Beethoven «der spagnol». 250 aniversario del genio de Bonn

Hablar de Ludwig van Beethoven es hacerlo del compositor más importante del siglo XIX y uno de los más grandes de todos los tiempos. Su impronta, talento, trabajo e innovaciones marcaron a las generaciones que le sucedieron como una sombra alargada de influencia genial.

En homenaje a Maynard Solomon (1930-2020), musicólogo y biógrafo de Beethoven

El maestro desarrolló sus composiciones entre la culminación del Clasicismo vienés y el alumbramiento de una nueva Era, aportándonos un legado de suma importancia para la humanidad no solo de carácter artístico, sino también de compromiso social con los ideales de la libertad, culminados en su canto a la alegría que corona su última y magna sinfonía.

Los lazos de unión que sobre España tenía el gran maestro los podemos observar en obras como La Marcha de Vitoria, sus Canciones Españolas o Fidelio, junto a sus conocimientos sobre la política y lo más importante, su ascendencia española de manos de su abuela María Josefa Pols. Reflejos de nuestro país en la vida del genio de Bonn.

Beethoven componiendo

Cuando pensamos en el principio de continuidad y cambio existente dentro de la división en periodos estancos de la historia de la humanidad, encontramos en la figura de Ludwig van Beethoven (1770-1827) la materialización de este hecho. Nos queremos referir en este sentido a cómo, aun perteneciendo más al siglo XVIII que al siglo XIX, Beethoven fue el verdadero precursor del periodo romántico. Es por ello por lo que, en la figura de este gran genio y compositor, así como en su música, podemos identificar los conceptos de cambio y continuidad que enfrentan a los vocablos Clasicismo y Romanticismo. En este sentido, debemos de tener en cuenta que Beethoven no dejó de ser un hijo del Clasicismo, pero le tocó vivir un periodo histórico-artístico muy favorable que procuró que en su obra y persona se dejase sentir la confluencia de fuerzas que se habían dado durante el siglo que le vio nacer y que culminaron en la Revolución francesa.

Beethoven se convirtió en un modelo a seguir por los músicos románticos, que vieron en él al ejemplo de artista o genio frente al considerado, hasta ese momento y con cierto aire despectivo, como el músico convencional, artesano que componía para un fin determinado. Es pues, en la figura del genio que nos ocupa, donde aparece delineado el personaje y compositor que no se puso al servicio de nadie y que se presentó como músico libre que desarrolla su creatividad por el mero placer de componer arte y de su disfrute.

Unido a este nuevo posicionamiento de Beethoven ante la sociedad, los románticos pusieron su punto de mira en los rasgos más trágicos de su personalidad y de su obra. Y fue así como el compositor se convirtió en mito y su obra fue la base de la cual beberían muchos de los elementos musicales del siglo XIX y posteriores.

Conocer su vida para entender su obra

Un frio mes de diciembre de 1770 nació Ludwig van Beethoven en la ciudad de Bonn, capital de príncipes electores de Colonia, por entonces Sacro Imperio Germánico. Precisamente por dichas connotaciones históricas de la ciudad, esta se encontraba habitada principalmente por funcionarios y sirvientes de los electores. Beethoven, muy al contrario de lo que se pueda creer por la construcción de su nombre familiar y por la gente que habitaba en su ciudad de origen, no provenía de una familia notable, sino que encontramos sus raíces en una genealogía flamenca y plebeya, pero de generaciones afincadas en esa tierra y dedicadas a la música. Por esto no es de extrañar que el pequeño Beethoven también se dedicara a este arte, sobre todo por la necesidad económica que tenía la familia de que el hijo mayor pronto desarrollase este oficio. De todas formas, parece ser que el padre de Ludwig no tuvo que hacer grandes esfuerzos por despertar esta pasión en su hijo varón ya que desde muy pequeño demostró inclinaciones musicales.

