Ian Gibson: «Todos los que amamos la obra de Lorca tenemos derecho a saber dónde están sus restos»

Ian Gibson (Wikimedia).
Ian Gibson es un conocido hispanista de origen irlandés y español de adopción, autor de numerosas obras biográficas sobre importantes escritores y artistas españoles, como Lorca, Antonio Machado, Dalí, Buñuel, etc.; de numerosos ensayos sobre diferentes acontecimientos y personajes de la Guerra Civil española; de varias novelas y libros sobre sus viajes por nuestro país. Pero, sin duda, por lo que es mundialmente conocido, es por sus obras en las que investiga el asesinato del poeta García Lorca en Granada, que han sido objeto de reseña en esta revista.

La entrevista la vamos a centrar en tres de las obras de Ian Gibson: la recientemente publicada y reseñada en esta revista, titulada El asesinato de García Lorca (2018); otra publicada hace años pero que complementa perfectamente a la anteriormente citada, titulada El hombre que detuvo a García Lorca (2007), también reseñada en esta revista; y una tercera donde se aborda de forma abierta y honesta las circunstancias de la homosexualidad de Lorca, sus relaciones y el reflejo en su obra, Lorca y el mundo gay (2009). Esta entrevista tuyo lugar a finales de julio en un entrañable bar-restaurante (Portomarín) de la plaza de Lavapiés de Madrid, barrio de acogida de Ian Gibson desde hace años. La última parte se plantea como una conversación entre todos los participantes.


Nota de la dirección de la revista: esta entrevista ha sido preparada y realizada por colaboradores ocasionales de nuestra revista que la han facilitado para su publicación, aunque no forman parte de la redacción. Se tratan en ella temas sensibles para la opinión pública española, y Descubrir la Historia desea no alinearse con ningún planteamiento político concreto. Pero sí creemos que la tarea de los historiadores o de las publicaciones comprometidas con la divulgación es narrar los hechos pasados y profundizar en todos los aspectos aún desconocidos, sin la mediación de velos políticos. En esta línea, estamos de acuerdo con la afirmación de Ian Buruma recogida en la reciente biografía de Francisco Franco escrita por Enrique Moradiellos: «Solo cuando una sociedad llega a ser suficientemente libre y abierta para volver la vista atrás, pero no desde el punto de vista de la víctima ni del criminal, sino con una mirada crítica, únicamente entonces encuentran reposo sus fantasmas»


Jesús de Blas¿Cuándo comenzó su interés por García Lorca y más en concreto sus investigaciones sobre su muerte en Granada al comienzo de la Guerra Civil?

Ian GibsonBueno, lo primero fue el encuentro con su poesía. Cuando yo tenía 18 años empecé a aprender el idioma. No sabía casi nada de este país, prácticamente nada. Yo sabía francés y entré en el Trinity College en Dublín para estudiar Literatura francesa y Literatura española, pero la española desde cero. Permitían entonces que conociendo una lengua romance (italiano, francés, portugués…) pudieras aprender otra desde cero. Yo elegí el español en vez del italiano, supongo que por las relaciones de Irlanda con España a lo largo de los siglos: el catolicismo, la lucha contra el inglés… De modo que entré allí con 18 años y un día en una librería vi libros españoles y empecé a mirar algunos y entre ellos estaba el Romancero gitano de Lorca. Abrí el libro y empecé a leer un poema titulado «Romance de la luna luna», y yo, que no conocía el idioma, pero sí que sabía latín y francés, tampoco me costó muchísimo trabajo ir descifrándolo. La luna es la luna [risas], es latín y ya está. «La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos». No sabía lo que era un nardo, tampoco un polisón, pero, en fin, vi que había una luna allí bailando delante de un niño hipnotizado por la luz y la luna personificada como una mujer, una bailarina mortal. Y no sé, me entró de una manera tremenda. Me impactó. Yo que conocía bastantes poemas ingleses, franceses, jamás había tropezado con algo parecido. Empecé allí, y claro, fue un proceso lento. Y esto es difícil resumirlo ahora, pero fue un proceso de años entrar en la obra de Lorca, ver la temática, ver el lenguaje metafórico, y sentirse atraído por Andalucía y sobre todo por Granada, todo esto fue un proceso que me fue sucediendo poco a poco.

En medio de muchos trabajos sobre otros poetas y otros escritores había que pensar, pasado uno, dos o tres años en la tesis doctoral, y opté por Lorca. No sabía exactamente sobre qué aspecto, pero finalmente decidí investigar las raíces rurales, agrarias, telúricas de la obra de Lorca. Para lo cual pedí, en su momento, una beca para poder pasar un año en Granada e investigar sobre la juventud e infancia del poeta en la Vega de Granada y buscar las raíces de su obra. Pero claro, yo fui allí en el año 1965 y a los tres meses la tesis se había convertido en una investigación sobre las circunstancias de su muerte. Esto fue en el año 1965 cuando a Franco aún le quedaban por delante diez años más en el poder y en este mundo. Y bueno, era difícil con la policía. Era peligroso, no para mí, sino para la gente que hablaba conmigo. Y había que proceder con mucho cuidado, pero yo decidí en la misma Granada, a los tres meses de llegar, que iba a hacer una investigación sobre las circunstancias de su asesinato, de lo que había pasado allí. Eso fue más o menos cómo ocurrió. Aquel año fue un año milagroso porque encontré mi vocación de detective literario, y fui profundizando en su obra. Y tuve la suerte de llegar justo a tiempo de conocer a amigos suyos, algunos de ellos muy importantes en su vida. Todo eso ocurrió en los años 1965-66. El hecho de ser irlandés algo tenía que ver con todo eso, porque la literatura irlandesa también tiene esta raíz telúrica. Es una literatura muy en contacto con la tierra. No hubo revolución industrial en Irlanda en el Sur y la gente, gran parte de la población vivía muy apegada a la tierra y Lorca dice: «yo soy un poeta telúrico, un hombre agarrado a la tierra, que toda creación la saca de su manantial». Todo esto tenía para mí resonancia, algo intuía, sabía que había algo en común, que había algo que compartíamos. Además, Lorca, y esto lo descubrí muchísimo después, era consciente de que su mundo poético tenía algo que ver con el mundo literario irlandés.

