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250 años de la muerte del violinista Giuseppe Tartini. La resonancia de su figura en la España dieciochesca

Este año 2020 el mundo de la música está de enhorabuena, no solo porque conmemoramos el 250 aniversario del nacimiento de, Ludwig van Beethoven, sino porque contamos también con otra efeméride de relevancia como es el aniversario del fallecimiento del célebre violinista Giuseppe Tartini (1692-1770). Una personalidad compositiva vital enmarcada en el estilo galante, puente entre el Barroco y el Clasicismo, decisivo en los avances de la técnica del instrumento e impulsor de innovaciones organológicas e investigaciones físico-acústicas determinantes. Una figura que no pasó desapercibida en los ambientes musicales de la España ilustrada.

Giuseppe Tartini (1692-1770), conocido en tiempos como «Maestro delle nazioni», fue una figura artística y musical de vital importancia, así como esencia del estilo galante y puente entre el periodo Barroco y el estilo Clásico. Lo consideramos una de las personalidades que rompieron con los viejos estilos pretéritos, al igual que hicieron C.P.E Bach, el padre Martini o Pergolesi, entre otros. El maestro se distinguió por ser extremadamente polifacético y brillante, gran investigador del arte musical y de la física del sonido, innovador de la técnica de los instrumentos de cuerda, tratadista, compositor, insigne profesor y consumado virtuoso del violín.

Nuestro esteta del arte nació en Pirano, ciudad costera de la Península de Istria, por entonces República de Venecia. Las primeras décadas de vida del joven Giuseppe transcurrieron entre la voluntad de su padre contraria a los deseos de nuestro protagonista y las inquietudes del joven orientados hacia el arte musical. Para calmar estas ideas contrapuestas, siendo aún estudiante, se desplazó a Padua donde además de continuar ampliando sus conocimientos musicales, algo que le apasionaba, se formó en leyes en la vieja y famosa universidad de la ciudad del Véneto fundada en 1222.

Compositivamente hablando lo situamos en el estilo galante, que se personifica en la figura de Tartini en cuanto al instrumento rey se refiere, el violín, pues impregna toda su producción artística. Su catálogo contiene ciento treinta y cinco conciertos para violín y orquesta de cuerda; ciento treinta y cinco sonatas para violín y continuo; y cuarenta sonatas para dos violines y bajo continuo, entre otras obras misceláneas. Destaca sobremanera la sonata conocida como el Trino del diablo que le hizo trascender a la historia universal de la música.

Su faceta de investigador se concreta fundamentalmente en varios tratados relacionados con la armonía, destacando L’armonia musicale nel diatonico genere y Tratatto di musica secondo vera scienza dell’armonia. Además, le debemos el descubrimiento, ya en los últimos años de vida en su retiro en Ancona, del tercer sonido o sonidos resultantes, desarrollando los trabajos previos de Rameau y Zarlino. A nivel organológico estuvo presente en los progresos constructivos que coadyuvaron a la evolución del arco, derivado de las nuevas necesidades musicales emanadas de sus propias piezas musicales y en su búsqueda continua del «bel suono», en analogía con el conocido «bel canto».

Igualmente, como tratadista, su producción fue muy significativa sin parangón entre los teóricos y violinistas de la época. Ya en 1748 publicó su obra L’Arte del arco, así mismo, sin datación exacta nos legó su Libro de regole, ed esempi y Regole per arrivare a saper ben suonare. En 1771 de forma postuma se pública su Traité des agrémens y la famosa carta dirigida a su alumna Maddalena Lombardini Lettera del defonto signor Giuseppe Tartini fechada en 1770. Una misiva de un valor incalculable para la pedagogía del violín y de los instrumentos de cuerda que gozó de gran difusión en Europa.

Como profesor, el maestro contribuyó al florecimiento de una pléyade de violinistas de alto nivel que diseminaron sus enseñanzas por toda Europa de una forma jamás antes conocida. Se le considera el jefe de la escuela de violín italiana, pues enriqueció y perfecciono la técnica del instrumento ampliando la herencia que había dejado el maestro Arcangelo Corelli (1653-1713). En 1728, fundó en Padua una escuela superior de violín conocida en toda Europa como «Escuela de las Naciones» o «Escuela de Tartini». Igualmente, tras un encuentro con J.W.A. Stamitz en Praga, se inició lo que a la postre se conoció como la «Escuela Tartiniana de Mannheim en Prusia, Francia e Inglaterra». Sus postulados se distinguieron por la sólida formación de sus discípulos, destacando a Graun, Nardini, Bini, Alberghi, Ferrari, Pugnani, Lolli, Manfredi, Pagin o Gastarobbu, entre muchísimos otros. En palabras de David Oistrakh, uno de los mejores violinistas del siglo XX: «Giuseppe Tartini es una de las figuras principales de la escuela italiana del violín del siglo XVIII. Una escuela cuyo arte es tan significativo hoy como alguna vez lo fue».

