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Se cumplen 100 años del asesinato de Rosa Luxemburgo

Manifestación en el funeral de Rosa Luxemburgo, Fráncfort del Meno, 1919.
El 15 de enero de 1919 Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, dirigentes revolucionarios que acababan de fundar el 1 de enero de ese mismo año el Partido Comunista Alemán (KPD), fueron asesinados en Berlín por los Freikorps, los grupos paramilitares formados por soldados desmovilizados al mando de oficiales del ejército alemán. Se cumplen 100 años de aquellos históricos acontecimientos que sacudieron Alemania tras la derrota sufrida en la Primera Guerra Mundial.

Desde finales de enero de 1918, todavía en plena contienda mundial, se venía desarrollando en Alemania un potente movimiento huelguístico que reclamaba, entre otras cuestiones, mejoras en el reparto de alimentos, fin del estado de sitio y de la militarización de las empresas, y la liberación de los presos políticos. Y ante las negociaciones de paz iniciadas con la Rusia soviética en Brest-Litovsk, pedían también una paz sin anexiones y que fueran consultados los representantes de los trabajadores. Muestra inequívoca de la solidaridad que la Revolución rusa de octubre de 1917 había despertado entre la clase obrera alemana.

En noviembre de 1918, ante la inminente derrota de Alemania, los marineros del puerto de Kiel, en el Báltico, se negaron a zarpar para ir al combate, siendo el detonante de un movimiento revolucionario que se iba a extender por toda Alemania, dando lugar a la formación de asambleas revolucionarias de soldados y de obreros (llamadas consejos al tomar como referente los sóviets o consejos surgidos en Rusia) y dando paso a la elección de delegados.

Karl Liebknecht en 1911 (Wikimedia).
Karl Liebknecht en 1911 (Wikimedia).

Más de 3.000 delegados de esos consejos obreros y de soldados se dieron cita en Berlín el 10 de noviembre de 1918, ante los que el socialdemócrata (SPD) Friedrich Ebert, recién nombrado canciller del Reich, tras la abdicación del Káiser Guillermo II, presentó su gobierno formado por tres ministros del Partido Socialdemócrata (SPD) y otros tres de una escisión de izquierda denominada Partido Socialdemócrata Independiente (USPD), que fue ratificado por los representantes de los consejos obreros y de soldados. Como el día anterior, 9 de noviembre, se había proclamado la República, Ebert se convertía en el último canciller imperial, el primero de la recién proclamada república y simultáneamente, como señalaba el profesor Josep Fontana, en el primer jefe de gobierno de los comisarios del pueblo.

Para asegurarse el apoyo del movimiento revolucionario, el nuevo gobierno estableció la jornada de 8 horas, mejoras en el sistema de Seguridad Social, ampliación del sistema de libertades democráticas, que los sindicatos fueran reconocidos como interlocutores en las empresas y prometió la convocatoria de una Asamblea Constituyente para enero de 1919. Sin embargo, al mismo tiempo, daba garantías al alto mando militar, representado por el general Groener, hombre de confianza del mariscal Hindenburg, de que restablecería el orden e impediría una revolución bolchevique como la de Rusia.

Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo en 1910 (Wikimedia).
Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo en 1910 (Wikimedia).

El 16 de diciembre de 1918 se celebró en Berlín el Primer Congreso de representantes de los Consejos obreros y de soldados, en el que el SPD tenía una amplia mayoría. Se aprobó la convocatoria de la Asamblea Constituyente para el 19 de enero de 1919, y pese a que los representantes de los soldados hicieron aprobar propuestas para que los consejos de soldados pasaran a ser la máxima autoridad en el ejército y se formaran milicias civiles como fuerza de autodefensa de los consejos, el gobierno Ebert, de acuerdo con el alto mando alemán, actuó en sentido totalmente opuesto, lo que llevó al abandono del gobierno de los ministros del USPD, y procedió a legalizar los Freikorps, que con el apoyo del ministro de Defensa, el socialdemócrata (SPD) Gustav Noske, reprimieron con saña la insurrección de enero de 1919 y asesinaron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo, líderes espartaquistas que el 1 de enero acababan de constituir el Partido Comunista Alemán (KPD).