JBSu primera publicación al respecto fue en la editorial Ruedo Ibérico en 1971 (editorial española en París dirigida por exiliados) ¿Cuál fue el impacto de esta publicación, tanto dentro como fuera de España?

IGEl impacto fue tremendo porque no se había publicado ninguna monografía sobre este tema. Sólo algunos artículos de prensa, pero una monografía detallada sobre la represión franquista en Granada y el asesinato de Lorca no. Este libro, desde el primer momento, tuvo el apoyo de José Ángel Ezcurra, director de la revista Triunfo, que fue la gran revista antifranquista bajo el franquismo. El libro se editó en el año 1971 pero al año siguiente le dieron un premio muy importante en Niza, en la Feria Internacional del Libro. Era el Premio Internacional de la Prensa, un premio otorgado por nueve periódicos y revistas progresistas de Europa, entre ellos Triunfo. Y realmente Ezcurra empujó mucho para que diesen el premio al libro por su temática antifranquista. Esto fue en el año 1972. El premio fue de cierto calado, porque fue un premio otorgado por periódicos muy importantes. No recuerdo los nombres, Le Nouvel Observateur y otros, en total nueve, de distintos países de Europa. Y cuando le dan el premio se hace imposible que no se sepa en la España de Franco. Y hace imposible también impedir que el libro entre. El libro se prohibió enseguida. Eso me lo contó años después el ministro Solís, el de la sonrisa, José Solís, de Jaén. Coincidimos en un programa de Mercedes Milá en la televisión. Y se lo dije públicamente, en fin, bromeando, pero le hablé de su amigo Franco. El libro se prohibió, pero cuando al año siguiente le dieron el premio en Niza con el apoyo de Triunfo se comentó en toda la prensa española. Es el año 1972 y a Francisco Franco le quedan tres años. Está enfermo, se va acabando. España se va abriendo poco a poco. Todo el mundo quiere la apertura, incluso la derecha, al menos cierta apertura, no pueden seguir con una dictadura. De modo que el libro empezó a tener un impacto a partir del año 1972. Y fue tremendo. A mí me han hablado centenares de personas de cómo trajeron el libro, de cómo pasaron la frontera con el libro oculto en maletas, en todos los sitios imaginables. Y entró masivamente. Luego se tradujo a otros idiomas. Creo que se tradujo a 14 idiomas. Y claro, nadie me conocía a mí, pero a partir de entonces sí, era el autor del libro. Pero cuando empecé no tenía nombre. Y el tema no parecía interesar a nadie. Tuve problemas para publicar el libro. Pero finalmente, cuando lo editó Ruedo Ibérico y le dieron el premio, el impacto fue considerable. Sin lugar a dudas. Porque ¿qué era este libro? Mostraba al mundo que el régimen mentía, y que el régimen ocultaba que aquí había habido una represión masiva que hoy todavía no conocemos. Estamos hablando del año 1972.

Y claro, cuando murió Franco el libro se publicó aquí y entonces sí se vendió masivamente, unas ventas hoy inimaginables. Porque entonces había una sed de lectura sobre todos los aspectos de la Guerra y la República y los libros se vendían como rosquillas. Del libro mío de Lorca se vendieron 80.000 ejemplares o algo así. Eso nunca lo he repetido con ningún libro. Eso fue un momento excepcional. Había una sed terrible. Recuerdo perfectamente que cuando volví a España en el año 1976 fui a las Ramblas de Barcelona, entonces vivía en Francia e impresionaba ver las tiendas y los kioscos de prensa. Todos los libros prohibidos ya se publicaban, porque los editores esperaban aquel momento. Y todo salía. La agonía de Franco, del régimen, fue lenta, había tiempo de sobra para ir preparando el momento, y el momento estaba superpreparado. El libro de Hugh Thomas, o el libro de Gerald Brenan… fue una eclosión, una explosión. Hay libros que yo no olvidaré nunca.

JBPara recopilar tantas fuentes como citas, muchas a partir de entrevistas directas con personas ya fallecidas, ¿tuvo muchas dificultades? ¿Quiere hacer hincapié en alguna de ellas por su singularidad e importancia?

