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Suru, el elefante más valiente del ejército de Aníbal

Un elefante y un grifo. La imagen se basa en un fragmento de loza quizás de Memphis. Se considera que es del siglo III a. C. y ahora está en la colección del Allard Pierson Museum, Ámsterdam.
Según los autores antiguos, el general cartaginés Aníbal atravesó los Alpes con unas tres docenas de elefantes. Uno de ellos fue Suru, el elefante más famoso de la historia antigua romana.

Nos cuenta Catón que el elefante que luchó con más valor en el ejército púnico fue Suru. Este intrépido animal tenía una característica muy específica: tenía un colmillo roto, dato que conocemos por los autores antiguos. Probablemente el incisivo lo perdió durante de la balla de Trebia (218 a. C.) o quizás incluso antes, o simplemente carecía de él, algo que es poco extraño entre los elefantes asiáticos.

Se ha especulado mucho y durante bastante tiempo sobre este fabuloso animal. Sabemos por Polibio que Suru fue el único elefante superviviente de los 37 que llevó Aníbal en su campaña contra Roma, al cruce de los Alpes, a la batalla contra Tiberio y al duro invierno. Fue la montura del general cuando perdió el ojo mientras atravesaba las marismas del norte de Italia. Convencido por sus generales, se subió a lo alto de su espalda, puesto que, de esta forma, el general, tuerto, podía ver mejor el campo de batalla. Así es como probablemente se convirtió en su animal favorito. Fue este acto el que produjo que Suru se convirtiese en uno de los elefantes más famosos de la historia. Sobre el lomo del paquidermo se montó una plataforma o probablemente una torre desde la que Aníbal podía observar las batallas.

Pompeya, terracota, elefante de guerra. Nápoles, Museo Archeologico Nazionale (Wikimedia Commons).
Pompeya, terracota, elefante de guerra. Nápoles, Museo Archeologico Nazionale (Wikimedia Commons).

Son muy pocas las noticias que tenemos acerca del animal, quizás una de ellas sea un informe que dice que, cuando Aníbal entró a Capua, usó un elefante para pisar las cabezas de los simpatizantes romanos. De ser cierto, el elefante probablemente fuese nuestro protagonista.

El elefante Suru nos propone muchos más interrogantes que respuestas. Su presencia en la península italiana ha creado mucha especulación y no poca expectación entre los estudiosos. ¿Qué hacía de este elefante un ejemplar tan especial? ¿Por qué fue el único superviviente? ¿Por qué motivo destacó tanto entre sus iguales?

Es necesario conocer los animales y su contexto histórico para poder responder a estas cuestiones.

Es un recurso facilón llamar a estos animales los «los tanques» de la antigüedad, cuando en realidad se trata, una vez más, de un bulo histórico. Verdaderamente, los elefantes de las guerras cartaginesas no se caracterizaron por su fuerza de ataque (como sí lo han sido los tanques), sino por el pánico que causaban entre sus oponentes.

O. Kourakis (Hellenic Republic, Ministry of Culture and Sports).
O. Kourakis (Hellenic Republic, Ministry of Culture and Sports).

La especie de paquidermos utilizados por el general cartaginés Aníbal sigue siendo objeto de debate. Puesto que las fuentes escritas no han dejado apenas datos, muchas de las hipótesis se han basado en la iconografía monetaria, donde fueron representados ejemplos de estos animales. ¿Eran elefantes asiáticos o elefantes africanos? Tradicionalmente se ha pensado que la segunda hipótesis es cierta, pero: ¿será la acertada para el caso de Suru?

La de África era una especie de elefantes pequeños que habitaban las montañas del Atlas en el norte de África. Hoy está extinta, Roma se encargó de ello. Es posible que los elefantes de este lugar fueran utilizados por el ejército púnico dada su proximidad geográfica, y algunos historiadores piensan que éste pudo haber sido el elefante de Aníbal, pero no está todo tan claro para otros investigadores.

Algunos de ellos defienden que se trataría de un ejemplar de la India. Apoyan su postura alegando su gran tamaño, probablemente de más de 2,5 metros, y por ser el único que sobrevivió a los fríos de los Alpes y del invierno en Italia. Quizás, dicen, un elefante africano no lo hubiese podido conseguir, pero uno indio, más adaptado a los rigores climáticos, sí.

