De la Granada islámica a la Granada renacentista

El reino nazarí de Granada fue el último territorio hispano-musulmán de la península ibérica. El 2 de enero de 1492, Muhammad XII (XI, según algunos historiadores), conocido como Boabdil y llamado «el chico» por los cristianos, hacía entrega de las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos.

En un principio, las Capitulaciones de Granada, suscritas por los representantes de Boabdil y los Reyes Católicos el 25 de noviembre de 1491, eran bastante tolerantes hacia las costumbres y prácticas religiosas de la población granadina. Se seguía así la orientación defendida por fray Hernando de Talavera, confesor y consejero de la reina Isabel y luego primer arzobispo de Granada (aspecto que quedó muy bien reflejado en la serie televisiva Isabel, emitida por RTVE).

La influencia de Cisneros, el nuevo confesor de la reina y arzobispo de Toledo desde 1495, iba a acabar modificando la situación, que se encaminaría progresivamente hacia una mayor intolerancia frente a las costumbres y prácticas islámicas, lo que acabaría provocando una revuelta de los musulmanes de Granada en 1499, revuelta que sería duramente reprimida —llegando a intervenir personalmente el rey católico en su aplastamiento en las Alpujarras— y que pondría fin a la tolerancia religiosa hacia los musulmanes, obligados a tener que aceptar entre el bautismo (conversión) o el exilio, según la Pragmática de conversión forzosa aprobada el 14 de febrero de 1502.

Pero la toma de Granada por los Reyes Católicos tuvo manifestaciones de intolerancia religiosa desde los primeros momentos, aunque inicialmente sólo contra la comunidad judía, cuya expulsión fue ordenada el 31 de marzo de 1492 mediante dos decretos —uno para Castilla y otro para Aragón— redactados por el Inquisidor general Tomás de Torquemada por encargo real, y firmados por los Reyes Católicos en el recinto mismo de la Alhambra. El resultado fue el vaciamiento de la judería granadina, situada en lo que hoy se conoce como barrio del Realejo.

No es de extrañar que el insigne poeta granadino, Federico García Lorca, en la última entrevista que se le conoció para el diario madrileño El Sol y ante la pregunta formulada por Luis Bregaría: « ¿tú crees que fue un momento acertado devolver las llaves de tu tierra granadina?», el poeta respondiera: «Fue un momento malísimo aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una tierra del chavico, donde se agita actualmente la peor burguesía de España».

El legado cultural y artístico hispano-musulmán

El legado musulmán existente en nuestro país quizás sea el más importante en un país en el que no se profesa la religión musulmana de forma mayoritaria. Y si se puede hablar de un referente conocido mundialmente y visitado cada año por millones de personas ese es la Alhambra de Granada, donde confluyen todas las corrientes estilísticas del arte islámico que se desarrollaron en al-Ándalus, durante el emirato y el califato cordobés, en las primeras taifas, durante la llegada desde el norte de África de los almorávides y los almohades, en las terceras taifas, e incluso con el arte mudéjar que se desarrollaba en los territorios ocupados por los cristianos, pero con una importante presencia musulmana. Toda esa riqueza estilística del arte musulmán se va a poder contemplar, para goce de la vista y del alma, en la Alhambra y el Generalife, en los que vamos a centrar la exposición sobre el arte islámico. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar otros lugares emblemáticos del arte hispano-musulmán presentes en la ciudad de Granada, como el Corral del Carbón, alhóndiga fundada por Muhammad V; el Bañuelo, un baño árabe o hammam perfectamente conservado en la carrera del río Darro; el Palacio Dar al-Horra, residencia de Aixa, la madre de Boabdil, o la Puerta de Elvira, construida en el siglo XI como puerta de acceso a la Medina Garnata (la primitiva ciudad de Granada en época de los bereberes zirís) y los innumerables restos y testimonios presentes en los barrios del Albaicín y del Sacromonte (hasta su cante jondo, como fusión del canto musulmán y del gitano).

Orígenes del reino nazarí

El origen del reino nazarí de Granada se remonta al siglo XIII. El término nazarí o nazarita procede de la dinastía fundadora de los Banu Nasr (hijos de Nasar, de donde deriva el término nazarí). El primer emir fue Muhammad I (1238-1273), también conocido con por el sobrenombre de Alhamar («el rojo», por el color de su barba). Tras la derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) surgirán las terceras taifas. Una de ellas, la de Murcia dominará casi todo al-Ándalus (salvo Valencia y Niebla, en la actual provincia de Huelva). Pero tras la toma de Córdoba por Fernando III (1234), el emir murciano acabará rindiendo vasallaje al rey castellano. Pero los elevados impuestos (parias) que se verían obligados a pagar, provocará el descontento de la población y finalmente, el asesinato del emir murciano. En la crisis de dominación que estalla, Muhammad, de los Banu Nasr, se proclamará rey de Granada, dando comienzo al reinado de la dinastía nazarí en 1238.

