‘La insoportable levedad del ser’ (1984) de Milan Kundera

La insoportable levedad del ser es probablemente la novela cumbre del escritor checo Milan Kundera. Fue publicada en 1984 cuando residía en París, después de haber emigrado desde su Checoslovaquia natal, al igual que otros muchos disidentes políticos, como consecuencia del régimen impuesto por la Unión Soviética tras invadir el país en agosto de 1968. La obra fue llevada al cine por el director estadounidense Philip Kaufman en 1988.

Estamos ante una novela que nos habla del amor y de los celos, de la pasión y de la compasión, de infidelidades y traiciones, de amistades eróticas, de sufrimientos, también de la fidelidad.

Una novela que nos habla de Filosofía. De la búsqueda del eterno retorno de Nietzsche como pesada carga, aunque apegada a lo real, frente a la levedad del no retorno, pues según un proverbio alemán «lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca». Sin embargo, para Parménides, filósofo del siglo VI a.C., la levedad representaba lo positivo («la dulce levedad del ser») frente a la pesada carga que vinculaba a lo negativo.

Nos habla de Psicoanálisis, de Freud. De la histeria (¿o quizás del amor?) y del subconsciente. De unos sueños interpretados como explosión nocturna de celos, pero también de la estética de esos sueños, que les hace tener un valor en sí, y no solo ser un mensaje a interpretar, apostillando así al propio padre del Psicoanálisis. Unos sueños que a menudo se mezclan con la realidad buscando deliberadamente que el lector no sepa si se encuentra en el mundo real —aunque dentro de la ficción— o en el de la ensoñación. Nos habla del sentimiento de culpa, del vértigo como insuperable deseo de caer. Y de Edipo y de su creador, Sófocles (siglo V a.C.).

También de música. De Beethoven y de su cuarteto de cuerda nº 16 titulado La difícil decisión que nos habla de «una decisión de peso»: Muss es sein? Ja, es muss sein (¿Tiene que ser? Sí, tiene que ser). Una decisión de un peso como el de la esfera celestial que cargaba Atlas sobre sus espaldas.

Milan Kundera en 1980

Nos habla de Teología, pero de una Teología muy especial que trata de lo escatológico, pero no en su sentido religioso, sino mundano, en relación con los excrementos. Valentín, un gnóstico del siglo II que teorizaba que Jesucristo comía pero no defecaba. O San Jerónimo en el siglo IV que teorizaba que Adán y Eva no fornicaban. Sin embargo Juan Escoto sí lo admitió en el siglo IX, pero negando la existencia de excitación sexual (¡hasta aquí podríamos llegar!).

Y de Arte, de la relación entre la pintura y la fotografía en un mundo —la Checoslovaquia de los años 60 y 70— en el que el arte estaba bajo la disciplina del «realismo socialista», donde lo que no era «realista» se consideraba subversión del socialismo (así era considerado por el arte oficial Picasso, por mucho que en Occidente reivindicara el ideal comunista). Y nos habla del kitsch como corriente artística que elimina todo lo estéticamente inaceptable según el punto de vista del que se trate. Así sería posible que hubiera un kitsch conservador, un kitsch totalitario, soviético, comunista, etc. En definitiva, un arte cursi y adocenado, incluso hortera.

Nos habla de Historia. De Jan Hus, teólogo y filósofo, rector de la Universidad Carolina de Praga y líder bohemio del movimiento husita, quemado por hereje en 1415 (con 45 años). De la «Defenestración de Praga» de 1618 que dio paso a la Guerra de los Treinta Años que afectó a casi toda Europa y que condujo a la práctica destrucción de la nación checa que se enfrentó a la imposición religiosa católica del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. También de la ocupación alemana de 1938 tras la Conferencia de Múnich en la que Francia y Reino Unido decidieron mirar hacia otro lado frente al belicismo nazi, abandonando a la nación checa en manos del expansionismo alemán que inmediatamente procedió a ocuparla.

