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Calcio fiorentino: El origen del fútbol y el rugby

Actualmente disfrutamos de grandes espectáculos deportivos como la Champions League o la Copa de Seis Naciones. Todo tiene un origen. En este caso, el fútbol y rugby encuentran su forma primigenia en la Florencia renacentista: el 'calcio fiorentino'.

Desde la Edad Antigua, el deporte ha supuesto una actividad primordial en el desarrollo de las diversas sociedades y culturas que han ido sucediéndose a hasta nuestros días. Quizá, los ejercicios físicos realizados con pelota han sido los que mayor calado han tenido entre el público desde los inicios, probablemente gracias a su atractivo visual y su grado de competitividad (sobre todo, por equipos).

Algunos sitúan el origen primitivo de estos ejercicios en la Italia del Renacimiento, específicamente con los Médici, aquella famosa familia a la que pertenecieron cuatro Papas —León X, Clemente VII, Pío IV y León XI—. Se trataba de un juego denominado calcio fiorentino.

Pese a que nos situamos en la Edad Moderna para hablar de este famoso deporte es preciso hacer alusión a juegos romanos predecesores de este calcio: el harpastum y la phainínda. Autores clásicos como Galeno de Pérgamo, griego que se desempeñó como médico al servicio del Imperio romano y que quedó para la Historia como uno de los grandes conocedores de anatomía y fisiología de la Edad Antigua, hizo referencia a estos y otros deportes similares con el uso de pelota.

Galeno las caracterizó como actividades físicas que ejercitaban todas las partes del cuerpo, e, incluso, la mente, ya que se encontraba en funcionamiento y estimulada durante el tiempo de juego. Sin embargo, remarcó el aspecto negativo de los deportes haciendo alusión a las lesiones y al desgaste corporal que sufrían órganos, músculos y huesos de los atletas tanto durante su carrera como en su retiro. Galeno estaba a favor de otro tipo de actividades, como se puede comprobar a continuación:

«Sólo desconfío de la actividad de los atletas, que, al prometer el vigor corporal, procurar la fama entre la gente y verse recompensada públicamente con dádivas diarias de dinero de los padres, a entera semejanza de lo que logran los hombres más distinguidos, puede engañar a algún joven que la anteponga a cualquier arte.»

Ateneo, escritor griego del siglo II, comentó en su obra de una forma más específica en qué consiste este tipo de juegos a los que nos referimos. Concretamente, hace alusión a la phainínda, explicando lo siguiente:

«Cogiendo la pelota, disfrutaba pasándosela a uno, al tiempo que esquivaba a otro; se apartaba de uno, y hacía levantarse de nuevo a otro, con sonoros gritos. Se llamaba phainínda por el lanzamiento (áphesisi que realizan los jugadores de pelota, o bien porque su inventor, según cuenta Juba de Mauritania, fue Fenestio el maestro de gimnasia).»

El carácter militar de Roma, demostrado durante siglos, es innegable. Su maquinaria bélica procuró perfeccionarse continuamente, no sólo técnica sino también tácticamente. Para optar a ese progreso, sus legiones tendrían que estar excelentemente preparadas en el ámbito físico, para lo que se valieron de deportes como el harpastum. Algunos historiadores explican que la procedencia de esta palabra y su contenido radica en el término griego arpazo, que hace referencia a ‘agarrar con fuerza’ o ‘arrebatar por la fuerza’.

Este deporte, pues, consistía en la confrontación física de dos grupos de jugadores o luchadores que se localizaban en un terreno de juego rectangular con el objetivo de llevar una pequeña y consistente pelota tras la línea de fondo del campo del adversario. Este tipo de juego permitía que los legionarios entrenaran su cuerpo a la par que disfrutaran de un rato de ocio junto a sus compañeros.

Algunos piensan que este tipo de deporte antiguo es el germen del fútbol, mientras que hay otros que creen que lo es del rugby. Sea como fuere, con estos precedentes históricos establecidos en la Antigüedad, nos adentramos en la Italia de la Edad Moderna para comentar un juego que, sin duda, podríamos calificar de peculiar: el calcio fiorentino.

Sitio de Florencia por Giorgio Vasari (Wikimedia).

Florencia, a partir del siglo XIV, atravesó una etapa artística sin parangón gracias a la relevancia que tomó la ciudad italiana en Europa por los negocios y la banca. Una banca en la que jugó un papel protagonista la familia Médici. Debemos profundizar en el marco histórico y geopolítico en el que se insertó esta bella ciudad toscana para entender mejor el contexto en el que se desarrolló el calcio.

La península itálica, desde el siglo XI, presentó un mapa territorial bastante fragmentado, lo que dio lugar a continuas y directas pugnas por el control político de ciudades y sus respectivas áreas de influencia; una Italia caracterizada por las tensiones e inquietudes de pequeños Estados  que ansiaban asegurar sus dominios y controlar los satélites que podían hacerles peligrar.

