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‘Babylon Berlín’ (2017-2020)

Volker Bruch (Gereon Rath) en un fotograma de 'Babylon Berlin'
Babylon Berlín es una serie televisiva codirigida por tres directores alemanes: Tom Tykwer, Achim von Borries y Henk Hadloegten, basada en varias novelas del escritor Volker Kutscher, en la que bajo el hilo conductor de sucesivas tramas policiales, se contextualiza el ambiente social y político del Berlín de 1929, hasta el estallido de la crisis bursátil y financiera de octubre de 1929.

La serie consta de tres temporadas, de ocho capítulos cada una las dos primeras y de doce la tercera y, por el momento, última. En este artículo se abordarán algunos elementos de referencia histórica que aparecen en la serie, evitando desentrañar las claves de la trama, para que el lector que no la haya visto y quisiera hacerlo no pierda el suspense ni la tensión dramática magníficamente conseguida en la serie.

El trauma de la guerra

Comienza la primera temporada con una sesión de psicoterapia en la que el paciente es el protagonista Gereon Rath (Volker Bruch), un detective de la policía con un pasado traumático derivado de la Gran Guerra. Este hecho ya resulta sumamente relevante por la importancia que la terapia psicoanalítica llegó a alcanzar en la ciudad de Berlín. El propio Freud en el congreso de psicoanálisis celebrado en Budapest en 1918, antes del final de la guerra, reflexionaba sobre la necesidad de un tratamiento terapéutico que pudiera llegar a los muchos jóvenes traumatizados por las secuelas de la guerra, que se podían contar por decenas de miles. Fue en Berlín donde esta orientación se puso en marcha, recibiendo la consideración positiva por parte del viejo profesor vienés, inaugurándose en 1920 un Instituto Policlínico Psicoanalítico. La existencia de este policlínico hacía posible el acceso de los más pobres al tratamiento psicoanalítico. En la serie aparece un denominado Instituto de Terapia Sugestiva de Berlín en el que se aplican terapias basadas en la hipnosis (sugestión), aunque estas terapias ya habían sido, sin embargo, progresivamente abandonadas por Freud.

Placa conmemorativa del Instituto Policlínico Psicoanalítico de Berlín
Placa conmemorativa del Instituto Policlínico Psicoanalítico de Berlín.

En medio de una interesante y no menos atrayente trama policial donde se unen chantaje político, cine pornográfico y mafia, aparece una ciudad de enormes contrastes: barrios de gran miseria, tremendamente sórdidos que contrastan con la diversión nocturna del cabaret berlinés, el lujo y la prostitución.

La colaboración ruso alemana

Pero esta ciudad llena de vida y de contrastes será también el escenario de una trama política de connotaciones históricas. Para poder comprender el origen de esta trama, nos hemos de remontar a la Conferencia convocada en Génova en 1922 para reorganizar las finanzas internacionales. Allí, rusos y alemanes no se sintieron bien tratados por las potencias occidentales, en particular por la Francia conservadora, y eso acabó acercando a rusos y alemanes que suscribieron un Tratado en Rapallo —localidad próxima a Génova— de carácter comercial, pero que incluía una cláusula secreta de tipo militar para que el ejército alemán pudiera realizar ensayos y pruebas armamentísticas en territorio soviético, sin incumplir así las cláusulas del Tratado de Versalles que lo prohibían en territorio alemán. Este hecho, al cabo de los años, daría lugar a una importante colaboración entre ambos países, hasta el punto de que en territorio soviético (Lipetsk, a 500 km de Moscú) se establecería a partir de 1925 una base aérea para la reconstrucción en secreto de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana que había sido liquidada por el Tratado de Versalles.

El Tratado de Rapallo fue firmado por el Ministro de Asuntos Exteriores alemán, Walther Rathenau, empresario y líder del DDP, Partido Democrático Alemán, de orientación liberal, asesinado por los freikorps dos meses después de la firma del tratado con la URSS.

Con motivo de esta colaboración militar ruso alemana se establecerá una importante trama a propósito del envío de un cargamento de gas fosgeno para la guerra química en el proceso de rearme clandestino del ejército alemán, en el que estarían implicados altos mandos del Ejército, aunque amparados desde las más altas instancias del poder, desde la presidencia misma del Reich, que desde 1925 estaba ya en manos del ultraconservador mariscal Hindenburg, un hombre muy cercano al káiser Guillermo II incluso tras su abdicación en 1918.