Casi inmediatamente comenzaría la construcción de la fortaleza militar o alcazaba, en lo alto del monte La Sabika, en el actual emplazamiento dentro de la Alhambra, que en árabe significa «castillo rojo». No sabemos con certeza si por el color rojizo de la construcción o en honor del primer rey nazarita, Alhamar («el rojo»).

Granada bajo los Reyes Católicos y el Emperador Carlos V

Los Reyes Católicos y luego el Emperador Carlos V dieron una excepcional importancia a la incorporación de este territorio a Castilla, que en 1500 era la ciudad más poblada de la península.

De hecho, unos y otro quisieron que Granda fuera el lugar donde sus restos reposaran para «la eternidad», levantando importantes construcciones como fueron la Capilla Real y después la Catedral de Granada. También la dotaron de instituciones relevantes como la Chancillería o sede judicial del sur de Castilla, que fue trasladada desde Ciudad Real a Granada. Favorecieron la instalación de múltiples órdenes religiosas, dando lugar a una intensa actividad arquitectónica en la ciudad conquistada. El Emperador se hizo construir un palacio en el propio recinto de la Alhambra y fundó una Universidad, con la bula del Papa en 1531.

Podemos entender así la proliferación de construcciones arquitectónicas que se produjo durante todo el siglo XVI, extendiéndose al XVII, bajo el impulso de la Monarquía, la Iglesia Católica, la nobleza y las órdenes religiosas.

No vamos a hablar de todas ellas en este artículo. Sería una tarea inabarcable. Incluso de las que sí hablamos, no vamos a hacer una descripción pormenorizada de las mismas, para ello se cuenta con espléndidas guías oficiales y manuales de Historia del Arte, a los que, por supuesto, nos referiremos. Vamos a tratar de dar una visión más de conjunto, más global. Vamos a tratar de analizar el contexto histórico en el que surgen y nos vamos a centrar en la transición estilística que viene marcada desde el legado nazarí, hasta el Renacimiento, pasando por el último gótico (flamígero, isabelino, Reyes Católicos, o incluso cisneriano, según diferentes denominaciones historiográficas). Nos quedaremos a las puertas de la explosión barroca de la que también hay espléndidas muestras en la ciudad.

Antes de entrar a analizar las más importantes construcciones granadinas, quería dar las gracias a Fernando Hernández, historiador del Arte que fue nuestro guía en la visita a la Alhambra y el Generalife, y del que aprendí muchas cosas, no sólo sobre la Alhambra y el Generalife, sino también sobre otros importantes monumentos de la ciudad. Este artículo es, sin duda, deudor de tan magnífico guía granadino.

La Alhambra, un gran legado andalusí

Aunque el nombre de Alhambra, tal y como hemos visto más arriba, hace alusión a la fortaleza o «castillo rojo», se trataba en realidad de una ciudad palatina o cortesana en la que habitaban varios miles de personas entre miembros de la corte, funcionarios, servidumbre, trabajadores y artesanos que contribuían al mantenimiento del complejo. Para hacernos una idea aproximada, sería algo así como El Escorial o la Granja de San Ildefonso en sus orígenes.

Siguiendo el plano general, en la parte oeste del complejo, la zona más próxima al actual centro de la ciudad, se sitúa la fortaleza militar o alcazaba. Con la torre de la Vela («vela» en el sentido de que «vigila») en primer término, desde la que se divisa toda la ciudad. La alcazaba era también vivienda para los militares y soldados que protegían la ciudad. Y también cárcel y mazmorra para los presos.

A continuación de la alcazaba, en la parte norte del complejo, se encuentra la zona palatina. Hoy se conservan en buen estado dos palacios nazaríes, el de Comares y el de los Leones, además de un palacio anterior en el tiempo, el Partal, del que tan sólo se conserva el ala norte y la alberca.

En la antesala de la zona palatina nos encontramos unos primeros patios, el más conocido el de Machuca, por ser la zona de alojamiento del arquitecto del Palacio de Carlos V que se construyó al lado. A continuación se accede al Mexuar, zona donde se reunía la Sura o «Consejo de Ministros», intervenido tras la toma por los Reyes Católicos y convertido en capilla. A esta zona se podían dirigir los ciudadanos granadinos para realizar sus trámites administrativos y también para solicitar justicia al emir (o sultán).

Pese a las intervenciones posteriores, ya en esta sala nos encontramos con una intensa decoración a base de yeserías en las paredes y azulejo en los zócalos. El empleo en la tradición islámica de materiales de construcción pobres, como el ladrillo, la mampostería o el tapial, hacía necesaria una gran decoración superpuesta, frecuentemente policromada para conseguir mayor vistosidad. Se solían emplear cuatro colores básicos: el azul cobalto (alegoría del cielo), el verde (de la naturaleza), el rojo (de la fuerza) y el ocre (de la tierra, que también permitía dar sensación de dorado en algunas zonas). Cuando nos referimos a las yeserías, aunque el yeso fuera el material principal, era necesario realizar una mezcla con polvo de mármol y cal para darle mayor resistencia y durabilidad a lo largo de los siglos.

