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Un viaje por David Roberts

Templo de Filé, David Roberts (1838) (Wikimedia).
David Roberts retrató bajo un halo de romanticismo los lugares que visitó a lo largo de su vida. Uno de estos lugares fue Egipto, imagen viva del orientalismo decimonónico procedente de Europa.

Vivir tu infancia rodeado de ruinas de castillos y grandes paisajes debe marcar, sin lugar a dudas, tu mirada. Una manera de ver el mundo que David Roberts dejó grabada mediante sus obras. Resultado de sus numerosos viajes por Europa, Egipto y Siro-Palestina.

Como breve síntesis biográfica para entender al personaje conviene recordar que ya desde su juventud educó el ojo bajo el prisma arquitectónico, pues fue discípulo del pintor de murales Gavin Beugo. Esto le permitió trabajar en el Teatro de Edimburgo como ayudante de diseñador de escena para después pasar al Teatro Real de Glasgow. Poco después se instalaría en Londres, y comenzó a trabajar como pintor de escenas en el Teatro de Drury Lane, donde entabló una gran amistad con el famoso pintor de escenas marítimas Clarkson Frederick Stanfield.

Si su llegada en Londres fue un gran salto profesional para David Roberts, el punto de inflexión en su vida se daría con su exposición en la Sociedad de Artistas Británicos allá por 1824. Esto último le abrió las puertas de la institución de la que acabó siendo presidente pocos años después, en concreto en 1831.

En la década de 1820 David Roberts sentía la necesidad imperiosa de viajar y plasmar en su obra aque­llo que veía. Dejar atrás los decorados para vivir dentro de ellos en plena naturaleza. Por este motivo, emprendió diversos viajes por Francia, Países Bajos y Alemania. Estos fueron sus primeros contactos con espacios alejados de Gran Bretaña: ¿quién podría pensar que poco después acabaría en las arenas del desierto?

España, en el siglo XIX, era vista por el resto de Europa como la antesala del orientalismo. Un territorio fascinante, lleno de contrastes, con una gran vitalidad en los entornos urbanos y rurales. Esta fascinación no pasó desapercibida a David Roberts, quien visitó el país entre los años 1832 y 1833, llevándose consigo un elevado número de trabajos que posteriormente desarrollaría en Londres. Aquella imagen de ensueño de corte paisajístico con ruinas envueltas por la naturaleza también aparece en la obra del pintor Jenaro Pérez Villalmil. Esta no es una casualidad, pues se conocieron en 1833. Roberts publicó el resultado de sus trabajos en Bocetos pintorescos de España (1837).

Dejando atrás España, Roberts realizó lo que puede considerarse el viaje de su vida entre los años 1838 y 1839. El pintor escocés recorrió Egipto y parte de Sirio-Palestina imbuido por un romanticismo pleno, pero a la vez con ciertos cortes de realismo. El autor, además de sus litografías, nos ha dejado información mediante sus diarios y cartas de viaje. El resultado del viaje apareció publicado entre los años 1842 y 1846 en Tierra Sagrada, Siria, Idumea, Arabia, Egipto y Nubia. Un total de 284 litografías, recogidas en 6 volúmenes, completaban la obra.

De su último gran viaje podemos destacar algunos aspectos muy interesantes. Si bien es cierto que David Roberts tenía una mirada romántica, no deja de ser cierto que realizó una gran labor de documentación de los espacios que se encontró en sus viajes. De este modo, podemos ver en sus litografías cómo en aquellos momentos la arena sepultaba prácticamente toda la esfinge de Giza, salvando una cabeza que tiempo atrás fue golpeada por los mamelucos, ya que estos la usaban como diana para sus disparos.

La propia esfinge es el escenario de otro de los trabajos de Roberts: La simún del desierto. Una tormenta de arena que tiempo después describió Gustave Flaubert en sus notas de viaje:

«La nube de polvo crece y se aproxima a nosotros… Es de color marrón rojizo y rojo pálido; ahora estamos completamente rodeados por una de ellas. Una caravana pasa a nuestro lado en sentido contrario: los hombres envueltos en Kufiyehs (turbantes) (las mujeres están fuertemente veladas) se inclinan hacia delante sobre el cuello de sus dromedarios; pasan muy cerca de nosotros, nadie pronuncia una palabra; es como un encuentro de fantasmas envueltos en nubes»

Notas de viaje, 18 de mayo de 1850

Roberts también dejó constancia de la reutilización de espacios a lo largo de la historia con Las ruinas de una iglesia cristiana en el gran patio del templo de Medinet Abu. Tenemos que recordar que muchos de los templos egipcios fueron convertidos al uso de los cristianos en los años de Roma y Bizancio. Además, nos deja constancia de escenas que no volveremos a ver desde la construcción de la presa de Asuán, como Las colosales estatuas en el llano de Tebas durante la inundación del Nilo. Tampoco podemos olvidar las representaciones que Roberts realizó del mundo cotidiano egipcio a través de las escenas del Cairo.

Para finalizar el periplo de David Roberts por Egipto, nos recreamos con la descripción que realizó el propio pintor de la isla de Filé, donde estuvo gran parte del noviembre de 1838. Una isla en cuyo interior se hallaba le templo dedicado a Isis, a Roberts se le pasó por su cabeza aquellos castillos de su juventud. Roberts nos hace una descripción:

«La perspectiva se extiende sobre un conjunto de templos, y la pequeña isla, rodeada por exuberante vegetación, está cubierta por piezas de mármol trabajadas en todas las bellas formas conocidas por el arte antiguo: por encima de las columnas caídas se mecen palmeras, mezcladas con el follaje y los capullos de las acacias. Alrededor de la isla fluye claro y brillante el río, y en su orilla se alzan el antiguo templo de Osiris, también llamado la cama del faraón: más allá del río, parcelas verdes disputan la superficie en las arenas del desierto, las palmeras, las rocas y las aldeas; a la distancia y cercando de negro este paraíso, se alza la escarpada cadena de Hemeceuta, o Montañas doradas».

David Roberts tuvo que regresar de su gran viaje antes de tiempo tras visitar Baalbek debido a su delicado estado de salud. Aunque simplemente quedó en un susto, fallecería tiempo después, allá por 1864 en Londres, aquella ciudad tan alejada de la luz del viejo Oriente.  

Para saber más:

—Giménez, A (2002). La España pintoresca de David Roberts. Málaga: Universidad de Málaga.

—Roberts, D (2005). Ancient Egypt. Lithograhps by David Roberts, R.A. El Cairo: Ark.

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Acerca del autor

Javier Fernández Negro

Javier Fernández Negro

Fundador y director de 'El Café de la Lluvia', medio de reflexión cultural. Historiador y comunicador.

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