Sin embargo, progresivamente, entre los siglos XIV y XV, la mayor parte de estas ciudades-estado perdieron su autonomía debido a la presencia en el territorio de coronas como la francesa, la española o la germánica, a excepción de dos enclaves italianos de renombre: Florencia y Venecia. Florencia viró su rumbo a fines del siglo XIII, momento en el que se deshizo de esos señores feudales que la controlaban para dar lugar a una república vertebrada en una constitución comunal que le hacía tener similitudes con un régimen democrático. No obstante, es necesario puntualizar esto último: la participación en la vida política quedaba reducida a unas pocas manos, concretamente, a la de aquellos individuos que estuvieran adscritos a los denominados arti (artes), esto es, asociaciones corporativas. Al fin y al cabo, las personas dedicadas a oficios jurídicos, médicos, comerciales y otros similares, eran las que hacían prosperar a estas ciudades. Con seguridad, las corporaciones con mayor poder económico eran las que trataban el sector del textil (lana y, con posterioridad, seda), fundamental para la ciudad desde el siglo XIV.

Esta composición social dispar y fragmentaria tendría repercusiones en el desarrollo político de Florencia a partir de revueltas populares, siendo fundamental el llamado tumulto o revuelta de los Ciompi (1378). Los cardadores de lana exigían una mejora de su situación económica y laboral, que se había visto perjudicada por el control que tenían las grandes manufacturas sobre el negocio de la lana.

En este contexto de agitación social, aparece con fuerza uno de los integrantes de la familia Médici, presentándose como portavoz de las clases populares: Salvestro de Alamanno. Progresivamente, los Médici fueron concentrando más poder económico gracias a los negocios y al comercio, no sólo en el territorio itálico, sino también en el ámbito internacional, exportando textiles y productos homólogos.

Un partido de calcio fiorentino en la Piazza Santa Croce (Florencia) en 1688 (Wikimedia).

Esta riqueza en aumento le proporcionó a la familia una capacidad financiera excepcional, algo comprobable en la fundación de factorías en otras zonas de la península (por ejemplo, Génova), e incluso en el exterior, como en Francia (Nimes, y más tarde, Aviñón) o Bélgica (Brujas). El éxito económico tuvo como consecuencia directa el ascenso meteórico que vivirán los Médici en la esfera política a partir del siglo XV.

El primer integrante Médici que se presentó como un gran banquero fue Giovanni Bicci, que llegará a conceder préstamos a la Santa Sede y a financiar diversas obras de carácter religioso. Sin embargo, fue su hijo Cosme —conocido como Cosme el Viejo­— quien se configuró como una de las personas con mayor peso político de la Florencia del momento, además de ser uno de los Médici que mejores habilidades comerciales demostró, llegando a consolidar a su familia como principal entidad financiera del Papa.

A partir de estos pasos, la estirpe se situó en las más altas esferas de control político y económico florentino e italiano, algo fielmente representado en figuras como la de Lorenzo ‘el Magnífico’. Sin embargo, el poder creciente e influyente no agradaría a todos, principalmente a aquellos que dependían económicamente de los Médici, como era el caso del papado. Esto desembocaría en conflictos de gran calado, como el vivido con el Papa Sixto IV.

Sin embargo, la inestabilidad no solo se produjo en el seno interno de la república, sino también a partir de agentes externos, como la invasión de Carlos VIII de Francia —que provocó un exilio temporal de los Médici— o las ansias expansionistas del ducado de Milán en manos del monarca francés Luis XII. A pesar de estos contratiempos, la familia continuó manejando los hilos de la república, y por si fuera poco, consiguió insertarse en el papado a través del nombramiento en 1513 de Giovanni di Lorenzo de Médici como León X, lo que aumentó la autoridad y capacidad jurisdiccional del linaje.

Romano jugando al harpastum. Villa romana del Casale, Sicilia (Wikimedia).

A pesar de ello, el denominado Saco de Roma en 1527 que enfrentó a Carlos V con la Liga de Cognac, marcó un antes y un después en la gestión del territorio italiano. En el caso de Florencia, tras ese episodio, los ciudadanos proclamaron una república sin contar con los Médici, a quienes enviaron al exilio. Esta decisión dio lugar al sitio de Florencia (1529-1530) por parte de Carlos V, que, tras su victoria, nombró a Alejandro de Médici como primer Duque de Florencia, reponiendo a la familia en el poder.

A partir de este nombramiento, se produjo la consolidación de la estirpe Médici como gestora del ducado. Sin embargo, la ciudad atravesó duros momentos durante el siglo XVI e inicios del XVII, como la peste (1630) y problemas sucesorios, lo que provocó la decadencia final de los Médici como dirigentes de la ciudad y su territorio.

