Conversación sobre la Comuna de París (1871)

El 18 de marzo se cumplían 150 años de la constitución de la Comuna de París (1871). Su recorrido, aunque muy intenso, sería de corta duración, ya que el 28 de mayo de ese mismo año se produjo su derrota militar a manos del llamado ejército versallés del presidente del poder ejecutivo de la República Adolphe Thiers, antiguo ministro del interior de la monarquía de Luis Felipe de Orleans. Xabier Arrizabalo, profesor de Universidad, y Jesús de Blas, profesor de Secundaria, hablan sobre ello.

Jesús de Blas— Para el movimiento obrero la Comuna de París representó la primera experiencia histórica de constitución de un Estado obrero, y así se conmemoró durante años como el día internacional de la clase obrera hasta que por acuerdo del congreso de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, se fijó el 1 de mayo, en homenaje a los Mártires de Chicago que se movilizaron en defensa de la jornada laboral de 8 horas.

Otra parte de la historiografía, menos comprometida con la lucha del movimiento obrero, sitúa a la Comuna de París como la culminación de un proceso de oleadas revolucionarias que sacudieron a Francia desde 1789, y que se plasmaron en la instauración de la monarquía parlamentaria en 1830 bajo la figura de Luis Felipe de Orleans, que puso fin al período de la Restauración absolutista tras Napoleón; la proclamación de la II República en 1848, que por primera vez en la historia incorporó a un ministro de orientación socialista en el gobierno (Louis Blanc) de duración efímera para dar paso al II Imperio Napoleónico (Napoleón III); y finalmente, tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana, la proclamación de la III República en cuyo seno se constituyó meses después la Comuna de París.

Sea desde una perspectiva u otra a nadie se le escapa la dimensión y trascendencia de este hecho histórico.

Xabier Arrizabalo— Sí, por supuesto, el contenido de las medidas que se pusieron en marcha por parte de la población de París, política y socialmente fueron muy avanzadas, incluso si las ponemos en referencia a los tiempos que vivimos. Junto con el lugar central que ocupó la clase obrera, hasta el final, caracterizan a la Comuna de París como un embrión de Estado obrero, que desbordaba por completo otras medidas que se habían puesto en marcha en anteriores oleadas revolucionarias en Francia. Fueron medidas tales como: sustitución del ejército regular al servicio de las clases dominantes por un ejército del pueblo; separación de la Iglesia del Estado, estableciéndose así la enseñanza pública laica; entrega de fábricas y talleres abandonados a las cooperativas obreras; elección de los funcionarios, revocables y con sueldo no superior al de los obreros; limitación de la jornada laboral a 10 horas; la plena igualdad legal de la mujer, con todos los derechos, etcétera… Todas estas medidas que acabo de enumerar superaban por completo el marco de la democracia liberal o burguesa y se constituían en hitos fundamentales para el movimiento obrero que serían de nuevo retomados en Octubre de 1917 en Rusia, o en la Alemania de posguerra durante la oleada revolucionaria que sacudió al país en 1918 y dio lugar a la formación de Consejos de obreros y soldados, como ocurrió también después en Hungría y volvimos a ver en la España republicana en el comienzo de la Guerra Civil en áreas de Cataluña, Valencia, Madrid, Aragón y Andalucía principalmente.

Decreto de laicidad de la Comuna 3 abril 1971

JdB— Me parece importante poder situar el contexto histórico en el que se va a desarrollar la Comuna.

Entre el 1 y el 2 de septiembre de 1870 el ejército francés caía derrotado por el ejército prusiano en la batalla de Sedán. Este hecho supuso un verdadero desastre para el Imperio napoleónico, ya que el propio emperador fue hecho prisionero junto con el mariscal Mac Mahon. Al llegar las noticias a París se produciría una insurrección popular que empujó a que el 4 de septiembre la Asamblea Nacional, a propuesta del líder republicano Gambetta, proclamara la III República, constituyéndose un gobierno de defensa nacional en el que se integrarían republicanos de izquierda partidarios de una república social, pero sobre todo republicanos conservadores y republicanos sobrevenidos como Adolphe Thiers —recordemos que había sido ministro del Interior con el rey Luis Felipe de Orleans—, junto con militares monárquicos. El cerco de París iniciado el día 18 de septiembre por el ejército prusiano iba a abrir una brecha entre el gobierno oficial y la resistencia popular de París que daría lugar al surgimiento de un comité central republicano de defensa como autoridad paralela a la del gobierno.