Para los zócalos (azulejos) y las cubiertas (artesonados de madera) se utilizaba la técnica del atauricado (ataurique), basado en formas vegetales, a veces con una clara tendencia a la abstracción que conformaban estructuras geométricas perfectamente diseñadas y perfectamente encajadas entre sí, a veces, como en el caso de la madera, sin necesidad de utilizar ninguna argamasa de sujeción.

La decoración respondía a tres sistemas básicos de representación (seguimos a Mª Teresa González Vicario, 2009 y 2010): el ataurique que acabamos de describir; la lacería o entrecruzamiento de lazos hasta el infinito, también geométridos y sin solución de continuidad —clara referencia a lo eterno y divino—; y finalmente la decoración epigráfica, en la que no sólo se representaban versículos del Corán, como frecuentemente se ha dicho, sino también textos propagandísticos de las hazañas y gestas de los monarcas nazaríes, como ha demostrado José Miguel Puerta Vílchez, Doctor en Filología Árabe y profesor de Historia del Arte de la Universidad de Granada en Leer la Alhambra (2015), en un trabajo en el que se recogen fotografiados y traducidos multitud de poemas epigráficos del conjunto de la Alhambra y el Generalife.

Decoración en la Maxura (madera y yeserías): ataurique, lacerías, epigrafías y mocárabes (con restos de policromía).

Para las cubiertas interiores, así como en el interior de los arcos (o intradós), o en capitales de columnas, se va a desarrollar un tipo de decoración a base de pequeños prismas, cóncavos desde la percepción del observador, que podrían recordar a las estalactitas de una cueva o a las celdas de un panal de abejas, que se conocen como mocárabes. También trabajados con yesería policromada en sus orígenes.

Mocárabes junto a una cubierta.

Toda esta intensa decoración la vamos a ir viendo a lo largo de todos los recintos palatinos nazaríes.

Los palacios nazaríes

Podemos hablar de dos grandes palacios, continuidad uno del otro y que se estructuran en planta en torno a sendos patios. Uno en un eje norte-sur, el de Comares, y otro en un eje este-oeste perpendicular al anterior, el de los Leones.

La construcción del palacio de Comares se proyectó bajo el emirato de Yusuf I (1333-1354), posiblemente como reafirmación de poder tras haber participado —y haber sido derrotado— al lado de los benimerines en la Batalla del Salado (1340), frente al rey castellano Alfonso XI y el portugués Alfonso IV. Sin embargo, su muerte por asesinato en 1435 hizo que fuera su hijo Muhammad V quien realizara la mayor parte de la construcción palatina.

Todos tenemos en la retina la imagen del patio de la Alberca o de los Arrayanes (por el seto que rodea a la alberca) que consigue el efecto óptico —a través de la quietud del agua de la alberca— de duplicar el tamaño del palacio en altura al verse reflejado en el agua mansa, pues la suave entrada de agua desde las fuentes situadas al norte y sur de la alberca no genera movimiento de ondas visibles. Parece que para impresionar a los embajadores que acudían a la corte se les hacía rodear la alberca antes de acceder al salón del trono situado en la torre de Comares (zona norte).

Patio de la Alberca o de los Arrayanes con la torre de Comares al fondo.

Este patio está enmarcado por dos impresionantes pórticos en los lados norte y sur, formados por siete arcadas de medio punto peraltadas (de mayor dimensión la central) que se encuentran sustentadas por finas columnas nazaríes, con capiteles cilíndricos y un cimacio (cuerpo poligonal superior) adornado con mocárabes. Sobre los arcos, típica decoración geométrica de paños de yeso calados o sebka, de origen almorávide, aunque popularizada por los almohades (Giralda de Sevilla)

En la gran sala de Comares, sala del trono, sumamente decorada con inscripciones epigráficas, llama la atención la cubierta (bóveda esquifada) en la que se representa el paraíso o séptimo cielo en la zona central y los otros seis cielos del Islam en niveles concéntricos descendentes alrededor del paraíso. También se representan los cuatro ríos del paraíso de los que se habla en el Corán: un de agua, otro de vino, otro de leche y un cuarto de miel, lo que se va a volver a ver en otras partes del complejo de la Alhambra.

Bóveda esquifada de la sala del trono de Comares.

