El tiro con arco en la cultura mongola

El tiro con arco es, sin duda, uno de los aspectos más importantes de las culturas de Asia Central. A lo largo de los siglos, esta tradición militar ha acompañado grandes hitos históricos y, entre ellos, la expansión y conquista de Gengis Khan y los mongoles. Este artículo propone un viaje a través de la sociedad mongola y sus guerreros para conocer uno de los periodos más interesantes de la Edad Media.

Existen dos elementos que son determinantes a la hora de definir la cultura mongola en la historia, y estos son el arco y el caballo. Los pueblos nómadas de la estepa de Asia Central se caracterizaban por haber incorporado la combinación de ambos a su modo de vivir, tanto en la guerra como en la paz. El tiro con arco a caballo no se utilizó únicamente como actividad militar, sino también para cazar y cuidar los rebaños, y los jinetes y sus animales formaban parte del día a día. Entre todos estos pueblos, los que son más conocidos por practicar el tiro con arco a caballo con fines guerreros son los mongoles, pero desde luego no fueron los únicos.

La historia del tiro con arco a caballo

Las primeras evidencias que tenemos del uso del tiro con arco a caballo están unidas a los escitas, una cultura nómada de origen indoiranio cuya actividad se localizó en lo que ahora conocemos como estepa póntica. Este territorio, que abarca desde el norte del Mar Negro hasta el sur de los Montes Urales, estuvo dominado por los escitas desde el siglo VII AEC1 hasta el III AEC, aproximadamente. El historiador griego Heródoto ya nos habla de los escitas y de sus jinetes arqueros en el siglo V AEC, y al parecer le sorprendía mucho su habilidad y su técnica, que no se había visto en el Mediterráneo antiguo por preferirse el carro de guerra, usado por asirios y egipcios.

Otro de los pueblos conocido por sus jinetes a caballo fueron los partos, también llamados arsácidas, un pueblo de origen iranio que estableció su imperio en la actual Irán desde 247 AEC hasta 224 EC2, cuando fueron derrotados por los sasánidas. La caballería ligera de los partos estaba formada por arqueros cuya fama traspasó las fronteras del mundo antiguo. Era tal, que de hecho acuñaron la técnica del «tiro parto». Este movimiento es una retirada fingida del jinete, que se da la vuelta sobre su montura en pleno galope para disparar hacia atrás. A pesar de que los partos le dieron nombre, este tipo de disparo lo utilizaron también los persas aqueménidas, los sasánidas y otras culturas de origen iranio. Hay que tener en mente un dato muy importante, y es que en esta época los estribos todavía no se habían introducido en la equitación. Para realizar correctamente el «tiro parto» el jinete debe sujetarse únicamente con las rodillas y, mientras su montura sigue galopando, apuntar y disparar. No es un movimiento para nada sencillo, así que estos jinetes tuvieron su fama muy bien merecida.

Las culturas de origen iranio y de Asia Central tuvieron un gran impacto en zonas más occidentales. Tanto es así que el ejército romano incorporó sus propias unidades de arqueros a caballo en el siglo I AEC, después de enfrentarse a los partos y a los sasánidas, especialmente después de la batalla de Carras en 53 EC, cuando la República Romana sufrió una severa derrota frente al spahbod, «líder de los ejércitos», Surena de Partia.

Los arqueros mongoles

Arquero a caballo mongol. Dibujo de época timurí, siglo XV. Diez A, fol. 72, 5.13. Staatsbibliothek, Berlín.
Arquero a caballo mongol. Dibujo de época timurí, siglo XV. Diez A, fol. 72, 5.13. Staatsbibliothek, Berlín.

Pero sin lugar a duda, el pueblo que llevó el tiro con arco a caballo a su máximo esplendor fueron los mongoles. Los mongoles, o lo que históricamente consideramos tribus mongolas, no aparecieron con la figura de Gengis Khan, sino que tienen una genealogía mucho más antigua. La primera mención que tenemos del pueblo «mongol» la encontramos en los registros administrativos de la dinastía Táng, en China, para referirse a la tribu de los Shiwei, y más adelante en el siglo XI con la dinastía Liáo.

