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Felipe Libón. El primer gran virtuoso romántico español

Felipe Libón (1775-1838) (Wikimedia).
Felipe Libón (1775-1838) fue el más representativo de los violinistas españoles de entre siglos, un ilustre gaditano que se proyectó al mundo y al que lamentablemente la historiografía lo llegó a convertir en francés hasta las postrimerías del siglo XX. Un gran artista que participó junto a su maestro Viotti durante los años que pasó en Londres en los famosos «Haymarket Concerts», llegando a conseguir elogios del mismísimo Haydn. Gran parte de su vida discurrió en París, entonces faro musical de vanguardia donde se codeó frecuentemente con los grandes violinistas Kreutzer y Rode; siendo unos de sus impresores el famoso editor Pleyel. Tocaba un violín Stradivari de 1729 que hoy día tiene el honor de llevar su nombre, el «Libón». Un andaluz universal que bien podríamos bautizar como «el Viotti español».

Felipe Libón nació en Cádiz el 17 de agosto de 1775 en plena cumbre del apogeo artístico de la historia musical de la ciudad. Nuestro violinista y compositor representa en España el cambio de paradigma del artista ilustrado dieciochesco hacia una concepción estética de artista romántico, adelantándose a lo que fue a la postre la esencia del hombre liberal certificada en las Cortes de Cádiz.

Ciertamente, a nivel compositivo, se mantuvo en la herencia de los cánones clásicos, aunque receptivo a las nuevas formas del estilo que asomaba pujante y al cual se adhirió fundamentalmente en los parámetros más virtuosísticos que le reclamaban los avances técnicos de su instrumento. Sin embargo, desde el punto de vista estético, se encuadra humanísticamente en esa nueva tipología de artista libre y virtuoso consumado. Es más bien, en este sentido sociológico, lo que le hace pionero en España, en analogía al canon de músico romántico representado en Beethoven y, sobre todo, parangonable a nivel violinístico-compositivo con el genovés Paganini. Una función social de la figura del compositor virtuoso que se traduce en una asociación del artista y del público, que nada tenía que ver ya con el concepto del pasado Siglo de las Luces.

Libón fue descendiente de padres franceses asentados en la cosmopolita Cádiz dieciochesca. Debió formarse en dicha ciudad, pues allí pasó sus primeros años de vida, a la postre los más importantes. Desgraciadamente no tenemos aún datos de su filiación discipular como violinista durante sus primeros años, pero sí abundante información de la tierra que le vio nacer. Fetís, en su Biographie universelle des musiciens et bibliographie générale de la musique de 1868, nos indica que en Cádiz fue donde se inició en la música, progresando velozmente en el violín y mostrando a sus catorce años unas cualidades virtuosísticas que desencadenaron la decisión de sus padres de enviarlo a Londres a perfeccionarse en el instrumento.

Para entender la situación de privilegio de la ciudad de Cádiz hemos de remontarnos al momento en que se produjo el traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla en el año 1717. Un hecho que hizo cambiar de rumbo del destino de la ciudad para el resto de la centuria, pues mantuvo la exclusiva como principal puerto comercial y de embarque de pasajeros a nivel trasatlántico hasta el año 1790. Fue un núcleo estratégico configurado por una importante comunidad de extranjeros que generó un trasiego que favoreció al arte y, especialmente, a los músicos, pues la espera para obtener pasaje destino América se dilataba habitualmente más de un año.

Felipe Libón (1775-1838) (Wikimedia).
Felipe Libón (1775-1838) (Wikimedia).

Músicos españoles, italianos, franceses, flamencos, portugueses, hicieron de Cádiz un crisol de intercambio cultural y una fuente de producción de música profana dedicada al teatro, la música instrumental y de cámara. Todo esto propició que la ciudad llegara a albergar varios teatros como el Teatro Principal, también conocido como la «Casa de Comedias», el Teatro francés o El Coliseo de Ópera Italiana entre otros.

Por otro lado, ya en 1730 la capilla de música de la catedral de Cádiz tenía 20 músicos, y se observa un movimiento bidireccional de contratados entre los músicos de la capilla y los teatros de ópera. Este dato es muy sintomático para juzgar la alta calidad instrumental que debió tener la capilla de la catedral, además de un inusual y fuerte cariz de hábito en la ejecución de música instrumental, sin lugar a duda, situada a la vanguardia de la península ibérica.

Respecto del catastro de Ensenada, éste ya en 1753 registraba 42 músicos de voz e instrumentos y 2 luthieres de instrumentos de cuerda entre otros profesionales de oficios relacionados con las artes escénicas. A su vez, sabemos que el Coliseo de Ópera Italiana ya tenía una orquesta de 26 instrumentistas en 1768. Toda esta actividad constatada, acompañada de un desempeño violinístico, tanto para la música de iglesia como para la profana de alta calidad, favoreció el intercambio de músicos, repertorios y modas musicales entre los territorios de España, otras naciones europeas y América.

