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Palacio de Linlithgow, cuna de María I de Escocia

Sección 'Vistas del pasado' del número 22 de la revista. En esta ocasión, nos desplazamos hasta tierras escocesas, al Palacio de Linlithgow.

Uno de los destinos obligados para cualquier europeo es Edimburgo. Sin embargo, a pesar de los enormes atractivos que ofrece la capital de Escocia (con sus distritos Patrimonio de la Humanidad o el castillo, entre otros muchos), hay rincones escoceses que merecen la atención de los turistas. En este espacio nos detenemos en uno que, en realidad, está muy cerquita de Edimburgo, y que es una excursión ideal para dedicar un día del viaje. Se trata del Palacio de Linlithgow, alejado poco más de 20 kilómetros de Edimburgo.

El pueblo de Linlithgow tiene menos de 15.000 habitantes y el encanto de las villas medievales escocesas. La vida de este lugar giró en torno a dos elementos fundamentales. Por un lado, el lago interior (Linlithgow Loch), que es el mayor de agua dulce de la región de Lothian. Por otro, el palacio de Linlithgow.

Antes de la construcción de este palacio, en el lugar había una residencia real de los tiempos de David I, que es considerado el fundador de la urbe. En todo caso, la importancia creció a partir de que Jacobo I de Escocia comenzara la construcción de este gran palacio en el siglo XV.
El proyecto de este palacio es puramente Estuardo, en tanto que fue iniciado por Jacobo I, pero ampliado por Jacobo IV, Jacobo V y Jacobo VI. Justamente, Jacobo V mandó construir uno de los elementos principales del palacio: la fuente ornamental del patio central.

Y, lo que nos parece más importante de todo, es que, en este palacio, hoy en ruinas, nació en 1542 uno de los personajes más famosos de la historia escocesa: María I de Escocia, mejor conocida como Mary, Queen of Scots.
Aunque el palacio se puede visitar y no es difícil imaginar su majestuosidad al recorrer salones y apartamentos, no es posible pisar el lugar donde nació Mary, pues se derrumbó en 1607 y, aunque fue reconstruido posteriormente, el gran incendio que asoló el palacio en 1746 destruyó parte de las estructuras de esa zona.

Sin embargo, a pesar de las llamas, el palacio se mantiene en pie, impasible ante el paso de los años, permitiendo que todavía hoy los visitantes puedan subir hasta la zona más alta y disfruten de la inmejorable vista de Linlithgow y de su lago. Un lugar en el que, María I de Escocia pudo disfrutar de algunos momentos en su infancia, y que, a lo mejor, recordó nostálgica durante los peores años de su tormentosa vida. Aunque esto quizá sea mucho imaginar.

El patio interior del palacio de Linlithgow, con la fuente ornamental que se construyó durante el reinado de Jacobo V en el siglo XVI. Fotografía de Álvaro López Franco.
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Acerca del autor

Álvaro López Franco

Álvaro López Franco

Periodista. Director de 'Descubrir la Historia'. Mi ámbito de especialización es la historia contemporánea y la historia de la comunicación social, periodos en los que centro mi actividad investigadora.

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