando su nobleza tatuada en sus pintados miembros».

Curiosamente, una de las joyas arqueológicas del Museo Británico es el denominado Hombre de Lindow, datado en el siglo I. Se trata de un individuo que suscitó bastante interés entre los arqueólogos y especialistas, ya que se encontraron altos niveles de cobre en su cuerpo. Esto dio lugar a la aparición de una hipótesis que indicaba que la existencia del cobre se debía a los tatuajes. Al parecer, la pintura usada para estos dibujos en la piel se obtenía a partir de una base hecha de este material.

La batalla del monte Graupius

Volviendo a la actuación de Roma, las campañas de Agrícola culminaron con una victoria en la batalla del monte Graupius (año 83), en la que los romanos se enfrentaron a las tribus caledonias comandadas por un jefe tribal llamado Calgaco. A pesar de la dificultad que supone el establecer la ubicación exacta donde se desarrolló la batalla, es ampliamente aceptado por los historiadores que el enfrentamiento se dio en el noreste de Escocia, al norte del río Tay.

Calgaco se presenta en Agrícola como un gran guerrero y el perfecto líder gracias a su gran valor y virtud militar. Sin embargo, Tácito no lo describe como rey ni le atribuye ningún título nobiliario similar. Tan solo se le considera un jefe o líder, por lo que conocemos poco sobre el papel sociopolítico desempeñado por Calgaco en el contexto de las tribus escocesas.

Calgaco, jefe tribal, proclamando su discurso ante las tribus caledonias. (Wikimedia)
Calgaco, jefe tribal, proclamando su discurso ante las tribus caledonias. (Wikimedia)

Algunos investigadores, como Peter Salway, consideran que los grupos caledonios que se reunieron bajo la autoridad de este personaje para formar un único bloque eran, en realidad, un remanente de tribus indígenas pictas que habían visto su población incrementada al unírseles aquellas comunidades que migraron desde el sur de la isla una vez que los romanos conquistaron y establecieron su provincia de Britania.

Tácito recoge una supuesta arenga de Calgaco antes de la batalla en la que se hace referencia a la amenaza romana y a la necesidad de la unión de las diferentes tribus caledonias para poder rechazarla. El jefe tribal tenía la convicción «de que el día de hoy y vuestra unión serán el comienzo de la liberación de toda Britania». A pesar de no obtener la victoria en Graupius, Calgaco llevó algo de razón en su discurso, ya que Caledonia no llegó a ser conquistada por completo. Como contraposición, Tácito también expone una proclama de Agrícola a sus tropas, quien apela a esa gran capacidad expansionista y militar de Roma.

En la decisión de no continuar con la conquista tras la victoria en el monte Graupius tuvo mucho que ver la revuelta del pueblo cato en Germania, que provocó la llamada de refuerzos de Britania. De esta manera, el número de efectivos en las legiones establecidas en la isla se vio duramente mermada. La preocupación principal de Domiciano (81-96), el emperador por aquel entonces, siempre fue la región de los germanos, ya que las tribus fronterizas habían estado provocando quebraderos de cabeza a los romanos desde tiempos de Augusto. A pesar de la victoria clave obtenida por parte de Agrícola en esta batalla del monte Graupius, Domiciano no permitió al gobernador continuar con la campaña y terminar con los caledonios que escaparon y se refugiaron en zonas montañosas del norte.

Como curiosidad, en esta séptima y última campaña de Agrícola, se dio la primera circunnavegación conocida de la isla. Una flota romana navegó hacia el norte y descubrió que Britania, en realidad, era un territorio rodeado de agua por todas sus partes.

Adriano y su muro

Desde entonces, la actuación romana en Caledonia se limitó a recibir presiones y empujes de las tribus norteñas de forma alterna. Roma se encontró demasiado ocupada extendiendo sus posesiones en el este a finales del siglo I y principios del II. Ese expansionismo de Trajano (98-117) daría lugar a la toma de Dacia y la adquisición (prácticamente efímera, eso sí) de las provincias de Armenia, Asiria y Mesopotamia tras derrotar a los partos. Tras la gestión del Optimus Princeps tomaría el mando Adriano (117-138), que dio un giro de 180 grados a la política llevada a cabo por su predecesor, acabando con esa ansia expansionista.

