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En contexto. Las vías romanas, motor económico antes y ahora

Infografía con las principales calzadas romanas (Juan Pérez Ventura).
Acostumbrados a pensar que vivimos en el momento de mayor progreso de la Historia, muchas veces solemos considerar a las antiguas civilizaciones sociedades poco desarrolladas. Sin embargo, nos sorprendería descubrir la vigencia del pasado en el mundo actual. En esta ocasión, desde esta sección nos hacemos eco de un interesante estudio que relaciona la red de calzadas romanas y los flujos económicos del siglo XXI.

En el año 312 a. C. se comenzó a construir la primera gran calzada romana: la vía Apia. Esta conexión de Roma con los puertos del sur de la península itálica supuso el inicio de una intensa política de construcción de caminos por parte de la República, que entendía que la clave para un dominio efectivo del territorio era la existencia de buenas comunicaciones terrestres. Así, Roma fue expandiéndose de la mano de sus famosas calzadas, elaboradas con milimétrico cuidado a base de arena, grava y piedra.

Se calcula que la red de calzadas llegó a sumar un recorrido total de 80.000 kilómetros a lo largo de toda Europa. Desde la vía Augusta, que unía los Pirineos con Cádiz, hasta la vía Fosse, en la isla de Gran Bretaña, los romanos se aseguraron de comunicar todas sus posesiones, que hacia el año 117 d. C. alcanzaron su máxima extensión. Estas calzadas no eran simples caminos bien construidos: contaban con una red de albergues y puestos para el descanso, con monumentos y lugares de culto, con una buena señalización y piedras que marcaban el millaje, y además eran espacios seguros, vigilados militarmente. Por todo ello, las vías romanas fueron escogidas por los comerciantes para transitar, conectando así los mercados de distintas poblaciones.

Las calzadas romanas contribuyeron al progreso allí por donde pasaban, ya que normalmente se extendían en regiones poco desarrolladas que se beneficiaban de la llegada de las comunicaciones y del comercio. A su paso florecieron nuevas urbes, se establecieron zonas de producción y creció la economía.

En julio de 2018, investigadores de la Universidad de Copenhague publicaron un interesante estudio titulado Roman Roads to Prosperity: Persistence and Non-Persistence of Public Goods Provision, en el que comparaban el mapa de las vías romanas con el mapa nocturno de Europa. El primero indica el trazado de las carreteras romanas, muchas de ellas todavía presentes en el suelo, y la imagen espacial tomada por la noche revela la densidad económica a través del brillo de las ciudades, símbolo máximo del desarrollo. La comparación demuestra que la luz de las grandes urbes tiende a aparecer allí donde una vez hubo una calzada, significando que la red de caminos construida por los romanos es tan importante hoy en día como lo fue en los siglos pasados. Ha persistido su influencia a la hora de generar riqueza.

Es la conclusión a la que llega el estudio, que afirma que la red de vías romanas es más densa en las zonas donde actualmente hay mayor actividad económica, y que las regiones atravesadas por calzadas romanas son más propensas a prosperar. Para emitir una afirmación tan contundente, los investigadores de la Universidad de Copenhague basaron su estudio en datos actuales sobre densidad de población, actividad económica, red de vías de comunicación y nivel de desarrollo. El resultado era esclarecedor: el trazado de las calzadas romanas unía las zonas de mayor actividad económica y desarrollo actuales.

Una de las claves para la explicación de esta validez actual de una infraestructura tan antigua está en las continuas inversiones que recibieron las calzadas durante los siglos siguientes, en la Edad Media y la Edad Moderna, además de, por supuesto, en los siglos posteriores. La utilidad como vía de comunicación no se perdió con el paso del tiempo, y los pobladores europeos siguieron apostando por las vías romanas como caminos para unir las ciudades que se habían desarrollado al calor de las calzadas. La roca se fue puliendo, las cunetas se mantuvieron limpias, se arreglaron los baches y se mejoró el servicio. Así, han sobrevivido como rutas de comunicación válidas todavía en la actualidad para explicar los flujos económicos y de poder, al menos en Europa.

Infografía con las principales calzadas romanas (Juan Pérez Ventura).
Infografía con las principales calzadas romanas (Juan Pérez Ventura).

En zonas del norte de África y de Oriente Medio la relación entre densidad económica y trazado romano no es tan clara debido al uso que en estas regiones se hacía de las caravanas de camellos y dromedarios, que no precisaban de calzadas de piedra, como sí necesitaba el transporte sobre ruedas, más común en suelo europeo.

El reconocimiento a la gran obra de los romanos ha de basarse, además, en la comparación con otras líneas de comunicación históricas que no consiguieron mantener su influencia con el paso de los siglos. La ruta de la seda, por ejemplo, llevó el progreso y la economía uniendo las grandes ciudades de China con los centros urbanos europeos y, sin embargo, en la actualidad su trazado no tiene vigencia en términos económicos o de flujo de poder. Samarcanda, la segunda ciudad más grande de Uzbekistán, no es un centro de conexiones económicas hoy en día, no ha mantenido el estatus de poder que le dio la ruta de la seda. En cambio, Milán, Londres o París, conectadas por las calzadas romanas, sí se han mantenido como lugares centrales.

El principal aprendizaje de esta revelación histórica es la importancia de la inversión en infraestructuras para conseguir un desarrollo persistente. Una inversión que debe realizarse a largo plazo y mantenerse en el tiempo para asegurar la supervivencia de dichas infraestructuras.

Se suele decir que todos los caminos llevan a Roma, pero la red de calzadas romanas demuestra algo mucho más importante: que todos los caminos llevan prosperidad allí a donde llegan. En el mundo del siglo XXI, las vías romanas nos recuerdan que la mejor manera de progresar es estar bien conectado.  

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Acerca del autor

Juan Pérez Ventura

Juan Pérez Ventura

Profesor de Geografía e Historia. Máster en Relaciones Internacionales. Divulgador y cartógrafo. Fundador de la página web multidisciplinar VENTURA.

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