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Gran Canaria, entre el cielo y la tierra

Para muchos viajeros y turistas Gran Canaria es sinónimo de sol y playas. Sin embargo, esta isla es un reto intelectual para el amante de la historia, que se verá rodeado de una diversidad de paisajes de una belleza irrepetible.

Texto: Leticia Palomo-Garrido. Fotografías: Álvaro Sánchez García

Efectivamente, Gran Canaria es la tierra del sol. Del sol, de la luna y las estrellas. De las montañas y de los cielos profundos. Por eso ha conseguido el certificado Destino Turístico Starlight, gracias a sus envidiables localizaciones libres de contaminación lumínica. Pero también por la conexión histórica con los habitantes originarios de la isla, los fascinantes canarii, auténticos sabios conocedores del cielo.

El Cenobio de Valerón es uno de los muchos almacenes de víveres que se encuentran en la isla, pero es probablemente uno de los más espectaculares y de mejor acceso.

Los estudios actuales están descubriendo que los pobladores originarios de la isla de Gran Canaria tenían una cultura muy sofisticada. No se conoce con exactitud el origen de este pueblo y su cultura, pero la teoría con más peso propone que los primeros pobladores del archipiélago canario viajaron desde el norte de África en diferentes oleadas, y que probablemente el pistoletazo de salida se diera en torno a los siglos II y III a. C. Igualmente, se desconoce cómo y por qué hicieron esa travesía. Entonces mejor imaginarlos de acuerdo con el mito canarii que asegura que los pioneros llegaron a las islas desde la cordillera del Atlas en forma de aves encantadas. De encantamientos y de misterios está cargada la isla de Gran Canaria, el «pequeño continente» de los canarii, que queremos descubrirte.

Guanartemato de Gáldar

Desde el año 1405 la isla de Gran Canaria quedó dividida en dos guanartematos (demarcación territorial cuya jefatura correspondía al guanarteme, jefe de los pobladores originarios canarios), el guanartemato de Gáldar y el de Telde. La capital de este gran territorio del noroeste se fundó en las proximidades de la actual ciudad de Gáldar, lugar de imprescindible visita, que se encuentra a tan solo 27 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria, por medio de una autovía cómoda y costera.

La necrópolis Maipés de Agaete es un lugar solemne, donde los túmulos muestran diferentes formas, y podemos apreciar el interior de algunos de ellos.

En el corazón del Conjunto Histórico de la actual ciudad de Gáldar se encuentra el Parque Arqueológico de la Cueva Pintada. Un yacimiento arqueológico de época prehispánica cuya datación más antigua es del siglo VII. Compuesto por más de cincuenta casas, cuevas artificiales, espacios domésticos al aire libre y una gran protagonista, la Cueva Pintada. La joya de la pintura mural prehispánica se encuentra en el interior de una cueva artificial excavada en la toba volcánica, y fue descubierta en 1862. Cuentan las crónicas de la época que en su interior se encontraron momias, cerámicas y otros objetos, pero ese relato queda más cercano a la especulación que a la realidad, porque no existe documentación al respecto que lo pruebe. Lo cierto es que sus muros están decorados con motivos geométricos en rojo y blanco, organizados en frisos, de una delicadeza y espiritualidad que nos habla de la estrecha relación de los canarii con el medio natural y con el mundo sagrado.

Es especialmente interesante apreciar la singularidad de las construcciones habitacionales prehispánicas. Gracias a los restos de casas, y a las reconstrucciones de las mimas, descubrimos una interesante estructura en forma cuadrangular, rodeadas exteriormente por un muro circular. Los muros de las casas fueron construidos en basalto o en toba. Los techos formados por vigas de madera eran cubiertos por lajas de piedra sobre las que se colocaba tierra y barro. Y las paredes interiores se hallaban pintadas de rojo, así como el suelo de algunas de ellas.

Planta de una casa prehispánica en el Parque Arqueológico de Cueva Pintada. Se puede apreciar el interior en forma de cruz, rodeado por un muro redondeado. El suelo está perforado por cazoletas de las que no se conoce su función.

A algo más de nueve kilómetros de Gáldar encontramos un lugar con magnetismo, el Cenobio de Valerón. Enclavado en la montaña del Gallego, en el municipio de Santa María de Guía, el camino nos adentra en el verdor de la isla y en la leyenda. La configuración de pasillos, estancias y escaleras excavadas en la toba volcánica recibió la denominación de «cenobio» ante la teoría de que el lugar era un convento de harimaguadas (sacerdotisas aborígenes). 350 cámaras y oquedades a 300 metros sobre el nivel del mar que sirvieron como espacio de almacenamiento de productos agrícolas. Todas las cámaras poseen la misma capacidad cúbica, situadas en ocho niveles. Estaban protegidas por puertas, testimonio de una ingeniería adaptada al paisaje que hoy en día impresiona. En este gigantesco almacén se han encontrado alimentos básicos de la dieta de los habitantes originarios de la isla, como la cebada (la misma que se sigue cultivando en la isla hoy en día), el trigo y el higo.