IGEra muy difícil conseguir documentos en la Granada de los años 1965-66. Era muy difícil, por no decir imposible, conseguir documentos sobre la represión. Yo empecé con la prensa local bajo la República. Había un periódico republicano, que era El Defensor de Granada y localicé la colección en la Casa de los Tiros de Granada, donde nadie me impidió la consulta. También había que ver el periódico de derechas, Ideal, que sigue existiendo todavía hoy, pero entonces era de Gil Robles, bueno, en los años 30 era de la Editorial Católica, es decir, la editorial de la CEDA, de la Iglesia Católica. Vi claramente que había que empezar por ahí, viendo la prensa. Y pasé meses y meses recopilando. Y apenas había fotocopias. Había que ir además con cierto sigilo. Yo no dije en la biblioteca que trabajaba sobre el asesinato de Lorca. En fin. Con cautela, tomando apuntes, pero ya os digo que fotocopias no. Estamos en el año 1965-66, sólo había una fotocopiadora en Granada, o había que ir a Córdoba. Era terrible, era otra época. De modo que lo que yo buscaba era documentación impresa escrita y documentación oral. Y para tener información oral, me di cuenta enseguida de que tenía que tener una grabadora. Entonces no era como hoy con un móvil que graba, y es un pequeño aparato. No existía esto. Existían grabadoras con cinta. Alguien me dijo que en Gibraltar tenían unas grabadoras japonesas pequeñísimas que eran fantásticas. Yo me fui corriendo a Gibraltar. Tenía coche. Y vi la oferta de grabadoras japonesas, magnetófonos se llamaban entonces, y compré una. Y era pequeñísima, pero era como cuatro veces un móvil. No era nada pequeño en comparación con un móvil de hoy. Era la grabadora más pequeña que había entonces en el mercado. De modo que el señor Gibson compró su grabadora, que tampoco me costó mucho. Pero había que meter la grabadora en una especie de carpeta porque no podías llevarla ante un falangista y dejarla sobre la mesa, porque no te iba a dejar grabarle. Yo estaba dispuesto a todo, menos a matar, y al enemigo había que grabarle, desde luego. Me compré una carpeta de piel. Hice agujeros para pegar el micrófono a los agujeros e ir con la carpeta bajo la mesa. Y así conseguí unas grabaciones que hoy están en mi archivo en Fuente Vaqueros, abiertas al público, que son absolutamente fantásticas. Son documentos históricos. Eso es lo que yo hice. A veces de manera oculta, a veces abiertamente, según la persona. La grabación de Angelina, la criada de los García Lorca, la grabación de Ruiz Alonso… Todas esas grabaciones, que son de los años 60, están ahora en mi archivo en Fuente Vaqueros y se pueden escuchar. Esta fue la base, semana tras semana. Luego conseguí lo que se había publicado en la prensa extranjera.

Vine aquí a Madrid muchas veces. Pasé épocas en la Hemeroteca Municipal que estaba entonces en la Plaza de la Villa, no en el Conde Duque, como hoy. Era una maravilla. El viejo caserón de la Plaza de la Villa frente al Ayuntamiento con las monjas al lado y las campanas repicando, en pleno verano, con las ventanas abiertas. Y el señor Gibson buscando información sobre García Lorca. Claro, tuve que explicar por qué quería ver la prensa republicana que se podía consultar con un permiso especial. Dije que era nieto de un general irlandés que luchó con Franco, el general O’Duffy, un facha tremendo. Que lo hizo tan mal que Franco le mandó para casa. Yo, con mi pasaporte verde (que te quiero verde) irlandés, digo que soy el nieto de O’Duffy y estoy trabajando sobre la participación irlandesa en la Guerra Civil al lado de Franco. Y, mientras tanto, iba repasando páginas de toda la prensa buscando referencias a la muerte de García Lorca. Fue un trabajo de años. Ahora lo resumo, claro. Tuve que volver a mi Universidad en el año 1966, tras haber pasado un año en Granada, pero el libro no salió hasta el año 1971. Porque publicar el libro llevó mucho tiempo. Había que buscar editor. Fracasé no sé cuantas veces, hasta que Ruedo Ibérico aceptó publicármelo. Pero la primera edición me costó cinco años de trabajo. Luego lo fui revisando y revisando, hasta hoy. Ese fue un poco el método. Yo, claro, tenía la ventaja de tener una beca de un año, una subvención de mi Universidad, un coche que me permitía desplazarme, y así recorrí media Andalucía buscando papeles en hemerotecas. Para mí era apasionante. Era fantástico. Ibas en contra del sistema, sabías que ibas a hacer una contribución contra el fascismo, contra el régimen de Franco. Yo me decía: «si lo logro publicar, si termino este libro, va a ayudar a la causa». Este fue un motivo fuerte.

Ian Gibson (Wikimedia).
Ian Gibson (Wikimedia).

JBLos herederos de la familia de García Lorca parece que han manifestado ciertas reticencias a colaborar plenamente con sus investigaciones ¿A qué atribuye estas reticencias?

IGBueno, tuve problemas con ellos casi desde el primer momento. Cuando digo ellos ¿a quién me estoy refiriendo? Me estoy refiriendo al hermano de Lorca, Francisco García Lorca. Me estoy refiriendo a la hermana de Federico, Isabel. Conchita había muerto. Ellos dos fueron unas personas esenciales en todo este proceso. Luego entró Manuel Fernández-Montesinos, el hijo del alcalde fusilado de Granada y de Conchita García Lorca. Él fue el único varón joven de la familia, el resto de los familiares jóvenes, eran mujeres. ¿Cuáles fueron los problemas? Para empezar le cuestión homosexual, que no era posible abordar con ellos. Cuando vieron que yo no tenía ningún problema, que para mí el hecho gay era fundamental para entender a Lorca y su obra, empezaron a recelar un poco de mí y sobre todo cuando se publicó el libro en el año 1985. No me refiero al libro sobre el asesinato, sino a la biografía, al primer tomo de la biografía del año 1985, donde ponía el tema de la homosexualidad en el centro del retrato que yo construí de García Lorca. Esto no les gustó absolutamente nada. Tenían un tremendo problema familiar con este aspecto del poeta. La prueba está en que Francisco García Lorca, catedrático de Literatura Española en EE.UU., publicó un libro sobre Lorca con el título de Federico y su mundo, publicado aquí por Alianza en 1981. Sorprende que, con este título, en un libro de 500 páginas no se mencione para nada el «pequeño tema» de la homosexualidad. Es decir, en Federico y su mundo no cabe la palabra homosexual ni hay una sola alusión al tema. Esto nos da la medida del problema que había en el seno de la familia y te preguntas: ¿cómo es posible que un hombre al que han dado una cátedra de Literatura no tenga vergüenza en publicar un libro con este título donde no menciona un tema que es absolutamente fundamental para entender a su hermano y su obra? Esta línea de que no tenía nada que ver, de que no hay que tocar el tema, era un problema con la familia. Se ve en el libro de Paco, Federico y su mundo, pero también en las memorias casi póstumas de Isabel García Lorca, Mis recuerdos. Entre sus recuerdos no figura el recuerdo de haber oído, haber sabido que Federico era gay. Todo esto era un grave problema para mí.