Opositores a Stalin

Berlín, una ciudad con una importante fuerza del Partido Comunista Alemán (KPD) va a ser también escenario de conflicto entre exiliados rusos, algunos de ellos organizados en un estructura vinculada a la Oposición de Izquierda soviética o trotskista, conocida en la serie como la «Fortaleza Roja», que posiblemente —pues no hemos encontrado ninguna referencia documental al respecto— sea una denominación creada por la ficción, haciendo un posible juego de palabras entre el nombre del edificio de la policía (Castillo Rojo o Rotes Burg) destruido durante la II Guerra Mundial y que para ambientar la serie ha sido utilizado el Rotes Rathaus o Ayuntamiento Rojo, edificio actual del Ayuntamiento también en la famosa Alexanderplatz. Esta licencia que se permiten los directores y el autor de las novelas en las que se basa la serie, legítima desde un punto de vista de la ficción, puede resultar chocante cuando en un determinado momento aparece un anacronismo histórico al relacionar a esa «Fortaleza Roja» con la IV Internacional en 1929, cuando esta organización fue fundada por Trotsky y sus partidarios casi diez años después, en 1938. Este anacronismo arroja un halo de sombra sobre el rigor histórico de la serie en los primeros capítulos, aunque sin embargo no llega a restar credibilidad a la poderosa trama política que relata.

El KPD y el 1º de mayo de 1929

El Partido Comunista Alemán (KPD) había formado en 1924 una milicia de apoyo: el Frente Rojo de Combate o Frente Rojo de Lucha (en alemán, Roter Frontkämpferbund), lo que era bastante habitual en la época por parte de casi todos los partidos: socialdemócratas, nacionalistas y los nazis con las SA o «Sección de Asalto». Era una manera de reagrupar a los combatientes desmovilizados de la Primera Guerra Mundial afines ideológicamente. Recién acabada la guerra, sectores del Ejército habían estructurado los freikorps, que llegaron a estar integrados por unos 250.000 a 400.000 miembros, mayoritariamente soldados desmovilizados. Solían estar dirigidos por oficiales de rango medio, tenientes y capitanes. Y sembraron el terror por toda Alemania, especialmente contra trabajadores y miembros de la comunidad hebrea. Algunas de estas unidades ya usaban como distintivo la cruz gamada, que luego sería el emblema de los nazis. Estas unidades fueron reduciéndose en efectivos a medida que la economía se recuperaba tras la hiperinflación de 1923, dando lugar a que muchos de sus miembros más extremistas fueran engrosando las filas del nazismo y enfrentándose a los grupos de autodefensa del KPD, que según algunas fuentes llegaron a estructurar a varias decenas de miles de militantes.

Símbolo del Frente Rojo de Combate
Símbolo del Frente Rojo de Combate.

Pocos meses antes del 1º de mayo de 1929, tras diferentes incidentes con la policía prusiana y choques con las milicias de asalto nazis (SA), la policía prohibió al Frente Rojo realizar nuevas concentraciones. Sin embargo fueron muy activos en la preparación del 1º de mayo en Berlín, lo que llevó a un duro choque con las fuerzas de la policía berlinesa movilizadas masivamente para la ocasión, que se saldó con una brutal represión y la muerte de varias decenas de manifestantes. Tras estos incidentes, el Frente Rojo fue definitivamente prohibido.

La policía de Berlín: realidad y ficción

Como hilo conductor de toda la serie televisiva figurará la sede de la policía de Berlín (el Castillo Rojo o Rotes Burg) en Alexanderplatz. Ahí van a tener su centro operativo varios de los protagonistas. Además de los tres principales: el inspector Gereon Rath (Volker Bruch); la ayudante Charlotte Ritter (Liv Lisa Fries) y el inspector Bruno Wolter (Peter Kurth); llama la atención el Consejero August Benda (Matthias Brandt).

Se trata de un personaje de ficción recreado por los autores de la serie basándose en las novelas que la inspiran. Pero como bien han concluido algunas indagaciones históricas, sí parece que la figura del Consejero coincide con la de un personaje histórico real, Bernhard Weiss, de origen judío y jefe de la policía política de Berlín en la década de 1920, miembro del partido liberal Deutsche Demokratische Partei (DDP), enfrentado al Partido Nazi cuando éste decidió crear una infraestructura en Berlín a partir de 1926, bajo la dirección de Joseph Goebbels, un fanático antisemita. Weiss fue ascendido al cargo de Vicepresidente de toda la policía política de Berlín en 1927 y ese año ordenó el cierre de la rama berlinesa de los nazis, procediendo al arresto de varias decenas de sus miembros. Ya en 1922, tras el asesinato del líder del DDP Walther Rathenau a manos de los freikorps, dirigió exitosamente la búsqueda de los asesinos. Se podrá comprender así el odio que generaba entre estos sectores próximos al nazismo y la extrema derecha militar.