Aproximación a la huella de Tartini en España

Que Tartini fuese reconocido en los ambientes musicales de España no nos cabe duda, sencillamente repasando varios datos nos daremos habida cuenta de ello. Sus composiciones eran mas que conocidas en la España dieciochesca pues figuraban en colecciones y bibliotecas musicales de la aristocracia, como en las bibliotecas del conde de Fernán Núñez, la Casa de Alba o de Osuna, por mencionar algunas. Igualmente, también aparecen sus piezas en algunos archivos catedralicios españoles, como materiales de uso de la Capilla Musical. Otra evidencia, es el rastro que dejaron sus composiciones en las noticias, avisos y artículos de los diarios de Madrid, así como en las referencias de venta de música de las librerías de la capital, donde las sonatas de Tartini, las más cotizadas de todas, se vendían a un precio sustancialmente por encima de las piezas de otros compositores, prueba evidente de su conocida calidad.

Respecto de la recepción de su estilo compositivo es hacia 1750 cuando comienzan a gestarse en España los estilos preclásicos, fundamentalmente el estilo galante, que no llegaría a cuajar en lo que entendemos en la historiografía musical como un clasicismo pleno. Este periodo que eclosionará en España hacia los últimos años del reinado de Fernando VI, se verifica en un cambio de estilo, siendo el violín el instrumento líder de dicho cambio. Esta corriente compositiva, heredada en buena parte de Tartini y sus discípulos, se concreta en España como un estilo violinístico ibérico genuino adscrito al estilo galante en su segunda etapa.

Litografia El sueño de Tartini de Louis-Léopold Boilly (ca. 1824). París, Biblioteca Nacional de Francia.

Entre los primeros violinistas de gran relieve asentados en España, detectamos la presencia de Giaccomo Facco (1676-1753) proveniente de Marsango (Republica de Venecia) el cual llegó a España en 1720, y aquí permaneció hasta su muerte. El artista del Veneto publicó con editoriales importantes de la época y a buen seguro ya conocía de los preceptos de Tartini.

Igualmente, hemos de considerar la presencia del violinista Miguel Geminiani que llegó a España en 1724 como hermano del gran Francesco Geminiani, y que a buen seguro fue conocedor de los flujos y corrientes violinísticas del momento.

En línea con lo expuesto, el historiador Soriano Fuertes, nos dice en su publicación de 1854 Historia de la música española: desde la venida de los fenicios hasta el año de 1850, que la destreza del violinista español Francisco Manalt (ca. 1710-1759) se mostraba superior en comparación con uno de los discípulos de Tartini, en los siguientes términos: «Por los años que más tarde Tartini llamo la atención de la Francia y la Alemania con su nueva escuela violín vino a España uno de los mas sobresalientes discípulos, llamado Cristiano Rinalde; y aunque, según Teixidor, sobrepujaba en merito a su maestro, encontró en suelo a un don Jose Monalt que le disputo con ventaja la supremacía en dicho instrumento [sic]».

Pero para hallar la herencia más certera de Tartini sobre un intérprete español nos hemos de situar en José de Herrando (1720/21-1763), el mejor violinista español del tercio central de la centuria. Mucho se ha especulado en relación con su aprendizaje violinístico, lógicamente sus primeros pasos debió de darlos con su padre que también tocaba el violín. Erróneamente se atribuyó durante muchos años como su maestro a Corelli, incluso también se le situó como discípulo de Facco, pero las evidencias lo sitúan como alumno de Sebastian Christiani de Scio, discípulo de Tartini, que además de maestro de baile de la casa de la reina viuda Isabel de Farnesio fue un consumado violinista, asociación habitual entre la danza y el violín heredada de los franceses. Para rubricar esta afirmación, el dato más importante nos lo da Woldemar en 1801 con la publicación de su Le methode de violin par L. Mozart el cual reimprime en edición aumentada el tratado de Leopold Mozart en lengua francesa. Woldemar incluye en el mismo una secuencia de arpegios extraída del método de Herrando, y referencia que fue elève de Christiani. Woldemar fue alumno de Antonio Lolli, el cual estuvo algunos años tocando en España como veremos posteriormente, y probablemente éste le dio a conocer los trabajos de José de Herrando, puesto que su método no tuvo gran difusión en Europa. Así mismo, en el inventario de 1737 de Christiani se registra un violín Stradivarius y otros procedentes de autores españoles de altísima cotización, dato elocuente de la calidad del violinista. Igualmente, esta fecha de 1737 coincide con la entrada de Manalt en la Capilla Real, al que antes mencionábamos en palabras de Soriano en comparativa con Cristiano, tratándose más que probablemente de la misma persona.