Además, el hecho de que yo le daba credibilidad al relato de Luis Rosales sobre el asesinato supuso aún mayores discrepancias conmigo. Ellos nunca creyeron la versión de Luis Rosales. Y esto creó un problema a la hora de tener una buena relación con ellos. Y luego además entró en juego Manuel Fernández-Montesinos. Es verdad que cuando yo pedía algo me lo mostraban. Cuando pedía ver algo casi siempre me dejaban. Pero si yo no pedía nada, ellos no me iban a decir: «acabamos de encontrar una carta que demuestra la fecha de la llegada de Federico a Granada cuando salió de Madrid después del asesinato de Calvo Sotelo». No me ayudaron hasta el punto de decirme: «hemos encontrado tal documento revelador y fabuloso para tu trabajo». Y también había otros problemas con los derechos de autor. Y por lo que toca a la muerte nadie entiende por qué ellos no han liderado o no han participado en el liderazgo de este movimiento de la Memoria Histórica, puesto que tienen al desaparecido mundialmente más famoso, y yo siempre añado, y más llorado. Porque Lorca es un desaparecido que representa no solo a las más de 100.000 víctimas de aquí, sino a todos los desaparecidos del mundo por su obra, que es una obra de raíz cristiana, de tener en cuenta al prójimo, basada en el mensaje de amor al otro que transmite toda la obra de García Lorca. El hecho de que esta familia no haya ayudado nada es extraño. Es extraño no haber participado en este movimiento de la Memoria Histórica. Jamás he visto a nadie de la familia en una manifestación a favor de Garzón, nada. No los he visto en absolutamente nada referido a la Memoria Histórica. De modo que la pregunta es: ¿qué pasa con esta familia? ¿Por qué no ayuda? Y están también las mil versiones que hay sobre el último paradero del poeta. Que si el padre de Lorca lo sacó de allí pagando una cantidad fuerte a los sublevados granadinos. Que si está debajo de la Huerta de San Vicente. Que si está en Nerja… No han ayudado absolutamente nada. Yo no sé la respuesta. Laura García de los Ríos, por cierto, ha añadido el guión Lorca para que nadie le confunda con otro García cualquiera, porque Laura García-Lorca realmente es Laura García de los Ríos. Si pones el guion con Lorca, es por algo. Es para que sepan quién eres tú, y resulta que no apoyas el movimiento de la Memoria Histórica. Es, a mi juicio, un mal uso, incluso un abuso. Pero ¿qué pasó con el régimen? Algo desde luego. El mismo Franco dijo, según las memorias de su primo y jefe de su Casa Militar, Francisco Franco Salgado-Araujo, que él dio personalmente su permiso para que las obras se pudiesen publicar aquí en los años 50. Así salió la edición de Aguilar, con las tapas de piel del año 1954. Franco dio su permiso personal porque si no Lorca no se podía publicar aquí. Así ellos podrían recibir derechos de autor, pero ¿a cambio de qué? Franco les permite publicar el libro para ganar dinero, pero ¿a cambio de qué? Se supone que del silencio, porque que yo sepa jamás criticaron públicamente al régimen de Franco, ni aquí ni en EEUU. Por un lado, el silencio, no tocar el tema. Pero también hay el rumor de que Franco les permitió recuperar los restos. Lo que tenía su sentido. Esto cabe dentro de lo posible. Mucha gente lo cree. En Granada todo el mundo dice: «llegó un coche» –eran los años 50, por supuesto, no me estoy refiriendo al año 1936- «llegó gente inquiriendo, indagando». La familia dijo que no, que nunca hubo un pacto con Franco. Pero sí hubo un acuerdo sobre la cuestión del silencio. En fin, no quieren que esto se comente. Yo no he investigado, pero se podría investigar…

JBMe ha llamado también la atención como historiador (profesor de Historia) el papel tan relevante que jugaron ciertos sectores de Acción Popular y sus juventudes (JAP) en la detención del poeta. En general, en los libros de texto, se habla de la represión ejercida en la retaguardia por la Falange y los requetés (bueno, además de la de los militares y otras fuerzas policiales, claro), pero la figura de Gil Robles se queda un tanto al margen, por su residencia en Estoril durante la Guerra Civil, pero hasta el decreto de unificación de abril de 1937 (decreto de creación del partido único FET y de las JONS), hemos podido leer de forma muy documentada en tus obras cómo las JAP contaban con milicias propias (Cruces Negras) y también estructuraban escuadrones negros o de la muerte, y todo ello con la aquiescencia del Jefe (Gil Robles) residente en Estoril, que en diferentes escritos llamaba a sus huestes a ser fieles a los sublevados. ¿Podría comentar algo más al respecto?

IGBueno, es un tema que no he investigado en profundidad. De todo esto, si sé algo, lo sé a través de mi investigación sobre Ramón Ruiz Alonso, que al fin y al cabo es diputado de la CEDA por Granada, amigo personal y correligionario de Gil Robles, católico fanático, que llegó a ser jefe de las milicias de la CEDA. Yo creo que ideológicamente estaban muy cerca de los falangistas. Ruiz Alonso, no olvidemos, publicó un libro, que era un poco su tesina universitaria, sobre el corporativismo de Mussolini. Yo me quedé de una pieza cuando encontré el libro, del que no sabía nada, en una biblioteca particular de Granada. Era el año 1965 y de repente estoy mirando un libro de Ruiz Alonso que se llama Corporativismo. Lo empecé a leer y es un manual fascista. Para ellos el catolicismo era compatible con el fascismo. Y estaba prologado por Gil Robles desde Estoril.