Placa conmemorativa dedicada a Bernhard Weiss
Placa conmemorativa dedicada a Bernhard Weiss

Gustav Stresemann, ministro de Asuntos Exteriores

Es otro de los personajes históricos reales que aparece en la serie. Stresemann era visto por los sectores más extremistas del Ejército y del nacionalismo ultraconservador como un enemigo de peso. Tenían sus motivos. Stresemann era un político conservador. Cuando la mayor parte de los miembros del antiguo Partido Liberal bajo el liderazgo del industrial Rathenau, asesinado en 1922, constituyeron el Partido Democrático Alemán (DDP) de tendencia liberal, integrando la llamada «coalición Weimar», formada por el SPD, el Zentrum Católico —de este partido se menciona al ya alcalde de Colonia, Konrad Adenauer, que tras la Segunda Guerra Mundial se convertiría en el primer canciller de la RFA— y el DDP, Stresemann creó una fuerza política con el sector más conservador del viejo Partido Liberal, de carácter nacionalista y opuesta al Tratado de Versalles, el Partido Popular Alemán (DVP).

Cuando estalló la crisis de la hiperinflación alemana en 1923 el presidente del Reich, el socialdemócrata Ebert, le nombró canciller (primer ministro) logrando salir airosamente de esa situación que dio lugar a una tremenda crisis económica y social, con estallidos revolucionarios reprimidos por el ejército en Turingia y Sajonia e intentona golpista a cargo de Hitler y el general Ludendorff (Putsch de Múnich de principios de noviembre de 1923), que acabó con Hitler en prisión, aunque Ludendorff se libró gracias a los apoyos en el alto mando del Ejército y su estrecho vínculo con el mariscal Hindenburg, que desde 1925 sería presidente del Reich.

Putsch de Múnich (1923)
Putsch de Múnich (1923).

Tras los sucesos de octubre y noviembre, Stresemann dejaría el cargo de canciller, pero mantendría la cartera de Asuntos Exteriores durante varios años, emprendiendo una política de acercamiento a Francia, más intensa a partir de la formación de un gobierno de centroizquierda en el país galo, en el que el peso fuerte lo iba a representar el político radical francés Aristide Briand. El acercamiento se plasmó en diferentes acuerdos, auspiciados por el gobierno de los EEUU y el británico, como el conocido Plan Dawes (abril de 1924) o el Tratado de Locarno (1925). Este último les valió a los dos: Stresemann y Briand, la obtención del Premio Nobel de la Paz de forma conjunta en 1926.

Stresemann, Chamberlain y Briand en Locarno (Suiza, 1925)
Stresemann, Chamberlain y Briand en Locarno (Suiza, 1925).

Toda esta política impulsada por Stresemann, que le acercaba a la «coalición Weimar», denostada por parte de la extrema derecha militar y el nazismo, iban a ponerle en el punto de mira de las fuerzas ultranacionalistas hasta el punto de ser el objetivo de varios intentos de atentado contra su persona. Sin embargo, posiblemente para contentar al sector más conservador de su partido y a las fuerzas ultranacionalistas, firmó un Tratado con la Unión Soviética en abril de 1926, que facilitaba la política clandestina de rearme alemán en la que el presidente del Reich (Hindenburg) y alto mando alemán estaban directamente implicados. No así los grupos de la «coalición Weimar» que progresivamente eran desplazados o arrinconados bajo la presión de las fuerzas más conservadoras y enemigas del Tratado de Versalles.

Tras su muerte por causas naturales en octubre de 1929, el partido que lideraba, el DVP, se escoró hacia posiciones más derechistas perdiendo progresivamente representación parlamentaria casi hasta su desaparición, aunque al igual que el resto de partidos, fue finalmente disuelto por el nazismo en 1933.

Secuencia de sala de fiestas nocturna de Babylon Berlin
Secuencia de sala de fiestas nocturna de Babylon Berlin.

Berlín, capital del Expresionismo artístico

Cartel con logotipo de la película Metrópolis de Fritz Lang (1927)
Cartel con logotipo de la película Metrópolis de Fritz Lang (1927).

Toda la serie, de forma inequívoca cada final de capítulo y especialmente a lo largo de la tercera temporada, es un guiño al Expresionismo en sus múltiples manifestaciones: cine, fotografía, literatura, música, pintura y arquitectura. Todo ello como reflejo de un ambiente en el que están muy presentes el cabaret, el travestismo, la prostitución, en definitiva, una expresión deliberadamente deformante de una sociedad abierta y libre, pero al mismo tiempo llena de contrastes y de contradicciones como las que enfrentan: pobreza y miseria rayando en la sordidez, con el lujo, la fiesta y la diversión nocturna.