Terracota. Siglo III-II a. C. Goldworthy, A. (200). Les guerres romainaes, París, p. 70.
Terracota. Siglo III-II a. C. Goldworthy, A. (200). Les guerres romainaes, París, p. 70.

Otro aspecto que añaden a su hipótesis es el del nombre: Suru. Por la etimología no era un término cartaginés, sino probablemente un apodo que las tropas romanas le habrían puesto. Desconocemos cómo lo llamaría Aníbal. Los investigadores creen que Suru podría significar «el Sirio». Esta teoría se basa en una referencia en el Pséudolo de Plauto, pero no todos los estudiosos creen que sea un dato acertado. Plauto nos dice: «Pelirrojo, barrigudo, gordas las pantorrillas, la piel un poco oscura, la cabeza gorda, ojos penetrantes, coloradete, unos pies enormes» para referirse al esclavo protagonista que da título a la obra, la nacionalidad del siervo era siria. Desde luego, las similitudes entre Pséudolo y un paquidermo son demasiado obvias. La cronología de esta obra lo hace mucho más plausible, puesto que probablemente los veteranos de las guerras cartaginesas supervivientes en aquellas fechas sabrían a qué se refería el autor.

Otros autores, a través de un texto de Quinto Enio, creen que el nombre no tendría nada que ver con ese significado, sino que se trataría de un apodo derivado de suri, es decir, estaca. Si así fuese podría hacer referencia a ese único colmillo del animal, que los romanos podían imaginar, junto con la enormidad del bicho, como la estaca de una empalizada. Un elefante que era un muro, un muro de empalizada.

Elefante de guerra en un plato etrusco, probablemente del siglo III a. C. (Museo nazionale etrusco di Villa Giulia) (Fotografía de María Engracia Muñoz Santos).
Elefante de guerra en un plato etrusco, probablemente del siglo III a. C. (Museo nazionale etrusco di Villa Giulia) (Fotografía de María Engracia Muñoz Santos).

Uno más de los problemas que se plantean los eruditos al respecto es el de la procedencia del paquidermo. Esta cuestión deriva de las imágenes que de estos animales tenemos, especialmente en monedas, aunque tenemos una representación en un plato expuesto en el museo de la Villa Julia (Roma) y una pátera en el Louvre. Si bien las características generales (orejas, especialmente) nos dicen que se trata de un animal africano, el hecho de llevar sobre sus espaldas una torre con varias personas, ha permitido pensar a los investigadores que se tratase de animales de mayor tamaño que los africanos, y, por lo tanto, que únicamente pudiesen proceder de la India.

Si tuviésemos en cuenta la idea de un origen asiático y, por tanto, de la India, podemos afirmar que se trata de un macho, puesto que las hembras de esta especie suelen carecer de colmillos. Sería, probablemente, un ejemplar de los descendientes de los capturados por los reyes Ptolomeos de Egipto, proveniente de sus campañas contra Antíoco en Rafia (217 a. C.).

Elefante de guerra datado en los siglos III-V d. C. (Allard Pierson Museum, Ámsterdam).
Elefante de guerra datado en los siglos III-V d. C. (Allard Pierson Museum, Ámsterdam).

Quizás Aníbal, conociendo la experiencia con estos animales en la batalla que enfrentó a egipcios y seléucidas, quisiera endurecer el cuerpo de su ejército con algunos elefantes indios. Estos llegarían al ejército del general cartaginés, probablemente, como intercambio de regalos entre los reyes grecoegipcios y los cartagineses (ojo, es una especulación de algunos autores).

Los dos reinos se intercambiarían elefantes (por parte de Egipto) a cambio de plata y caballos (cartagineses). Estos animales habrían llegado en su momento a Egipto a través del comercio con la India y habrían sido criados y amaestrados en el país del Nilo para la guerra.

Elefante de guerra iraní datado en el siglo III-II a. C. (Museo Hermitage, San Petersburgo).
Elefante de guerra iraní datado en el siglo III-II a. C. (Museo Hermitage, San Petersburgo).

Como vemos, se trata en todo caso de especulaciones e hipótesis, difícilmente demostrables. Uno de esos enigmas de la historia antigua que probablemente nunca podamos poner al descubierto, aunque tenemos la certeza de que Suru fue un valiente elefante que, gracias al cariño de Aníbal, ha pasado a la Historia.

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Acerca del autor

María Engracia Muñoz Santos

María Engracia Muñoz Santos

Arqueóloga e Historiadora. Divulgadora y doctoranda de la Universidad de Valencia.

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