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Editorial. Areopagítica

John Milton fue un destacado político que defendió el republicanismo y criticó la Iglesia anglicana. Nos centramos en su defensa de la libertad de imprenta.

En algunas facultades de Periodismo, la figura de John Milton suele aparecer como un personaje relevante en el proceso de consolidación conceptual de la libertad de imprenta, un paso fundamental para establecer las bases de la libertad de prensa y expresión.

Milton fue un firme defensor de la República durante los años de la Mancomunidad de Inglaterra. A pesar del fallecimiento de Oliver Cromwell (y su curiosa, pero no demasiado extraña, póstuma ejecución), Milton continuó desarrollando su faceta política con críticas hacia Iglesia y Estado y, a pesar de ser encarcelado, fue liberado por el Parlamento gracias a sus influyentes amistades.

John Milton es conocido por su labor política en los años de la Mancomunidad de Inglaterra, por sus tratados políticos —centrados sobre todo en la defensa del republicanismo y en la crítica a la Iglesia anglicana— y por su obra literaria, especialmente la poética. Durante los últimos años de su vida, la ceguera no le impidió continuar con su trabajo como escritor. Se dice que memorizaba durante la noche y luego dictaba a sus asistentes durante el día.

La obra que nos lleva a hablar de él en este editorial se titula Areopagitica. A Speech of Mr. John Milton for the liberty of unlicensed printing to the Parliament of England. Es un tratado en prosa que resultó bastante polémico en su tiempo, que además fue un periodo muy convulso. Se publicó el 23 de noviembre de 1644, hace ahora 375 años, en el inicio de la guerra civil inglesa (comenzó en 1642).

Es un escrito osado que rechaza de un modo contundente la Orden de Licencias de 1643, en la que se obligaba a que cualquier obra contara con una licencia antes de ponerse en circulación. Se apoya en fuentes bíblicas y clásicas para hacer su argumentación, que estructura según las normas canónicas de la oratoria.

El título hace referencia al Areópago, un monte ateniense que era sede de un Consejo que llevaba ese mismo nombre, y que no tenía tanta capacidad política como judicial. Podían interpretar las leyes e, incluso, juzgar a los ciudadanos, especialmente a los que habían cometido delitos graves. El Areópago vivió algunos momentos de esplendor y otros de menor capacidad de influencia, algo que trató de enmendar Isócrates en el siglo V a. C. Así, Milton pretendía hacer partícipes a los parlamentarios de su capacidad de decisión sobre asuntos tan importantes para el desarrollo democrático como éste y persuadirles de que tomaran partido.

Queremos recordar a Milton y su Areopagítica por su valentía y por considerar, hace casi cuatro siglos, que la libertad era un aspecto fundamental para el desarrollo de la democracia, y que era difícil que ésta prosperara sin la existencia de la libertad de imprenta y, por tanto, de prensa y de expresión.  

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