El 28 de enero de 1871, tras haberse proclamado Guillermo I emperador alemán el día 16 de enero en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, el gobierno republicano provisional, firmaba el armisticio, pero París no aceptó los términos del mismo. Los prusianos impusieron la convocatoria de elecciones generales el 8 de febrero para poder sellar definitivamente la paz con un gobierno respaldado en las urnas. En París y en las grandes ciudades ganaron los republicanos radicales, pero en las zonas rurales, mayoritarias en el país, lo hicieron los monárquicos y los republicanos conservadores, conformando una Asamblea ampliamente conservadora con mayoría monárquica que designó a Thiers como presidente del ejecutivo que tenía que negociar con los prusianos. Muchos diputados republicanos parisinos, como el escritor Víctor Hugo, Clemenceau, Garibaldi (el líder revolucionario italiano) dimitieron de la Asamblea en desacuerdo con la orientación conservadora que se impuso y en rechazo de los términos del acuerdo de paz, que implicaba el pago de una importante indemnización de 5.000 millones de francos oro en tres años y la cesión de Alsacia y Lorena a Alemania. Sin embargo, los sectores populares de la capital no se iban a quedar paralizados ante esta situación.

XA— En efecto. Hay que considerar la situación de devastación social que se vivía en la capital y que tan elocuentemente describe Prosper-Olivier Lissagaray en su emblemática Historia de la Comuna de París de 1871: «el hambre picaba cada vez más. La carne de caballo era ya una gollería [comida exquisita]. La gente devoraba perros, ratas y ratones. Las mujeres, con un frío de 17 grados bajo cero, o entre el barro del deshielo, esperaban horas enteras una ración de náufrago. En vez de pan, una masa negra que retorcía las tripas. Las criaturitas se morían sobre el seno exhausto. La leña valía a peso de oro». Así, en un contexto de desesperación, el 6 de enero, el llamado Comité de los veinte distritos parisinos había sacado un cartel con un texto que recoge en su obra Lissagaray: «¿Ha cumplido con su misión el gobierno que se ha encargado de la defensa nacional? ¿O con su lentitud, su inercia, su indecisión, los que nos gobiernan nos han conducido al borde del abismo… no han sabido ni administrar ni combatir?… La gente se muere de frío, ya casi de hambre… Salidas sin objeto, mortales luchas sin resultado, fracasos repetidos… El gobierno ha dado la medida de su capacidad, nos mata. La perpetuación de este régimen es la capitulación… La política, la estrategia, la administración del 4 de setiembre, continuación del Imperio, están juzgadas. ¡Paso al pueblo! ¡Paso a la Comuna!».

El conflicto entre el gobierno y el pueblo insurgente parisino no dejaba de profundizarse. Así, el 3 de marzo la asamblea de delegados de la Guardia Nacional, que era una milicia ciudadana, eligió un comité ejecutivo que prometió defender la república. Thiers nombró jefe de la Guardia Nacional a un general monárquico, pero la dirección de la milicia lo rechazó e ignoró. El gobierno de Thiers dictó el 10 de marzo un paquete de medidas regresivas, como eran la supresión de la moratoria del pago de alquileres y deudas, la supresión del salario de los miembros de la Guardia Nacional, la prohibición de ciertos periódicos republicanos, etc.

Manifiesto Guardia Nacional 5 pradial año 79 (24 de mayo de 1871)

JdB— Como puede verse, todas las condiciones para el estallido insurreccional estaban dadas. Llegaría así el día 18 de marzo. Thiers ordenó al ejército tomar los cañones instalados en barrios parisinos como Montmartre y Belleville, que habían sido adquiridos por suscripción popular, intentando desarmar a la Guardia Nacional. La clase obrera parisina, junto con otros sectores sociales, se alzó en armas, los soldados confraternizaron con los revolucionarios apoyados por la Guardia Nacional. La propia tropa enviada por el gobierno, que se negaría a seguir las instrucciones de sus mandos de abrir fuego contra la población de Montmartre, tomó la decisión de fusilar a dos de sus generales (Lecomte y Clément Thomas). Ante tales acontecimientos, Thiers, que había abandonado París y se había refugiado en Versalles, ordenaría la retirada del ejército, tratando de calmar al mismo tiempo al canciller alemán, Bismarck, diciéndole que se iba a poder hacer con el control de París en breve, pero tardará 72 días y para ello tendría que contar con la ayuda del propio Bismarck.