Entre el patio de los Arrayanes y la gran sala de Comares, se sitúa la conocida como sala de la Barca, quizás por la forma de la cubierta de madera que pareciera el casco de una barca, o posiblemente por una castellanización del concepto baraka (bendición) que aparece recogido en varias ocasiones en las inscripciones epigráficas de dicha sala. Sin solución de continuidad desde Comares accedemos a la parte este del patio de los Leones, conocida como sala de los Mocárabes que, a causa de una explosión de un polvorín y de un terremoto posterior, sufrió daños irreparables. En el centro del patio una fuente que le da nombre, posiblemente un regalo de un noble judío al monarca nazarí, dicha fuente se comunica mediante cuatro finas acequias con otras cuatro fuentes situadas bajo dos templetes que se adentran en el patio (este y oeste) y con dos salas laterales (norte y sur), la de los Abencerrajes y la de las Dos Hermanas.

Volvemos a ver la representación alegórica de los cuatro ríos del paraíso musulmán. En este patio nos encontramos con arcos de medio punto peraltados que se alternan con otros mitrados (triangulares), profusamente decorados (angrelados) en su interior (intradós) y soportados por finas columnas nazaríes, pareadas en algunos puntos. Sobre los arcos, la típica decoración de paños de sebka ya comentada en Comares.

Patio de los Leones. Detalle decorativo: sebka, arcos angrelados y capiteles nazaríes.

Desde el patio de los Leones se accede a dos salas profusamente decoradas con cúpulas de mocárabes: en el lado sur, la de los Abencerrajes (por ser la sala donde supuestamente, aunque carente de rigor histórico, fueron muertos los miembros de una familia cortesana procedente del norte de África), y en el lado norte la de las Dos Hermanas, salón del trono, desde el que se accede al mirador de la Lindaraxa, desde donde en tiempos del emirato se podía contemplar el Albaicín y el Sacromonte, hasta que las estancias construidas para el Emperador Carlos V —estancias que nunca llegó a ocupar—, cerraron la visibilidad, que se trasladó a las propias estancias del Emperador.

Sala de los Abencerrajes. Cúpula de mocárabes.

Finalmente, por el lado oeste se accede al salón de los Reyes, zona de esparcimiento y celebración, donde en las bóvedas de tres pequeñas estancias se aprecian sendas pinturas figurativas realizadas sobre el cuero que envuelve las cubiertas de madera. En la central, posiblemente con la imagen de varios reyes de la dinastía nazarí, uno de ellos con barba pelirroja, probablemente Alhamar («el rojo»), apelativo del primer emir Muhammad I. Choca encontrar estas pinturas figurativas, algo no habitual en el arte islámico. La representación figurativa estaba prohibida expresamente en los espacios religiosos, sin embargo, en los espacios recreativos, como en el caso de algunos palacios del desierto jordano, con pinturas incluso con desnudos femeninos, la representación figurativa estaba aceptada. Además, los nazaríes se vinculaban con las corrientes menos rigoristas del Islam, alejados de los planteamientos estrictos de los almorávides y almohades que habían dominado durante dos períodos precedentes al-Ándalus.

Pintura figurativa, quizás reyes nazaríes, en la sala de los Reyes.

Pero, además, en este caso fue un regalo del rey cristiano Pedro I de Castilla (1350-1369), llamado «el cruel» por sus detractores, y «el justiciero» por sus partidarios, rey que, para tratar de imponer la autoridad de la monarquía, se enfrentó a la vieja nobleza castellana, que apoyaba a su hermano bastardo Enrique de Trastámara, pero que tuvo entre sus aliados a buena parte de las ciudades, a la comunidad hebrea y al rey de Granada Muhammad V, al que dio cobijo en los Reales Alcáceres de Sevilla en un momento de disputas internas en Granada y de cuyo Palacio mudéjar (en particular del patio de las Doncellas) parece que se inspiró para realizar el Palacio de los Leones en la Alhambra.

Patio de las Doncellas. Palacio de Don Pedro. Reales Alcáceres de Sevilla.

El último palacio nazarí del complejo de la Alhambra es el del Partal, del que sólo se conserva parcialmente el ala norte y la gran alberca en la que se refleja, como en el de Comares, el pórtico con sus cinco arcos de medio punto peraltados soportados por finas columnas que en este caso no son originales, sino producto de una restauración realizada en el siglo XX.

Del resto del espacio de la Alhambra queda en pie poca arquitectura original. Una parte, como la mezquita real y ciertos espacios palatinos y de vivienda, fueron derruidos para levantar el Palacio del Emperador de Carlos V, del que hablaremos más adelante y la Iglesia de Santa María, diseñada por Juan de Herrera (arquitecto del Escorial) que ocupa buena parte del espacio de la antigua mezquita Real.

El espacio central de viviendas y comercial de la medina fue derruido durante la ocupación napoleónica, en la que la Alhambra fue un fortín militar. Los espacios palatinos se libraron casi de puro milagro de la destrucción programada por las tropas francesas.

