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Malditos vecinos. Nigeria y Camerún: el oro negro

Paul Biya (Camerún), Kofi Annan (ONU) y Olusegun Obasanjo (Nigeria).
El conflicto que mantuvieron los gobiernos de Nigeria y Camerún por el control de la pequeña península de Bakassi sirve para demostrar el interés que cobran las porciones más recónditas de tierra cuando se descubren riquezas naturales, la influencia del nacionalismo en los conflictos, la importancia de los organismos internacionales, la actividad de los grupos armados en África y, también, como ejemplo de que en ocasiones las relaciones internacionales se basan en la buena fe.

En 1913 poco importaba la opinión de los pobladores originales del golfo de Guinea. Los soldados uniformados británicos y alemanes tenían la soberanía de esas tierras gracias a la fuerza del rifle y, reunidos el 11 de marzo, decidieron trazar de manera artificial una frontera para distinguir qué parcelas les pertenecían. Si algo supuso el colonialismo fue una enorme muestra de desprecio y de sensación de superioridad ideológica por parte de los europeos. Así, a principios de siglo, se delimitó la frontera entre Nigeria (colonia británica) y Camerún (colonia alemana). Todavía no lo sabían, pero el suelo que pisaban estaba repleto de oro negro.

En el pacto firmado por Reino Unido y Alemania se asignaba la península de Bakassi a Camerún. Este pequeño territorio de mil kilómetros cuadrados había pertenecido a los británicos desde la época de la reina Victoria, y ahora pasaba a manos alemanas. En realidad, esto sólo tuvo lugar sobre el papel: nunca se llegó a hacer efectivo el traspaso de la península. La Primera Guerra Mundial estalló en 1914 y los tratados de fronteras se olvidaron.

Tuvieron que pasar décadas hasta que el nombre de Bakassi volvió a cobrar importancia. Tras conseguir la independencia en el año 1960, Nigeria y Camerún se apresuraron a confirmar sus fronteras. Conocer (y controlar) el territorio nacional del que se dispone es lo primero que debe hacer cualquier país. La frontera en dirección norte-sur desde el lago Chad hasta el golfo de Guinea planteaba dudas a ambos lados, y en 1971 y 1975 los gobiernos de los dos países firmaron sendos acuerdos que establecían la frontera marítima a través del Cross River. Por su propia naturaleza geográfica, esta división implicaba que la península de Bakassi pertenecía a Camerún, aunque formalmente Nigeria nunca ratificó tal cosa.

En mayo de 1981 el ejército camerunés detectó una nave con pabellón de Nigeria en aguas de Bakassi y abrió fuego, matando a cinco soldados nigerianos. El incidente estuvo a punto de causar una guerra entre los dos países que, sin embargo, supieron reconducir la situación. Fue el momento en el que la cuestión de la soberanía sobre la pequeña península pasó a ser un tema central en la política de ambos Estados. No era casualidad que la riqueza pesquera de la zona hubiera sido eclipsada recientemente por los descubrimientos de petróleo y gas.

En 1993 llegó al poder en Nigeria el dictador Sani Abacha, quien, además de cometer violaciones de derechos humanos, lucrarse con la corrupción ligada al oro negro y a multinacionales como Shell y ahorcar al candidato al Premio Nobel de Literatura Ken Saro-Wiwa, no dudó en movilizar al ejército para ocupar militarmente la península de Bakassi. El liderazgo de Abacha se basaba en el terror, y nunca fue popular entre los propios nigerianos.

Sorprendido por la repentina invasión, Camerún tardó en responder varias semanas. Antes de entrar en guerra directa con su vecino, el presidente Paul Biya prefirió acudir a las instituciones internacionales y denunciar la agresión ante la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya.

Desde la denuncia en 1994 tuvieron que pasar varios años hasta que Camerún pudo tener un apoyo frente a la invasión nigeriana. Mientras tanto, las grandes empresas occidentales como Shell o British Petroleum seguían enriqueciéndose con el oro negro de Bakassi y de todo el delta del Níger, beneficiándose de la posición de poder que la historia colonial les había otorgado y de la complicidad de las corruptas autoridades nigerianas.

En 2002 la Corte Internacional de Justicia falló a favor de Camerún y exigió la retrocesión de Bakassi por parte de Nigeria en menos de dos años. La sentencia no pareció preocupar al país invasor. Llegó 2004 y el Gobierno nigeriano anunció que no iba a cumplir el plazo. Tras fuertes presiones de Occidente, especialmente de Francia, que incluso envió un contingente militar a la ciudad camerunesa de Douala, se consiguió alcanzar un acuerdo.

En junio de 2006, en las afueras de Nueva York, se selló el Tratado de Greentree, que contaba con la firma del presidente de Camerún, Paul Biya, y su homólogo nigeriano, Olusegun Obasanjo (sucesor de Abacha y mucho más sensato que el dictador). El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, hizo de mediador entre las dos partes, que se mostraron con buena fe y en disposición de superar las diferencias del pasado.

Con el Tratado de Greentree, Obasanjo se comprometía a retirar a los 3.000 soldados nigerianos de Bakassi en un plazo de dos años. Por su parte, Biya aceptó que Nigeria pudiera explotar el petróleo de la zona a cambio del pago de tasas. También se iniciaron conversaciones para crear una zona de desarrollo mixta.

