La ciudad romana de Itálica. Un recorrido por su historia

En este artículo se presenta el recorrido histórico de la ciudad romana de Itálica y sus personajes más destacados con motivo de su candidatura para ser nombrada Patrimonio Mundial de la UNESCO.

En la actualidad, se ha lanzado la candidatura de la ciudad clásica de Itálica para obtener la categoría de Patrimonio Mundial, un proyecto promovido por primera vez por la sociedad civil que pretende colocar a esta ciudad romana del valle del Guadalquivir en el selecto club de la Unesco. Por todo ello, consideramos apropiado mostrar algunos aspectos de la historia de esta ciudad y de sus personajes más ilustres para que sea conocida por el conjunto de la ciudadanía y no sólo por especialistas y vecinos de las localidades cercanas al yacimiento. No entraremos en los motivos que llevan a considerar factible el ingreso de Itálica en la lista definitiva de Patrimonio Mundial, sino que vamos a hacer un recorrido por la historia de esta importante civitas del orbis romanus.

En el término de la actual localidad sevillana de Santiponce se asentaron ciudadanos procedentes de Italia, por primera vez de forma permanente, en el mediodía peninsular. Fue aquí donde se implementaron nuevas fórmulas de implantación territorial y se iniciaron los fenómenos de aculturación en la región.

A pesar de que, en su organización interna y en su comportamiento administrativo, se siguieran los esquemas habituales romanos, no podemos afirmar que Itálica se pueda enmarcar en el modelo empleado en las otras ciudades romanas de la provincia. La singularidad y el interés por Itálica radican en su origen prerromano, la majestuosidad de sus estructuras urbanas —sobre todo a partir del siglo II a. C.— y el haber sido la patria de Trajano y Adriano.

Plano de Itálica. Publicado en Analecta Malacitana, revista de la facultad de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.

Hasta mediados del segundo milenio antes de Jesucristo, el solar de Itálica no era habitable plenamente, ya que la red fluvial era distinta a la actual e impedía el asentamiento en lo que actualmente conocemos por Santiponce. En los años setenta se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas que constataron la presencia de un asentamiento turdetano en la zona cuyo origen parece remontarse al siglo IV a. C., de unas 10 hectáreas, en las que se situarían viviendas de planta rectangular, con muros de adobe y zócalos de piedra.

En el 206 a. C. se produjo una de las últimas contiendas peninsulares entre romanos y cartagineses en la Segunda guerra púnica, la batalla de Ilipa. Tras la victoria romana, el general romano Publio Cornelio Escipión decidió asentar a soldados suyos, participantes en la guerra, en un núcleo habitado anteriormente que desde entonces se denominó Itálica —debido al origen de los nuevos pobladores—, y la única de toda Hispania con un nombre exclusivamente romano. El lugar seleccionado para asentar a estos veteranos de guerra reunía unas condiciones óptimas desde el punto de vista agrícola, del control de la producción minera y para entablar unas buenas relaciones con las comunidades turdetanas, sin abandonar la protección fluvial del río Baetis. Además de todo ello, era un lugar apropiado para hacer frente a las incursiones lusitanas que asolaban la región y un potencial centro de intercambios.

El primer asentamiento de veteranos romanos fue ampliándose con una inmigración de civiles que se trasladaron a Itálica buscando las posibilidades económicas que esta ciudad ofrecía.

Entre la segunda guerra púnica y la división provincial de Hispania en el 197 a. C. los romanos perseguirían impedir el retorno de los cartagineses y posteriormente el control directo de los recursos, sustituyendo el poder cartaginés en la península ibérica. La respuesta de la población autóctona fue el levantamiento generalizado, de ahí que el cónsul Marco Porcio Catón tuviera que pacificar la Hispania Ulterior en el 195 a. C. Una pacificación que duró veinticinco años, tras la cual Roma pudo centrarse en el control del norte peninsular. El primer italicense que aparece mencionado en las fuentes es Cayo Marcio, quien fue enviado a luchar contra Viriato por el general Quinto.

Hay que esperar hasta el 76 a. C. para que las fuentes vuelvan a mencionar a la ciudad de Itálica en relación con la guerra civil entre Sila y Mario. De las escuetas referencias a estos hechos podemos destacar la lealtad de Itálica a Roma y al bando de los optimates, y también se constatan indicadores de la simpatía a Cneo Pompeyo en la Hispania Ulterior.

En el 48 a. C. los italicenses tuvieron una gran relevancia con motivo del alzamiento de la Hispania Ulterior contra Quinto Casio Longino, el encargado de la provincia puesto por César al volver a Roma. Destacados italicenses como L. Munatius Flacus, Tito Vasio y Lucio Mercelo, participaron en la conjura contra Longino en Córdoba y al italicense T. Torio se le encargó la lucha contra los partidarios de César. A pesar de toda esta información, no sabemos el papel que tuvo Itálica al final de la contienda, sólo que fueron derrotados por César.