Siempre hemos nombrado la figura de Mozart como la de un niño prodigio de gran éxito exhibido por su padre, pero no fue el único gran músico que vivió en sus carnes tales exposiciones sociales para poder llevar dinero a su familia. El padre de Ludwig,
siendo consciente del éxito que años antes había cosechado el gran Mozart, observó en las grandes dotes musicales de su hijo la posibilidad de un próspero negocio para su familia y decidió seguir los pasos de su antecesor. Eso sí, no sin antes hacerlo pasar por dos años menor para que el impacto ante la sociedad fuese altamente considerable.

Beethoven paseando en la naturaleza. Pintura de Julius Schmid

Si bien es verdad que no prosperó mucho esta carrera de niño prodigio, el joven Beethoven siguió formándose en el arte de la música. Su infancia divagó entre la falta de dinero familiar y su formación musical, hasta que, tras pasar por diferentes maestros, encontró en la figura de príncipe elector de Colonia, Maximiliano Francisco, el mecenas que le sufragase su primer viaje a Viena. Parece ser que durante este viaje pudo tocar para el gran W. A. Mozart y además consiguió entablar contacto con importantes personas que le pudieron ayudar, pero por desgracia no pudo alargar mucho tiempo su estancia en Viena debido a la enfermedad y muerte de su madre durante ese mismo año. Esto, unido al alcoholismo y encarcelamiento de su padre, hizo que el joven músico regresara y se instalara en Bonn para poder mantener a sus hermanos. Allí cultivó fama, amistades y trabajo que le permitieron una formación suficientemente elevada para que, en 1792, año en el que murió su padre, se pudiera trasladar a Viena, ciudad en la que definitivamente se instaló.

La tercera sinfonía de Beethoven marcaría toda la obra del compositor como una de sus composiciones más importantes.

Fue allí donde el compositor desarrolló prácticamente toda su obra, a excepción de algunos lieder y variaciones escritas para piano en su ciudad natal, así como otras obras claramente influidas por Mozart.

Es precisamente en la aproximación a su obra desde donde podemos comprender mejor la importancia de este compositor para la historia en general y de la música en particular.

Un legado excelso

Para entender la obra musical de este gran genio de Bonn, es preciso apuntar a una división de esta en tres etapas o periodos que nos van a permitir un acercamiento más claro a su creación, tal y como de forma acertada se estableció hace décadas.

Previamente, hay que señalar que el trabajo realizado durante el tiempo pasado en Bonn conforma un periodo separado y no se tiene en cuenta dentro de la división anteriormente descrita. Estos años fueron muy importantes para su aprendizaje y su desarrollo como artista que culminaría en el genio que luego fue. De entre todas las obras pertenecientes a este periodo caben destacar dos de ellas. Por un lado, la Cantata a la muerte del Emperador José II (WoO 87), aun a pesar de que no fue estrenada en vida del compositor, deja ver las bases del futuro estilo compositivo del artista. Esta obra de juventud compuesta en 1790, mismo año de la muerte del emperador austriaco José II, fue la presentada por Beethoven a J. Haydn y con la que se ganó el favor del compositor que le acogió como discípulo a su llegada, algunos años más tarde, a Viena. Esta cantata fúnebre se puede considerar como su primera gran obra. Por otro lado, nos encontramos con las 24 Variaciones para clave sobre la arieta Venni Amore de Righini que estrenó el propio Beethoven un año después de su composición y dieron fe de su virtuosismo al clavecín.

Retrato de Ludwig van Beethoven realizado
por Joseph Karl Stieler en 1820

El primer periodo establecido como guía para organizar la obra de Beethoven se delimita entre 1794 y 1800. Durante este periodo podemos observar cómo el compositor cristaliza en sus composiciones las influencias procedentes de la tradición clásica con la búsqueda de un lenguaje propio y personal. Es en este periodo donde nacen algunas de sus sonatas escritas para piano como su Op. 10 nº 3 o la conocida como Sonata Pathétique Op.13, además de un importante número de obras escritas para música de cámara y sus dos primeras sinfonías.