Gil Robles me dijo, cuando le hice una entrevista, que él no estaba de acuerdo en absoluto con lo que hizo Ruiz Alonso. Pero me lo dijo décadas después, ¿comprendes? Se había convertido un poco en oveja. Me dijo: «yo no era fascista y yo no sabía nada de lo que hacía Ruiz Alonso en Granada, me pidió el prólogo, e hice el prólogo sin saber». De todo esto me habló Gil Robles. Y no tengo la grabación, pasó algo con la grabación aquel día y no puedo venir aquí con la grabación porque no la tengo, pero eso es lo que me dijo. Pero realmente ¿qué distancia había entre un Ruiz Alonso, católico fanático, y un Pepiniqui Rosales (por José Rosales, falangista y hermano de Luis)? Yo creo que la diferencia ideológica era mínima. Los Rosales que eran falangistas, eran católicos, lo mismo que Ruiz Alonso. De modo que son dos grupos políticos diferentes, pero en lo fundamental la ideología es compartida prácticamente. Y sobre eso que tú has dicho de los escuadrones de muerte, la burguesía granadina era más de la CEDA que de Falange, obviamente, pero su mentalidad era, con algunos matices, que los dos estaban a favor de liquidar a los rojos. Valdés, el gobernador civil de Granada, el usurpador del Gobierno civil era una camisa vieja, pero todos sus asesores son de la CEDA. Es la derecha dura granadina, que no son falangistas sino de la CEDA, pero su ideología está muy cerca de la falangista. De modo que yo no haría una distinción tajante entre los falangistas en Granada y los cedistas. ¿Cuántos eran? Los falangistas eran 60 o 70 antes del inicio de la guerra. Había mucha más gente católica de derechas que falangistas. Pero cuando empezó el llamado Movimiento y siguió el terror, creo que estaban muy cerca unos de los otros.

JBEn el libro de Ruiz Alonso he podido leer, por fechas, que el mismo día que Franco firma el decreto de unificación de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, un diario de Santiago de Compostela publica que Ruiz Alonso ha pasado revista a las milicias (Cruces Negras) de las JAP… El mismo día de la liquidación de las Cruces Negras porque se unifican todas en el nuevo partido único.

IGExacto. Sí, sí. Además, es un hombre muy ambicioso. Él creía que iba a tener un papel relevante en la nueva España de Franco. Buscaba acomodo. Pero para los demás, para el régimen, era un problema. Un hombre que tenía esta relación con el asesinato de Lorca era mejor apartarlo. Pero él tenía la idea de que iba a ser algo importante en la España de Franco.

JBTambién me ha llamado la atención y me parece que constituye una documentación esencial, la confrontación política que se expresaba en Granada a través de dos periódicos de tendencias opuestas, el Ideal de Granada (católico y de derechas) y El Defensor de Granada (republicano y de izquierdas), y el importante papel que tuvieron en los momentos anteriores al inicio de la Guerra Civil, y ya durante la guerra el único que sobrevivió, el Ideal, ¿Qué podría señalar sobre esta cuestión?

IGYo creo que confrontando ambos periódicos se ve lo que era la situación en Granada antes del llamado Movimiento. Hay una especie de guerra civil larvada en Granada entre la burguesía, a la que Lorca llamó «la peor burguesía de España», la burguesía católica de Granada y los otros, los progresistas, los republicanos. Se ve clarísimamente en ambos periódicos. Y si estamos aquí (en Madrid) hablando de Lorca, cuando se estrena Yerma en diciembre de 1934, la reacción de la prensa católica en general fue tremenda. Le acusaban de todo al autor. De ser un enemigo de la España tradicional, un escritor pornográfico, una especie de escritor repelente, discípulo de Fernando de los Ríos. Las reseñas fueron tremendas, realmente terribles, demoledoras. Se ve allí el odio. Por lo que toca al Ideal ni mencionó el estreno de Yerma en Madrid. No hay ni una sola alusión en el Ideal. A veces tienes que buscar lo que no hay, los silencios. Bueno, lo mismo hoy. De modo que un periódico, el Ideal, no menciona el triunfo, que fue un triunfo lo de Yerma, tanto en Madrid como en Barcelona. No hay ni una sola alusión en el diario de Gil Robles, el jefe de la CEDA, el diario donde trabaja Ramón Ruiz Alonso como tipógrafo. Ruiz Alonso es un mandado por Gil Robles a Granada, no sólo como tipógrafo, obviamente, sino como político. Lo eligen, está en la lista de la CEDA y sale elegido. Y es un orador de cierta capacidad persuasiva. Es fuerte físicamente y tiene una buena presencia. De modo que él es el hombre de Gil Robles en Granada. Hay este pulso entre los dos periódicos.

El otro es El Defensor de Granada. Un periódico extraordinario, muy bueno, republicano, antifascista, y sigue todo lo que hace Lorca. Todo lo que hace en España o en América se comenta muchísimo en El Defensor. Ahí se ve que es casi un estado de preguerra, de odios. Granada sigue así hoy. Eso se nota en los grupos de escritores enfrentados. Según con quien hablas, si mencionas a García Montero o a Muñoz Molina, ves la reacción de la gente. Hay gente que dice que son una mierda. Hay grupos de amigos que comentan entre sí, que son un desastre, que no sirven literariamente. Yo no puedo ir a Granada sin oír este tipo de comentarios, hoy. Y claro, nos podemos imaginar cómo era en el año 1936. El granadino que triunfa fuera si vuelve a Granada lo tiene difícil. Lo sabía Ángel Ganivet y obviamente Lorca sabía lo que era Granada. Y lo saben los actuales. Lo sabe García Montero, y lo sabe Muñoz Molina. Es que es terrible. Las envidias son tremendas. Y todo esto estaba ya allí en los años 30 esperando el momento de explotar.