Tras salir del recinto de la Alhambra nos encaminamos al palacio y jardines del Generalife, residencia de descanso del emir, ligeramente retirada de la ciudad palatina, aunque cercana. Generalife viene a significar jardín (en la doble acepción musulmana de jardín vegetal y paraíso) del arquitecto (también con un doble significado del diseñador y del «creador», es decir, de Alá). Se trata de un espacio de agua y vegetación. Algo muy propio de la cultura y arte islámico, que busca la armonía con la naturaleza. Estos jardines fueron intervenidos por diferentes propietarios durante el siglo XIX, en época del Romanticismo. Así, frente al brotar tranquilo y calmo del jardín musulmán y la quietud de sus aguas, se levantaron profusamente largos chorros de agua que, aunque en un espacio de reminiscencias musulmanas (acequias, suelos de ladrillo y fuentes de mármol, etc.), le confieren una impronta de jardín romántico, al igual que los setos tallados dibujando figuras en altura. Aquí, como en otros muchos aspectos de lo que hemos redactado, somos deudores de Fernando Hernández, historiador del Arte y nuestro magnífico guía en la visita a la Alhambra y el Generalife.

El agua era traída de las cumbres de Sierra Nevada que rodean todo el espacio monumental mediante un sistema de acueductos que abastecía los jardines del Generalife y toda la ciudad palatina de la Alhambra. No es de extrañar que los Reyes Católicos se quedaran impresionados por la belleza de todo el conjunto monumental.

Dificultades para encontrar un emplazamiento para la nueva catedral

Aunque las Capitulaciones de Granada contemplaban la tolerancia hacia las costumbres y creencias religiosas de la población granadina, el recinto de la Alhambra, al ser considerado como fortaleza militar y sede palatina, quedó excluido de dichas Capitulaciones.

Boabdil y su corte partieron hacia exilio al norte de África, a la ciudad de Fez (en el actual Marruecos). Y una vez ocupada la Alhambra, la mezquita Real pasó a ser inmediatamente consagrada como nueva catedral católica de Granada (seguimos la Guía de la Catedral de Granada, 2016). Pero como sus dimensiones eran muy reducidas para acoger de forma permanente al nuevo cabildo catedralicio, los Reyes Católicos le dieron en 1495 unos nuevos terrenos en la judería —actual barrio del Realejo, que se había visto prácticamente vaciado tras los edictos de expulsión—, para que allí se levantara la nueva sede catedralicia de Granada. Cuando se puso fin a la tolerancia hacia los musulmanes, a partir de 1501, todas las mezquitas fueron transformadas en parroquias católicas. La mezquita mayor o aljama (de los viernes) pasó a ser la Iglesia de Santa María de la O, y el papa Borgia Alejandro VI validó que dicha Iglesia pasara a ser la nueva sede de la catedral de Granada, lo que se hizo efectivo a partir de 1507.

La Iglesia de Santa María de la O. ya desaparecida, ocupaba el espacio de la capilla del Sagrario de la catedral actual. En esta breve descripción sobre el cambio de sedes catedralicias se puede apreciar cuál era el contexto sobre tolerancia/intolerancia religiosa imperante en aquellos momentos. Primero se instaló en el espacio de la mezquita Real de la Alhambra, luego se trasladó al barrio judío vaciado, después a la mezquita aljama (de los viernes), hasta que finalmente se levantó en el emplazamiento actual, en el que una parte del templo ocupa el espacio del patio de las abluciones o patio previo a la entrada en la mezquita, y el Sagrario de la catedral, lo que era la parte interior del templo musulmán.

En paralelo a estos hechos, desde 1505 ya se estaban realizando los trabajos preliminares para la construcción de una nueva Catedral en el emplazamiento actual, proyecto que se encargó a Enrique Egas, que ya estaba trabajando en las obras de la Capilla Real, destinada a ser sepulcro de los Reyes Católicos.

Las primeras construcciones góticas

Tras la muerte de Isabel la Católica y para cumplir su deseo de ser enterrada en Granada, comenzó la construcción de la Capilla Real, a cargo de Enrique Egas, que había ganado renombre por su participación en la construcción de la Catedral de Toledo y de los hospitales de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela y de la Santa Cruz en Toledo. El lenguaje constructivo será el gótico final (flamígero, isabelino o Reyes Católicos, según diferentes acepciones utilizadas por la historiografía del Arte). De forma simultánea y compartiendo el mismo presupuesto y equipo de arquitectos del entorno de Egas se comenzó a levantar el Hospital Real, extramuros de la ciudad, sobre un cementerio musulmán, como manifestación clara de la intolerancia religiosa que se estaba desarrollando hacia los que iba a ser llamados moriscos, pese a su conversión obligatoria.