XA— Sí, tras la retirada del ejército los acontecimientos se precipitaron. La Guardia Nacional —Federación Republicana de la Guardia Nacional, de ahí el nombre de federados— se hizo con el control de París y anunció elecciones para ocho días después, el 26 de marzo, proclamándose la Comuna el día 28, ante una inmensa concentración que reunió a 200.000 parisinos entusiastas frente el Ayuntamiento.

Entre los delegados del consejo se incluían obreros, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas); políticamente abarcaban todas las tendencias: republicanos herederos de la tradición jacobina, tanto reformistas, como moderados, proudhonianos (seguidores de Proudhon), blanquistas (partidarios de Louis Auguste Blanqui) que ejercían gran influencia, socialistas de la Primera Internacional (AIT) e independientes. En un primer momento se le ofreció la presidencia a Garibaldi —líder revolucionario italiano que había sido decisivo para alcanzar la unidad de Italia contra los Borbones y los Estados pontificios—, pero lo rechazó. Finalmente fue elegido Blanqui, aunque sin poder tomar posesión del cargo, ya que había sido detenido el 17 de marzo y estuvo en prisión durante toda la Comuna.

Guardias nacionales en una barricada. Belleville, el 18 de marzo de 1871

Y comenzaron a promulgarse las medidas más emblemáticas de la Comuna, como el Decreto de separación de la Iglesia del Estado (que se adelantaba en varias décadas a la legislación laicista francesa de 1905). Se estableció el matrimonio civil y el derecho al divorcio, medidas sanitarias como la vacunación gratuita contra la viruela. Se condonaron las deudas de alquileres del período bajo cerco prusiano. Se establecieron pensiones para viudas y huérfanos de la Guardia Nacional. Se organizó la autogestión de los talleres y fábricas que habían sido abandonados por sus dueños, en la línea de los Talleres Nacionales instituidos por Louis Blanc en 1848. La mujer ocupó un papel muy importante. Se organizó la Unión de Mujeres, con una clara orientación obrerista. Durante los combates muchas mujeres conducirían las ambulancias y atenderían a los heridos, pero otras también lucharon en las barricadas. Como enseña se adoptó la bandera roja y no la tricolor. Quedó abolida la pena de muerte y como acto simbólico se quemó una guillotina, que había sido utilizada para ejecutar a los revolucionarios. También, como un acto internacionalista de fraternidad entre los pueblos sometidos por el imperialismo francés y contra el militarismo, se derribó la columna imperial de Vendôme, de lo que se iba a encargar el pintor Gustav Courbet, presidente de la Comisión de Bellas Artes de la Comuna.

Destrucción de la Columna Vendôme durante la Comuna

Como puede verse, buena parte de estas medidas desbordaban por completo el marco de la democracia liberal o burguesa y constituían un nuevo marco institucional producto de una revolución de naturaleza obrera, aunque el peso de la clase obrera en Francia en ese momento no fuera mayoritario. Sin embargo no dieron el paso de incautarse del Banco de Francia, no lo nacionalizaron —lo que Engels consideró un grave error en su Introducción de 1891 a La Guerra Civil en Francia de Karl Marx, publicado con ocasión del vigésimo aniversario de la Comuna— y por consiguiente no pudieron hacer suyos esos importantes recursos económicos para afirmar el nuevo germen de Estado obrero que se estaba constituyendo.

JdB— De hecho, algunos análisis posteriores llegan a la conclusión de que la Comuna se centró sobre todo en organizar la vida de la población, asegurando el abastecimiento de víveres, la actividad productiva de los talleres abandonados por sus dueños, la atención sanitaria, etc. y puso menor énfasis en hacerse con más recursos militares para la defensa de la ciudad, en un momento en que por la debilidad de las fuerzas militares gubernamentales concentradas en Versalles podrían haber sido derrotadas. Lo que expresa con claridad el exceso de confianza y espontaneísmo que guio la actuación de los communards, y también una gran ingenuidad frente a la brutal represión que se preparaba contra la experiencia insurreccional y revolucionaria por parte del gobierno de Thiers con la ayuda de Bismarck.