Aunque todo parecía encaminarse de manera positiva y pacífica, pronto llegaron los problemas. Un tercer actor, además de los dos gobiernos involucrados, quería hacerse oír: los grupos armados del delta del Níger. En agosto de 2006, cuando se iniciaba la retirada de los nigeria-
nos de Bakassi, uno de los grupos de la zona,
el Bakassi Movement for Self-Determination (BAMOSD), declaró la independencia de la península. El anuncio no supuso ningún cambio territorial ni político para la región, pero confirmó que el Movement for the Emancipation of the Niger Delta (MEND) llegaba hasta Camerún.

Paul Biya (Camerún), Kofi Annan (ONU) y Olusegun Obasanjo (Nigeria).
Paul Biya (Camerún), Kofi Annan (ONU) y Olusegun Obasanjo (Nigeria).

El MEDN llevaba desde el año 2004 luchando por la creación de un nuevo Estado soberano al sur de Nigeria, y en 2006 dio su apoyo al BAMOSD para hacer lo propio en la península.

Otros grupos que operan en la zona son el Niger Delta Liberation Front o el Niger Delta People’s Volunteer Force. La ciudad de Calabar, de unos 400.000 habitantes, es el cuartel general desde el que operan por varios de estos peligrosos grupos, dirigidos por señores de la guerra que, muchas veces, se matan entre sí por luchas de poder.

En noviembre de 2007, graves enfrentamientos tuvieron lugar en Bakassi cuando milicias locales armadas y organizadas mataron a 21 militares cameruneses que patrullaban la zona. El Gobierno de Nigeria condenó el ataque, consciente de que la fuerza que se estaba despertando en la región era también una amenaza para su propio país. En realidad, los grupos armados del Delta no distinguen entre autoridades nigerianas o autoridades camerunesas. En junio de 2008 otro ataque se llevó la vida de seis personas, entre ellas un gobernador camerunés, cuando navegaban por uno de los innumerables ríos de la península.

La violencia, que de manera más o menos romántica se podría entender por el deseo de libertad de una región oprimida, se explica mucho mejor por el reparto de los beneficios de la explotación petrolera. Los grupos armados del Delta no constituyen una nacionalidad diferente ni representan una cultura especial, pero saben que con la presión del terrorismo pueden conseguir grandes sumas de dinero de las multinacionales occidentales, a las que no importa ceder una pequeña parte de lo ganado con el oro negro para mantener la estabilidad en la región. El objetivo de los grupos armados no es realmente la secesión, sino el enriquecimiento. La población local tiene quejas relativas a la conservación ecológica del entorno y a los pocos beneficios que obtienen de la explotación energética, pero sus voces no son escuchadas.

Un tercer actor, además de los dos gobiernos involucrados, quería hacerse oír: los grupos armados del delta del Níger

En julio de 2008 se contabilizaron hasta tres nuevos ataques entre grupos armados y fuerzas del orden camerunesas. Para entonces, las autoridades nigerianas ya habían entendido que el enemigo en la zona no era Camerún, sino el terrorismo de estos grupos extorsionadores.

Finalmente, el 14 de agosto de 2008 tuvo lugar en Calabar la ceremonia oficial en la que se formalizaba el traspaso de Bakassi. Acudieron autoridades y representantes de varios países para celebrar la paz. Tras quince años de tensiones, Nigeria se retiraba completamente. Camerún se comprometía a respetar la cultura, lengua y creencias de los nigerianos que vivían en Bakassi, a no discriminarles fiscalmente y a no forzarles a abandonar la zona o cambiar de nacionalidad.

El portavoz del Estado nigeriano de Cross River, limítrofe con Camerún, afirmó: «No debemos considerar la retrocesión como una pérdida para Nigeria, sino como nuestro profundo respeto del derecho internacional y de la buena vecindad». En la actualidad, los dos países han enterrado sus diferencias y cooperan económicamente para ayudar al desarrollo de Bakassi y organizar la lucha contra los grupos armados.

Sin embargo, no todos han acabado satisfechos con el fin de esta disputa. En Nigeria, la Constitución sigue citando Bakassi como territorio nacional, y muchos apuntan a que el Gobierno no debía haber cedido la península sin plantear en el parlamento una reforma constitucional. Los nacionalistas defienden que la cesión fue anticonstitucional, y en 2007 el senado nigeriano consideró ilegal la decisión del presidente Obasanjo de firmar el Tratado de Greentree, lo cual entra en grave contradicción con la orden de la Corte Internacional de Justicia. La discusión sobre la legitimidad de las instituciones internacionales vuelve a florecer, empañando lo que fue un bonito y poco común gesto en la comunidad internacional: un acuerdo de buena fe entre dos países que habían superado los errores del pasado.  

Para saber más

—Bassey, C.; Oshita, O. (2010) Governance and Border Security in Africa. Malthouse.

—Anderson, E. (2003) International Boundaries: A Geopolitical Atlas, Routledge.

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Acerca del autor

Juan Pérez Ventura

Juan Pérez Ventura

Profesor de Geografía e Historia. Máster en Relaciones Internacionales. Divulgador y cartógrafo. Fundador de la página web multidisciplinar VENTURA.

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