JB¿Quién era el director del El Defensor de Granada?

IGConstantino Ruiz Carnero. Había un grupo de gente extraordinario. Constantino también era gay. Y eso no ayudaba nada en aquel momento. A Constantino lo machacaron antes de matarlo. El odio era feroz y se ve hoy mismo. De modo un tanto atenuado, hasta cierto punto y según el momento, pero rascas un poco y sale todo esto. Está ahí, en el ADN de mucha gente de derechas. De modo que no es nada difícil imaginar Granada en aquellos momentos. El odio visceral…

JB¿Cómo es posible que 82 años después de su muerte, el poeta español más insigne y universalmente conocido de todos los tiempos siga siendo un desaparecido, cuando tantos investigadores, como usted, coinciden en señalar su localización en el municipio de Alfacar, cerca de otros fusilados en aquella época?

IG Sí, pero hay que verlo en el contexto de lo que no se hizo en su momento. Yo siempre pienso que el PSOE con la mayoría absoluta que tuvo después de Tejero podía haber actuado entonces. Por lo menos poner en marcha todo ese proceso de buscar a los muertos. No lo hicieron. Ahora dicen que no pudieron. Yo no acepto eso del todo. Desde mi punto de vista allí hubo cobardía, yo creo que había que haber actuado después de Tejero, tenían el mandato del pueblo, de los electores, para actuar y para quitar de este país todos los símbolos fascistas de la noche a la mañana y poner en marcha el proceso de búsqueda de las víctimas de la guerra. Poner en marcha toda la legislación necesaria para hacerlo y no lo hicieron. Se dejó para muy tarde y esta vez tenemos el último tren. Lorca representa todo eso. No es sólo no haber buscado a Lorca. No buscaron a los demás. No se puso en marcha. Y la situación actual no es nada satisfactoria. Por eso tengo esa sensación de que estamos viviendo casi el último momento. El último tren. ¿Vamos a perder otra vez el tren? Este es para mí el último. Por eso estamos todos ilusionados con lo que dice el actual gobierno, pero se está alargando y hoy todos están hablando (la entrevista tiene lugar el 25 de julio de 2018) de elecciones pronto, de elecciones dentro de unos meses. A mí me entra otra vez el temblor… porque si no se hace ahora… Yo creía que Franco estaría fuera (del Valle de los Caídos) ya para agosto y estamos casi en agosto. Creo que es terrible lo que pasó después de Tejero. No hacer ese trabajo cuando se podía haber hecho. Y con los tiranos hay que hacerles frente en el momento, si no se crecen y se crecen. Ahora tenemos a Pablo Casado y Rafael Hernando diciendo las barbaridades que dicen y estamos en 2018. Es vergonzoso y atroz. Después de Camboya. Y con la cruz allí, la cruz más alta del mundo, encima de los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera. Todo esto es bochornoso y vergonzoso. Por eso yo tengo esa sensación de que es el último tren y no podemos perderlo.

JBEstá también en la entrevista Fernando Magán, abogado y una de las personas que más ha peleado en el ámbito judicial por la recuperación de la Memoria Histórica y la aparición de los restos de todos los represaliados por el franquismo. Está con nosotros y nos va a dar también su punto de vista sobre la cuestión que acabamos de formular a Gibson.

Fernando MagánSí, yo coincido básicamente con lo que dice Ian de que con el triunfo socialista en 1982 todo esto se pudo abordar. Se pudo abordar, pero no se hizo. Se limitó a una cuestión de unas indemnizaciones. Y con esas indemnizaciones a determinados familiares se quiso tapar el tema, se quiso olvidar que había miles de desaparecidos. Para mí esa es la clave, pero eso no arranca con el triunfo socialista. Eso venía ya de 4, 5 o 6 años antes, con el pacto de la Transición, en el que todas las fuerzas políticas que hacen ese pacto: izquierda, fascismo y los demócratas que venían mayormente del exilio, no del interior, salvo algunos comunistas. Todos llegan a un acuerdo. Ahí está Marcelino Camacho y llegan a un acuerdo de que este tema, que quizás hasta no lo conocían bien, ni tampoco lo conocemos bien hoy, hay que olvidarlo, no hay que tocarlo. Hay por ahí una frase que es la de amnesia a cambio de amnistía, que no diré quién la dijo. Aquello fue un canje de olvido, de amnesia, a cambio de aquella amnistía, a cambio de bueno, vamos a vivir tranquilamente, vamos a olvidarnos del pasado, vamos a vivir sobre un suelo demócrata en el que hay cientos de miles de personas que han desaparecido. Y a esos, como a sus familiares, ya les hemos dado un dinerillo y además ya lo han sufrido, ya no tienen nada que decir. Eso no se ha vuelto a tocar. Cuando se volvió a tocar en 2000 nos parecía increíble los 13 cuerpos que salieron en Priaranza del Bierzo. Nos parecía imposible. Y cuando llegamos a la Audiencia Nacional sacamos que había más de 154.000 personas en esas condiciones en España. Y realmente creo que es un déficit de esta democracia y un lastre de los políticos que hicieron la Transición.

