Cuando llegó la tormenta, muchos se volvieron hacia la historia

Como en tantos otros casos, aunque el momento de medidas de choque es durante la tormenta, si algo nos enseña la historia es que solo podremos conocer las dimensiones de lo acontecido una vez amaine el temporal.

Enseguida afloraron la gripe de 1918, la Peste Negra y otras epidemias que han acompañado a la humanidad, pero también la crisis de 2008, el Crac del 29 y la Gran Depresión.

Mientras tanto, en los medios de comunicación se publicaban artículos que pronosticaban el fin del mundo tal y como lo conocemos; también veían la luz otras piezas que nos decían que todo iba a seguir igual; e incluso alguno esgrimía a Lampedusa. Choose your fighter.

Como en tantos otros casos, aunque el momento de medidas de choque es durante la tormenta, si algo nos enseña la historia es que solo podremos conocer las dimensiones de lo acontecido una vez amaine el temporal.

Sin embargo, claro que podemos aprender de la historia (aunque sería interesante no solo aprender del pasado en épocas de crisis). E incluso podemos aprender de la historia que se desarrolla delante de nuestros ojos. Quizá podamos pararnos y meditar sobre política y economía en el tiempo. El cortoplacismo provoca que, frente a problemas que asoman en el horizonte, además de las crisis sobrevenidas, la capacidad de reacción sea baja y la posición en la parrilla de salida una vez termina la crisis sea peor que la anterior. Por otra parte, si en una sociedad se impone el beneficio económico voraz por encima de las personas, tampoco hay buenas noticias para éstas, pues las reticencias a medidas, cambios necesarios para afrontar grandes problemas, pueden provocar que tarden más en llegar. Quizá, a veces, nos cuesta pensar como sociedad más allá de lo que afecta a cada uno de nosotros.

No se trata de pararse a reprochar «te lo dije», sino de pararse a meditar cómo podemos prevenir, en la medida de lo posible, futuros problemas. El mundo y la gente que vive dentro del mismo cambian, muy deprisa o muy despacio, pero cambian, y, aunque no se pueda predecir la velocidad y dirección de ese cambio, sí se puede dotar a la sociedad de herramientas.

Los historiadores, por su parte, también pueden enseñar que nada es definitivo, y que se puede vivir en una realidad cambiante. Los reyes solían reinar con poder absoluto, pero ese modelo ha sido mayormente desplazado por otros y, sin embargo, en su momento no debía parecer que el modelo político fuese a cambiar. Precisamente las monarquías absolutas que siguen existiendo hoy en día nos llevan al segundo punto. Las cosas cambian, a veces más rápido, a veces más despacio. Enseñar a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, que la historia no siempre consiste en cambios puntuales, bruscos, y luego estabilidad per saecula saeculorum, es muy importante. Eso mismo puede servir para explicar por qué el mundo de nuestros padres, no digamos el de nuestros abuelos, se diferencia del nuestro, y del de los que estén por venir. De hecho, si hay una época de cambio (nos lanzamos a la piscina), esa parece la época actual, no solo por el coronavirus, sino por el impacto de Internet, el deterioro de los recursos del planeta, las duras implicaciones de la crisis de 2008… No obstante, como decimos, el cambio no es nuevo. Y sí, puede dar miedo, pero precisamente la conciencia de que el cambio no es nuevo y de que la tormenta, aunque amaine, siempre está sobre nosotros, puede ayudarnos a sobrellevarlo.

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Isaac Alcántara Bernabé, Juan Jesús Botí Hernández y David Omar Sáez Giménez forman Ad Absurdum.

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