La primera sinfonía la realizó Beethoven a finales del siglo XVIII y su estreno coincidió con el inicio de siglo. De las nueve sinfonías escritas por Beethoven a lo largo de su vida, ésta es la sinfonía que con diferencia más se encuadra dentro de los cánones clásicos.

Es en su segunda sinfonía donde comienza a vislumbrarse en el compositor un momento de transición hacia una mayor madurez. Compuesta en 1802 y estrenada un año más tarde, esta sinfonía tiene lugar en un momento convulso dentro de la vida de Beethoven pues, aunque se encontraba bien acogido por el público Vienés, a pesar de su condición burguesa, el agravamiento de su sordera y la ruptura con la condesa Giulleta Guicciardi supusieron un gran golpe emocional para el compositor.

Sea como fuere la situación personal de Beethoven, su segunda sinfonía representa el fin del Clasicismo y marca el nacimiento del Romanticismo, además de abrir las puertas al periodo de producción artística más importante del compositor el cual lo podemos encuadrar entre 1800 y 1813.

Ilustración de Jesús Sánchez Daimiel

El segundo periodo viene marcado por el inicio de su tercera sinfonía que comienza a concebir durante su estancia en Heiligenstadt, lugar al que se trasladó por su creciente sordera para probar de sus aguas consideradas como curativas, aunque bien hay que decir que estas no lo fueron para el compositor. En este momento había alcanzado ya una gran fama no sólo en Viena, sino en toda Europa como compositor y pianista, a una altura comparable con Haydn o Mozart. Producto de su época, Beethoven da muestras de ello en su tercera sinfonía que cristaliza los momentos tan convulsos socialmente que le tocó vivir. Con un espíritu idealista a la vez que revolucionario con grandes expectativas de cambio, nace en Beethoven la idea de su tercera sinfonía que quiso dedicar a Napoleón como ideal de héroe que conduciría a la sociedad romántica a un nuevo estatus donde reinarían los principios que durante el 14 de julio de 1789 movieron a la sociedad parisina a asaltar la Bastilla y tomar las riendas de su gobierno acabando con el reinado de Luís IV y nombrando al teniente Napoleón Bonaparte como cabeza visible de la igualdad, fraternidad y libertad. Tres palabras que regirían este cambio histórico.

Portada edición antigua de Fidelio

Pero al igual que los hechos que sucedieron a la Revolución francesa, la tercera sinfonía de Beethoven marcaría toda la obra del compositor como una de las composiciones más importantes de éste. Más allá de la anécdota de su título, pues como indican muchos datos Beethoven cambió su dedicación por la decepción del compositor al conocer los propósitos del recién proclamado emperador, esta obra supone una de las piezas más importantes del compositor.

Es en este periodo donde encontramos las obras más conocidas del compositor tales como su tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima y octava sinfonía, además de su concierto para violín y orquesta en re mayor Op. 61, la música incidental para el drama de Goethe, Egmont, la ópera Fidelio, los conciertos para piano número 4 y número 5, sus cuartetos Rasumousky Op. 59, 74 y 95, las sonatas para violín Op. 47 y Op. 9, así como el trío Op. 97, la Obertura Coriolano y las sonatas para piano hasta el Op. 90.

El tercer y último periodo, se cristaliza como el más reflexivo de todos debido a las circunstancias personales en las cuales se encontraba el compositor. Su creciente sordera hizo que el artista se volviera más introspectivo y las obras escritas durante este periodo reflejan ese nivel de reflexión y alejamiento del mundo. Este periodo abarca la novena sinfonía, sus cinco últimas sonatas escritas para piano, además de las Variaciones Diabelli, su Missa solemnis, los cuartetos Op. 127, 130, 131, 132, 133 y 135 y la Gran Fuga. Las composiciones de este periodo demuestran un sentimiento cada vez más meditativo y abstracto, y su herencia clásica aparece cada vez más desdibujada dentro de un lenguaje propio ya consolidado.