Personas participantes en la entrevista: Ian Gibson, Fernando Magán, María Rivilla y Jesús de Blas
Personas participantes en la entrevista: Ian Gibson, Fernando Magán, María Rivilla y Jesús de Blas

María RivillaLa verdad, Ian, es que me parece impresionante toda la obra que has escrito. Estoy compaginando la lectura de tu obra Lorca y el mundo gay con la lectura de sus poemas para poder analizarlos más en profundidad, y me está encantando. Sobre todo, impresiona conocer las conversaciones que has tenido con tantas personas alrededor del mundo en Nueva York, Cuba, Granada. A mí siempre me había interesado la relación entre el trío Dalí, Buñuel, Lorca y la verdad es que me ha aclarado bastante, además de confirmar la homofobia de Buñuel, del que admiro mucho su cine, aunque esto no quita que como persona dejase bastante que desear en comentarios que hizo, muy groseros, sobre Lorca y su sexualidad. Me ha parecido también increíble los documentos que se han perdido, como la conversación con Martínez Nadal, las relaciones del poeta con los negros de Harlem, etc. La verdad que todo es muy interesante. Y, sobre todo, descubrir, que conocía muy superficialmente una de sus obras, porque, aunque soy profesora de Lengua y Literatura de Secundaria siempre estudias lo más conocido: Romancero gitano, algunos poemas de Poeta en Nueva York, Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba, pero El Público era para mí la gran desconocida. Te quería preguntar si tuviste ocasión de ver un montaje de esta obra realizado por una compañía de teatro japonesa que lleva muchísimos años trabajando el teatro español, pero sobre todo a García Lorca. Me ha resultado muy interesante conocer todas las referencias autobiográficas que hay en esa obra, que es como la más sincera de todas en cuanto a su orientación homosexual. Bueno, quería saber qué es lo que ha resultado de tus investigaciones de esta obra, El Público, que para mí era la gran desconocida.

IGEs una obra muy difícil. Además, es increíble, porque el Romancero gitano se publicó en agosto del año 1928. Y un año después Lorca está en Nueva York y empieza a escribir el ciclo neoyorkino donde apenas se menciona a España ni a Andalucía. La temática sigue siendo la misma: el aislamiento, la soledad, el amor que no puede ser, etc. Pero es otro registro y luego en Nueva York el contacto con Harlem, el contacto con todo el teatro que hay en Nueva York le abre el camino. Y de repente renace, él es así, está con todas las antenas desplegadas y empieza a surgir este tema de El Público, casi es un milagro y lo escribe mayormente en Cuba. La idea nace en Nueva York y la obra la escribe en Cuba, y vuelve a España en el año 1930 con esta obra bajo el brazo, donde toca el tema de la homosexualidad como nadie lo había tocado antes, ni aquí, ni fuera. Es una obra muy difícil. No me sorprende que les guste a los japoneses con sus máscaras, porque todos los personajes enmascarados van engañando a la gente. Hay un señor al que le quitan la máscara y aparece una mujer. Lorca está sensible con el tema de la gente que no se atreve o no puede decir quién es, que está encubriendo su auténtica sexualidad. Para él es una exploración de todo esto de una manera totalmente nueva. Es como milagroso. Es un hombre único. Tener tantos dones parece imposible en una sola persona: el don de la música, el don de la poesía, el don del teatro, el don de la conversación. Dirige teatro, actúa. No sé, estamos hablando de un caso extraordinario y milagroso, enigmático también. La obsesión con la muerte, las constantes alusiones a su propio asesinato, hasta con la fecha casi. Es un ser misterioso. Y todo esto yo lo veo en El Público que no pudo representar en vida. No llegó a poder ver la obra representada. Además, hay una dificultad añadida, parece que falta un cuadro, y esto dificulta mucho el análisis de la obra. Yo sí creo que falta algo. Sólo hay un manuscrito. La familia decía que tenían otro, pero, que yo sepa, nunca se encontró, de modo que el único manuscrito es el que tenía Martínez Nadal. Y quién sabe, Martínez Nadal para mí es una de las personas que más ha ocultado la verdad de Lorca, por su propia condición, creo yo, de bisexual. Nunca quiso revelar cómo fue exactamente su relación con Lorca. Y la viuda está todavía allí en Londres y a lo mejor tiene esta correspondencia. No sabemos, debe tener 90 años o más. Él creo que fue una de las personas que más conocía a Lorca. Hay entre ellos una complicidad. Pero nunca quiso publicar la correspondencia y sabemos que fue abundante. Y esta correspondencia podría ser inmensamente reveladora. Y es penoso. Las familias a veces son terribles con los creadores. Nos ocultan papeles esenciales.

Querríamos saber todo de Lorca, pues en verdad es un genio y además es el poeta nacional de este país, aunque algunos no quisieran, realmente es el poeta nacional. ¿Quién lee a Guillén y Salinas fuera? Son estupendos poetas. Alberti también, pero no son poetas conocidos en el mundo anglosajón. No son dramaturgos. Lorca llega a la gente, pese a la barrera de la traducción, dificilísima de sortear. Y por su mensaje llega a la gente de todos los confines del mundo. Por algo será. Y luego el misterio del hombre del que no tenemos la voz. De todos los poetas de su generación era el que más recitaba en público. Le gustaba transmitir su poesía en persona directamente. Y los amigos suyos que he tenido la suerte de conocer me han dicho que era escalofriante. Cuando él recitaba un poema, no recitaba, era el poema mismo. Leía sus obras de teatro e imitaba las voces. Tenía buen oído, como músico. Volvió aquí imitando perfectamente el acento argentino, lo mismo con el cubano. Tenía esa facilidad. Para mí es un milagro y no saber dónde está me duele profundamente. Por eso espero que esta vez acierten y la Junta de Andalucía permita que se haga bien esta nueva búsqueda. Y que la familia permita o facilite el ADN, porque claro, puede hacerlo. Han dicho que no. Pero a mí me consta que la familia ya no es una pieza monolítica, que hay voces discrepantes dentro de los hijos, que no todos están de acuerdo con la línea oficial. Porque antes la familia hablaba en bloque: «estamos en contra, no queremos saber nada». Yo creo que eso ya no es verdad. Ahí hay cambios que se pueden aprovechar. No sólo es cuestión de Laura García de los Ríos, sino de sus hermanas, y de los hijos de Tica Fernández-Montesinos, la hija mayor de Concha García Lorca y del alcalde fusilado, Manuel Fernández-Montesinos. Yo creo que podría ser que colaborasen. Es imprescindible saber dónde está enterrado Lorca.