Porque entre las condiciones del acuerdo de paz firmado entre Thiers y Bismarck, estaba la liberación de más de 60.000 soldados del ejército imperial hechos prisioneros por los alemanes que se unirían a las tropas de Versalles y a cuyo mando se pondría Mac Mahon, el mariscal derrotado en Sedán. Lo que iba a conformar una fuerza de unos 170.000 soldados bien adiestrados. En frente, la Comuna contaría con unos 130.000 combatientes, pero los realmente preparados militarmente para la resistencia no superaban los 30.000 o 40.000. El ejército de Versalles iniciaría la penetración por los barrios burgueses de la periferia Oeste (ver mapa), dotados de grandes avenidas y amplios bulevares diseñados por el barón Haussmann, el artífice de la renovación de París con Napoleón III, pensados también para que pudiera intervenir el ejército con la artillería. Según avanzaban las tropas de Versalles se fusilaba sin miramientos en las mismas barricadas. Para intentar frenar tamaña masacre, los communards decidirían promulgar un Decreto de rehenes por el cual, en represalia por los fusilamientos en masa perpetrados por los versalleses, se pretendía ejecutar a rehenes presos en manos de la Comuna, tales como el arzobispo de París, monseñor George Darboy, que sería finalmente ejecutado.

Barrios y distritos de París. La resistencia se concentró en los distritos 9º (Montmartre) y 20º (Belleville y Père-Lachaise)

Entre el 21 y 28 mayo se produciría el asalto final. Los fusilamientos por parte de los versalleses serían generalizados, incluso llegaría a los heridos en hospitales o a las cordadas de prisioneros, por eso se la conoce como la Semana Sangrienta. La resistencia se iría reduciendo a la zona Norte y Este de la ciudad, las barriadas de extracción obrera donde el apoyo a la Comuna sería mayor. El día 23 cayó Montmartre. Los cadáveres de communards se amontonaban por todas partes y esa misma noche comenzarían a arder diferentes edificios públicos emblemáticos como el Palacio de las Tullerías, la Legión de Honor, el Consejo de Estado o el Tribunal de Cuentas, entre otros. La prensa conservadora atribuiría los incendios a grupos de mujeres a las que apodaron «las petroleras», una forma de desprestigiar el importante papel desempeñado en la Comuna por organizaciones como la Unión de Mujeres. Los combates finales tendrían lugar en la zona este, en el cementerio de Père Lachaise, donde serían fusilados los últimos combatientes de la Federación Republicana de la Guardia Nacional, por eso, a una de las tapias de dicho cementerio se le denominará el Muro de los Federados.

Llamamiento de la Unión de Mujeres 18 mayo 1871

La represión iba a ser implacable. Mac Mahon y Thiers querían ver al movimiento revolucionario totalmente aniquilado, tratando así de que la III República Francesa se impusiera con una orientación claramente conservadora y alejada por completo de cualquier veleidad izquierdista en su seno. Entre muertos en combate y ejecutados, las víctimas entre los communards ascenderían a unos 20.000-30.000 efectivos, según las fuentes, frente a las 900 víctimas que tendría el ejército versallés. Tras la derrota de la Comuna unos 10.000 communards marcharían al exilio, más de 5.000 serían deportados a Nueva Caledonia, se dictaron un centenar de penas de muerte, miles de condenas a cadena perpetua y más de 40.000 communards ingresaron en centros penitenciarios de Francia.

XA— Resulta interesante releer en nuestros días cómo dirigentes revolucionarios de Octubre de 1917 interpretaron el sentido de la Comuna. Así Trotsky, en un breve texto escrito en 1921, en el 50 aniversario, titulado Las lecciones de La Comuna, señalaba: «Si el 18 de marzo el poder pasó a manos del proletariado de París, no fue porque éste se apoderase de él conscientemente, sino porque sus enemigos habían abandonado la capital. Estos últimos iban perdiendo terreno constantemente, los obreros los despreciaban y detestaban, habían perdido la confianza de la pequeña burguesía y los grandes burgueses temían que ya no fueran capaces de defenderlos. Los soldados estaban enfrentados a sus oficiales. El gobierno huyó de París para concentrar en otra parte sus fuerzas. Entonces el proletariado se hizo el amo de la situación. Pero no lo comprendió hasta el día siguiente. La Revolución le cayó encima sin que se lo esperase»

La misma idea de espontaneidad ya había sido planteada por Lenin, diez años antes, en un escrito titulado En memoria de la Comuna, que conmemoraba el 40 aniversario, donde señalaba: «La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella». Y Lenin, hacia el final de su escrito, señala una cuestión que permitiría zanjar el hipotético debate de si la Comuna fue o no una revolución obrera, cuando dice: «Sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores».