Este es el contexto donde Libón forjó sus primeros años formativos que, a buen seguro, y entre otras cosas, le propicio un sólido profesor de violín y, lo que es más importante, una conexión directa con su futuro maestro: Giovanni Battista Viotti
(1753-1824).

Un violinista gaditano en Londres, Madrid, Lisboa y París

Su biografía está más clara a partir de su llegada a Londres. Allí se estableció para perfeccionarse en el violín en la clase del profesor Viotti, el más importante de su tiempo. Viotti fue autodidacta en sus comienzos y posteriormente discípulo de Pugnani, uno de los mejores alumnos de Tartini. Modernizó la escuela violinista francesa que hundía sus raíces en Lully, Rebel y Gavinies y se le atribuye la virtud de resumir la mayoría de las escuelas de violín, elaborando lo que conocemos como la técnica moderna. Por este motivo pasó a ser conocido como el «fundador de la escuela de violin moderna». De La Laurencie señala en su L´École Française de Violon de Lully à Viotti de 1922 que la aparición de Viotti en la serie de «Conciertos Espirituales» de París fue un punto de inflexión en la historia del instrumento, fundamentado en un nuevo sonido que causó estupor.

Por tanto, nuestro violinista se formó con el mejor profesor posible del momento y compartió progresos con sus compañeros en un ambiente musical de privilegio. En Londres estudió violín al menos durante seis años e, igualmente, se adentró en la composición de la mano de Cimador.

En 1794 se documenta un concierto a dúo con su maestro en la serie de conciertos londinense «Haymarket Concerts», además de hacerlo de forma habitual en otras «soirées» musicales. Según el malagueño Mitjana en su trabajo La musique en Espagne de 1920, Haydn, tras oírlo, lo felicitó por la interpretación de sus cuartetos. Libón estaba en la flor y nata del ambiente musical de la ciudad del Támesis, lo que evidencia su calidad. También esto queda contrastado por su profesor, al prestigiarlo compartiendo el escenario y haciéndonos suponer la consideración que le tenía como uno de sus más eminentes discípulos.

En 1796, a la vuelta de Londres camino de Cádiz, apareció como violín solista en la Corte de Lisboa, pero no llegó a formar parte de la Real Cámara lisboeta, quizás porque entre sus pretensiones estaba entrar en la Capilla Real de Madrid. En Lisboa se le ubica nuevamente en 1803 en una estancia de corta duración en la misma institución, la Real Cámara, pues figura en un apunte documental de la Real Hacienda portuguesa. Sabemos igualmente que fraguó una fuerte amistad con el violinista portugués Joao Domingos Bomtempo, a quien conoció en París y con el que ofreció varios conciertos a dúo. Quizá esta sea una de las razones de su larga relación con Lisboa.

Eslava nos recuerda en la Gaceta Musical de Madrid de 29 Julio de 1855, que en 1798 el violinista estuvo en Madrid, «donde fue escriturado para la música particular del Rey». Entendemos que participó en los conciertos de la Real Cámara de Carlos IV, que contaba por entonces con músicos fijos y contratados de la calidad de Bocherini o Lidón, e insignes violinistas como Brunetti, Oliver y Astorga, Rosquellas, Carril, Vaccari, Cañada o Boucher entre muchos otros, con quienes debió coincidir.

Un dato que hasta ahora había pasado desapercibido y que, a nuestro entender pudiera resultar decisivo en la vida de Libón, fue la visita en 1799 del violinista Jean Pierre Rode (1774-1830) a España. En Madrid, Rode tocó en una de las academias musicales organizadas por María Josefa Alfonso Pimentel, XV Condesa-Duquesa de Benavente. Así mismo, el 7 de enero de ese mismo año se anunciaron en el Diario de Madrid los conciertos ofrecidos por este virtuoso en el Teatro de los Caños del Peral: «tocará un concierto de violín de su composición D. Pedro Rode, individuo del Colegio de música de París, &c. Quien tiene el honor de presentarse por primera vez al público de Madrid».

Rode representa, junto a Baillot y Kreutzer, la triada de violinistas heredera de Viotti. Fueron los encargados de realizar una de las obras pedagógicas más conocidas de la historia de la música: El arte del violín. Esta obra se sitúa en la corriente de las publicaciones de las colecciones y recopilaciones de estudio que, por entonces, comenzaron a publicarse de una manera sistemática. Este movimiento sustenta toda la estética sobre la que se construye la escuela francesa de violín, la más influyente del siglo XIX, que se vio favorecida en su diseminación por la sistematización de su enseñanza con la apertura en 1795 del Conservatorio de París, primero de la historia de la música e institución alumbrada herencia de los nuevos postulados reformistas tras la revolución francesa.

Portada de Treinta Caprichos. Dedicados al célebre Viotti.
Portada de Treinta Caprichos. Dedicados al célebre Viotti.

Por tanto, hacemos esta relación directa de Libón con Rode, también discípulo de Viotti, como presumible desencadenante de su viaje a París, pues ya se le sitúa en la ciudad del Sena en el año 1800. Este traslado a Francia supuso un paso definitivo en su carrera, pues fue justamente en este momento cuando París comenzó a convertirse en la pri-
mera referencia musical y en la primera referencia violinística del mundo.