La insurrección espartaquista de enero, y así lo apreció la propia Rosa Luxemburgo en las discusiones internas, probablemente fuera prematura para la correlación de fuerzas existente en ese momento. De hecho, Trotsky, la comparó con las jornadas de julio de 1917 en Petrogrado, en las que los bolcheviques trataron de contener el movimiento espontáneo de las masas, sabedores de que no era todavía el momento idóneo, aunque, pese a ello, el gobierno provisional de Kerensky, no dejó de acusarles de su organización, cerrando sus locales, prohibiendo su prensa, apresando a muchos de los dirigentes y haciendo incluso que Lenin tuviera que marchar al exilio.

Los Freikorps estaban integrados por unos 250.000 a 400.000 miembros, mayoritariamente soldados desmovilizados. Solían estar dirigidos por oficiales de rango medio, tenientes y capitanes. Y sembraron el terror por toda Alemania, especialmente contra trabajadores y miembros de la comunidad hebrea. Algunas de estas unidades ya usaban como distintivo la cruz gamada, que luego sería el emblema de los nazis. Este tipo de unidades paramilitares no sólo actuaron en Alemania, también lo hicieron en Austria y en Hungría, manteniendo estructuras de coordinación entre ellos.

Rosa Luxemburgo, militante obrera y gran teórica marxista

Si la represión del gobierno Ebert-Noske y los Freikorps se cebó con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, no fue por casualidad.

La importancia política de Luxemburgo se había disparado desde el mismo 4 de agosto de 1914, cuando los diputados socialdemócratas votaron a favor de los créditos de guerra. Es decir, cuando cerraron filas con el gobierno alemán que se preparaba para la guerra imperialista. Sólo lo rechazó el sector del partido encabezado por Clara Zetkin, Frank Mehring, el mencionado Liebknecht (único diputado socialdemócrata que rompió la disciplina de voto del SPD en el Reichstag, absteniéndose en agosto y votando abiertamente en contra en diciembre en el momento de su renovación) y la propia Rosa, que constituyeron la Liga Espartaquista (por el líder de la revuelta esclavista contra Roma del siglo I antes de nuestra era) y que el 1 de enero de 1919 pasó a ser el Partido Comunista de Alemania (KPD).

Rosa Luxemburgo hacia 1895-1900 (WIkimedia)
Rosa Luxemburgo hacia 1895-1900 (WIkimedia)

Rosa había nacido el 5 de marzo de 1871 en Zamość, territorio polaco entonces controlado por el imperio ruso (por lo que ese día era el 18 de marzo en el calendario gregoriano que regía en Europa occidental, justo cuando comenzó la Comuna de París). Con quince años ya participaba en la organización política del movimiento obrero polaco, por lo que hubo de exiliarse, primero a Suiza y luego a Alemania, cuya ciudadanía obtuvo en 1898. Allí intervino políticamente, especialmente contra el revisionismo reformista de Bernstein y otros dirigentes. Padeció prisión por motivos políticos en varios periodos.

Como teórica marxista, fue autora de numerosas obras como Reformismo o revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La acumulación del capital (1913), Folleto Junius: La crisis de la socialdemocracia (1915) e Introducción a la economía política, también conocido como ¿Qué es la economía? (1916-17). Hizo importantes aportaciones en temas como el análisis del militarismo o la crítica a la burocratización de las organizaciones obreras. Escribió asimismo múltiples artículos y cartas. Fue cofundadora del periódico Die Rote Fahne («La bandera roja»), cuyo primer número apareció el mismo 9 de noviembre de 1918, órgano del KPD desde el 1 de enero de 1919.