De todo ello nos habla la novela de Kundera con el trasfondo político-histórico de la invasión de Checoslovaquia por tropas soviéticas en agosto de 1968 tras la llamada Primavera de Praga que había comenzado meses atrás bajo el impulso de líderes reformistas del Partido Comunista Checoslovaco como Alexander Dubcek, defendiendo un «socialismo de rostro humano». Tras la invasión, Dubcek sería detenido, llevado a algún lugar de Ucrania durante varios días donde, bajo la presión de la amenaza de fusilamiento y deportaciones masivas a Siberia, se le sacaría la firma de un acuerdo con el líder soviético Brezhnev. «Acuerdo» que tendría que leer en la radio a sus atónitos compatriotas el séptimo día de la ocupación, con tartamudeos e interminables y terribles pausas de más de medio minuto que representaban el horror de una nación humillada. La humillación de los tanques y de los vuelos rasantes de los aviones soviéticos sobre Praga durante las madrugadas.

Una primavera y una ocupación que sería abundantemente fotografiada y cuyas imágenes publicarían todos los medios de comunicación internacionales de la época. Como las de esas jóvenes que con minifaldas y portando banderas de la nación checa hacían frente a los jóvenes soldados ocupantes, perplejos ante tal explosión de libertad sexual que contrastaba con su obligada abstinencia y represión. Una ciudad en la que sus habitantes arrancaban las placas de las calles y avenidas para dificultar la orientación y obstaculizar la movilidad de los invasores. Que luego como castigo rebautizarían con nombres rusos.

Alexander Dubcek 1968
Alexander Dubcek 1968

Nos habla también del estalinismo como sistema que se basaba en la permanente evaluación (control) sobre el grado de adhesión personal de los ciudadanos al régimen, mediante informes y dictámenes que daban cuenta de su participación en actos oficiales, manifestaciones conmemorativas como la del Primero de Mayo, etc. También de la delación, de los confidentes e informadores que vigilaban, espiaban, a sus compatriotas al servicio del ocupante. De intelectuales críticos como el escritor Jan Prochazka, grabado por un infiltrado en una conversación privada emitida hasta la saciedad por la radio oficial, para destruir todo atisbo de vida privada, haciendo del país una especie de campo de concentración donde imperase el miedo.

También nos habla de cómo se presionaba para que las personas renegaran de sus ideas, con los mismo métodos de la antigua Inquisición, a lo que llamaban «autocrítica». Si no se hacía así, era la represalia, la destitución, la degradación laboral hasta lo más bajo de la escala social. Muchos de estos elementos nos recuerdan a 1984 de Orwell. Una sociedad opresiva en la que los dirigentes, alardeando de haber «superado» la dialéctica materialista, teorizaban que la contradicción ya no se situaba entre el bien y el mal, sino entre lo bueno y lo mejor.

Nos habla también de la valentía, de los intelectuales que encabezaron el Manifiesto de las Dos Mil Palabras, redactado por el escritor y periodista checo Ludvik Vaculik animando al pueblo a defender las reformas y resistir las presiones soviéticas. Muchos de sus firmantes fueron condenados al ostracismo, expulsados de sus trabajos, marginados, purgados en definitiva. Aunque en condiciones tremendamente duras muchos de ellos volvieron a redactar nuevos escritos y cartas públicas dirigidas al presidente de la República para que amnistiara a los presos políticos, que toda la prensa oficialista presentaba como acciones contra el Estado.

Manifestación en Helsinki contra la invasión de Checoeslovaquia. 1968
Manifestación en Helsinki contra la invasión de Checoslovaquia. 1968

Nos habla de la muerte de amigos, conocidos disidentes a los que la desesperanza del alma les acababa por alcanzar al cuerpo como a Frantisek Hrubin, poeta fallecido en 1971. O como en otros casos, no permitiéndose publicitar la hora de las honras fúnebres a las familias para evitar una posible reunión de disidentes. Demostrándose así la inhumanidad del régimen represor.

Nos habla de la paternidad y sus dificultades. También de la ternura y amor hacia los animales. A veces, la voz narrativa del autor se confunde como si recreara fragmentos de su propia historia personal.

De todo ello nos habla esta entrañable, emotiva y bien ambientada novela del escritor y disidente checo Milan Kundera.

La editorial Tusquets, que ha reeditado en 2019 una nueva edición de esta novela publicada por primera vez en checo en 1984, ha tenido el gran acierto de recoger como imagen de portada una pintura surrealista de Max Ernst, La pubertad cercana a las Pléyades (1921).

Título: La insoportable levedad del ser.

Autor: Milan Kundera.

327 páginas.

Traducción: Fernando de Valenzuela Villaverde.

Fecha de publicación: 2019 (primera edición en checo: 1984).

Editorial: Tusquets.

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Jesús de Blas Ortega

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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