De esta forma, Libón se estableció como uno de los máximos representantes de la escuela francesa en París. Otros violinistas españoles como Rufino Lacy, también alumno de Viotti, Lucas Guenée o Juan Carriles, siguieron igualmente el camino de migración a Francia.

A su llegada tocó muy pronto en el teatro de la calle Victoria, siendo muy aplaudido en la interpretación de sus composiciones. También pasó a ser violinista al servicio de la emperatriz Josefina, esposa del primer cónsul de Napoleón Bonaparte. En noviembre de 1804 participa en un concierto en la Maison Desmarest en París, junto a la cantante española Isabel Colbran y otros afamadísimos artistas, entre los que destaca el violinista Rudolf Kreutzer (1766-1831), profesor y fundador del Conservatorio de París, y que fue quien dirigió la orquesta.

Debió ser habitual su participación en este tipo de funciones pues también lo hizo en conciertos con la cantante Angélica Catalani. Más tarde, en 1810, prosiguió su trabajo para el Estado francés al servicio de la emperatriz María Luisa, segunda esposa de Napoleón, que le concedió una pensión vitalicia que lo acabó blindando tras la caída del emperador.

Libón regresó a Madrid, donde era sobradamente conocido, y ofrecía conciertos con un éxito brillante. Su fama en España fue amplísima, y mantuvo una constante relación con el país, según nos dice Roca i Bisbal en la Reseña histórica de los progresos de la música de 1837 acerca de los mejores músicos españoles: «¿Y qué pluma bastaría para encomiar el acreditado mérito de los Libones, de los Carriles, de los Garcias, de las Correas, de las Colbrans (…)».

Falleció en París el 5 de febrero de 1838 con 63 años. Eslava escribió en 1855:

«(…) Se encontraba en la ejecución de Libón las cualidades didácticas de la escuela en que había sido educado; pero su manera carecía de genio; todo lo que hacía era de buen gusto, pero se deseaba en él un poco más de sensibilidad y de inspiración».

Una crítica que creemos no debió hacer honor a su trayectoria y desempeño.

Su legado compositivo y didáctico

El famoso editor Pleyel llegó a publicar a Libón en París, lo que le aportó una gran reputación en vida y, además procuró, para nuestra suerte, que su música haya llegado hasta nuestros días. Además, también le editaron en París los impresores Frey, Entz Jouve, Momigny, Nadermann, Leduc o Fanet.

Entre sus composiciones destaca, por un lado, sus Seis conciertos para violín y, por otro, sus Treinta caprichos para violín solo dedicados a su maestro, el célebre Viotti. Estos caprichos fueron editados en Milán por Ricordi en 1822, hoy día lastimosamente olvidados. Igualmente son destacables sus Tres grandes dúos concertantes para dos violines, impresos en París en el año 1820 y dedicados a Madame Larcher o losTres tríos para dos violines. Otras piezas de interés sonAires variados para violín y orquesta, Aires variados para violín y cuarteto o piano o Tres tríos para dos violines y violoncelo. Un catálogo que aún sigue ampliándose con los avances de las indagaciones y que recientemente nos han llevado al hallazgo de su Tema y variaciones para violín y bajo.

Por último, a nivel técnico y didáctico podemos considerar sus treinta caprichos, además de como obra musical, como un trabajo desarrollable a nivel didáctico al igual que otros de su especie. Igualmente, se le ha considerado como el violinista que introdujo en España los sonidos armónicos, pero hemos de decir que ya eran sobradamente conocidos en nuestro país previamente. Sin ir más lejos, el método de violín Prontuario Músico de Fernando Ferandiere, impreso en 1771, le dedicó un espacio importante a este recurso técnico.

Libón tocaba un violín de Antonio Stradivari fabricado en 1729, que hoy día tiene el honor de llevar su nombre, lo que procuró mantener viva su memoria a través de los tiempos. Intérpretes tan reconocidos como Josef Suk (hijo) o Václav Hudecek han disfrutado del empleo del instrumento.

Sirvan estas líneas a modo de laudatoria al gaditano Felipe Libón, el primer gran virtuoso romántico español.

Para saber más

— De La Laurencie, Lionel (1922-4.). L´École Française de Violon de Lully à Viotti. París: Delagrave.

— Gil de Gálvez J.M. (2016). El violín en la España del siglo XVIII desde Giacomo Facco a Felipe Libón: Evolución histórica-artística y pedagógica. Málaga: Universidad de Málaga. Tesis Doctoral inédita.

— Schueneman, B.R. (2002). The french Violin School. Viotti, Rode, Kreutzer,
Baillot and their Contemporaries.
Kingsville, Texas: Lyre of Orpheus Press.

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Acerca del autor

José Manuel Gil de Gálvez

José Manuel Gil de Gálvez

Violinista: Intérprete, profesor e investigador. Doctor (PhD) en Música con mención internacional. Profesor de la Universidad Alfonso X el Sabio
Líder de Concerto Málaga, orquesta de cuerda española. Presidente de Fundación Hispania Música.

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