En el mismo documento, Lenin realiza un balance sobre las consecuencias de la represión con los datos que se manejaban en aquel momento y que son los que se siguen manejando por la mayoría de los historiadores: «Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la soldadesca desenfrenada; unos 45.000 fueron detenidos y muchos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajos forzados. En total, París perdió cerca de 100.000 de sus hijos, entre ellos a los mejores obreros de todos los oficios». La ley marcial duró cinco años y Thiers ordenó que los cadáveres de los communards fueran exhibidos para dar un escarmiento a la población.

Muro de los Federados. Cementerio Père Lachaise

JdB— En lo que se refiere a sus consecuencias inmediatas, el balance sobre las causas de la derrota de la Comuna agravó el enfrentamiento entre los socialistas marxistas y los anarquistas bakuninistas en el seno de la Primera Internacional Obrera, la AIT. La conformación de un Estado obrero o de «dictadura del proletariado» como vía transitoria hacia la sociedad comunista, basándose para ello en la experiencia de la Comuna, pasó a ser uno de los planteamientos fundamentales de la teoría marxista (no solo se trataba de ocupar el poder, sino de destruir sus estructuras burguesas, como señaló Marx en La Guerra Civil en Francia). Este planteamiento sería rechazado por Bakunin, al considerar que todo tipo de Estado, incluso uno dirigido por los trabajadores, constituía un peligro para las libertades individuales.

Los socialistas marxistas plantearon también la necesidad de una organización estructurada de forma centralizada para reforzar la eficacia de la intervención, a lo que se oponían los partidarios de Bakunin, apelando al individualismo, a la espontaneidad y a la descentralización de la AIT. Y como conclusión de todo lo anterior, los marxistas plantearon la intervención organizada de la clase trabajadora en el combate político mediante la creación de partidos socialistas y obreros para defender los intereses del proletariado, que también fue rechazada por los bakuninistas, que sostenían que los obreros sólo debían organizarse en torno a sindicatos y no intervenir jamás en política (parlamentos, elecciones, etc.), ya que ello acabaría por desvirtuar su fuerza revolucionaria.

El desarrollo de estos desacuerdos llevaría a que en el siguiente congreso celebrado en La Haya (septiembre de 1872), se materializara la ruptura entre socialistas y anarquistas en el seno de la Internacional, celebrando estos últimos su propio congreso internacional una semana después en Suiza. Tal y como puede comprobarse la Comuna de París marcó un hito en la historia del movimiento obrero que no dejó indiferente a nadie. Y que 150 años después, coincidiendo con su aniversario, sigue despertando el interés de los historiadores, las editoriales y los medios de comunicación.

XA— Completamente de acuerdo. Y no sólo desde estos sectores, sino también y especialmente desde la perspectiva de la clase trabajadora hoy, de quienes apuestan por una nueva forma de organización social, que permita satisfacer los graves problemas que actualmente, 150 años después de la Comuna de París, se siguen padeciendo.

Para saber más:

Prosper- Olivier Lissagaray (2021). La historia de la comuna de París de 1871. Madrid: Capitán Swing Libros.

Federico Engels (1891). Introducción a La Guerra Civil en Francia de Karl Marx (edición On-line).

Louise Michel (1978). La Commune (edición On-line). París: Editions Stock.

150 años de la Comuna de París. Revolución o República, con guion de Luis Miguel Úbeda. Documentos [sonoros] de Radio Nacional de España (RNE). 19 de marzo de 2021.

150 aniversario de la Comuna de París: lecciones para la lucha de la clase trabajadora hoy. Entrevista [vídeo] a Xabier Arrizabalo Montoro. 18 de marzo de 2021.

Si te gusta nuestro trabajo, la mejor manera de disfrutarlo de una manera completa es suscribirte. Recibirás en casa nuestra revista en papel acompañada de marcapáginas ilustrados y obtendrás ventajas digitales, como leer la revista en nuestras apps o acceder a todos los contenidos en la página web.

Xabier Arrizabalo Montoro

Profesor de la UCM y director del Instituto Marxista de Economía.

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

2 comentarios en «Conversación sobre la Comuna de París (1871)»

  1. No sé si me gusta conocer la historia, la realidad es triste, siempre ganan los mismos y cíclicamente se repite una y otra vez, eso si enhorabuena por el trabajo realizado.

    Responder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Artículo añadido al carrito.
0 artículos - 0,00 
A %d blogueros les gusta esto: