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Vistas del pasado. Lágrimas que se salen del lienzo

Breve relato de la primera visita al Museo del Prado del director de la revista quien descubrió 'El Descendimiento' de Roger van der Weyden gracias a una historiadora del arte.

La primera vez que visité el Museo del Prado iba acompañado de Gala Yagüe Narváez —cofundadora de esta revista e ilustradora—, que entonces era estudiante de Historia del Arte. Nada más entrar, ella tenía muy claro cuál quería que fuera la primera obra en la que detenerse. Dejamos atrás obras de enorme interés como El Jardín de las Delicias (Jheronimus Bosch, el Bosco, c. 1500) o El Triunfo de la Muerte (Pieter Bruegel el Viejo, 1563), con la indicación de que más tarde volveríamos sobre nuestros pasos.

Muy poco después, siguiendo concienzudamente las instrucciones del mapa, llegó hasta una obra que conocía, pero que no me había resultado fundamental en la preparación de la visita: El descendimiento, del artista flamenco Roger van der Weyden (c. 1435). Se acercó a mirar algunos detalles y, tras pasar varios minutos de minuciosa observación, se sentó en un banco que había justo enfrente. Más que sentarse, se desplomó sobre él.

Creo que es lo más parecido que he visto a tener un síndrome de Stendhal, esa especie de éxtasis que las personas con sensibilidad para el arte pueden llegar a sentir, que incluso llega a provocarles consecuencias físicas como mareos o confusión.

Me senté al lado y traté de entender qué es lo que le había pasado. Me dijo que para comprenderlo sólo tenía que mirar. Y eso hice. Por supuesto, la mirada de una futura historiadora del arte (y que con el tiempo demostró su buena capacidad de análisis) era mucho más profunda que la mía, y tuve que pedirle más instrucciones, que me ofreció cuando pudo rehacerse. Me dijo, en primer lugar, que me fijara en los rostros, en la solemnidad de la escena y en María, que ni siquiera era capaz de tener una expresión de dolor porque estaba completamente desvanecida ante la pérdida de su hijo.

Luego me dijo que observara los colores, un logro de la pintura flamenca del siglo XV que fue muy imitada por artistas de toda Europa. Pero lo que más me sorprendió fue otra cosa que me dijo y que era bastante más difícil de ver. Me pidió que me fijara en las lágrimas que corrían por el rostro de María Salomé o de san Juan. Es bastante complicado apreciarlo a la distancia permitida para ver el cuadro, pero ciertamente se podían ver.

Posteriormente, quise ver la obra en mayor detalle, algo que conseguí gracias a la alta resolución en la que se puede localizar en internet. Y, ahora que este número de la revista tiene como objetivo hablar del Jesús descrito en los Evangelios, me parecía más que apropiado contar esta experiencia. Animo a los lectores de la revista a buscar la obra y ampliarla todo lo posible, ya que esas lágrimas parecen auténticas gotas de agua que, cargadas de dolor, se salen del lienzo.

El descendimiento, Roger van der Weyden (c. 1435).
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Acerca del autor

Álvaro López Franco

Álvaro López Franco

Periodista. Director de 'Descubrir la Historia'. Mi ámbito de especialización es la historia contemporánea y la historia de la comunicación social, periodos en los que centro mi actividad investigadora.

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