JB¿Fernando de los Ríos era también granadino?

IGNo. Era de Ronda. Fue catedrático en Granada y Francisco García Lorca, el hermano de Federico, fue uno de sus alumnos predilectos. Fernando de los Ríos y un médico socialista, Alejandro Otero, eran los dos socialistas más odiados por «la peor burguesía de España». Si están allí cuando ocurre la sublevación los hacen pedazos, los machacan y destrozan. Los odiaban. Sobre todo a Fernando de los Ríos. Un gran intelectual de talla europea hablando en nombre de los perseguidos por la Iglesia Católica. Granada era un sitio muy peligroso.

JB¿Quieren añadir algo más?

FMAnte el juzgado de Garzón, con la Asociación de Granada (Memoria Histórica), el alcalde de Juliana, y otros, usted [se dirige a Ian Gibson] se personó ante la Audiencia Nacional y al mismo tiempo Nieves García Catalán, la nieta adoptiva…

IGExacto, la nieta del maestro cojo, Galindo.

FMDe Dióscoro Galindo, exactamente. Pues seguidamente a que ustedes se personaran y también Nieves García Catalán, vinieron las cinco sobrinas de García Lorca, que también tuvieron conocimiento, y vinieron a oponerse a la pretensión de Nieves García Catalán de exhumar los restos de las tres personas que se encontrarían en Víznar (fusiladas junto a Lorca). Se vinieron a oponer en bloque.

IGYo no los vi. No sé dónde estaba yo en ese momento. Pero sé que fue así.

FMPero como Garzón, a pesar de eso, siguió adelante, las sobrinas de Lorca volvieron al juzgado para acceder a que se buscasen los restos, pero pusieron tal tipo de condiciones que era inviable que aquello se practicara. Como el respeto a la intimidad, que no se conociera por nadie, que nadie se acercara, y más cosas. En aquel momento, hace 10 años, fueron un bloque monolítico.

IGBloque monolítico porque obedecían órdenes de Manuel Fernández-Montesinos, el hijo de Concha García Lorca y del alcalde fusilado, que llegó a ser diputado del PSOE por Granada en algún momento. Este hombre dirigía a la familia. Tenían los derechos de autor que eran considerables. Y claro, había que hablar con una sola voz. No se permitía la discrepancia. Pero una vez muerto Manuel Fernández-Montesinos (2013), creo que se sentían un poco más libres. Pero han sido muy duros y difíciles. Y nadie entendía porqué. Ellas, las sobrinas, no conocieron a García Lorca, solo Tica, la mayor de los Fernández-Montesinos, pero las sobrinas, como Laura García-Lorca son más jóvenes y no conocieron al poeta. Y no quieren entender que nosotros tenemos derecho a saber. No queremos llevarnos los huesos, sólo queremos saber dónde están. ¿No tenemos derecho? Creo que sí.

MR. Sería adecuado poner una placa. Por ejemplo, con Miguel Hernández hay toda una ruta que se organiza por el IVAJ (Institut Valencià de la Joventut) y el Ayuntamiento de Alicante: La senda del poeta, que acaba en la tumba de Miguel Hernández. Hacen una ruta desde su nacimiento en Orihuela por todos los pueblos que tuvieron importancia en su vida y acaba en el cementerio de Alicante donde está enterrado.

IGY a la gente le ayuda saber dónde está. Está claro que ayuda. Es un alivio. Yo no entiendo que ellos no quieran saber. Porque si yo tuviera alguien, un desaparecido mío en una cuneta, yo lo buscaría. Es una cosa que hacen los seres humanos, buscan a sus muertos, les dan entierro decente. Pero Laura lo ha vuelto a decir recientemente. Hay un documental sobre los gays y las lesbianas bajo el franquismo, hecho por una americana. Yo tengo una copia. Y sale Laura y dice (en inglés) que «con suerte no lo encontrarán». Lo dice ante la cámara: «con suerte no lo encontrarán». ¿Por qué no quiere que encuentren a su tío? Es horrible, es cruel incluso, intentar impedir a los que aman su obra, a los que han sido influidos por ella, a los que se han dedicado a estudiarla, saber exactamente dónde está. ¿Cómo es posible? No tiene sentido.

JBSi hubiera una orden judicial ya no sería un tema de que la familia se pudiera oponer. Es decir, si hay un caso de asesinato, la fiscalía, el aparato judicial del Estado, puede actuar de oficio porque allí ha habido un asesinato en el marco de un crimen de lesa humanidad, como ha sido denominado por las Naciones Unidas.

FMY así lo entendió el juzgado de Granada. Es largo de explicar, pero así lo entendió el juzgado de Granada. Y para desmontar la historia del juzgado de Granada y que no se declarase competente para investigar los crímenes del franquismo que supuestamente estarían prescritos, pero que el juzgado de Granada entendió que eran imprescriptibles, el Tribunal Supremo se declaró competente para investigar todas esas cosas y dijo: «aquí no ha pasado nada». Y se cerró.

Acerca del autor

Jesús de Blas Ortega

Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

Acerca del autor

María Rivilla López

María Rivilla López

Profesora de Secundaria de Lengua y Literatura.

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