En el siglo XII la meseta de Mongolia estaba dominada por una alianza de cinco tribus hasta la llegada de Temujin o Gengis Khan, que en 1206 fue proclamado líder del recién creado imperio mongol. La rápida expansión de las hordas mongolas se debe en gran medida al excelente dominio de la equitación y la arquería por parte de sus soldados, de quienes se decía que eran los más hábiles jinetes del mundo.

Los mongoles entraban en contacto con una silla de montar a una edad muy temprana. Su estilo de vida nómada hacía que conocer a los animales y convivir con ellos fuese parte esencial de su crecimiento. Esta comprensión acerca de los caballos y de la equitación los hizo capaces tanto de cubrir grandes distancias sin agotarse, cosa que otros ejércitos no podían conseguir, como también de perfeccionar las técnicas de tiro y los arcos. Algunas leyendas contaban que los mongoles eran capaces de acertar a un pájaro en el ala en pleno vuelo.

Seis de cada diez jinetes en el ejército mongol eran arqueros. Cada uno estaba a cargo de su propio equipo y sus caballos, porque se solía viajar con más de uno. Cuando el animal se cansaba, el jinete montaba otro y así, a pesar de que todos se seguían moviendo, los caballos no se agotaban por llevar constantemente el peso del arquero. La naturaleza nómada de los mongoles les hacía adaptarse rápidamente a los cambios en el entorno y, como consecuencia, eran mucho menos dependientes que otros ejércitos de la época. La movilidad individual de cada guerrero también hacía posible la división en partidas de reconocimiento de forma rápida, lo que permitía adelantarse a los movimientos de los ejércitos enemigos y a buscar siempre el escenario que más favoreciese a sus técnicas de combate. Los estribos ya se habían incorporado a los arreos de los caballos, así que la clave para galopar más deprisa y tirar con mayor precisión es levantarse sobre ellos y sostenerse mientras el animal sigue galopando. Sigue sin ser un ejercicio fácil, aunque los estribos desde luego ayudan.

La clave para entender a los jinetes mongoles es la velocidad, aunque con matices. Los caballos de los mongoles, de menor tamaño que los europeos o los árabes, no eran tan veloces y probablemente hubiesen perdido en carreras en línea recta. No obstante, eran mucho más resistentes y el hecho de que sus jinetes no se equiparan con pertrechos pesados los hacía mucho más ágiles en combate. Además, como sus dueños, se adaptan muy bien a los cambios climáticos, lo que hubiese matado a otras especies.

Uno de los movimientos tácticos favoritos de los mongoles eran las falsas retiradas. Los jinetes fingían entrar en pánico y huir, solo para conducir a los enemigos a la trampa que era lanzarse a la persecución y romper su formación. Entonces, los mongoles se daban la vuelta y disparaban, o atacaban desde los flancos. Su dominio de esta táctica era tal que a menudo las «retiradas» duraban días, incluso semanas, para convencer a sus oponentes de que realmente estaban huyendo.

El arco, mucho más que un arma

El arco que usaban los mongoles se llama arco compuesto recurvo. A pesar de que los arcos mongoles de la actualidad tienen un tamaño un poco mayor, durante los siglos medievales eran un poco más pequeños. El núcleo es de bambú, con un rebaje de cuerno en el envés, la parte interna que está orientada al tirador (belly en inglés), y un refuerzo de tendón en el haz, la parte externa (o back). El marfil en la cara interna lo hace resistir bien la compresión, mientras que el tendón en el exterior soporta bien la tensión.

Todo estaba unido con cola de origen animal. El problema de esta cola es que sufre mucho las consecuencias de la humedad y se deteriora si se moja, así que los arcos se cubrían con una capa protectora de abedul y se guardaban en unas fundas de cuero. El motivo de que fuese de menor tamaño que otros arcos de la época era, justamente, que facilitaba su uso sobre un caballo y permitía mayor movilidad.

Por otro lado, las flechas solían estar hechas de maderas ligeras, como el abedul, y aunque al parecer las plumas de garza eran las más indicadas, en realidad se utilizaban las de cualquier ave. Sin embargo, siempre era preferible tomar las plumas de la cola del pájaro y no de las alas. Esto es importante para que la flecha tenga una trayectoria lo más recta posible una vez se dispara. Por eso, se debe guardar la proporción entre el vástago (la flecha cuando es solo de madera), la punta y el plumaje. Esto garantiza una rotación y un equilibrio óptimos en el aire.

