Medicina caída del cielo: Asclepio y el santuario de Epidauro

El santuario de Asclepio en Epidauro, epicentro de la sanación en el mundo clásico, era visitado por enfermos de todo el Mediterráneo para obtener el favor del dios y ser sanados. La figura e iconografía del dios, los entresijos del culto y la arquitectura y escultura del recinto sacro son aquí el mejor remedio para adentrarse en los misterios de una medicina anclada entre religión y ciencia.

El dios Asclepio

Asclepio (en griego) o Esculapio (en latín) fue un dios de la medicina venerado en varios santuarios de Grecia, siendo los más importantes los de Epidauro y Cos, donde se desarrollaron auténticas escuelas médicas. Se decía que la familia de Hipócrates de Cos, una de las mayores figuras de la medicina, era descendiente de esta divinidad.         

Contamos con dos versiones sobre el nacimiento de Asclepio, la primera muestra como era hijo de Corónides, nieto de Flegias, rey de Beocia. Su madre tras haber sido seducida por Apolo se casó, por mediación de su padre, con el príncipe de un reino vecino, y Apolo enfurecido por el hecho decidió matar a ambos asaetándolos. A pesar de ello, se compadeció de su hijo dándole la oportunidad de nacer y encomendando su educación al centauro Quirón. Además de esta primera versión procedente de Tesalia encontramos otra originaria de la Argólide (región en la que se encuentra Epidauro), en la que se narra cómo Corónides dio a luz en Epidauro y abandonó a su hijo en un monte, donde fue amamantado por una cabra y, posteriormente, fue educado por Quirón. Ambas leyendas indican que fue este centauro el responsable de que Asclepio aprendiese sobre la sanación de heridas y enfermedades. Asclepio fue más allá, saltándose las leyes naturales y se propuso la resurrección de los muertos, lo que enfureció a Zeus que lo fulminó con un rayo. Apolo, enfadado por la muerte de su hijo, causó estragos notables entre los cíclopes, que habían fabricado los rayos al rey de los dioses olímpicos, por lo que fue castigado y exiliado. Asclepio, ya difunto, recibió honores como dios y ascendió a los cielos formando la constelación de Ofiuco. En vida había participado en la expedición de los Argonautas como médico y en Epidauro se casó con Epione, que dio a luz seis hijos: Macaón, Polidario, Higía, Yaso, Panaqueia o Panacea, Egle y Aceso.

Con el aumento del prestigio de esta divinidad —tras la Guerra del Peloponeso— comenzaron a añadirle descendientes divinos con poderes curativos. Por ello, es en estos momentos cuando se empezó mencionar que los hijos de Asclepio —Macaón y Polidario— participaron el a Guerra de Troya, siendo grandes médicos.

Restitución arquitectónica realizada en el santuario (Wikimedia).
Restitución arquitectónica realizada en el santuario (Wikimedia).

Según los mitólogos el culto a esta divinidad surgió en Tesalia y se difundió por toda Grecia y fuera de ella, llegando a documentarse sesenta y cuatro santuarios, siendo el de Epidaruro el más célebre, seguido del de Cos. Antes de la llegada de Esculapio a Roma, la diosa Salus y la diosa Carna o Cardea eran las deidades de la salud romanas por excelencia. En el 291 a. C. hubo una terrible epidemia que asolaba la Vrbs y para acabar con ella se envió una embajada a Epidauro y, tras ello, se menciona que el dios empezó a seguir a los componentes de dicha expedición en forma de serpiente de vuelta a Italia, estableciéndose en la isla Tiberina. La epidemia cesó de inmediato y para demostrar el agradecimiento romano al dios se realizó un templo en dicha isla.

La representación típica de Asclepìos parte de la obra de Trasímides de Paros, que esculpió una estatua crisoelefantina para el santuario de Epidauro. Fue representado con aspecto humano de mediana edad y barbado, sujetando un báculo y con serpientes, las cuales llegaron a ser símbolos de la ciencia médica. También aparece con coronas de laurel, lo que recuerda su parentesco con su padre, el dios Apolo.