Es de este periodo su novena y última sinfonía, aunque antes de su muerte Beethoven tenía en mente escribir una décima. En ella podemos encontrar su famosísima Oda a la Alegría, poema escrito por Friedrich von Schiller (1759-1805), la cual es un canto a la fraternidad universal que en las manos de Beethoven adquiere su máxima expresividad y conjuga su idea de escribir una sinfonía en donde se incorporasen voces. Es precisamente aquí en donde la novena sinfonía encuentra su novedad, al introducir en una obra instrumental un coro y voces solistas.

Pero no podemos dejar de hablar dentro de este tercer periodo de lo que fue, junto a su novena sinfonía, otra de sus grandes y más importantes composiciones. Inspirada en la música de Haendel, la Missa solemnis fue una confesión de fe no sólo del propio compositor, sino que adquirió dimensiones universales.

España en Beethoven

Sabemos que el apellido Van Beethoven es de origen flamenco, de donde provenía su abuelo paterno llamado Ludwig. Este era natural de Malinas y durante toda su vida ejerció la profesión de músico, llegando a ser Maestro de Capilla en la corte de Bonn. Ludwig se casó en 1733 con María Josefa Pols, española de nacimiento, tal y como nos indican las investigaciones de Forbes y Jacobs. De este matrimonio nacieron tres hijos, aunque solo sobrevivió uno, Johann, a la postre el padre de nuestro personaje protagonista.

Johann van Beethoven. Padre
del maestro

La familia Beethoven vivía en una casa cuyos propietarios eran los Fischer, pareja que desarrolló una gran amistad con el abuelo y padre de Beethoven. Precisamente de los diarios escritos por Gottfried Fischer podemos conocer los rasgos físicos del gran maestro. Fischer habla de una personaje de tez morena, más bien bajito, algo llamativo para aquella latitud. Igualmente conocía el origen español de su abuela, por entonces con graves problemas de alcoholismo. Suponemos que debieron ser razones de peso para que los Fischer le otorgaran el sobrenombre de «der spagnol» (el español), destacando a su vez entre sus atributos el temperamento, la tenacidad y el apasionamiento del joven maestro.

Beethoven mostró un importante conocimiento sobre España. Sin ir mas lejos, su única ópera, Fidelio, desarrolla su acción en Sevilla. Esta ópera, como ya hemos mencionado anteriormente, se encuadrada en su segundo periodo compositivo y emanó de las expectativas sociales que la Revolución francesa suscitó en él, con un libreto tomado de una ópera francesa y transformado para ofrecer la visión de un personaje heroico encarnado en su protagonista. El maestro situó la acción en una prisión cerca de Sevilla, en el siglo XVIII, en tiempos de Carlos III, como un mensaje de canto a la libertad con grandes valores democráticos, con los cuales estaba profundamente comprometido. Ésta fue la única ópera escrita por el compositor, quizá debido a las complicaciones que esta partitura le acarreó, las cuales encontraron en su poco consistente estructura dramática una de sus máximas dificultades.

También conocemos que en los primeros años vieneses, Beethoven entabló amistad con la española Mariana Martínez, hija de un alto cargo del embajador del Vaticano en la ciudad. Mariana tuvo una formación de alto nivel, estudió con Haydn, Porpora y Metastasio, además de tocar el piano a cuatro manos junto a Mozart. Se documenta que Beethoven acudió al menos a varias veladas musicales en la casa de Mariana, a la que tenía en alta estima, y a buen seguro que en las tertulias repasaban la actualidad española, no debiendo pasar desapercibido el origen español de su abuela.

«El genio se compone del 2% de talento y del 98% de perseverante aplicación»

«El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad»

«¡Actúa en vez de suplicar! ¡Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino»

Frases atribuidas a Beethoven.