Este hospital es hoy la sede del Rectorado de la Universidad de Granada (UGR). Se trata de un recinto de planta de cruz griega (cuatro brazos iguales) inscritos en un cuadrado. Con cuatro patios interiores. Los enfermos se situaban en las galerías interiores de la cruz, mientras que en las exteriores circundantes se situaban los diferentes servicios hospitalarios. Sobre el centro de la cruz griega se levantaba un visible cimborrio (o torre). Este hospital sufrió una gran destrucción a causa de un devastador incendio.

Hospital Real. Cimborrio gótico desde un patio renacentista.

En cuanto a la Capilla Real, sin duda la construcción gótica de mayor relevancia de la ciudad se trata de una iglesia de una sola nave, con un coro a los pies elevado en altura y sustentado sobre un gran arco carpanel. La nave central, cubierta por bóvedas de crucería góticas, sustentadas por arcos ojivales apoyados en pilares donde confluyen los finos baquetones (nervios), se separa del crucero, que no sobresale en planta, mediante una reja de hierro forjado, que da acceso a la zona del transepto donde se encuentran los sepulcros de los Reyes Católicos y de Juana de Castilla («la loca») y Felipe de Habsburgo («el hermoso»). Sobre el crucero no se levantó un cimborrio (o torre), sino que también se cubrió con bóveda de crucería. En el altar mayor se levanta un espléndido retablo policromado obra del borgoñón Felipe Vigarny (o Bigarny) y en el que también intervino Alonso de Berruguete. Al no estar permitido hacer fotos en el interior del templo, remitimos al lector a la Web oficial de la Capilla Real pinchando aquí.

Se accede actualmente al templo a través de una lonja, al estilo gótico civil de las lonjas de comercio levantinas, que en su día ejercía esa función comercial y financiera, estando además situada en las proximidades de la medina comercial musulmana, la Alcaicería, destruida por un incendio en el siglo XIX, y reconstruida posteriormente intentando mantener el lenguaje arquitectónico hispano-musulmán original, con callejuelas estrechas y presencia de multitud de pequeños comercios. Junto a la lonja se levanta un pórtico plateresco (estilo renacentista hispano muy influido aún por el lenguaje gótico final) por el que se accedería directamente al templo.

Lonja a la izquierda y pórtico plateresco de acceso a la Capilla Real.

Por las mismas fechas se inició otra gran construcción de carácter gótico a cargo también de Enrique Egas, consistente en las primeras tareas constructivas de la nueva catedral de Granada, cuyas obras comenzaron por la cabecera del muro del ábside.

El programa arquitectónico del Emperador Carlos V

Pero todo el plan constructivo iniciado por los Reyes Católicos, proseguido durante las regencias de Fernando y Cisneros, cambió radicalmente con la llegada al trono del Emperador Carlos V, girando todo el programa arquitectónico hacia el lenguaje renacentista, que se desarrolló, tanto en las obras de nueva planta, como en las ya iniciadas y no terminadas.

El Emperador, al igual que sus abuelos los Reyes Católicos, quería también ser enterrado en Granada (como lo fueron también sus padres, Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo). Para ello modificó el proyecto de la catedral para hacer de la capilla Mayor su mausoleo «para la eternidad». Y con ese fin encargó el nuevo proyecto a Diego de Siloé (conocido por trabajos de renombre como la Escalera Dorada de la catedral de Burgos). Para este fin, todo el proyecto de la capilla Mayor se modificó para convertirse en un gran templete circular renacentista, incorporando grandes pilares cruciformes que reunían columnas adosadas, levantadas sobre podium, con fustes estrellados y capiteles corintios, y con un entablamento añadido en la parte superior para elevar aún más el arranque de los arcos de medio punto.

Pilares de columnas corintias adosadas y bóvedas de crucería.

En el paso de la capilla Mayor a la girola se construyen cubiertas con casetones al estilo romano. Ese es el lugar que el arquitecto entiende que debe acoger los restos del nuevo «Caesar Imperator». Sin embargo, en toda la catedral van a convivir los aspectos claramente renacentistas, con otros de la traza gótica inicial, como las cubiertas de crucería nervadas, o las vidrieras policromadas de la capilla Mayor.

Bóvedas de casetones de acceso a la capilla Mayor desde la girola.

Como es habitual en una catedral de tales dimensiones —se considera la segunda en tamaño de España tras la de Sevilla— tardará muchos años en finalizarse. Así en el siglo XVII, Alonso Cano, pintor, escultor y arquitecto diseñará una portada en consonancia con el espíritu renacentista de la traza de Siloé, aunque ya en época barroca, levantando una gran portada a modo de un arco de triunfo romano de triple arcada y de dos cuerpos en altura. El lenguaje clasicista, aunque en época barroca, quedará también plasmado en la pequeña imagen de la Virgen niña, destinada en principio para el facistol (gran atril para sostener los libros litúrgicos), pero finalmente emplazada en la sacristía de la catedral. Tras un manto que describe una línea helicoidal se vislumbra un ligero contrapposto al adelantar la pierna izquierda, cuya rodilla queda ligeramente marcada sobre el manto.