Ritual de Asclepio: la incubatio

La medicina en la Antigüedad aún se encontraba ligada a los misticismos de la religión, por lo que la visita a santuarios como el de Asclepio en Epidauro era el remedio infalible para la recuperación de la salud. Allí, el dios actuaba de forma directa contra las jaquecas, los malestares del estómago o la ceguera. Los sacerdotes de Asclepio, que deambulaban por la geografía griega tratando enfermos de ciudad en ciudad, eran simplemente intermediarios de la acción divina, por lo que acostumbraban a invitar a sus pacientes al santuario para una cura total, servicio que no era caritativo, puesto que estaba sujeto a una respectiva suma de dinero y ofrendas. La subtrama comercial del culto a Asclepio se puede observar en el modo de actuar de los sacerdotes ante la inclusión de los enfermos en los santuarios. Los que tenían la suerte de ser acogidos en los Asclepeia solían ser personas de buena posición económica y con dolencias que pudieran ser tratadas sin peligro de muerte; no se aceptaban moribundos ni embarazadas. Tal criba permitía que los cuidados fueran amortizados económicamente, que el santuario recibiera un incentivo y que se evitara cualquier clase de desprestigio, ya que el dios de la medicina no se podía permitir ser acusado de mala praxis por alguna muerte inesperada. En el caso de los excluidos eran señalados como portadores de enfermedades producto de conductas impías en contra de la moral religiosa, zanjándose así el problema por medio de la superstición.

Instrumentos para cirugías hallados en el santuario. Fuente: Cortesía P. León.
Instrumentos para cirugías hallados en el santuario. Fuente: Cortesía P. León.

Los aceptados para participar en el rito eran purificados mediante baños, ayuno y abstinencia sexual. Una vez limpios pasaban a hacer donaciones cuantiosas, que dependían del nivel adquisitivo del paciente, y realizaban sacrificios; aquellos que podían permitírselo ofrecían un toro de color blanco, símbolo de fortuna y poder. Tras ello, se rogaba a las divinidades, tanto al propio Asclepio, como a dioses menores garantes de la salud, que les facilitarán caer en el sueño sanatorio, o sea, la incubatio. Esta consistía en un trance por medio del sueño en el que Asclepio curaba o transmitía a los enfermos el tratamiento. En muchos casos
el dios hablaba en una lengua extraña conocida sólo por los sacerdotes, por lo que el paciente debía transmitirles el mensaje para que lo descifraran.

Antes de que cayera la noche, en el pórtico del templo se preparaba todo lo necesario para la incubatio. Los enfermos encendían lámparas de aceite en honor a Asclepio y para dormir desplegaban en el suelo o en lechos las pieles de las reses que habían sido sacrificadas. En ese momento toda la escenografía ritual llegaba al culmen con la aparición de dos grandes serpientes, metamorfosis del dios que reptaban de forma apacible alrededor de los enfermos y comían de la carne de los animales inmolados. Poco a poco, los pacientes iban cayendo en los brazos de Morfeo, el sueño se hacía con ellos y la magia de las apariciones divinas y las curas milagrosas comenzaba. Pero lo que parecía divino, era algo más cercano al factor humano. Las visiones de fenómenos místicos en la incubatio sucedían probablemente por la sugestión o la utilización de drogas y narcóticos extraídos de los opiáceos plantados en los jardines del santuario. La supuesta cura milagrosa se trataría en muchos casos de la intervención médica de los enfermos que, una vez sedados, eran transportados a estancias donde se realizaban cirugías, como se ha podido demostrar gracias al hallazgo de un amplio equipo quirúrgico en una de las habitaciones del santuario.