Herrando muestra también una total descendencia tartiniana a nivel compositivo,su música no presenta los rasgos estilísticos arraigados como los que marcan característicamente a los discípulos de Corelli, o de la escuela veneciana heredada por Facco, sino más bien son rasgos que proceden de la escuela de Tartini. La música de Herrando es el puro estilo galante español personificado, que conserva reminiscencias de las particularidades ibéricas, las cuales le dan una singular frescura. Todo ello hace que se le pueda considerar como el Tartini español, si es que fuese necesaria la analogía, porque su música tiene la entidad suficiente para ser merecedor de la categoría de violinista y compositor de primer nivel.

José Manuel Gil de Gálvez toca ante la estatua de Giuseppe Tartini en la Plaza Tartini de Pirano (Eslovenia) (2000).

Prosiguiendo con la línea discipular de violinistas ubicados en su escuela que pudieron transmitir su herencia a España, además de considerar a José de Herrando, por vía intermedia de Cristiani, debemos de tener en cuenta al también español profesor de universidad Paolo Gastarobbu, del que poco sabemos más allá de que desarrollo su carrera en la Península Itálica. Por tanto, en este sentido debemos de considerar también a los violinistas que llegaron de fuera. Provenientes de la Península Itálica tenemos a Filippo Manfredi (1731-1777) o Gaetano Brunetti (ca. 1744-1798), que pasaron gran parte de sus vidas en España, además de recibir temporalmente al virtuoso Antonio Lolli (1728/33-1802).

Sobre la llegada de Manfredi al entorno de la corte madrileña, hemos de asociarla a la vida de Luigi Bocherini (1743-1805) y su llegada a España en uno de los mejores momentos de ambiente musical dieciochesco del país. Manfredi pasó sus mejores años en la Península Ibérica cuando estuvo al servicio del infante Don Luís, tío de Carlos IV. Fue discípulo de Pietro Nardini (1722-1793), el más célebre de todos los discípulos de Tartini y también recibió lecciones directas del propio Tartini.

En cuanto a Brunetti aunque llegó a España muy joven, lo ubicamos con certeza en la escuela de Tartini con el cual probablemente diese algunas lecciones de forma directa. Aunque cabe decir que parece que existen dudas sobre quién fue su profesor, pues que, por un lado, se le atribuye a Touchemoulin (1727-1801), discípulo directo de Tartini y, por otro, se le ubica como discípulo de Nardini. En cualquier caso, su adscripción escolástica está mas que clara.

Ya en los últimos años del reinado de Carlos III, al menos entre 1785 y 1787, el Diario Pinciano de Valladolid documenta la presencia en España del virtuoso del violín y uno de los mejores discípulos de Tartini, Antonio Lolli. Allí se sabe que ofreció varios conciertos calificados como de «honesta diversión que alegraron extremadamente a todo el pueblo: en cual prueba de su complacencia, y como culto e ilustrado, mantuvo el mejor orden y silencio. Sobre otras de las actuaciones se dice, además de lo que ha ejecutado otras noches. Tocará varias Diferencias del Fandango Español y algunos sones de la Gaita Gallega, remedando ésta con el violín.

Como último dato de importancia, recurrimos a Antonio Eximeno, jesuita teórico español que publicó en 1796 el trabajo Del origen y las reglas de la música, donde indentifica al maestro como el continuador de la famosa escuela de Corelli en los siguientes términos: «Tartini añadió la elegancia y la movilidad del arco. Esta escuela fundada por Corelli y perfeccionada por Tartini, fue con la que Costanzi, Bocherini, Bottesini, Pugnani, Nardini, Manfredi, Lolli, Ferrari, Freddi y muchos otros instrumentistas de arco, teniendo maduro su arte, encantaron a Europa».

Para saber más:

—Ginsburg L. (1981). Tartini. His Life and Times. New Jersey: Paganiniana Publications.

—Porta E. (2000). Il violino nella storia. Maestri, tecniche, scuole. Torino: EDT.

—Gil de Gálvez J. M. (2016). El violín en la España del siglo XVIII desde Giacomo Facco a Felipe Libón: Evolución histórica-artística y pedagógica. Málaga: Universidad de Málaga. Tesis Doctoral inédita.

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Acerca del autor

José Manuel Gil de Gálvez

José Manuel Gil de Gálvez

Violinista: Intérprete, profesor e investigador. Doctor (PhD) en Música con mención internacional. Profesor de la Universidad Alfonso X el Sabio
Líder de Concerto Málaga, orquesta de cuerda española. Presidente de Fundación Hispania Música.

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