Portada en forma de arco de triunfo diseñada por Alonso Cano en siglo XVII.
Alonso Cano. Inmaculada del facistol. Sacristía catedral de Granada.

La intervención del nuevo lenguaje renacentista también afectará a otras obras en proceso de construcción. Así, los sepulcros reales del crucero de la Capilla Real, serán elaborados mediante una factura escultórica claramente renacentista en mármol de Carrara. El de los Reyes Católicos, a cargo del italiano Doménico Fancelli (en 1517), en un lenguaje clasicista y equilibrado. Y el de Juana y Felipe, a cargo de Bartolomé Ordóñez (1520), ya en un lenguaje que apuntaba hacia el manierismo desarrollado por Miguel Ángel en Italia, perceptible por el gran dinamismo de las figuras secundarias presentes en el sepulcro. Bartolomé Ordóñez, al igual que Diego de Siloé había trabajado en Italia con los maestros del Renacimiento.

La intervención también se hizo notar en el Hospital Real, donde bajo la orientación de Siloé y después de Machuca, se crearon en el ala sur dos patios con un lenguaje claramente renacentista. Con arcadas de medio punto desplegadas en dos plantas, con superposición de órdenes (jónico y corintio), medallones en las enjutas (zona triangular entre dos arcos), balaustrada (barandilla de piedra) en la planta superior con podium para el arranque de las columnas. Todo ello contrasta con la pervivencia de múltiples elementos góticos de la traza precedente. Como se ha podido ver ya en una imagen anterior del Hospital Real y explica magníficamente el catedrático de Historia del Arte de la UGR, Rafael López Guzmán, en este vídeo.

El Palacio del Emperador Carlos V

Pero si hay una obra arquitectónica que represente de manera fiel lo que es el más puro lenguaje renacentista italiano, esa es el Palacio del Emperador Carlos V, edificado por Machuca, que había trabajado en Italia al lado de los grandes maestros del Renacimiento.

Hay que señalar que se trata de un proyecto inacabado. Parece que se proyectaron tres plantas y sólo se levantaron dos. No se llegó a cerrar ni la planta superior, ni tampoco se llegó a cubrir con una gran cúpula sobre el cortile o patio columnado, tal y como estaba proyectado. Parece que también estaba prevista una stoa o pórtico columnado que habría de unir la zona palatina con la puerta de entrada a la Alhambra más monumental de todas, la puerta de la Justicia, construida por Yusuf I siguiendo el modelo almohade. Todo eso quedó sin realizar.

Puerta de la Justicia de acceso a la Alhambra. Estilo almohade.

La filosofía que inspiró a Machuca la construcción del palacio de Carlos V era claramente clasicista. Proyectado en planta se trata de un círculo (signo de perfección y divinidad) inscrito en un cuadrado (representativo de lo terrenal). Además es un palacio en el que contrasta el lenguaje interior del cortile o patio columnado, de una inspiración claramente clasicista y equilibrada, con superposición de órdenes, toscano en la planta baja y jónico en la primera planta, arrancando en este último caso las columnas desde un podium inserto en la balaustrada (barandilla de piedra).

En este caso, a diferencia de los patios del Hospital Real descritos más arriba, la estructura va a ser adintelada, sin arcos de medio punto. En el entablamento que separa la planta baja de la superior, se esculpieron alternativamente triglifos y metopas de inspiración grecorromana (seguimos al profesor José Enrique García Melero, 2007).

Cortile o patio interior columnado del Palacio de Carlos V.

Esta fuerte inspiración equilibrada y clasicista del patio interior contrasta con los muros exteriores del palacio, donde la influencia manierista se hace notar de forma muy clara. En primer lugar, en el almohadillado rústico fuertemente exagerado de sus sillares, que le da un mayor efecto dinámico al perímetro exterior, pero también por las pilastras (ni pilares ni columnas) que enmarcan los vanos (ventanas y óculos) de la planta inferior, de orden dórico y que contribuyen a aumentar esa sensación de movimiento. En la planta superior se da una alternancia de vanos con frontón triangular, sucedidos de otros con adornos en forma de cresterías (algo novedoso, cuando lo más corriente es la alternancia entre frontones triangulares y curvos), enmarcados por pilastras de orden jónico sobre podium.

En la portada central del lateral sur se da también la superposición de órdenes, en este caso de columnas exentas y pareadas a cada lado, pero de orden jónico las inferiores y corintio las superiores. El avance del entablamento sobre el muro y también del podium donde arrancan las columnas, contribuye a intensificar esa sensación de dinamismo y movimiento. Según los expertos, parece que Machuca se inspiró en el palacio del Té en Mantua, obra de Giulio Romano, un discípulo de Rafael que rápidamente se adentró en un lenguaje manierista, tanto en lo arquitectónico, como en lo pictórico.