Santuario de Epidauro

El santuario de Epidauro fue el centro de curación más conocido de la Antigüedad, el lugar donde la gente enferma iba con la esperanza de ser sanada. El espacio estaba conformado por terrazas estructuradas en niveles. En la más baja habría numerosos pozos en donde se practicaban abluciones rituales y donde se obtenía agua. Alrededor de uno de ellos había unas columnas sobre las que se inscribían los hechos milagrosos del dios. En la terraza central, los peregrinos ofrecían sacrificios, en al altar de Asclepio. En ella se haya también el thesaurós del espacio de culto y cada persona que obtenía la ayuda del dios debía hacer una donación. En la tercera terraza estaría el Abaton en el que se lleva a cabo el sueño terapéutico, la incubatio, y que tendría veintinueve columnas jónicas en su fachada delantera y trece columnas en el interior que sostendrían el techo.

Vista del santuario de Epidauro. Fuente: Banco de imágenes y sonidos del Ministerio de Educación.
Vista del santuario de Epidauro. Fuente: Banco de imágenes y sonidos del Ministerio de Educación.

El santuario de Epidauro —junto al golfo Sarónico— estaba rodeado de un bosque de pinos (símbolo de salud) y por altas montañas. El complejo sacro surgió en el VI a. C. y destaca por el culto a Asclepio, aunque también había cultos a divinidades sanadoras como al padre de Asclepio —Apolo—, a Higía, y a dioses egipcios. Del santuario sólo conservamos algunos restos y muchos de ellos de época tardía.

Este espacio tuvo una gran fama y prosperidad durante todo el período helenístico y estuvo en ocasiones a punto de desaparecer, como en el año 87 a. C. que fue saqueado por el general romano Sila y en el 67 a. C. por los piratas. En el segundo siglo después de Cristo, el santuario disfrutó de un nuevo periodo de esplendor bajo el dominio romano, pero en el año 395 los godos asaltaron y asolaron nuevamente este santuario peloponesio. Con el final del mundo clásico observamos cómo sobre el santuario se edificó un templo cristiano, apreciándose así el valor espiritual del lugar y la resignificación de éste.

Epidauro está considerado desde 1988 como Patrimonio de la Humanidad y se caracteriza por tener dos templos principales y otros edificios que ocupaban un segundo plano. El santuario se encontraba rodeado por murallas con dos grandes puertas de entrada. Lo que empezó siendo un lugar de culto para honrar a Asclepio, terminó siendo un gran centro de peregrinación para muchas personas que ansiaban curarse de sus males, por ello se fueron levantando progresivamente edificaciones nuevas para albergar y atender a los peregrinos. Se hallan, también, en este santuario templos dedicados a Artemisa y a Afrodita. En las excavaciones arqueológicas realizadas en estos templos se han detectado una gran cantidad de objetos relacionados con el culto a estas divinidades. El templo de Artemisa presenta un porticado dórico, realizado en grandes bloques calcáreos. Este edificio carecía de opistodomo, como el templo de Asclepio, y tenía una importante rampa que estaría frente al altar de la diosa. También sabemos en esta construcción habría una imagen dedicada a Artemisa de proporciones considerables.

Restitución del Abaton (Wikimedia).
Restitución del Abaton (Wikimedia).

El tholos, edificio circular del santuario, conserva en perfecto estado sus tres corredores homocéntricos. En un principio se realizaría el templo de Asclepio y, tras ello, se realizaría la construcción del tholos, del cual se desconoce su función completa. Según el historiador Tucídides esta edificación obra de Policleto el Joven, consiste en una cella circular con un porticado externo con veintiséis columnas dóricas. Las metopas de este templo estaban decoradas con rosetas y relieves. Dentro de la cella nos encontraríamos con un segundo espacio porticado en orden corintio (con catorce columnas), completamente independiente del muro perimetral. Pausanias lo describe de la siguiente manera:

«Este edificio circular de mármol blanco, tan digno de ser visto, y situado en la vecindad del templo de Asclepìos, había sido construido por el mismo arquitecto, Policleto, que había construido también el teatro» (Pausanias, II, 27. 3).