Busto del emperador Adriano. Museos Capitolinos de Roma (Wikimedia)
Busto del emperador Adriano. Museos Capitolinos de Roma (Wikimedia)

En Britania, que es lo que nos interesa en este caso, Adriano solventaría la inestabilidad que se estaba produciendo en las fronteras de esta isla. No solo desplazaría nuevos cuerpos militares, sino que también reestructuraría el denominado limes (frontera). Tras acabar con la revuelta del pueblo celta de los brigantes, que provocaba serios problemas cuando conformaba coaliciones y alianzas con las tribus del sur de Escocia, Adriano reafirmaría la dominación romana con la construcción del denominado Muro de Adriano.

El muro, que empezó a edificarse en el año 122, llegaría a tener una longitud de 117,5 kilómetros, un grosor entre 3 y 6 metros y una altura situada entre 3,5 y 6 metros. A pesar de estar constituido a partir de sillares de piedra resistentes, uno podría pensar por las medidas aportadas que no ofrecía una resistencia efectiva frente al ataque de tribus escocesas. Sin embargo, la idea fue situar al sur del muro grandes campamentos para los legionarios y tropas auxiliares que defenderían el suelo romano. De hecho, en Escocia se encuentra el mayor número de campamentos militares romanos de toda Europa, en concreto 260, un número que es superior, incluso, a otras zonas de Gran Bretaña como Inglaterra o Gales.

Esta gran obra constructiva, además, trataba de mantener la estabilidad económica, regular los límites de la vida ‘civilizada’ y crear unas buenas condiciones de paz en la provincia romana de Britania. El muro contaba con un número muy elevado de puertas, que se situaban, aproximadamente, a cada milla para permitir intercambios comerciales entre gentes del norte y del sur. Estos accesos tenían controles de seguridad que también se encargarían de hacer efectivos los portoria, es decir, impuestos por la importación de productos.

El nuevo muro de Antonino Pío

Tras el fallecimiento de Adriano, comenzó la etapa de Antonino Pío (138-161) como emperador, que trataría ampliar las posesiones romanas en la isla. Este cambio de dinámica en la política desarrollada en Britania ha sido debatido por algunos especialistas, que ampliamente creen que el nuevo emperador, sin reputación militar y apenas experiencia, buscaba la obtención de una victoria militar que le proporcionara cierto prestigio.

Ubicación del Muro de Antonino respecto al de Adriano. (Wikimedia)
Ubicación del Muro de Antonino respecto al de Adriano. (Wikimedia)

De esta manera, Antonino procedió a la construcción de una segunda muralla a 140 kilómetros al norte de la que edificó su predecesor. El nuevo muro llegaría a tener hasta 58 kilómetros de longitud, extendiéndose entre el estuario de Forth (Firth of Forth) y el golfo de Clyde
(Forth of Clyde). Lo cierto es que en su composición no sería tan sólido como el de Adriano, ya que no usaron piedra sino turba y tierra apisonada. Sin embargo, sí que presentaba un mayor foso y contaba con un número mayor de fuertes. Hasta hoy, se han descubierto una veintena de fuertes, que se disponen a lo largo de la línea del muro con una distancia de 3 a 4 kilómetros entre ellos.

El carácter indomable de las tribus escocesas y sus continuas incursiones dio lugar a un desgaste muy importante entre las tropas romanas y, por tanto, tuvo consecuencias para un imperio al que cada vez se le presentaban más inconvenientes en sus diferentes fronteras. Roma decidió abandonar el Muro
de Antonino con la muerte del emperador y mantener la línea de seguridad en el Muro de Adriano, algo que aprovecharon pictos y otras tribus para recuperar ese territorio.

Dion Casio, autor que vivió entre el siglo II y III, concretó que las tribus principales localizadas «más allá de la muralla transversal que corta la isla en dos», eran los meatas y los caledonios. Los meatas se situaban cerca del muro, mientras que los caledonios se localizaban detrás de los primeros. Queda registrado, por tanto, que el Muro de Antonino era el nuevo límite del territorio romano en Britania.

Vuelta a la ofensiva

Más adelante, Septimio Severo (193-211) decidió reiniciar hostilidades tras haber sufrido ataques contundentes en el muro hacia el año 197. El emperador recibió una carta del gobernador de Britania, L. Alfeno Seneción, en la que se explicaba que los caledonios se habían rebelado y estaban protagonizando razias en las zonas rurales, saqueándolas y destruyéndolas. Era necesario, por tanto, el aumento del número de tropas para poder reforzar la guarnición fronteriza.