Aunque también una sociedad en la que bajo ese halo de vida desenfrenada —prostitución, pornografía, etc.—, y la abierta manifestación de comportamientos sexuales muy precoces para esa época —travestismo, homosexualidad, lesbianismo—, se expresa también una intensa conflictividad social con actos de violencia callejera entre los extremos: las milicias comunistas del Frente Rojo contra las «Secciones de Asalto» (SA) de los nazis y también contra la brutalidad policial, implacable contra la disidencia que ellos califican de amenaza «bolchevique».

Sin lugar a dudas, en la serie, los directores han querido y han sabido hacer numerosos guiños a cineastas como Fritz Lang y su emblemática obra de cine mudo Metrópolis (1927), o a pintores como Otto Dix o George Grosz, que tan magníficamente supieron reflejar el ambiente social del Berlín de entreguerras, empleando ese estilo deformante que la Historia del Arte lo ha emparentado al Expresionismo pero del que renegaban explícitamente para situarse en otra concepción más acorde con los tiempos que vivían: La Neue Sachlichkeit o Nueva Objetividad, mediante la que buscaban realizar un arte marcado por el compromiso político y la crítica a la sociedad burguesa, como reflejan dos de sus obras a las que también titularon, al igual que Fritz Lang, Metrópolis, la de George Grosz (de 1916-17) y la de Otto Dix (de 1927-28).

Metropolis. Otto Dix. 1927-28. Kunstmuseum Stuttgart, Stuttgart
Metropolis. Otto Dix. 1927-28. Kunstmuseum Stuttgart, Stuttgart.

No podía faltar en la serie la presencia de la gran actriz Marlene Dietrich (de su personaje), aunque fuera por un instante, en un momento en el que cine sonoro comenzaba su boom, dentro de una avanzada sociedad industrial que conocía ya los mayores progresos de la técnica (como la construcción de motores para aeronaves) o de la química y la medicina (representados por los preparados farmacéuticos contra las enfermedades nerviosas)… Todo ello se logra reflejar muy acertadamente en esta galardonada serie televisiva alemana.

La crisis de 1929

A medida que avanza la serie adentrándonos en el año 1929, nos acercamos al momento del crack financiero-bursátil. El momento adecuado para establecer un «orden social radical» tal y como consideran los conspiradores de la trama financiero-militar a cuyo servicio se ponen los camisas pardas del nazismo, adiestrando militarmente a sus jóvenes, dando palizas a rivales políticos, asaltando los periódicos que denuncian la conspiración financiero-militar para el rearme alemán, en contra de los dispuesto en el Tratado de Versalles. El control progresivo que sobre instituciones como la policía van a ir ejerciendo los sectores más próximos a la conspiración, auguran un futuro oscuro que se hará evidente en el momento del crack bursátil de octubre de 1929. Que va a marcar el final de la tercera temporada de esta serie televisiva, para el que los directores elegirán un trasfondo expresionista, pero también muy influenciado por el mundo de la ensoñación inconsciente, tan vinculada a movimientos artísticos que comienzan a difundirse desde Francia, como será el Surrealismo.

Para quien sea amante de un género capaz de unir la trama histórica con el suspense, aderezado todo ello con formas típicas de la novela negra policiaca y los constantes guiños a los movimientos artísticos del Berlín de entreguerras, no pueden dejar de ver esta magnífica serie televisiva.

Para saber más

—Hagen Schulze (2005). Breve Historia de Alemania. Madrid: Alianza.

—Sebastian Haffner (2005). La revolución alemana 1918-1919. Barcelona: Editorial Inédita.

—Sebastián Haffner (2005). Historia de un alemán. Memorias 1914-1933. Barcelona: Destino.

—Pierre Broué (1971). Révolution en Allemagne, 1917-1923, Paris: Les Editions de Minuit.

—Josep Fontana (2017). El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. Barcelona: Editorial Planeta.

—Josefina Martínez (coordinadora) (2006). Historia Contemporánea. Valencia: Tirant lo Blanch.

—Hipólito de la Torre Gómez (coordinador) (2010). Historia Contemporánea (1914-1989). Madrid: Ed. Ramón Areces-UNED.

—Dolores Antigüedad (coordinadora) (2011). Historia del Arte del siglo XIX y XIX (dos tomos). Madrid: Ed. Ramón Areces-UNED.

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Acerca del autor

Jesús de Blas Ortega

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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