El tholos de Epidauro tiene como precedente el tholos de Delfos. En el centro del templo existía un elaborado diseño geométrico que alternaba losetas en color blanco y negro de forma romboidal que confluían en el centro, donde vemos un círculo blanco de piedra. Desde el centro se podía acceder a un laberinto, formado por 3 corredores. En este laberinto se guardaban serpientes, símbolo del dios de la medicina, ya que éstas eran usadas con fines medicinales, lamiendo y purgando las heridas de los enfermos, pues según nos dice Pausanias, eran consideradas especies no peligrosas. De hecho, el símbolo típico de las farmacias se nos presenta con estas serpientes vinculadas a Asclepio.

Entre el templo de Artemisa y el de Asclepio se encontró —en la excavación del arqueólogo P. Kavvadias— un espacio que algunos investigadores lo han interpretado como lugar de reunión del sacerdocio del santuario, aunque algunas teorías más recientes creen que sería un templo dedicado a Apolo Meleditas. La construcción tendría cuatro brazos, apareciendo en uno de ellos un peristilo, además de dos plantas. También se piensa que pudo servir como estancia para los enfermos.

La Vía Sacra atravesaba el santuario de norte a sur y pasaba a los lados de los monumentos principales como el templo de Asclepio y el templo de Artemisa. En los laterales de la vía se hallarían estelas, ofrendas y estatuas que solían tener inscripciones en la base. Es muy poco el material conservado de época arcaica que se ha obtenido de las excavaciones. Entre las esculturas encontramos con una Higía —hija de Asclepio— y Lampetia, varias imágenes de Atenea y una Afrodita.

Tholos de Epidauro (Flickr).
Tholos de Epidauro (Flickr).

No se puede comprender la importancia de Epidauro sin su teatro, obra de Policleto el Joven, que podía albergar alrededor de 140.000 espectadores y es, en la actualidad, símbolo del enclave analizado. A pesar de todo ello, no profundizaremos en él al salirse del ámbito religioso-curativo.

Templo del Asclepio

El templo de Asclepio en Epidauro fue una construcción capital del santuario y tenemos la suerte de contar con una inscripción en una gran pieza calcárea que nos muestra cómo fue la edificación y que el arquitecto principal de la misma fue Theodotos de Phokaia, así como que la edificación duró cinco años (380 a. C. — 375 a. C.). El templo está fundamentado con bloques de roca calcárea y estuvo recubierto de mármol Pentélico en los coronamientos de los muros largos y en las piezas del frontón. El edificio es un períptero dórico, con seis columnas en la parte frontal y trasera, y once en cada lateral. El Asclepeion carecía de opistodomo y su pronaos estaba precedida por dos columnas en antas. Dentro de la cella encontramos los restos de lo que parece ser la base de una estatua, seguramente dedicada al dios Asclepio. Se descubrió una fosa con unas medidas de 2,70 x 1,25 x 0,50 metros que según nos muestra la epigrafía encontrada podría ser el lugar donde se hallaba el tesoro del dios. La cubierta de la construcción sería de tejas, con decoración a la entrada, como nos muestran las fuentes.

Casetón del tholos de Epidauro (Flickr).
Casetón del tholos de Epidauro (Flickr).

En este edificio habría una estatua de la divinidad, a la cual se le harían grandes ofrendas y valiosos presentes en arcilla y en metal. Algunos exvotos eran imitaciones de las partes del cuerpo que deseaban curar los oferentes. En frente del templo se encontraba el altar de Asclepio, lugar donde iban los peregrinos a pedir la gracia del dios.

En lo referente a las esculturas del templo nos encontramos con el nombre de Timotheos, de cuyo ingenio se piensa que pudieron surgir estatuas del frontón occidental. Gracias a los fragmentos recuperados podemos decir que, seguramente, la escena que aparecía representada en el frontón occidental del templo se tratase de una amazonomaquia, deducción que parte de la existencia de una escultura de una mujer cabalgando sobre un caballo y que probablemente fuera el centro del frontón. La elaboración de éste es atribuida, como se decía, a Timotheos, quien también pudo tener relación con los trabajos del Mausoleo de Halicarnaso, una de las maravillas de la Antigüedad. En el frontón oriental encontraríamos con una escena de la Iliupersis, atribuida a Hectóridas. De este frontón conservamos restos de torsos femeninos y masculinos.