Beethoven estuvo siempre muy interesado en lo que ocurría en España, pues era un liberal convencido y en aquellos entonces la lucha por la libertad se fraguaba en nuestro país. Desde comienzos de 1808, Beethoven muestra un importante interés por la situación de la invasión napoleónica de España. Debemos tener en cuenta que en un principio Beethoven idealizó la figura de Napoleón como icono de la naciente república f rancesa emanada de la revolución. Pero en el momento que Napoleón se entronizó como emperador, sus ideales se vieron traicionados, hasta tal punto que decidió retirarle la dedicación de su tercera sinfonía, conocida como Heroica. Cuenta la historia que cuando su alumno Ferdinand Ries le informó que Napoleón se había coronado a sí mismo emperador, encolerizó gritando que el general sólo era un ser humano ordinario, seguidamente fue a su mesa y rompió por la mitad la primera página de la sinfonía donde indicaba el titulo y la tiró al suelo.

Tras la batalla de Vitoria y posterior derrota de los franceses en junio de 1813 a manos de un conglomerado de fuerzas británicas, portuguesas y españolas que batallaban al mando del Duque de Wellington, se pone prácticamente el punto final a la guerra de independencia española. Además, el mismo año las tropas napoleónicas fueron derrotadas en otra batalla decisiva en Leipzig e igualmente tuvieron que retirar sus tropas de Rusia. Estos acontecimientos supusieron que toda Viena estuviese en júbilo por lo que ello suponía y no era menos la alegría de Beethoven. En este sentido, el musicólogo Solomon cuenta que el empresario Johann Nepomuk Mälzel propuso en 1813 la idea de una nueva composición que celebrara la victoria de las tropas aliadas al mando del duque de Wellington. Beethoven, se involucró muchísimo en estos festejos y accedió por la gran felicidad que le produjo la derrota napoleónica.

Batalla de Vitoria por Heath & Sutherland, A.S.K. Brown collection

De esta forma nace la pieza La Victoria de Wellington conocida también como La Marcha de Vitoria, catalogada como Op. 91. Fue estrenada en Viena el 8 de diciembre de 1813, en el mismo concierto que su Séptima Sinfonía. Los principales músicos de Viena participaron en las ejecuciones de la pieza. Hummel, Moscheles, Meyerbeer o Salieri tocaron la percusión, Schuppanzigh fue el primer violín y una veintena de músicos de primera fila se sumaron al acto. Thayer nos dice al respecto que esto se visualizó por parte de los participantes «como una estupenda broma musical, […] una gigantesca diversión profesional».

Esta representación supuso para Beethoven un notable empujón a su popularidad. No obstante, hubo críticas a la pieza, debido a que esta era de carácter puramente descriptivo y con un fin festivo y, por tanto, muy alejada de lo que acostumbraba a ser la música de Beethoven. Por ello, el crítico Gottfried Weber escribió «¿Acaso no todos deseamos fervorosamente, el querido Beethoven y su arte inclusive, que muy pronto el olvido deje caer un velo expiatorio sobre la aberración de la musa de Beethoven, por haber profanado al objeto más glorificado?: ¿al arte, y a él mismo?». Esta desubicada critica provocó la respuesta del maestro de forma indubitada: «Miserable canalla, mi mierda es mejor que cualquier cosa que hayas pensado».

Beethoven estuvo siempre muy interesado en lo que ocurría en España, pues era un liberal convencido y en aquel entonces la lucha por la libertad se fraguaba en nuestro país.