Explicó con claridad por qué se mantenía la doble opresión de las mujeres trabajadoras, debido a la lógica capitalista de explotación, por lo que su emancipación sólo podría lograrse con la emancipación del conjunto de la clase trabajadora:

«la bailarina del music-hall cuyas piernas suponen un beneficio para el bolsillo del empresario, es una trabajadora productiva, mientras que el del grueso de mujeres y madres proletarias dentro de las cuatro paredes de sus casas se considera improductivo. Esto puede parecer brutal y demente, pero corresponde exactamente a la brutalidad y la demencia del actual sistema económico capitalista, y aprehender clara y agudamente esta realidad brutal es la primera tarea de las mujeres proletarias».

Discurso en las II Jornadas de Mujeres Socialdemócratas, Stuttgart, 12 de mayo de 1912.

Apoyó inequívocamente la Revolución rusa. En septiembre de 1918 preparó un borrador sobre ella que fue publicado cuatro años después por Paul Levi, exdirigente del KPD, para tratar de enfrentarla con el bolchevismo del que Levi se había apartado para aproximarse progresivamente hacia posiciones socialdemócratas. El texto adolecía de errores debidos a las limitaciones de su elaboración, en la cárcel, lo que explica que no llegara a publicarse. Sin embargo, en él era manifiesto su respaldo a la revolución y a sus líderes:

«Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: ‘¡Yo osé!’ Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique. En este sentido, suyo es el inmortal galardón histórico de haber encabezado al proletariado internacional en la conquista del poder político y la ubicación práctica del problema de la realización del socialismo, de haber dado un gran paso adelante en la pugna mundial entre el capital y el trabajo».

Por su parte, el propio Lenin la reconoció siempre como un referente, pese a las polémicas teóricas que mantuvo con ella en temas como la autodeterminación nacional, la espontaneidad revolucionaria y otros: «fue y seguirá siendo un águila y no sólo su memoria será siempre valiosa para todos los comunistas, sino que su biografía y sus obras completas (…) servirán como útiles manuales para la educación de muchas generaciones de comunistas de todo el mundo» (Notas de un publicista, 1922). Al igual que Trotsky (véase su texto «Fuera las manos de Rosa Luxemburgo» de 1932). Al contrario que Stalin que, en 1932, en un documento titulado: «Respuesta a Olejnovich y Aristov», llega a decir de Rosa Luxemburgo: «luchó intensamente contra el esquema leninista de la revolución».

Manifestación en el funeral de Rosa Luxemburgo, Fráncfort del Meno, 1919.
Manifestación en el funeral de Rosa Luxemburgo, Fráncfort del Meno, 1919.

En 1916, en La crisis de la socialdemocracia atribuyó a Engels la frase que expresa nítidamente la disyuntiva que enfrentaba y enfrenta la humanidad, cada vez de un modo más acuciante: «La sociedad burguesa se encuentra ante un dilema: o avance hacia el socialismo o recaída en la barbarie». El asesinato de Rosa Luxemburgo fue una expresión más de barbarie, pero no de desesperanza, como revelan las que serían sus últimas palabras escritas, el día anterior:

«¡El orden reina en Berlín!», «¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!»

Para saber más

Sebastián Haffner (2005). La Revolución alemana de 1918-1919. Inédita Editores.

Hagen Schulze (2005). Breve historia de Alemania. Alianza Editorial.

Gilbert Badia (1976). Rosa Luxemburg. La Liga Spartakus. Dossier sobre la revolución alemana 1918-19. Editorial Anagrama.

Pierre Broué (1971); Révolution en Allemagne, 1917-1923, Les Editions de Minuit, Paris. Existe versión castellana pero sólo del tomo 1: Pierre Broué (1973) Revolución en Alemania. De la guerra a la revolución. Victoria y derrota del ‘izquierdismo’. A. Redondo. Barcelona.

Josep Fontana (2017). El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. Editorial Planeta.

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Acerca del autor

Xabier Arrizabalo Montoro

Xabier Arrizabalo Montoro

Profesor de la UCM y director del Instituto Marxista de Economía.

Acerca del autor

Jesús de Blas Ortega

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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