Dos profesores de Secundaria conversan sobre el expresionismo alemán

La exposición que se muestra en el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 14 de marzo de 2021, titulada Expresionismo alemán, es una buena excusa para abordar su historia y tratar de entender qué representó esta corriente artística de vanguardia en las primeras décadas del siglo XX. Dos profesores de Secundaria del Instituto Joaquín Rodrigo de Vicálvaro (Madrid), Amparo García de Dibujo y Jesús de Blas de Historia, conversan sobre ello.

Amparo García (AG) — ¿Cómo explicarías lo que es el expresionismo desde el punto de vista de la Historia del Arte?

Jesús de Blas (JdB) — Hay una gran coincidencia en señalar que el expresionismo, como arte de vanguardia, buscaba mostrar el sentimiento angustiado del ser humano, su interior oscuro, poniendo énfasis en los aspectos trágicos, degradados y antisociales de la condición humana. Dominando una tónica pesimista, acorde con un momento en el que se avecinaban tiempos sombríos como supuso el estallido de la Primera Guerra Mundial. Por eso, el período anterior a la guerra fue el momento de mayor apogeo, marcado por la formación de dos grupos de artistas: uno en Dresde (Die Brücke o El Puente) y otro en Múnich (Der Blaue Reiter o El Jinete Azul).

JdB— Algunos autores hablan de varias oleadas de expresionismo, ¿Qué opinas al respecto?

AG— Sí, se habla de Edvard Munch como el precursor. Su concepto de soledad, incomunicación, de miedo y angustia está magníficamente representada por la archiconocida obra El Grito (1893), donde la figura que camina sobre un puente dibuja un rostro que asemeja también una calavera y su cuerpo parece fundirse con los trazos ondulados del paisaje. Todo ello en tonalidades frías envolviendo a la imagen. Y un fondo en colores candescentes que, junto al remolino, se cierne sobre la figura representada. La segunda oleada la conformarían los grupos de los que has hablado antes: Die Brücke y Der Blaue Reiter.

Munch. El Grito (1893). Wikimedia
Munch. El Grito (1893). Wikimedia

AG— Por cierto, ¿cómo se constituyeron estos grupos?

JdB— Die Brücke se formó a partir de tres estudiantes de arquitectura: Heckel, Schmidt-Rottluff y Kirchner. El nombre elegido era una alegoría del puente que separaba el barrio obrero de Dresde, en el que ellos vivían y trabajaban, del barrio burgués al otro lado de la ciudad, que era ya indicativo de una ruptura con una forma de entender el arte que consideraban burgués. Luego se les unió Emil Nolde, aunque apenas estuvo un año en el grupo. Der Blaue Reiter fue constituido en 1911 por el ruso Kandinsky y el alemán Franz Marc en Múnich y se les unieron otros artistas como August Macke, Gabriele Münter y Paul Klee. No era un agrupamiento únicamente expresionista, sino que confluían pintores de diferentes tendencias de vanguardia. El nombre El Jinete Azul procede de un cuadro de Kandinsky que fue portada del almanaque para la exposición de 1911.

Kandinsky. El Jinete Azul (1911). Wikimedia
Kandinsky. El Jinete Azul (1911). Wikimedia

JdB— Y desde la técnica pictórica, ¿cuáles eran sus características más marcadas?

AG— En lo que respecta a Die Brücke, fue muy notable la influencia del fovismo (colores chillones o fieros, fauves en francés) que se dejó notar en la utilización arbitraria del color, y la de Van Gogh por el carácter agitado y empastado (con mucha pintura) de la pincelada, pero además iban a añadir a sus obras un marcado aspecto deformante de las figuras para acentuar aún más sus rasgos expresivos. Sus obras serían más el fruto de un sentimiento interior que el de la observación del exterior. Der Blaue Reiter mantendría una línea menos exagerada, con colores atenuados, y además, varios de sus integrantes evolucionarían hacia la pintura abstracta, como Kandinsky y Paul Klee.

AG— ¿Y qué pasó con todos estos pintores cuando llegó el nazismo a Alemania?

JdB— Su arte fue calificado de «degenerado», incluido Emil Nolde que se unió ideológicamente al nazismo. Muchas de sus obras fueron incautadas y vendidas en el mercado negro, otras destruidas, pero varios centenares fueron incluidas en una exposición de «arte degenerado» inaugurada por el nazi Joseph Goebbels en Múnich en 1937 (como puede verse en la fotografía adjunta). Aunque gracias a la pareja de Kandinsky, Gabrielle Münter, bastantes obras del grupo de Múnich fueron escondidas durante el nazismo y la Segunda Guerra Mundial y se pudieron salvar, siendo donadas a la ciudad de Múnich para que pudieran ser exhibidas en el museo de la ciudad.