Epidauro se convirtió en el gran punto de peregrinación de los enfermos tras la Guerra del Peloponeso

Escultura de Asclepio (Museo Nacional Arqueológico en Atenas) (Wikimedia).
Escultura de Asclepio (Museo Nacional Arqueológico en Atenas) (Wikimedia).

Sabemos que hubo un gran conjunto de acroteras y que en la parte occidental hallaríamos en el centro una figura femenina que tendría en la mano una oca y, flanqueándola, estarían representaciones de mujeres montadas a caballos. En el lado oriental se harían presente una victoria alada en el centro y otras dos figuras a los lados, las cuales desconocemos. Las acroteras de la parte oriental son atribuidas a Hectóridas, mientras que las de la parte occidental son atribuidas a Theodotos.

En el interior de la cella habría una estatua crisoelefantina de Asclepio que sería realizada con posterioridad a la elaboración del templo, seguramente alrededor del 370 a. C. Se cree que fue Thrasymedes de Paros el que realizó esta obra. Pausanias nos la describe diciéndonos que en ella aparecía un perro y la cabeza de una serpiente, además el dios aparecería sedente sobre un trono.

Reflexión

El auge del santuario de Epidauro es un reflejo de la sociedad griega del momento y fue justo en este periodo que conocemos como crisis de la poleis cuando mayor importancia cobró —aunque no podemos olvidarnos de la importancia que tuvo en época imperial romana—, ya que, aunque el culto a los dioses principales del panteón griego se mantuvo, ganaron mucha importancia otros dioses que, como Asclepio, no habían gozado de tanto prestigio en épocas precedentes. Epidauro se convirtió en el gran punto de peregrinación de los enfermos tras la Guerra del Peloponeso y durante todo el Helenismo, siendo un referente de la sanación en el Mediterráneo.

En la Antigüedad, como hemos podido comprobar a lo largo del trabajo, la necesidad de encontrar la cura a determinadas dolencias llevó a un buen número de peregrinos a hallar una solución para sus males en los poderes curativos de Asclepios. Desde la irrupción del cristianismo hasta la actualidad, hemos sido testigos de cómo se ha pensado en Dios y los santos como armas contra distintas enfermedades, surgiendo auténticos santuarios cristianos que siguen actuando, en cierta medida, de similar forma.  

Bibliografía

—Blanco Freijeiro, A (2011). Arte griego. Madrid: CSIC.

 —AA.VV. (1960) Enciclopedia dell´Arte Antica: Classica e Orientale. (Vol. III.) Epidauro. 1958-1997. Roma: Istituto della Enciclopedia Italiana.

—González Zymla, H. (2007). En torno a la iconografía de la serpiente de Asclepio: símbolo sanador de cuerpos y almas. Akros: Revista de Patrimonio, 55-73.

—Gruben, G. (1976). Die Tempel de Griechen. Hirmer Varlang. München. Pp. 135-142.

—Kavvadias. P. (1981). Fouilles d´Épidaure. Atenas.

—Papastanos, D. (1979). Epidauro. Atenas: Ediciones Apolo.

—Serrera Contreras, J.L. (2018). Los santuarios de Asclepios. Aspectos arqueológicos y médicos. Sevilla: Universidad de Sevilla (tesis doctoral).

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Daniel Becerra Fernández

Daniel Becerra Fernández

PIF en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla.

José Luis Rodríguez Piñero

José Luis Rodríguez Piñero

Estudiante del Grado en Arqueología de la Universidad de Sevilla.

1 comentario en «Medicina caída del cielo: Asclepio y el santuario de Epidauro»

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