Las puntas se fabricaban de materiales diversos y no solo de metal. Este se guardaba para la guerra, mientras que para cazar pájaros y animales pequeños se utilizaban puntas hechas de hueso o incluso de madera. Otra flecha, mucho menos conocida, que usaban los mongoles (y también otras culturas) es la que llamamos «flecha silbadora», o «flecha que silba» (whistling arrow). Estas no son para disparar a blancos, sino para distraerlos. En la punta de hueso se abren unos canales por los que pasa el aire y, al salir disparada, emiten un sonido agudo y muy llamativo. Las presas se detienen a buscar el origen del sonido y, entonces sí, el cazador dispara; esta vez, con una flecha corriente.

El tiro mongol

Los mongoles tenían su propia técnica de tiro, y esta se llama «tiro pulgar». No es exclusiva de los mongoles, ya que otras culturas también de la estepa de Eurasia también lo usaron. Se utiliza solamente el pulgar para sujetar la cuerda, mientras que el resto de los dedos lo «abrazan» para cerrar la mano y reforzar el agarre. El tiro mediterráneo sujeta la cuerda con tres dedos y esto tiene sus desventajas, porque es más complicado que tres dedos liberen el tiro al mismo tiempo, mientras que un solo dedo es mucho más preciso y, cuando se domina la técnica, el proyectil sale disparado con mejor equilibrio. Además, el tiro pulgar permite echar el brazo más hacia atrás, permitiendo un disparo más potente.

Sultán Otomano Murad II (1404-1415) en una práctica de tiro con arco, 1584. Hazine 1523, fol. 138r. Estambul.
Sultán Otomano Murad II (1404-1415) en una práctica de tiro con arco, 1584. Hazine 1523, fol. 138r. Estambul.

Los jinetes mongoles, para proteger sus pulgares, utilizarían un accesorio llamado anillo de tirador. Los anillos podían ser de madera, de hueso, de cuero y, en caso de pertenecer a una élite, hasta de plata. Cuando se libera la cuerda del arco, existe el riesgo de que esta queme la piel de los dedos y puede llegar a ocasionar heridas severas. Por eso, los anillos de tirador son una pieza del equipamiento tan importante para los arqueros. En algunas ocasiones, estos anillos se fabricaban con propósitos ceremoniales, y tenemos algunos ejemplos en materiales muy costosos, como jade o piedras preciosas, pero que no son funcionales. Fueron pensados como regalos que se llevarían colgando en un cinturón o una banda a través del pecho, para exhibirlos, como símbolo de distinción.

El regreso a la tradición

Mongolia se convirtió en un país independiente en 1921, y desde esa fecha se ha hecho un gran esfuerzo por recuperar el tiro con arco a caballo como una de las señas de identidad cultural nacional. En festivales como Naadam, una de las celebraciones más importantes en Mongolia, se incluye el tiro con arco como una de las tres actividades principales. Las otras dos son la lucha cuerpo a cuerpo y las carreras de caballos.

Por todo el mundo han surgido asociaciones de tiro con arco a caballo que llevan a cabo dos actividades fundamentales: la recreación histórica de las técnicas de diferentes áreas geográficas (irania, turca, mongola, húngara) y el establecimiento de un nuevo deporte, con sus reglas y sus diferentes versiones.

La pista mongola o the Ball Hunting Game

La pista más común en Mongolia es el «juego de cazar la bola», The Ball Hunting Game. Es una pista recta de 150 metros que el jinete debe completar en catorce segundos, que es el tiempo límite. Porque sí, en este deporte también hay tiempos. A lo largo de la pista hay dispuestos cinco objetivos, unas esferas a un metro del suelo de 30cm de diámetro. La primera esfera está a 5 metros de la pista, y van aumentando la distancia en un metro conforme se avanza; es decir, que la última esfera está a 10 metros de la pista. Esta es una de las pistas más complicadas, ya que se tiene que acertar a los objetivos, que son bastante pequeños, con un tiro mientras se galopa para completar el recorrido dentro del tiempo establecido. Sin embargo, en palabras de nuestra amiga y tiradora internacional Anne Dohrmann, la recompensa y la adrenalina que se sienten al acertar valen la pena.