Muro de Adriano. (Wikimedia)
Muro de Adriano. (Wikimedia)

Lo cierto es que Septimio se caracterizó por ser un emperador con gran predilección por la denominada peregrinatio, esto es, el espíritu viajero y la curiosidad por conocer lugares nuevos. Por aquel entonces, el africano había visitado prácticamente la totalidad del territorio imperial, pero nunca había estado en Britania. Con el nuevo destino en mente, Septimio consultó a todos los hombres que tuvieran conocimiento sobre la isla, como era el caso de anteriores gobernadores de la provincia.

En el año 208, el emperador preparó un equipo considerable de ayudantes para marchar hacia Britania, desde donde dirigiría el imperio los meses venideros. Herodiano recoge en su obra que Septimio fue transportado en una litera una gran parte del viaje, ya que padecía de dolores de las piernas o los pies, algo que ha sido interpretado por diversos investigadores como gota o artritis.

Pese al deseo de invadir Caledonia para someter toda Britania bajo el poder romano, no se obtuvieron los resultados deseados. La campaña desarrollada fue costosa a nivel humano. Según Dion Casio, se dio la pérdida de aproximadamente 50.000 hombres, lo que es considerada una exageración por parte del autor. Desconocedores de las trampas que aguardaba el norte de la isla, las tropas romanas eran atraídas hacia el interior del territorio caledonio por los guerreros escoceses, que conseguían hacerles caer en verdaderas ratoneras naturales, como era el caso de pantanos.

Busto del emperador Septimio Severo. Museos Capitolinos de Roma (Wikimedia)
Busto del emperador Septimio Severo. Museos Capitolinos de Roma (Wikimedia)

A pesar de la pérdida de una buena parte de los hombres de Septimio, el emperador procuró desarrollar una segunda campaña en el 210. Sin embargo, los enfrentamientos con los caledonios no dieron frutos y el proyecto de conquista se frenó. El empeoramiento de salud que sufrió el africano a finales de año fue clave en este caso. Finalmente, el 6 de febrero del 211 Septimio falleció a causa de la gota y Caracalla lo sucedió en el trono imperial. El nuevo emperador decidió abandonar las ideas de conquista de Caledonia.

El final en Escocia

Lo cierto es que Roma fue consciente de la incapacidad para dominar el territorio escocés, por lo que decidió replegarse al sur para mantenerse fuerte en la línea del muro de Adriano. Sin embargo, la construcción siguió sufriendo las incursiones de los pictos a lo largo de los siglos III y IV. Durante esta etapa, los romanos se limitaron a realizar misiones de exploración y contratos comerciales más allá del muro.

Ante la continua hostilidad por parte de los caledonios y la imposibilidad de someterlos, Roma decidió abandonar la construcción en el año 383. Tras el abandono de la región, muchos de los individuos de aquellas tribus escocesas reutilizaron las piedras de la muralla para poder edificar construcciones propias como granjas y otros edificios.

Roma pondrá fin a su ocupación de Britania en el año 410 para atender las necesidades principales del momento. El imperio se encontraba en plena decadencia militar y política a causa de la gran cantidad de conflictos surgidos a lo largo y ancho de su territorio, tanto en las fronteras como en el seno interno de la Urbs. La descomposición era un hecho.

Para saber más

—Aitchison, N. (2020). «The Caledonian battle-leader Calgacus». North American Journal of Celtic Studies, 4(1), 79-118.

—Birley, A. (2003). Adriano. Madrid: Gredos.

—Birley, A. (2005). The Roman Government of Britain. Oxford: Oxford University Press.

—Birley, A. (2012). Septimio Severo: El emperador africano. Madrid: Gredos.

—Kamm, A. (2009). The Last Frontier: The Roman Invasions of Scotland. Castle Douglas: Neil Wilson Publishing.

—Picón, V. & Cascón, A. (eds.) (1989). Historia Augusta. Madrid: Akal.

—Tácito (2011). Vida de Julio Agrícola. Madrid. Biblioteca Clásica Gredos.

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Antonio Barral de Soto

Antonio Barral de Soto

Historiador sevillano especializado en la Edad Antigua.

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