Tras el fin de las guerras civiles y la instauración del Principado, a los italicenses se les abrieron progresivamente diversas vías de promoción social, y con ello la participación de algunos notables italicenses en la administración imperial. El prestigio de la comunidad y los orígenes de la misma beneficiaron significativamente la promoción de sus elites. Con Augusto se reorganizó la administración, surgiendo la provincia de la Bética, y se reorganizó el modelo económico basado ahora en la producción y no sólo en las exacciones. A lo largo del Principado se fueron concediendo estatutos de municipalidad, algo que tenemos constatado en Itálica a través de monedas desde época de Augusto. En un pedestal del pórtico del teatro vemos mencionado a Lucio Pontio, el primer italicense que sabemos que estuvo adscrito a la tribu Sergia, la tribu de la ciudad.

El teatro de Itálica está datado en época augustea, financiado a costa de los benefactores locales como nos muestra una inscripción en la orchestra. A pesar de ello, hay investigadores que consideran que fue en el principado de Tiberio cuando se realizó esta magna obra edilicia. Los principados de Tiberio y Claudio supusieron la consolidación de las medidas adoptadas por Augusto, la mejora económica de Itálica y la intensificación de los vínculos con la capital del Imperio.

Con el gobierno de Nerón se constata la importancia que los béticos fueron adquiriendo en los puestos de relevancia del Imperio, como se aprecia en la figura de Séneca o en la de M. Ulpius Traianus, padre del emperador Trajano. Ya en época de la dinastía Flavia, la carrera de algunos italicenses como Trajano padre se desarrolló de forma no habitual para un provincial, llegando a ser nombrado consul suffectus en el 70 a. C.

Trajano hijo fue adoptado por el emperador Nerva, por ello tras su ascenso a la dignidad imperial recibió el nombre de César Nerva Trajano Augusto. Trajano nació el 18 de septiembre del 53 d. C. y no sabemos si nació con seguridad en Itálica, aunque es lo más probable. La primera noticia que tenemos de Trajano hijo es el desempeño del tribunado militar cuando su padre se encontraba en Siria. Tras la muerte de Domiciano, el emperador Nerva lo nombró gobernador de Germania Superior en el año 96 y en el 97 fue adoptado por el princeps y nombrado César, sucesor al trono.

Busto de Adriano procedente de Itálica.

La muerte de Nerva fue comunicada al futuro emperador en Colonia por su sobrino-nieto Adriano y de inmediato fue proclamado Augusto, siendo el primer provincial en regir el Imperio. A partir de este momento Itálica experimentó un nuevo auge del que los italicenses fueron plenamente conscientes.

El 7 u 8 de agosto del 117 moría en Selinunte el emperador Trajano sin tener prevista la sucesión, aunque la versión oficial afirmaba que había designado a Adriano en su lecho de muerte. A pesar de ello, muchos autores dudaron de que este hecho se hubiese producido. Es más, Adriano no comunicó la muerte de Trajano a sus tropas hasta el segundo día, cuando ya tenía asegurada su posición de heredero. El ascenso a la dignidad imperial de Adriano se sustentó en gran medida gracias al apoyo del prefecto del pretorio Atiano, de origen italicense, y figura clave en los principados de Trajano y Adriano.

Adriano, de padre italicense y madre gaditana, nació probablemente en Roma en el 76 d. C. donde su padre ejercía funciones públicas. Con diez años perdió a su progenitor, y su tutela pasó a manos del futuro emperador Trajano. Su principado se caracterizó por una gran actividad legislativa y reformadora. Sólo hay constancia de que Adriano viajara a Itálica entre el 90 y el 91 debido a una epidemia que azotaba la capital imperial. A pesar de ello, Adriano siempre tuvo presente a esta ciudad bética, ya que aún contaba con propiedades familiares en ella y un círculo clientelar muy importante. Además, los italicenses intentaron atraer la voluntad del emperador reforzando los vínculos de la comunidad con los orígenes del princeps.

Escultura acéfala de Trajano procedente de Itálica.

Los propios habitantes de Itálica solicitaron la concesión del estatus colonial, rango que fue otorgado por el emperador Adriano. En adelante esta ciudad pasó a denominarse Colonia Aelia Augusta Italicensium.

Itálica tuvo su época de mayor esplendor con el emperador Adriano, debido al aumento de su zona urbana y con un proceso de monumentalización nunca visto en la ciudad, dando lugar a lo que se ha conocido como Nova Urbs, expansión adrianea de Itálica, mientras que el espacio urbano anterior a esta ampliación se ha denominado en tiempos contemporáneos Vetus Urbs. En esta ampliación italicense vemos una gran red viaria con calles muy anchas, un nuevo ramal del acueducto, una importante red de alcantarillado, la construcción de grandes edificios públicos en los que se emplearon los principales marmora del Imperio (termas, Traianeum, anfiteatro, etc.) y grandes viviendas aristocráticas inspiradas en los modelos helenísticos. La intervención directa del emperador en la monumentalización de Itálica se constata con la aparición de tuberías de plomo con la inscripción completa del nombre de Adriano, así como en los miliarios hallados en la vía que va desde Itálica al noreste. Además de la aportación del emperador al esplendor urbano de Itálica, hay que contar con importantes factores como el papel de las instituciones municipales y el papel de benefactores locales que colaboraron en la medida de sus posibilidades e intereses.

