La conjura de Catilina: Quousque tandem abutere, «Cicero», patientia nostra

Cicerón pronuncia su discurso contra Catilina, pintura de Cesare Maccari.
La primera vez que Cicerón habla de Catilina no es para dejarlo muy mal. Tenemos noticia de que en un principio pretendió defenderlo, incluso sabemos que quería hacer campaña conjunta para el consulado. Pero, como sabemos por las Catilinarias, el orador terminará presentándolo como el colmo de la maldad y la perversión. ¿A qué es debido ese cambio de actitud? Veamos…

Lucio Sergio Catilina

Se piensa que Catilina nació en 108 a. C., su origen era patricio, de la gens Sergia, que descendían de Sergesto, uno de los compañeros de Eneas en su huida de Troya. En general se le suele calificar como ambicioso, refinado, con proyectos gigantescos. Un hombre completamente opuesto a Cicerón, que era burgués, comedido y recordemos un homo novus, es decir, que no tenía alcurnia como sí le ocurría a Catilina.

La primera noticia que tenemos de él es como tribuno de las legiones en el 89 a. C. y prefecto de las tropas auxiliares a las órdenes del cónsul Cneo Pompeyo Estrabón. Más o menos entonces tenía unos 19 años. Ya tenía 25 cuando participa con Sila en la guerra contra Mitrídates, de la que los romanos vuelven victoriosos.

Aunque era noble de nacimiento, sus finanzas eran desastrosas, por este motivo es por lo que se enrola en el ejército. Además, será un activo seguidor de Sila cuando sea dictador. Intentó hacer dinero también participando en las subastas de las propiedades de los proscritos, dinero que después dilapidaba rápidamente.

Fue también el culpable del viaje de una cabeza, la de Mario Gratidiano, quizás sobrino de Mario. En noviembre del año 82, después de ser cruelmente torturado, fue asesinado y Catilina pudo tomar parte muy activa en esta acción, se cree que incluso puede que fuese el encargado de llevar la cabeza de la víctima desde el Janículo hasta el Palatino donde estaba Sila aguardando. También de esta época es el asesinato de su propio hermano y de su cuñado.

En el año 73 tuvo que afrontar un proceso acusado de estupro con la vestal Fabia, hermana de la esposa de nada más y nada menos que Cicerón, su enemigo político (toda una coincidencia, o no). Fue amante de Aurelia Orestia, una mujer de vida algo alegre para la mentalidad romana, con quien terminó casándose, pero antes se encargó de eliminar a un hijo de esta de un matrimonio anterior.

Curiosamente nunca tuvo castigo por todos estos crímenes, se cree que puede que ni tuviese nada que ver con ellos, sino que fuesen utilizados, tanto por Salustio como por Cicerón, para desacreditar al político, algo muy típico en la oratoria romana, utilizar mentiras como herramienta contra un oponente. Como además Catilina gastaba grandes cantidades de dinero, no podía defenderse decentemente, recordemos que en Roma cada uno tomaba medidas para su defensa, así que el que saliese indemne de tamañas acusaciones da mucho que pensar.

Debido a todo lo que promovió y a la cantidad de gente que movilizó sí podemos imaginarnos a Catilina como un hombre lleno de energía, resolución, valiente, de salud inquebrantable, bravo, también con un punto de depravación y maldad, aunque en Roma, visto lo visto, tampoco era algo extraño.

En el 82 fue legado, en el 77 cuestor, después edil, pretor en el 68 y llegó a propretor de África en el 67. Solo le faltaba conseguir el consulado, el siguiente escalón en el cursus honorum.

La primera conjuración

Cuando terminó su mandato como procónsul en África fue acusado de malversación de fondos, curiosamente pretendía presentarse a cónsul en Roma al año siguiente, así que el Senado lo excluyó de la lista de los candidatos, salieron en su lugar Publio Autronio Peto y Publio Cornelio Sila, ambos de los populares, pero el Senado, al que no le gustaban nada los cónsules que habían salido, anularon las elecciones acusándolos de haber comprado los votos mediante sobornos. Se repitieron las elecciones y fueron elegidos Lucio Aurelio Cota y Gayo Manlio Torucato, que curiosamente eran los que les habían acusado.

Catilina, mientras comenzó la que se ha denominado primera conjuración, apoyó a los destituidos junto con otros tantos personajes conocidos, entre ellos Craso y César, el primero por aquel entonces era censor y el segundo edil. El objetivo era el de atentar contra los nuevos cónsules y restituir así a Sila y a Autronio, pero el golpe fracasó.

Parece que el problema fue que Catilina se adelantó a dar la señal cuando aún no estaban los conjurados en sus puestos. Curiosamente nunca hubo represalias por esta conjuración.

Catilina tampoco pudo presentar su candidatura para el consulado en el año 64, puesto que su proceso seguía pendiente de resolverse. Ahora es cuando Cicerón pensó en defenderlo, pero finalmente se olvidó de esta idea y desistió. Cuando por fin salió absuelto volvió a presentarse de nuevo para el año siguiente.