Fachada sur del Palacio de Carlos V.
Palazzo del Te de Mantua Cortile. Giulio Romano.

A modo de conclusión

Además de la obra constructiva de nueva planta del Emperador Carlos V, también fundó, mediante una bula papal de 1531, la Universidad de Granada. Tras la expulsión de los jesuitas por el rey Carlos III en 1767, la Universidad se asentó en el Colegio San Pablo, construido durante los siglos XVI y XVII, regentado hasta entonces por los jesuitas. Este edificio, hacia el que mira una estatua del Emperador situada en el centro de la plaza de la Universidad, albergaba durante la II República (y sigue albergando) la Facultad de Derecho, donde estudió Federico García Lorca e impartieron clases profesores como Fernando de los Ríos.

Estatua de Carlos V en la Plaza de la Universidad.

Pero también fue en la parte trasera que da a la calle Duquesa, la sede del Gobierno Civil de los sublevados en julio de 1936. Donde fue conducido Lorca tras su detención por un grupo dirigido por Ramón Alonso (líder de la CEDA en Granada y de las Cruces Negras, milicia de claro contenido fascista estructurada por los jóvenes cedistas y católicos seguidores de Gil Robles), y conducido poco después al barranco de Víznar (o quizás más adelante por la carretera que conduce a Alfacar) donde junto a otros compañeros de infortunio fue asesinado y enterrado clandestinamente. Sin que hasta la fecha podamos conocer el lugar preciso donde se encuentran sus restos.

Antiguo Colegio San Pablo sede de la Facultad de Derecho.

En la montaña donde se yergue la Alhambra, también se encuentra un hotel del mismo nombre construido a principios del siglo XX (1907-1910), por iniciativa del Duque de San Pedro de Galatino. La construcción trata de replicar la decoración hispano-musulmana de la antigua ciudad palatina en un lenguaje neomudéjar. En el teatrillo neoárabe que alberga en su interior, Lorca y otros compañeros intelectuales granadinos realizaron los primeros encuentros que sirvieron para poner en marcha el primer festival de cante jondo, elevando este cante popular, cuyo origen está en la síntesis de lo musulmán y lo gitano realizada en la zona del Sacromonte, a la categoría de manifestación artística.

Seguramente Lorca, tal y como leíamos al principio de este artículo, tenía una visión muy crítica sobre todo lo que sucedió en Granada tras la ocupación cristiana. No le faltaba razón. Hoy, desde la distancia, podemos tratar de recuperar muchas de las manifestaciones de la belleza artística que impregnaron e impregnan la ciudad de Granada. Con su valioso legado hispano-musulmán, insuperable en el mundo, pero también con las aportaciones constructivas y artísticas que realizaron grandes maestros como Enrique Egas, Diego Siloé o Machuca. Y que nos ha dejado un importante legado cultural y hacen de Granada una ciudad sin igual.

No podemos dejar de hacer este pequeño homenaje final al insigne poeta granadino y universal de adopción, tan avanzado a su tiempo, tan implicado con la causa de los débiles y marginados que supo elevar el cante popular, heredero de la tradición islámica y gitana, a la categoría de arte, y que junto a la Alhambra y el Generalife, el palacio de Carlos V, la Capilla Real y la Catedral, por decir sólo algunos de los monumentos más importantes que hemos recorrido, constituyen uno de los mayores atractivos turísticos para los millones de viajeros que visitan esta ciudad cada año.

Para saber más

María Teresa Vicario y otros (2010). Historia del Arte de la Baja Edad Media. Madrid: UNED-Ramón Areces.

Clara Delgado Valero (2008). El arte del Islam en Historia del Arte (La Edad Media) dirigida por Juan Antonio Ramírez. Madrid: Alianza Editorial.

José Enrique García Melero (2007). Historia del Arte Moderno. Vol I. Arquitectura del Renacimiento. Madrid: UNED.

Miguel Ángel Zalama (2016). El Renacimiento. Madrid: Cátedra.

Rosina Lajo y José Surroca (2001). Léxico de arte. Madrid: Akal.

José María Monsalvo Antón (2010). Atlas histórico de la España Medieval. Madrid: Síntesis.

Patronato de la Alhambra y Generalife (1998). Guía oficial de La Alhambra y el Generalife. Granada: Editorial Comares.

Manuel Reyes Ruiz (2004). Capilla Real de Granada. Granada: Ed. Capilla Real de Granada.

Guía de la Catedral de Granada (2016). Granada: Editorial Nuevo Inicio, S.L.

Patrimonio de la Universidad de Granada (tríptico sin fecha). Hospital Real.

Ian Gibson (2015). Poeta en Granada. Paseos con Federico García Lorca. Barcelona: Ediciones B.

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Acerca del autor

Jesús de Blas Ortega

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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