«Ganar perdiendo» o «perder ganando» en las elecciones presidenciales de EE. UU.

Recientemente han tenido lugar las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, que se celebran cada cuatro años el primer martes después del primer lunes del mes de noviembre. El presidente saliente, Trump, se resiste a reconocer la victoria del contrincante, Biden, a pesar de que en votos populares le supera en más de 5 millones de votos.

Sin embargo, no es el voto popular obtenido a nivel nacional lo que da la presidencia, sino el número de compromisarios o mandatos electorales que se obtienen a través de los estados que constituyen la Unión, puesto que los Estados Unidos son una República Federal, es decir, una federación de estados (50 exactamente, además de Puerto Rico como Estado Libre Asociado).

La circunstancia de obtener un mayor número de votos populares a nivel nacional, obteniendo menos compromisarios o mandatos electorales se ha producido en dos elecciones anteriores cercanas en el tiempo:

  • En el año 2000 Al Gore del Partido Demócrata obtuvo 50.999.897 votos (48,38%) frente a George W. Bush, del Partido Republicano, que obtuvo 50.456.002 votos (47,87%), sin embargo, la presidencia fue para Bush con 271 mandatos electorales frente a 266 (sobre un total de 538), después de que el Tribunal Supremo diera la victoria en el estado de Florida a Bush tras semanas de incertidumbre sobre el recuento. En Florida, donde estaban en juego 25 mandatos electorales decisivos para inclinar la presidencia, la diferencia fue mínima, apenas 520 votos: Bush obtuvo 2.912.790 votos frente a los 2.912.253 de Al Gore. Tenemos pues un ejemplo de votación en el que el candidato más votado a nivel nacional no resultó elegido presidente, perdiendo esa posibilidad por los 520 votos de Florida que el Tribunal Supremo decantó a favor de Bush.
  • En 2016 ocurrió algo similar, aunque no se dio una situación tan disputada como la de Florida del año 2000. Hillary Clinton del Partido Demócrata obtuvo 61.318.162 votos (47.8%) frente a Donald Trump del Partido Republicano, que alcanzó 60.541.308 de votos (47.3%). En este caso, a pesar de los casi 800.000 votos con que Hillary Clinton aventajó a Trump a nivel nacional, la presidencia fue para este último al alcanzar 306 mandatos electorales frente a 232 (sobre un total de 538).

En las elecciones recientemente celebradas en noviembre de este año, Biden del Partido Demócrata obtuvo 77.965.666 votos (50,8%) frente a los 72.648.762 votos (47,4%) de Trump del Partido Republicano. Sin embargo, pese a esa diferencia de votos superior a los 5 millones, la presidencia se ha decidido en la recta final en cinco estados en los que las diferencias eran muy reducidas, de apenas unos miles de votos: Arizona, Georgia, Wisconsin, Michigan y Pensilvania. Si en estos estados o al menos en la mayoría de ellos hubiera ganado Trump, podría haber sido elegido presidente con varios millones de votos populares menos a nivel nacional que Biden. Pero al final, el resultado en mandatos electorales también se ha decantado hacia Biden por 306 frente a 232 de Trump.

Como se puede ver, no es la suma de todos los votos populares lo que determina la elección del presidente, sino la de los mandatos electorales que un candidato obtiene en los diferentes estados que constituyen la Unión que se asignan no según un criterio de proporcionalidad a los votos recibidos en cada estado, sino por un sistema mayoritario absoluto, es decir, que cuando un candidato gana en un estado (aunque sea por un solo voto) se lleva la totalidad de los mandatos electorales correspondientes a ese estado.

Resultados (Wikimedia).

Este sistema de elección presidencial se estableció en la Constitución de Estados Unidos desde sus orígenes. En 1787 los representantes de las antiguas colonias británicas se reunieron en Filadelfia para redactar la Constitución. Aunque las colonias del sur propugnaban una confederación de estados casi independientes y las del norte una mayor unión política, finalmente se pudo llegar a un acuerdo, y se estableció, como forma de Estado la República Federal, que garantizaba una gran autonomía política a los estados, poniendo en común la moneda, el ejército y los asuntos exteriores, así como unas instituciones federales basadas en la división de poderes: el ejecutivo, que correspondería al Presidente de la República Federal, el legislativo, que correspondería al Congreso, integrado por dos cámaras (bicameral), la Cámara de Representantes (que equivaldría a nuestro actual Congreso de los Diputados, para hacernos una idea aproximada) y el Senado, integrado por dos representantes de cada estado de la Unión, independientemente de su número de habitantes, teniendo por tanto un carácter de cámara territorial; y un poder judicial independiente de las otras instituciones del Estado, encabezado por el Tribunal Supremo.

Resultados (Wikimedia).

Fue la primera Constitución del mundo en la que se aplicaban los principios del liberalismo político, pero su carácter federal hace que el peso de los estados de la Unión sea decisivo, por ejemplo, a la hora de la elección presidencial.

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Jesús de Blas Ortega

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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