Sobre este asombroso hormiguero, construido por el brazo humano, se encuentra el llamado Tagoror del Gallego. Seis asientos labrados en la toba basáltica de la montaña del Gallego, que quizá sirviera de punto de reunión al consejo de la isla, desde donde los personajes eminentes del lugar pudieran apreciar las tierras administradas.

El antiguo poblado de Risco Caído es candidato a la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, junto a los Espacios Sagrados de Montaña.

Sin salir de la zona noroeste de la isla, a escasos 10 kilómetros de Gáldar (a 16 kilómetros del Cenobio de Valerón), nos encontramos con un magnífico ejemplo del inteligente aprovechamiento del medio por parte de los canarii. El Maipés de Agaete es la optimización extrema del terreno en el que la vida no tiene lugar, donde la muerte no estorba, ni entorpece a los que se quedan. La colada de lava volcánica que quiso alcanzar el mar fue convertida en lugar de enterramiento. Sobre ella, más de seiscientos túmulos funerarios forman un paisaje conmovedor, donde el vínculo entre lo sagrado y el racional uso del entorno sorprenden al visitante.

Los espacios sagrados de montaña

La principal actitud en Gran Canaria es mirar al cielo y tener los pies bien firmes en la tierra. Ese es el sentimiento que inspira en la actualidad esta isla, y es el que sin duda sintieron los antiguos canarii. Los pueblos originarios insulares proyectaron su cultura a lo largo de 1.500 años de aislamiento, y uno de los elementos más importantes de esta fue la estrecha relación con el celaje. La observación del cielo y la interpretación de los acontecimientos que suceden en la bóveda celeste se fundió con la cultura y con el paisaje, convirtiendo las grandes elevaciones geológicas en lugares sagrados.

Adentrarse en el interior de la isla es hacerlo en el corazón del misterio canarii. Un viaje que sobrecoge por su gran belleza y su carga de enigmas. Los bellísimos pueblos de Tejeda y Artenara son los más altos de la isla. Ambas poblaciones, a más de 1.000 metros de altura, nos ayudan a comprender por qué los antiguos pobladores se adentraron en la isla buscando el refugio de la montaña. A lo largo del Barranco Hondo, en el borde norte de la Caldera de Tejeda (formación geológica consecuencia del colapso de un volcán hace 14 millones de años), la presencia humana es sutil y vinculada con el paisaje. Aquí las cuevas son lugares habitacionales. Es importante apreciar que estas cuevas han sido y siguen siendo viviendas, y que otras de ellas han sido utilizadas como santuarios.

Una de ellas es el almogarén de Risco Caído, un templo olvidado y redescubierto en el año 1996 por el arqueólogo Julio Cuenca. La función de este santuario, usado entre los siglos XIII y XV, parece haber sido la de un calendario astronómico de suma importancia para establecer el ciclo agrario, y señalar celebraciones estacionales en función de la posición de la luna y del sol. Las Cuevas 6 y 7 son un enigmático artificio para comunicar el cielo con la tierra, cuyas paredes y suelo están grabados con formas triangulares y bajorrelieves, entendidas por los investigadores como triángulos púbicos, así como cazoletas en el suelo.

La constante y abundante representación de triángulos invertidos es asociado por los investigadores con el culto a la feminidad, que tuvo lugar en una época concreta de la sociedad canarii.

Es posible visitar las cuevas de Risco Caído en fechas muy concretas por medio del programa de visitas guiadas facilitado por el Cabildo de Gran Canaria mediante inscripción previa. Sin embargo, debido a la importante labor de conservación que se debe hacer de este sitio arqueológico, las visitas son muy restringidas, por lo que se ha abierto al público el Centro de Interpretación de Risco Caído y Espacios Sagrados de la Montaña en Artenara, donde una réplica de la Cueva 6 muestra la notable bóveda excavada en la toba volcánica.