Tras el principado de Adriano, los senadores hispanorromanos fueron perdiendo paulatinamente peso político en el Senado. La crisis económica que padeció el Imperio romano tras los antoninos hizo que la administración interviniese cada vez más en la economía. Ya desde época antonina se ve esta tendencia en Itálica con la tabula gladiatoria que recoge en senadoconsulto del 177 que buscaba regular los gastos de los munera gladiatoria. En estos años también tenemos atestiguados los ataques de los mauri en la Bética en el año 171 y en el 177. Ello se nos muestra en una inscripción italicense que nos presenta un agradecimiento al procurador Cayo Vallio Maximiano por restablecer la paz en la provincia.

Vista del anfiteatro romano de Itálica (Diego Delso, Wikimedia)

Durante el siglo III Itálica siguió atrayendo a habitantes de otras regiones debido a su prestigio y posibilidades de ascenso económico y social, pero con el fin de la dinastía de los Severos, los aristócratas locales se vieron incapaces de sufragar los gastos municipales, hubo desequilibrios entre el campo y la ciudad y la política monetaria fue desastrosa. Es por ello que desaparecieron los habituales homenajes particulares al emperador, sustituidos a partir de entonces por honores comunitarios. Además de todo ello, el Estado intervino de forma directa en los asuntos municipales. Todo este periodo de convulsiones acabaría a finales del siglo III con la vuelta a una cierta normalidad, pero sin el esplendor de antaño. Las murallas de Itálica en este momento se retrajeron dejando fuera del perímetro urbano gran parte de la ampliación adrianea.

Durante la Antigüedad tardía tenemos constatado un homenaje a los Tetrarcas y el aumento de la inflación monetaria primero y avanzado el siglo IV lo contrario, una reducción de la circulación de monedas. Tras los homenajes a Valentiniano, Valente y Graciano, la epigrafía enmudeció, y es por ello que nos centramos en otras fuentes de información. Las nuevas fórmulas funerarias nos muestran la introducción del cristianismo en Itálica, así como la aparición de crismones e inscripciones con el alfa y la omega en tegulae.

El papel de Itálica en el reino visigodo fue meramente testimonial e Hispalis (Sevilla) fue la que acaparó todo el protagonismo. Sabemos que Leovigildo reforzó las murallas de Itálica en el contexto de la guerra civil contra su hijo Hermenegildo. Con los musulmanes en la península ibérica vemos la continuidad del poblamiento bajo el nombre de Taliqa, aunque esto no duraría más allá del siglo XII.

Pavimento de M. Trahius.

Con todo lo visto hasta el momento, la primera conclusión que podemos obtener es que el asentamiento sobre el solar de Itálica comienza en época turdetana y tiene continuidad hasta alrededor del siglo XII, en época andalusí. La actual localidad de Santiponce, por tanto, no tiene continuidad con la Taliqa musulmana y por tanto tampoco con Itálica.

La segunda conclusión es que el principado de Augusto, primero, y los de Trajano y Adriano, después, fueron fundamentales para el auge económico y social de esta comunidad, y que tras ellos hubo periodos de estabilidad y de decadencia.

También consideramos importante resaltar el papel jugado por los italicenses más ilustres que siempre tuvieron presente su ciudad de origen —a pesar de sus éxitos en Roma y en otros puntos del Imperio—, ya fuese porque en ellos mantuviesen las fuentes de sus recursos económicos o clientelas. 

La epigrafía resulta fundamental como fuente de información para Itálica, así como el uso de los principales marmora de importación romanos que nos demuestran el poder económico y social de la comunidad, así como su vinculación con el emperador.  

Para saber más

—Becerra Fernández, D. (2017). «El marmor en Itálica: Un estado de la cuestión». Romula, 16: 167 — 194.

—Caballos Rufino, A.; María Fatuarte, J.; y Rodríguez Hidalgo, J.M. (1999). Itálica arqueológica. Sevilla: Universidad de Sevilla, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y Fundación El Monte. 

—Hidalgo Prieto, R. y León-Castro Alonso, P. (2013). Roma, Tibur, Baética: Investigaciones Adrianeas. Sevilla: Universidad de Sevilla.

—López Rodríguez J.R. y Beltrán Fortes, J. (2014). Itálica, cien años, cien piezas. Sevilla: Universidad de Sevilla..

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Acerca del autor

Francisco Javier Dantas Cayuela

Francisco Javier Dantas Cayuela

Graduado en Arqueología y estudiante del Máster en Arqueología de la Universidad de Sevilla.

Acerca del autor

Richard Muñoz García

Richard Muñoz García

Acerca del autor

Daniel Becerra Fernández

Daniel Becerra Fernández

PIF en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla.

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