Exposición «arte degenerado» en Múnich (1937). El nazi Joseph Goebbels (con gabardina) y a la izquierda dos obras de Nolde: Cristo y la pecadora y Las vírgenes sabias y las vírgenes necias. Wikimedia
Exposición «arte degenerado» en Múnich (1937). El nazi Joseph Goebbels (con gabardina) y a la izquierda dos obras de Nolde: Cristo y la pecadora y Las vírgenes sabias y las vírgenes necias. Wikimedia

JdB— Coméntanos algunas de las obras más emblemáticas de la exposición.

AG— Me referiré a dos de ellas que son además como las imágenes icónicas de la exposición. Franzi ante una silla tallada (1910) de Kirchner. Destaca por la exaltación y uso de colores arbitrarios (la cara de la joven de color verde), las formas angulosas, el aspecto deformante de la figura femenina situada en segundo plano, las manchas de color unidas/separadas por líneas simples, buscando con ello una sensación inquietante y perturbadora.

Kirchner. Franzi ante una silla tallada (1910). Museo Thyssen-Bornemisza
Kirchner. Franzi ante una silla tallada (1910). Museo Thyssen-Bornemisza

Por su parte en la obra de Heckel Casa en Dangast (La casa blanca, 1908) se observa la influencia de la pincelada agitada de Van Gogh, a la vez que aplica una gama totalmente arbitraria de intenso colorido irreal que lo relacionan con los fovistas parisinos.

Heckel. Casa en Dangast (La casa blanca, 1908) Museo Thyssen-Bornemisza
Heckel. Casa en Dangast (La casa blanca, 1908) Museo Thyssen-Bornemisza

Personalmente diré que el estudio del color en las vanguardias artísticas surgidas desde finales del siglo XIX y, sobre todo a comienzos del XX en París, abrió un amplio abanico en la forma de mirar el arte. Así, se pueden adivinar armonías o disonancias entre colores complementarios (azul/naranja, rojo/verde, amarillo/violeta), algo que queda muy bien reflejado en estos dos ejemplos.

AG— No hemos hablado de la tercera oleada, la del período de Entreguerras…

JdB— Se trata de artistas que adoptaron una posición muy crítica sobre la sociedad de su tiempo y que tuvieron un intenso compromiso político. Su obra es una lacerante crítica hacia las instancias del poder: militares, banqueros, burgueses, capitalistas, clero, etc., como en Alemania, un cuento de invierno (1917-18) de Grosz. Para acentuar la expresividad de esos rasgos, Grosz se va a servir de la sátira y la caricatura. En plena guerra y antes de ser llamado de nuevo a filas pintó Metrópolis (1916-1917) influenciada por el futurismo (la aceleración frenética de la vida urbana que se vislumbra), también por el cubismo (la geometrización de los espacios arquitectónicos), y por supuesto, por el expresionismo, ya que el cuadro está impregnado de angustia y desasosiego: una muchedumbre, casi de autómatas, que camina sin rumbo fijo por la inhóspita ciudad.

Grosz. Metrópolis (1916-17). Museo Thyssen-Bornemisza
Grosz. Metrópolis (1916-17). Museo Thyssen-Bornemisza

La exposición

Reúne 80 obras repartidas en ocho espacios temáticos: 1.- Talleres, en el que presenta al grupo Die Brücke (El Puente); 2.- Referentes, donde se señalan las influencias de pintores como Munch, Van Gogh y Gauguin; 3.- Exterior, en el que nos presenta el contacto con la naturaleza y el desnudo; 4.- Aires populares, para introducirnos al grupo Der Blaue Reiter, liderado por Kandinsky, heredero de una tradición de arte popular ruso; 5.- Difusión, donde nos cuenta las muestras y exposiciones y las diversas publicaciones de la época en las que participaron los expresionistas; 6.- Estigmatización, ahí se recoge la persecución que sufrió el movimiento durante el nazismo, considerado «arte degenerado»; 7.- Rehabilitación, sobre la posterior recuperación de muchas de sus obras tras la contienda; y 8.- Internacionalización, en la que se manifiesta gran interés por desvincular la colección Thyssen del expolio nazi, frente a las dudas o acusaciones que se han expresado al respecto. La exposición está perfectamente estructurada y sirve para hacerse una buena idea sobre esta corriente artística.

Si te gusta nuestro trabajo, la mejor manera de disfrutarlo de una manera completa es suscribirte. Recibirás en casa nuestra revista en papel acompañada de marcapáginas ilustrados y obtendrás ventajas digitales, como leer la revista en nuestras apps o acceder a todos los contenidos en la página web.

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

Amparo García Carrasco

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Secundaria.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Artículo añadido al carrito.
0 artículos - 0,00