23 de febrero de 1981

El pasado 23 de febrero se cumplían 40 años del golpe de Estado que se inició al irrumpir el teniente coronel Tejero con un grupo de guardias civiles en el Congreso de Diputados, en el momento en que se celebraba la votación para la investidura de Calvo Sotelo como presidente de Gobierno.

¿Cómo se llegó a esa situación?

Era la época de la Transición. En 1978 se había consensuado una Constitución aprobada en referéndum el día 6 de diciembre, aunque en el País Vasco votó menos de la mitad del censo electoral por el llamamiento del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y otras fuerzas a la abstención, y entre los que participaron, casi una cuarta parte votaron no, siguiendo las consignas de la izquierda independentista.

El conflicto vasco, además de los frecuentes atentados de ETA, alcanzó un momento crítico en un acto celebrado en la Casa de Juntas de Guernica el 4 de febrero de 1981 con ocasión del viaje del rey al País Vasco, en el que los diputados de la izquierda independentista se levantaron puño en alto para cantar el «Eusko Gudariak» (himno al soldado vasco) en el momento que el rey comenzaba su discurso, siendo expulsados por los servicios de seguridad. Estos hechos incrementaron la presión militar y de la propia Casa Real sobre el gobierno, llevando a Suárez a dimitir como presidente de gobierno por sus desacuerdos con el rey —tal y como están recogiendo diversas publicaciones históricas referidas a aquellos hechos—. Tras la dimisión de Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD) designó como candidato a Leopoldo Calvo Sotelo.

En plena sesión de investidura, Tejero y un grupo de guardias civiles asaltaron el Congreso de Diputados. Poco después, el capitán general Milans del Bosch declaraba el estado de excepción en Valencia, sacando los tanques a la calle, y en Madrid durante unas horas eran ocupadas por tropas de la Brigada Acorazada las instalaciones de Radio Televisión Española (RTVE).

El último episodio de esta intentona golpista sería la oferta realizada a Tejero por el que había sido secretario de la Casa del Rey y muy próximo a Juan Carlos durante años, general Armada, consistente en liderar él mismo un gobierno de unidad nacional, integrando a los partidos UCD, PSOE, AP e incluso algún miembro del PCE, como salida a la crisis. Pero Tejero mostró su total rechazo manifestando que «no había llegado hasta ahí para apoyar a un gobierno con ministros marxistas». Esta falta de entendimiento entre Tejero y Armada supuso el punto de inflexión de la operación golpista.

Ya de madrugada, el rey Juan Carlos I dirigía un discurso a la nación desautorizando la acción militar golpista finalmente fracasada.

Las consecuencias

El gobierno de Calvo Sotelo trató de calmar el descontento militar por la marcha del proceso autonómico aprobando la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico) que provocó el rechazo de los partidos nacionalistas que veían un retroceso en el nivel de autonomía. La aprobación de la Ley del divorcio posterior encontró el rechazo de la Iglesia Católica; y finalmente, la decisión de integrar a España en la OTAN, provocó el rechazo y la movilización de la izquierda. La debilidad del gobierno y las disputas internas dentro de la UCD llevaron a Calvo Sotelo a adelantar las elecciones a octubre de 1982. Una parte de sus dirigentes, encabezados por Suárez, crearon otro partido, el CDS (Centro Democrático y Social), otros el PDP (Partido Demócrata Popular) y se acercaron a la Alianza Popular de Fraga, algunos ingresaron en el PSOE. El hundimiento electoral de la UCD llevó a su práctica desaparición como fuerza política.

Aportaciones recientes

En las últimas semanas se han dado a conocer diferentes trabajos históricos o periodísticos sobre el 23F. Nos centraremos en la obra presentada por el historiador Roberto Muñoz Bolaños, titulada El 23-F y los otros golpes de Estado de la Transición. Muños Bolaños ha sido entrevistado por la Agencia EFE y otros medios de comunicación. De dichas entrevistas entresacamos algunas cuestiones que nos han llamado especialmente la atención.

Señala Roberto Muñoz Bolaños, en un momento dado de la entrevista, que: «queda demostrado a partir de esas fuentes que el general Armada fue autorizado por Juan Carlos I a las 23:30 horas para proponerse a título personal como presidente del Gobierno ante los diputados retenidos en el hemiciclo». Y más adelante señala que Juan Carlos «no desautorizó a Milans del Bosch, que siguió en su mando, ni tampoco a los jefes y oficiales de la División Acorazada Brunete nº 1, que intentaron ocupar Madrid, y permitió a Armada trasladarse al Congreso para proponerse como presidente del Gobierno».

Un poco más adelante podemos leer que: «Según las fuentes analizadas, ni EEUU ni el Vaticano tuvieron una intervención directa ni indirecta en las operaciones militares de ese período, aunque, en relación al 23F, las fuentes hacen referencia a que ambos Estados estaban en conocimiento de que el 23 de febrero de 1981 tendría lugar un golpe de Estado en España, algo que también sabía la jerarquía católica española, que mantuvo un completo mutismo mientras el Congreso estuvo ocupado por Tejero».

Y sobre el desenlace del golpe señala que uno de los motivos del fracaso de la operación golpista fue: «su negativa [la de Tejero] a permitir que el general de división Alfonso Armada entrase en el hemiciclo para parlamentar con los diputados con el objetivo de que le votasen como presidente del Gobierno al frente de un ejecutivo de concentración nacional». Concluyendo con que: «el 23F fue una única operación, en la que las acciones de Tejero, Milans del Bosch y Armada estaban coordinadas dentro de un único plan de acción, que se había diseñado en los tres días anteriores al 23 de febrero» (los entrecomillados están sacados de la web del diario Público, 21-02-2021, que reproduce la entrevista realizada por la Agencia EFE).

En otra entrevista a Roberto Muñoz Bolaños sobre su libro del 23F, en esta ocasión para el suplemento Historia y Vida del diario La Vanguardia, podemos leer que: «en el proceso de elaboración de la Constitución, la Junta de Jefes de Estado Mayor ‘influyó’ en los ponentes de la Unión de Centro Democrático, concretamente en Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, para que el artículo 37 de la ley Orgánica del Estado (1967) se incorporara –levemente modificado– a la Constitución como artículo 8, atribuyendo a las Fuerzas Armadas la defensa del orden constitucional».  Y añade que: «el 23-F no tiene su origen en los militares ultras, porque no fue un golpe de Estado militar, sino una operación liderada por un sector de la élite civil más conservadora, a la que estaba subordinado el componente militar. Su objetivo no era otro que convertir al general de división Alfonso Armada Comyn en presidente de un gobierno de concentración nacional (de ahí que también se conociera como ‘Solución Armada’), integrado por miembros de todos los partidos del arco parlamentario, para que aplicara un programa político, previamente articulado, que suponía una modificación ‘legal’ del sistema político vigente», pero sin embargo, el objetivo de Tejero: «era sustituir el sistema democrático por una dictadura militar, encabezada por una junta que estaría presidida por el teniente general Jaime Milans del Bosch. Pero este último era completamente ajeno al plan, que solo existía en la mente de Tejero. Milans del Bosch apoyaba totalmente la ‘Solución Armada’, liderada por un íntimo amigo suyo con el que compartía muchos elementos: origen social, ideología monárquica, etc. Tejero no era monárquico, sino ‘azul’ (falangista)»

Aunque solo sea por los contenidos de estas dos entrevistas realizadas al autor, de las que hemos entresacado algunas frases, el libro recientemente publicado por la editorial Espasa (2021) parece incluir bastantes datos de interés sobre los acontecimientos del 23F.

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Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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