Ese año, el 63 a. C., fueron tres personas las que se presentaron al consulado: Antonio, Cicerón y Catilina. Los dos primeros arruinados. Cuando consiguieron dinero, Cicerón lo utilizó para denunciar a su oponente Catilina por corrupción. Realmente ambos eran igual de corruptos, pero Cicerón aprovechó la oportunidad para atacar a Catilina y le echó en cara todas las acusaciones anteriores y cómo había salido absuelto siempre.

Busto de Cicerón, ubicado en los Museos Capitolinos de Roma.
Busto de Cicerón, ubicado en los Museos Capitolinos de Roma.

Catilina entonces se radicalizó y perdió todos los apoyos. Además, comenzó a correr el rumor de que estaba tramando un golpe de estado. Se decía que Craso estaba implicado. Catilina prometió a sus seguidores la anulación de las deudas, la proscripción de los ricos y puestos de responsabilidad para los conjurados.

Los optimates vieron que sus influencias y fortunas corrían riesgo y la plebe tampoco veía las cosas demasiado claras.

En esas elecciones, finalmente, Catilina sin apoyos perdió, saliendo los otros dos candidatos: Cicerón y Antonio. Cicerón, un hombre nuevo, sin historia familiar, en apenas dos años conseguía el consulado, en cambio Catilina, de familia poderosa, que llevaba años intentando conseguirlo, se quedaba a las puertas de nuevo.

Cicerón como Cónsul

El primer objetivo de Cicerón fue conseguir la voluntad de su colega Antonio, tío del futuro general Marco Antonio, mano derecha de Julio César. Este Antonio era un poco timorato y además estaba más que arruinado. Así que Cicerón le cedió el gobierno de la rica Macedonia. No es que fuese un alma caritativa, es que así se lo quitaba de en medio para poder medrar libremente en Roma y actuar contra Catilina.

Mientras Cicerón era cónsul, tres personajes comenzaban a presionar desde abajo. Estos eran aquellos que después formarán el primer triunvirato: Pompeyo (que tiempo atrás apoyaba a Cicerón), Craso que representaba el poder del dinero y al que gracias a su fortuna muchos debían favores, y el tercero, Julio César, un demócrata popular ambicioso que era el líder indiscutible. Las luchas de estos tres hombres salpicarán a Cicerón en varios procesos. De los tres, César iba a utilizar cualquier error de Cicerón para atacarlo.

Se retomó el viejo reto de repartir las tierras, esta vez de mano del tribuno de la plebe Rulo, Cicerón se opuso, delante de todo el pueblo y de los tribunos de la plebe consiguió atacar todos los puntos flacos y que fuese retirado el proyecto.

La conjura

Básicamente la conjura tuvo dos frentes importantes: el primero en Roma con Catilina al frente, con gentes de toda condición incluidas personas de la alta aristocracia y familias de gran prestigio; el segundo en Fésulas (Etruria) comandada por Manlio, compuesta por campesinos y por los veteranos de Sila empobrecidos y descontentos, antiguos propietarios que habían malgastado sus bienes y maleantes, y se sumaron también algunos gladiadores.

El plan de Catilina era levantarse en armas contra la República y avanzar desde Etruria hacia Roma, desde donde Catilina daría la orden de incendiar algunos de los barrios y asesinar a los personajes más influyentes, entre ellos Cicerón, por supuesto. A la llegada de Manlio se unirían y comenzarían un ataque de pillaje y carnicería en la ciudad todos juntos. La siguiente fase era extender por toda Italia las revueltas. Muchos investigadores han dudado de la veracidad de este plan, que los autores antiguos habrían inventado para justificar la tremenda represión posterior contra los conjurados, pero lo más curioso es que las fuentes, las pocas que tenemos, eso sí, son unánimes.

Fue el propio Cicerón el que dio aviso de lo que Catilina estaba planeando gracias a un chivatazo de Fulvia, esposa de Publio Clodio Pulcro. El pánico cundió en Roma. Catilina perdió el apoyo de la nobleza y, peor aún, la confianza de gran parte de los seguidores, así que planeó abandonar la ciudad, pero Cicerón le sorprendió (era el 21 de octubre). Consiguió del senado el senatus consultum ultimum. Ahora, Cicerón tenía todas las atribuciones para reprimir a los sediciosos.

Mientras esto ocurría en Roma, en Etruria los acontecimientos se desarrollaban de forma diferente, las noticias cada vez eran más alarmantes. El 27 de octubre Manlio se levantó en armas en Fésulas. Catilina, que se enteró, intentó parar el golpe viéndose entre la espada y la pared en Roma. Catilina tenía verdadero miedo de perder su vida, así que creyendo que su única forma de salir vivo de esta y de que nadie siguiese creyendo que estaba metido hasta el cuello en la conjura era ofrecerse a ser encarcelado y vigilado. De esta forma pretendía tener una coartada.

El 6 de noviembre Catilina convoca una reunión secreta. Pensaba huir de Roma, pero antes tenía que ver a Cicerón muerto. El cónsul fue advertido y consiguió salir indemne. El plan era matar a Cicerón durante la salutatio en su casa.