A nivel estrictamente musical, lo que más relaciona a Beethoven con España son las Tres Canciones Españolas para voz, violín, chelo y piano, compuestas entre 1816 y 1818, pertenecientes a un corpus de 23 canciones de diversas nacionalidades catalogadas como WoO 158. Estas canciones llevan por título La tirana se embarca, Una paloma blanca y Como una mariposa. Destaca Una Paloma Blanca, lindo bolero a solo donde se recuerda a menudo el rasgueo de la guitarra, como no podía ser de otra manera. Existe en esa serie una cuarta canción titulada Yo no quiero embarcarme, dada por portuguesa pero que entendemos que se trata de un bolero a todas luces español, tanto por la música como por la letra.

Manuscrito 5a sinfonía de Beethoven

En 1819, Beethoven comienza a utilizar unos cuadernillos de conversación para entenderse con sus amigos en las tertulias que tenían, entre otros lugares, en el café vienes El Camello. Su avanzada perdida de oído que ya en esos momento comenzaba a hacerse muy evidente, precisaba que le escribiesen en sus cuadernos las conversaciones. Gracias a esa fuente primaria de primer nivel, conocemos otros aspectos de la vida diaria del maestro, donde se puede descubrir a un Beethoven muy interesado en la política y los acontecimientos que suceden en España, como ya venia haciendo al menos desde 1808.

El nivel de conocimiento no era ni mucho menos superficial, las conversaciones eran tan concretas que incluso su amigo Kanne fue el que le informó que el general Espoz y Mina había conseguido aunar más de setenta mil soldados, contingente que superaba con mucho al del general absolutista Freire. En otra ocasión, su amigo Bernard le escribe «se dice que el rey de España ha firmado ya la constitución». Beethoven no disimulaba su preocupación por lo que acontecía en España, se trataba del triunfo de la democracia liberal sobre el absolutismo. Él sabía que el resultado que aconteciese en España seria decisivo para toda Europa. En otra ocasión, se deduce por la respuesta a Kanne, que debió preguntarle acerca de ¿que habían conseguido los españoles?, pues la respuesta es rotunda y muy elocuente, «¿los insurrectos en España? ¡el voto!». En conversaciones posteriores podemos leer como su amigo Bernard le trasmite diversas información sobre nuestro país. «El rey de España ha nombrado a Quiroga y a Riego ayudantes de campo»; «el más vivo deseo del Rey de España sería volver pronto prisionero a Valençay»; «los españoles están ahora en mejor situación».

Beethoven no disimulaba su preocupación por lo que acontecía en España. Se trataba del triunfo de la democracia liberal sobre el absolutismo.

El general Riego fue ejecutado en Madrid el 7 de noviembre de 1823, momento que coincide con la composición del maestro de su Novena Sinfonía. Esta vuelta al absolutismo en España fue vivida por Beethoven, convencido liberal, con gran pena y desazón. Quizá por este hecho histórico podemos pensar que incluyera al final de su última sinfonía el tema La Oda de la Alegría, hoy himno de Europa, como homenaje y exposición de su profundo convencimiento democrático, convirtiéndose, a la postre, en el símbolo de unión universal entre los pueblos.

El suplicio del general Riego

Para saber más

—Jacobs, David (1970) Beethoven. New York: American Heritage Pub. Co

—Ludwig, Emil (1994) Beethoven. Madrid: Anaya & Mario Muchnik

—Solomon, Maynard (2001) Beethoven. Nueva York: Schirmer Books

—Thayer, Alexander Wheelock (1967) Thayer´s life of Beethoven. Princeton: Princeton University Press

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José Manuel Gil de Gálvez

José Manuel Gil de Gálvez

Violinista: Intérprete, profesor e investigador. Doctor (PhD) en Música con mención internacional. Profesor de la Universidad Alfonso X el Sabio
Líder de Concerto Málaga, orquesta de cuerda española. Presidente de Fundación Hispania Música.

Marina Picazo Gutiérrez

Marina Picazo Gutiérrez

Violinista, intérprete, investigadora y Doctora con mención internacional. Profesora de la Universidad de Cádiz y miembro del renombrado conjunto de cuerdas español Concerto Málaga.

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