La idea de esta pista es emular un juego de caza. En realidad, todas las pistas están fuertemente basadas en la caza y ejercicios militares pero, como explica Dohrmann, la pista mongola lo consigue perfectamente porque los objetivos son muy pequeños, la distancia no es la misma y se tiene que pensar muy rápido para coordinar el tiro con el movimiento del caballo.

La pista turca: Qabaq

Esta es una de las pistas tradicionales más antiguas de la historia. En este caso, el objetivo está en lo alto de un mástil y el arquero debe disparar hacia arriba. En tiempos de los Otomanos, este objetivo era una calabaza, pero ahora se ha sustituido por un disco a veces metálico, a veces de plástico. En estas competiciones turcas se añaden los puntos por estilo. En el caso concreto de la pista qabaq, es obligatorio que el jinete se incline hacia abajo, de manera que su hombro y el de su caballo estén al mismo nivel. Se añade, entonces, el elemento del espectáculo, ya que realizar estos tiros no es para nada sencillo, y los tiradores acuden para exhibir sus habilidades. Existe otra pista turca, la yarmaki, en la que se coloca el brazo derecho (normalmente con el que se dispara) por detrás de la cabeza para disparar hacia atrás. ¡Es realmente impresionante!

El tiro con arco a caballo está cobrando fuerza y es muy popular en Mongolia, por supuesto, pero también en otros países como Irán, Rusia, Canadá, Corea, Turquía o Hungría. Este deporte trae consigo la recuperación de muchas herencias culturales diferentes, ya que los participantes se visten con atuendos tradicionales de sus países de origen y preparan a sus caballos con arreos y adornos también considerados tradicionales.

Cuenco de plata de la cultura de los Hunos Blancos encontrado en Pakistán, 460-479. The British Museum (Wikimedia).
Cuenco de plata de la cultura de los Hunos Blancos encontrado en Pakistán, 460-479. The British Museum (Wikimedia).

Una de las cosas más interesantes de estas competiciones es la investigación que el deporte trae consigo. Las diferentes escuelas de tiro con arco a caballo utilizan áreas como la historia del arte y la arqueología, además de la historia documental más tradicional, para intentar comprender los aspectos más prácticos del tiro. Por ejemplo, así se dice que los tiradores turcos se «acarician el bigote» cuando sueltan la flecha, porque especialmente en los manuscritos se observa a los arqueros dejar la mano que ha soltado la cuerda casi en su posición inicial, junto a la boca.

Los encuentros y competiciones de tiradores a caballo reúnen a una enorme cantidad de personas de múltiples orígenes, aunque se especifica con qué normas se va a medir el concurso y, por ejemplo, en qué tipo de pista se va a competir. No son iguales una pista húngara y una irania, y las variaciones ocurren en los metros que mide, la distancia de separación entre dianas y hasta el número de dianas por pista.

Pero, fundamentalmente, esta recuperación del tiro con arco a caballo está atrayendo un interés histórico no solo en Mongolia, sino en otras partes del mundo que comparten una tradición arquera y nómada. A través de resucitar una actividad como el tiro con arco a caballo, tan importante para el desarrollo de tantas culturas diferentes, no solo como recreación, sino como deporte oficial, se demuestra que existe un camino único para entender la historia, y que esta puede conocerse de formas tanto académicas como prácticas.

Agradecimiento

Este artículo no hubiera sido posible sin la ayuda de tres personas: Anne Dohrmann, Aina S. Erice y Alejandro González Manuel. ¡Muchas gracias a los tres!  

Para saber más

—Hildinger, E. (1997). Warriors of the Steppe. Spellmount, Staplehurst.

—Pelejero Alcaide, B. (2010). Breve historia de Gengis Kan y el imperio mongol. Nowtilus, Madrid.

—Ramírez Bellerín, L. (2013). La historia secreta de los mongoles. Miraguano, Madrid.

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Laura Castro Royo

Laura Castro Royo

Doctoranda en la Universidad de St Andrews. Responsable del proyecto de divulgación Las Plumas de Simurgh.

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