Las Catilinarias

El cónsul reunió al Senado en sesión extraordinaria, el lugar elegido fue el Templo de Júpiter, fácil de defender. Las fuentes dicen que Catilina apareció en la sesión (cosa que nadie esperaba, claro) pero que fue recibido fríamente, esto debió asustar bastante al conjurado.

Cicerón pronuncia su discurso contra Catilina, pintura de Cesare Maccari.
Cicerón pronuncia su discurso contra Catilina, pintura de Cesare Maccari.

Fue entonces cuando Cicerón pronunció la Primera Catilinaria, en ella (resumo) le pedía enérgicamente que se fuera de la ciudad. Cuando dejó de hablar, Catilina tomó la palabra para responderle, pero ante su discurso los senadores le increparon, indignados, y le llamaron enemigo público. Catilina, ofendido y rabioso, salió de la sesión amenazando a todos. Esa noche salió de la ciudad camino de Fésulas donde seguía Manlio. Pretendía unirse a sus fuerzas en la ciudad etrusca.

En Roma el ejército comenzó a prepararse a las órdenes de Antonio, se avisó del peligro a los municipios romanos y a las colonias amigas. Cicerón volvió a convocar al Senado y pronunció su Segunda Catilinaria. El senado declaró a Catilina y a Manlio oficialmente enemigos del Estado. En Roma los adeptos que seguían fieles a Catilina continuaron buscando hombres que se unieran a sus filas, entre ellos también extranjeros descontentos, como los galos alóbroges que se encontraban en Roma en aquellos días para presentar una queja al Estado romano por el trato que recibían, y que no habían sido escuchados. Los catilinarios intentaron ganárselos para la causa, pero sabiendo el plan, Cicerón los terminará liando para llevar a cabo un plan. Debían dejarse embaucar por los catilinarios y en el momento en que fueran a salir de la ciudad, con documentos que pudiesen ser usados como pruebas en su contra, serían interceptados.

Cicerón pronunciará su Tercera Catilinaria con esos documentos en la mano, donde aparecían planes, nombres, sellos y firmas de los principales conjurados. Es interesante este complot, en él se intentó involucrar a Craso, incluso al mismísimo Julio César, pero fue en balde. El plan completo de Cicerón no salió como él esperaba, pero sí en parte.

El día 5 de diciembre el cónsul volvió a reunir al Senado, será cuando pronuncie su Cuarta Catilinaria, en ella se debatirían las penas a los conjurados tomados presos hasta el momento. Junio Silano pidió para ellos la pena de muerte, Julio César la confiscación de todos sus bienes y la cadena perpetua, sin posibilidad de revisión y repartir a los conjurados en diferentes cárceles repartidas en varios lugares de Italia.

El final de la conjuración

Las penas se aplicaron inmediatamente. Al final ganó la propuesta de pena de muerte de Cicerón. Hubo ajusticiamientos. La población romana lo aclamó como «padre de la patria» (pater patriae), uno de los títulos que después sería de los emperadores romanos, en la época del Imperio.

La insurrección había terminado, al menos en Roma. En Etruria quedaba Catilina, Manlio y las tropas quedaban menguadas,
porque muchos habían desistido y vuelto a sus hogares viendo el peligro al que se enfrentaban. Los que quedaban intentaron llegar a la Galia atravesando los Alpes, pero se encontraron con las tres legiones de Quinto Metelo que llegaba desde el Norte, desde el Sur lo hacía Antonio. En Pistoya se dio la batalla final.

Catilina, desesperado, se lanzó en la batalla. Murieron todos en ella. Salustio alaba la valentía y virtus del conjurado. Su muerte limpiaba su pasado.

Las consecuencias

Cicerón consiguió lo que había estado buscando desde el principio: ser proclamado un héroe salvador de Roma por el pueblo, pero la República ya estaba herida de muerte.

¿Qué pasó con Cicerón? Durante el Segundo triunvirato, a la muerte de Julio César, Marco Antonio aprovechó para proscribir a sus adversarios políticos, entre ellos estaba Cicerón, al que acusó de conspirador dentro del triunvirato. Fulvia, primera esposa de Marco Antonio, fue quien exhibió la cabeza y las manos de Cicerón en el foro tras su asesinato. Pero esta es ya otra historia.  

Para saber más

—Ferrer Maestro, J. (2015). Catilina: Desigualdad y revolución. Madrid: Alianza Editorial.

—Cicerón. Catilinarias. Madrid: Cátedra.

—Salustio. La conjuración de Catilina. Madrid: Alianza Editorial.

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Acerca del autor

María Engracia Muñoz-Santos

María Engracia Muñoz-Santos

Arqueóloga e Historiadora. Divulgadora y doctoranda de la Universidad de Valencia.

2 Comentarios

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  • por fin puedo entender la conjura de Catalina un personaje controvertido de la historia de Roma. Tenia la impresión que Cicerón había sido un republicano más limpio, pero bueno, siempre el poder ha corrompido hasta a los más justos caen. Excelente historia.

  • Me alegro muchísimo de que te resultase ilustrativo. Sobre Cicerón… No puedes creerte que alguien es buenísimo si es él quien se lo dice de sí mismo 😉.

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