Extrañas casualidades: Tintín y las tumbas reales de Ur

En las 'Aventuras de Tintín' podemos ver ciertos elementos relacionados con el legado de la Antigüedad en el siglo XX. Aquí desgrano uno de ellos ligado al Antiguo Oriente.

Me estreno en este espacio hablando sobre Las Aventuras de Tintín. No sé si seré tintinólogo, pero lo cierto es que antes de acabar el instituto ya tenía toda la colección. Llevaba años haciéndola, y me los sabía de memoria. La obra magna de Hergé me hacía viajar sin moverme de la silla, enfrascándome en mil y una aventuras.

Poco a poco me fui dando cuenta de que Las Aventuras de Tintín tenían más de una lectura, no es lo mismo leerse el Cetro de Ottokar con 10 años que con 15 o con 21. Gran parte del siglo XX está reflejado bajo el trazo de Hergé, y sobre esto hay una obra imprescindible escrita por Fernando Castillo bajo el título Hergé. Una vida del siglo XX.

Cuando inicié la carrera de Historia, el joven reportero me seguía acompañando, aunque con menos frecuencia, al igual que otros compañeros de viaje. Le tuve que dedicar más tiempo a otro tipo de lecturas ligadas al mundo académico.

En aquellos años de universidad quedé fascinado por la asignatura de Historia del Antiguo Oriente, tal vez sea un purista de Mario Liverani, pero me parece que el arqueólogo y profesor de La Sapienza está en la cima de la investigación en el campo mencionado. Así que mientras muchos quedaban fascinados por el descubrimiento del Valle de los Reyes en Egipto, yo hacía lo propio con el hallazgo de las tumbas reales de Ur (Irak) por parte de Leonard Woolley en la década de 1920.

De las tumbas, enmarcadas en un gran complejo funerario, llamaba mucho la atención el modo de enterramiento, puesto que aquellos «reyes» se habían ido a la otra vida con su séquito, incluyendo carros con bueyes. Esto nos puede dar una idea del poder terrenal que tenían entre el 2600 y el 2300 a. C.

El ajuar funerario tampoco era poca cosa y como ejemplo tenemos una de las tumbas que adquirió gran repercusión, como es el caso de la PG 800, perteneciente a la reina Puabi. La tumba estaba intacta y en ella se encontró, aparte de 52 sirvientes, un elevado número de objetos de gran riqueza entre los que se pueden destacar el famoso tocado realizado con hojas de oro, además de una copa del mismo material, un arpa con un toro barbado y el conocido estandarte de Ur, una pequeña caja, que sin conocer su finalidad, nos muestra una serie de escenas de guerra y paz realizadas con incrustaciones de conchas, cornalinas y lapislázuli. Otro de los objetos de gran valor que se encontró fue en la tumba de Meskalamdug y se trataba de un casco de oro que tenía definidas hasta las orejas.

Todo aquello me absorbió, por lo que decidí hacer el trabajo de la asignatura que os comenté antes sobre sobre aquellas tumbas. Rápidamente me hice con una pequeña edición de los trabajos de Leonard Wolley y me apoyé en Mario Liverani, Gwendolyn Leick y Jean-Claude Margueron. Con aquella asignatura decidí especializarme en el segundo ciclo de la licenciatura en el Antiguo Oriente.

Durante estos años seguía visitando a Tintín y fue en una de estas ocasiones cuando me llevé una grata sorpresa. Pensaba que me los sabía de memoria, pero hay que fijarse siempre en los pequeños detalles.

Casco Meskalamdug (Museo de Bagdad).

Se trataba de Tintín en el país del oro negro, un título que Hergé comenzó a publicar en Le Petit Vingtième, que no era otra cosa que el suplemento infantil y juvenil del periódico belga Le Vingtième Siècle, a partir de septiembre de 1939, pero cuya continuidad se vio interrumpida en mayo del año siguiente, cuando la Alemania nazi invadió Bélgica y no fue retomada hasta 1949 y publicada en su totalidad un año después con la editorial Casterman.

El autor nos muestra la situación política que estaban viviendo varias regiones de Oriente Próximo bajo la batuta de Inglaterra tras la caída del Imperio otomano en 1919, junto con la explotación de recursos petrolíferos que llegaban a Occidente en forma de gasolina. Serán justamente unos problemas con esa gasolina, atribuidos a actos de sabotaje, los que conducirán al joven reportero a adentrarse en el país imaginario de Khemed y acabar infiltrándose en una de las escenas en la casa del doctor Müller, uno de los malos de la aventura, viéndose en dos de las viñetas aquello que me hizo esbozar una sonrisa.

En la primera viñeta aparecía en el fondo de la misma una mesita sobre la que se posaba un objeto similar a una copa de oro hallada en los trabajos de Wolley en las tumbas reales de Ur, en concreto, en la tumba de la Reina Puabi (PG 800). En la segunda escena teníamos sobre una cómoda un casco de oro idéntico al que Wolley encontró en la tumba del rey Meskalamdug. ¿Cómo era posible que aquellas piezas apareciesen allí? ¿A qué se debía? 

Copa de oro encontrada en la tumba de la reina Puabi, conservada en el Museo Británico.
Copa de oro encontrada en la tumba de la reina Puabi, conservada en el Museo Británico.

El hallazgo de las tumbas reales de Ur fue muy sonado, al igual que la tumba de Tutankamón por Howard Carter poco antes. Seguramente sean unos de los últimos descubrimientos arqueológicos que se envolvían en un manto de romanticismo. La prensa internacional se hizo eco y el propio Woolley se preocupó porque sus investigaciones adquirieran una gran repercusión, estaban detrás el Museo Británico y la Universidad de Pennsylvania. Era obvio que a una persona como Hergé, gran aficionado a la historia y al arte, no se lo podía escapar el trabajo del arqueólogo británico. Y el paso de Tintín por el imaginario de Khemed (ubicado geográficamente en la Península Arábiga donde tenemos a Irak) tenía que mostrarnos un pequeño guiño a las recientes excavaciones al sur de Bagdad.

Sorpresas que da la vida a modo de extrañas casualidades. Resulta que muchos años antes de que tuviese conocimiento del hallazgo de las tumbas reales de Ur ya había tenido ante mí la copa de Puabi y el casco Meskalamdug.  

Acerca del autor

Javier Fernández Negro

Javier Fernández Negro

Fundador y director de 'El Café de la Lluvia', medio de reflexión cultural. Historiador y comunicador.

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