Otro de los lugares emblemáticos para la arqueoastronomía, y la arqueología en general, es el almogarén del Bentayga, en la cima del roque del mismo nombre, justo en el centro de la caldera de Tejeda. La subida a la cima del roque permite contemplar la belleza del interior de la isla de Gran Canaria. El santuario excavado en la roca pareciera colgado del cielo, siendo un posible observatorio astronómico y centro ceremonial, en uso entre los siglos XIV y XV. Los alrededores de este roque denotan poblamientos aborígenes, como en Cuevas del Rey, un poblado de casas excavadas en la toba volcánica, donde destaca la Cueva del Guayre, guardiana de pinturas rupestres.

Más allá de Maspalomas

La zona sur de la isla es bien conocida por sus playas y su buena relación durante todo el año con el sol. No es tan conocida, sin embargo, su cercanía con tres yacimientos arqueológicos de notable importancia, a los cuales es fácil llegar.

El almogarén del Bentayga se encuentra a 1.440 metros sobre el nivel del mar. Un calendario que marca con exactitud los equinoccios de primavera y otoño, y el lunasticio mayor.

A menos de una hora, atravesando paisajes espectaculares, se encuentra La Fortaleza, una población indígena de gran tamaño, dispersa por tres roques, en el centro de la Caldera de Tirajana. Quizá los primeros pobladores (se tiene constancia de restos humanos desde el siglo V) eligieron este lugar por el mismo motivo que hoy nos asombra a nosotros. El gran túnel natural que traspasa la montaña de lado a lado en la Fortaleza Grande, que durante las fechas cercanas al solsticio de verano se ve recorrido por los rayos del sol que emergen por el otro lado como un haz de luz. La montaña pudo haberse convertido por este motivo en una manifestación de lo sagrado, además de un punto estratégico en la defensa contra los conquistadores debido a su ubicación.

En el Centro de Interpretación de la Fortaleza podemos acercarnos más a la esfera de lo cotidiano de estos pobladores, apreciar la estrecha relación sostenida entre lo doméstico y lo divino, especular sobre el origen de los antiguos canarii, y empatizar con un mundo, para muchos, desconocido.

En plena Caldera de Tiraja se encuentra la imponente Fortaleza Grande. Es una muestra del magistral aprovechamiento que los canarii realizaban del medio.

Más cerca aún de los enclaves hoteleros del sur, a tan solo 25 minutos, se encuentra la Necrópolis de Arteara, un lugar misterioso que emerge del malpaís formado por roca volcánica proveniente de una avalancha, y rodeado de un oasis de palmeras. Los túmulos funerarios de mayor o menor complejidad ocupan la nada desdeñable superficie de 137.570 metros cuadrados. Recorrer este yacimiento, acompañado del silencio del paisaje volcánico, tiene cierta complejidad debido a los fragmentos de roca fonolita, pero imaginar los ritos funerarios que pudieron suceder en este lugar no tiene precio.

Rodeado del fervor turístico del pueblo costero de Mogán, se encuentra la zona arqueológica de Cañada de los Gatos. Testigo pétreo del paso de los años, y de los hombres, se le atribuye 1.600 años de antigüedad. El poblado costero se halla ubicado en la margen izquierda del barranco de Mogán, y cuenta con 19 estructuras de piedra, dos cementerios con enterramientos en forma de cistas y cuevas, además de construcciones tumulares. En estas últimas construcciones no se han encontrado restos humanos, una pieza más del rompecabezas canarii.

El gran asentamiento costero de la Cañada de los Gatos muestra a la perfección las transformaciones sufridas por la isla.

Al igual que en otras zonas habitacionales, en la Cañada de los Gatos se puede apreciar la variedad arquitectónica de las casas construidas por los antiguos canarios. Las edificaciones de planta cuadrangular y de diseño circular en el exterior, vivieron la llegada de los conquistadores castellanos y el cambio a edificaciones más toscas, de planta circular en el siglo XV. Estas construcciones y las levantadas en los siglos XIX y XX conforman un lugar que lucha por encontrar su espacio en el siglo XXI.

Los túmulos funerarios de la Necrópolis de Arteara se ven rodeados por riscos de más de 1.000 metros de altura, comprendidos por los antiguos pobladores como marcadores arqueo-astronómicos de los equinoccios.

Sumergirse en la cultura canarii es encontrar más dudas que certezas. Gran parte de la fascinación que ejerce la antigua cultura canaria es debido a la calina isleña que aún rodea su historia, gracias en parte a la interpretación no siempre acertada que los colonizadores peninsulares hicieron de la vida de los nativos canarios, y que los investigadores se afanan en descubrir ahora.  

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Acerca del autor

Leticia Palomo-Garrido

Leticia Palomo-Garrido

Periodista.

Acerca del autor

Álvaro Sánchez

Álvaro Sánchez

Fotógrafo.

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