En el siglo XVI, los festivales y las actividades de ocio quedaban reservadas para la élite gobernante. Por su parte, el calcio fiorentino se presentó como un deporte muy activo en barrios populares de Florencia. Los Médici, conscientes de ello, procuraron usar este tipo de deportes atractivos para las masas como un vehículo idóneo para alcanzar sus propósitos políticos dentro de la ciudad. Esto conllevaba una serie de valores simbólicos que se tradujeron en una interesante producción literaria que detalla las reglas del juego.

 En este contexto, destaca una obra fundamental: Discorso sopra il givoco del calcio fiorentino (1580) de Giovanni de’ Bardi. Aquí se explica el funcionamiento de este deporte, indicando que los dos equipos contaban con 27 jugadores cada uno, que tendrían una edad concretada en el intervalo que va desde los 20 hasta los 24 años. Con respecto al terreno de juego, se trataba de una parcela cerrada de similares dimensiones a los actuales campos de fútbol. Según la braccia milanesa (una braccia equivale a 0,595 metros), las dimensiones serían 172 braccie de largo y 82 de ancho.

En cuanto al cometido de los equipos, debían alcanzar la línea de fondo defendida por sus contrincantes mediante un juego de pases —tanto con el pie como con las manos— y conducciones de una pelota mediana; el alcance de esa meta se denominó caccia y, por tanto, el equipo con mayor número de cacce se hacía con la victoria.

Con esta descripción del calcio fiorentino, parece clara la similitud de las reglas del juego con las que hoy presentan deportes como el fútbol y el rugby. Una diferencia fundamental con respecto a nuestros atletas actuales es que los calciatore no tenían un salario, sino que competían por honor.

Un honor que dio lugar a un gran sentimiento de identidad y pertenencia respecto al barrio de la ciudad al que perteneciera dicho jugador. De esta manera, se configuraron hasta cuatro equipos diferentes a partir de los cuatro principales arrabales de la urbe: Santa Croce (lucía una indumentaria de color azul), Santa Maria Novella (color rojo), Santo Spirito (color blanco) y San Giovanni (color verde).

Partido de calcio fiorentino en la actualidad (Wikimedia).

En la ciudad toscana encontramos la primera evidencia escrita sobre el calcio en el año 1470. Con el paso del tiempo se fue perfeccionando hasta consolidarse en el siglo XVI. El terreno de juego preferido para desarrollar este deporte fue la céntrica Piazza Santa Croce, aunque, como dato llamativo, hay referencias de partidos (años 1491, 1511 y 1604) jugados en el río Arno en época invernal gracias a la congelación de su superficie.

La repercusión social de este evento deportivo es innegable, ya que incluso extranjeros se acercaban a Florencia para ver los encuentros que se disputaban. De modo que el desarrollo artístico renacentista o su actividad comercial no eran los únicos reclamos para visitar la ciudad.

Por supuesto, la mejora continuada de las instalaciones y la organización de partidos suponían un importante gasto municipal. Se debían construir las cercas que delimitaban el terreno de juego, los espacios donde se localizaban los árbitros (hasta seis) e incluso alguna grada para aquellos aficionados VIP, como diríamos hoy. Curiosamente, antes del inicio del juego se producía un desfile, y durante todo el partido se disponían soldados como guardias de seguridad, ya que era frecuente algún tipo de confrontación violenta durante el juego que podía desembocar en un altercado público. 

Se siguen celebrando partidos de este deporte en Florencia, también conocido en su práctica actual como calcio storico fiorentino. E, igual que antaño, se celebra en la Piazza Santa Croce. Se organizan competiciones todos los años en el mes de junio, ya que coincide con las festividades relacionadas con el patrón de la ciudad: San Juan Bautista. Es el día 24 de dicho mes cuando se puede disfrutar de una gran fiesta en la que se dan partidos llamativos, apareciendo los equipos con los colores propios de los barrios que anteriormente citamos.

Para saber más:

—Burke, P. (2015). El Renacimiento italiano. Cultura y sociedad en Italia. Madrid: Alianza.

—D’Bardi, G. (2018). Discorso sopra il giuoco del calcio fiorentino, 1580: Del puro accademico alterato. Londres: Forgotten Books.

—Guicciardini, F. (2006). Historia de Florencia (1378-1509). México D.F.: Marcial Pons.

—Romero, E. (2015). Breve historia de los Médici. Madrid: Nowtilus.

—Tenenti, A. (1985). Florencia en la época de los Médici. Sarpe.

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Acerca del autor

Antonio Barral de Soto

Antonio Barral de Soto

Historiador sevillano especializado en la Edad Antigua.

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