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Las mentiras en el Ricardo III de Shakespeare

La reciente emisión en La 2 de TVE de la segunda temporada de la serie televisiva de la BBC «The Hollow Crown» («La Corona Vacía»), adaptación de las obras de Shakespeare que narra los últimos años de reinado de la dinastía Plantagenet y la subida al trono de los Tudor, ha vuelto a poner de actualidad al villano por excelencia de la obra de Shakespeare, Ricardo III, magistralmente interpretado por Benedict Cumberbacht.

Vaya por delante que entiendo que Shakespeare era un dramaturgo y no un historiador, que escribía ficción y no estaba sometido a la necesidad de veracidad histórica. Pero en esta obra las motivaciones del autor para distorsionar lo realmente ocurrido iban más allá de las habituales licencias de un escritor en favor de la trama de su historia. Para poder entender estas motivaciones es necesario aclarar en primer lugar que Shakespeare escribió sus obras Enrique VI y Ricardo IIII durante el mandato de Isabel I de Inglaterra, reina perteneciente a la dinastía Tudor.

Los Tudor ocupaban el trono desde 1485 cuando su primer monarca, Enrique VII, derrotó en batalla y destronó al último rey Plantagenet, Ricardo III, muerto en ese combate (Bosworth, 22 de agosto de 1485). El derecho al trono de Enrique VII era bastante dudoso.

Por eso, todo el entorno y la propaganda de los Tudor necesitaba dotar de un baño de legitimidad a las acciones de Enrique VII (la mayoría de los ingleses eran analfabetos por la época, por lo que las representaciones teatrales eran un poderoso medio para transmitir las ideas de los gobernantes). Era preciso que calase hondo que el primer Tudor no usurpó sin más el trono de Inglaterra, sino que lo que hizo fue actuar como brazo de la justicia para deponer a un rey traidor y asesino sin piedad.

Así, las diferentes obras de Shakespeare que tratan sobre la guerra de las Rosas (1455-1485) nos transmiten una imagen peor que negativa de Ricardo III, el monarca al que Enrique VII depuso en Bosworth. Tanto la obra dedicada al último Plantagenet (Ricardo III) como la que trata del representante de la casa de Lancaster que precedió a Enrique VII (Enrique VI) nos dibujan a un taimado, jorobado y despiadado Ricardo III, capaz de matar a sangre fría a sus enemigos (desde el hijo de Enrique VI hasta su propio hermano Jorge de Clarence) y de eliminar a cualquiera que se interpusiese en sus ambiciones (sus sobrinos los príncipes de la Torre y su propia esposa).

Seguramente Ricardo III no fue ningún santo y alguno de los hechos que protagonizó arrojan sombras sobre su persona (cómo se apropió del trono ilegitimando a sus sobrinos, las muertes de diferentes notables del reino que podían oponerse a su pretensión de ceñir la corona o las dudas, sobre las que volveremos, respecto a lo ocurrido con los príncipes de la Torre), pero ni se puede juzgar con los ojos del siglo XXI a una figura del siglo XV ni, desde luego, se puede dar por buena la reputación del personaje labrada a lo largo de los siglos a partir de una obra de teatro.

Aunque, como quedó dicho, el autor de Stratford-upon-Avon no era historiador sino dramaturgo, lo cierto es que buena parte de los hechos no se desarrollaron de la forma que se describe en sus obras o, si lo hicieron, fue por motivos y en circunstancias muy diferentes a los que sus dramas implican. Así:

  • Según Shakespeare, el 4 de mayo de 1471, tras la batalla de Tekwesbury, Ricardo, junto con sus hermanos Eduardo IV y Jorge de Clarence apuñaló y asesinó al hijo del rey Enrique VI, Eduardo, príncipe de Gales. Aunque es cierto que el príncipe murió en esa batalla e incluso que fue sacado a la fuerza de la abadía de Tewkesbury en la que se había refugiado, las fuentes contemporáneas señalan que Ricardo no se encontraba presente en esa batalla.
  • Shakespeare narra cómo el 21 de mayo de 1471, Ricardo asesinó al rey Enrique VI en la Torre de Londres, regodeándose después sobre el cadáver del monarca muerto. Aunque todo apunta a que efectivamente a Enrique VI se le dio muerte en la Torre y que Ricardo fue el responsable de esa acción, lo cierto es que la orden de ejecutar a su rival provino directamente del rey (y hermano mayor de Ricardo) Eduardo IV. Ricardo se encargó de llevar a cabo las órdenes del rey en su condición de Alguacil del Reino, aunque se desconoce si lo hizo personalmente o encomendó la tarea a terceros. Tampoco existen evidencias sobre su reacción ante la muerte de Enrique VI.
  • En la obra de Shakespeare, el 18 de febrero de 1478 Ricardo arregla la muerte de su hermano Jorge de Clarence en la Torre de Londres (según alguna fuente mediante su inmersión en un tonel de malvasía) bajo el argumento de que una profecía establecía que G (de George) mataría a los hijos de Eduardo IV. En realidad, Jorge de Clarence, que se había alineado con el bando de los Lancaster en diversas ocasiones durante la guerra de las Rosas rebelándose contra su hermano Eduardo IV, fue condenado a muerte por una sentencia del Parlamento tras ser sometido a juicio y hallado culpable de traición. Ricardo no tuvo nada que ver ni con su juicio ni con su ejecución; muy al contrario, parece que su reacción al enterarse de que su hermano había sido ajusticiado fue de enfado contra su otro hermano. Más de una fuente sugiere que la relación entre Ricardo y Jorge era (a pesar de sus diferencias) muy estrecha como consecuencia de lo que habían sufrido cuando eran niños y las primeras batallas de la guerra de las Rosas fueron desfavorables a su bando (su padre y uno de sus hermanos habían muerto en la batalla de Wakefield en 1460 y ambos habían huido al destierro).
  • Shakespeare acusa a Ricardo III de ordenar la ejecución de Lord Hastings el 13 de junio de 1483, tras acusarle de realizar brujería contra él con un brazo en estado de putrefacción. En realidad, Ricardo, como Lord Protector del Reino, acusó a Hastings de traición en una sesión del Consejo Real, ordenó por las prebendas de su cargo que fuera ejecutado inmediatamente, y posteriormente aportó al Consejo pruebas de que Hastings estaba efectivamente conspirando contra él.
  • En la obra de Shakespeare Ricardo III es responsable de la muerte por envenenamiento de su esposa Anne Neville, tras expandir el rumor de que estaba enferma, para así poder casarse con su sobrina, la hija de Eduardo IV, Isabel de York. En realidad, todas las pruebas apuntan a que Anne murió de tuberculosis, como había sucedido a su hermana unos años antes. Además, tras su muerte Ricardo no se comprometió con Isabel de York, sino con una princesa portuguesa, a pesar de que si efectivamente se hubiera casado con su sobrina (algo nada raro en la época) hubiera obtenido una gran ventaja política. De hecho, su rival Enrique Tudor terminó casándose con la propia Isabel.
  • Seguramente el tema estrella que ha contribuido a cimentar la leyenda negra de Ricardo III es la desaparición de sus sobrinos, los conocidos como Príncipes de la Torre de Londres de cuya muerte Shakespeare responsabiliza a Ricardo. El tema daría para un libro y en ningún caso sería concluyente, pero, aunque desde luego Ricardo es uno de los principales sospechosos (tenía la oportunidad y el motivo), lo cierto es que no existe constancia sobre cuál fue la suerte que corrieron los muchachos, tema sobre el que se pueden encontrar opiniones dispares y encendidas en Inglaterra todavía hoy. En los últimos años han surgido teorías que apuntan a otros posibles responsables de la muerte de los jóvenes (Enrique Tudor, Margaret Beaufort, el duque de Buckingham) o incluso quien apunta a la posibilidad de la supervivencia de los príncipes.
  • Por último, Shakespeare narra cómo al verse derrotado por Enrique Tudor en la batalla de Bosworth que le costó la vida, Ricardo trató cobardemente de huir y pronunció una famosa frase: «un caballo, mi reino por un caballo». Sin embargo, todas las crónicas de la batalla destacan que Ricardo combatió gallardamente en Bosworth y hay quien señala que cuando sus sirvientes le ofrecieron un caballo para huir, Ricardo rechazó la oferta con bizarría y declaró que ese día viviría o moriría como rey de Inglaterra.

Una teoría propone que el Ricardo III de Shakespeare pretendía ser en realidad una crítica velada al principal azote de los católicos ingleses en la época de Isabel I, Robert Cecil. Hay quien sostiene que Shakespeare era en secreto leal a la religión católica y que utilizó la obra Ricardo III para atacar a Cecil (quien según una descripción era jorobado). Si es así, el dramaturgo no fue consciente del daño que durante años ocasionaría a la reputación del último Plantagenet.

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Acerca del autor

Daniel Fernández de Lis

Daniel Fernández de Lis

Daniel Fernández de Lis. Licenciado en Derecho, apasionado de la Historia y autor del blog Curiosidades de la Historia. Autor de 'Los Plantagenet' (Libros.com).

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