Descubriendo la historia de Israel

Cementerio del Monte de los Olivos (Carlos Núñez del Pino).
'Descubrir la Historia' viaja hasta las tierras de Israel para conocer su impresionante legado histórico. Crisol de culturas desde tiempos inmemoriales, debido a su posición estratégica ha sido controlada y disputada por las grandes civilizaciones antiguas, lo que le ha permitido atesorar un inmenso tesoro arqueológico.

La tierra de Israel lleva milenios siendo un crisol cultural. Su situación geográfica, situada a medio camino de los dos principales focos civilizadores de Mesopotamia y Egipto, la convirtió en una zona geoestratégica de primer nivel. Le invitamos a acompañarnos por este viaje por los restos más representativos de su historia.

Jerusalén y los santos lugares

Jerusalén desborda historia, cultura y religiosidad. El monte de los Olivos ofrece la mejor panorámica para observar la ciudad desde la distancia, aún sin adentrar en su realidad cotidiana, para hacer una primera aproximación. A nuestros pies encontramos el impresionante cementerio judío —el más antiguo de Jerusalén, con casi 3000 años de historia— que ocupa toda la ladera.

Cementerio del Monte de los Olivos (Carlos Núñez del Pino).
Cementerio del Monte de los Olivos (Carlos Núñez del Pino).

Enfrente se alza el monte Moriá, lugar sagrado para las tres grandes religiones monoteístas, debido a que fue en este lugar donde el profeta Abraham debía sacrificar a su hijo primogénito por orden divina. Por ese motivo, los judíos edificaron su templo más importante, que fue destruido en dos ocasiones, primero por Nabucodonosor II, rey de los babilonios, en el 587 a.C. y definitivamente por las tropas romanas lideradas por Tito en el 70 de nuestra era. Para los musulmanes, además, fue el lugar desde donde Mahoma ascendió al cielo, hecho que conmemora la Cúpula de la Roca, el edificio más característico de la explanada y de Jerusalén gracias a su destello dorado.

Para los cristianos, Jerusalén está asociada al martirio de Jesús. Muchos peregrinos recorren las calles de la Ciudad Vieja siguiendo los pasos del viacrucis de Jesucristo por la Vía Dolorosa hasta desembocar en la iglesia del Santo Sepulcro, que alberga los lugares que la tradición identifica como el monte Gólgota, donde Cristo fue crucificado, y su tumba. La impresión que causa ver a tantos devotos cumplir el sueño de toda una vida al recorrer los lugares de la pasión de Cristo es indescriptible, llegando a su sumun en el interior del templo, donde la emoción desborda a los presentes.

Muro de las lamentaciones (Carlos Núñez del Pino).
Muro de las lamentaciones (Carlos Núñez del Pino).

Aunque tradicionalmente se conoce como Ciudad Vieja a la zona amurallada de la ciudad, el verdadero origen de Jerusalén se encuentra alrededor del valle Kidron, donde se asentaron los primeros pobladores de la ciudad durante el Calcolítico. Fue el lugar elegido por el rey David para construir la capital de su reino, ruinas que hoy podemos ver en el parque arqueológico que lleva por nombre, precisamente, Ciudad de David. Un recorrido que nos permite conocer una ciudad de unos 3000 años de antigüedad y, sobre todo, comprender la importancia del acceso al recurso más deseado en la época: el agua. Uno de los atractivos más destacados del yacimiento es atravesar los más de 500 metros del túnel de Hezequias, por donde aún corre el agua del manantial. Un paseo no apto para claustrofóbicos, pero que nos transporta a un tiempo en el que el líquido elemento era el bien más preciado.

Siguiendo el paseo por la historia de Jerusalén nuestra siguiente parada es el centro arqueológico Davidson, situado a las faldas del monte del Templo, donde podremos conocer un poco más la historia del desaparecido santuario, los baños rituales en los que los judíos que visitaban el templo debían purificarse y los restos de la ciudad romana. Podemos conocer de primera mano los muros de contención del monte, que formaron parte del segundo templo. Uno de estos muros, concretamente el occidental es el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado para el judaísmo, hacia donde peregrinan miles de judíos cada año. Entrar en el recinto del Muro —un lugar con gran control de seguridad y con segregación de sexo— impresiona. Es mundialmente conocida la explanada, pero es aún más impresionante penetrar en una construcción que se encuentra a su izquierda (en la zona masculina) donde se halla una amplia habitación que cuenta con una zona de rezo —mayoritariamente utilizada por ultraortodoxos judíos— y una impresionante biblioteca de Torás. Sobrecoge ver sus movimientos acompasados durante la oración.

Maqueta en el Museo de Israel (Carlos Núñez del Pino).
Maqueta en el Museo de Israel (Carlos Núñez del Pino).

Para terminar el recorrido por la ciudad santa quisiera recomendar la visita a dos museos que ningún visitante debería perderse. El primero de ellos es el Museo de Israel, que, aunque de fundación privada, ejercer las funciones de museo nacional, con unas ricas colecciones que merecen una visita pausada y relajada. Destacan sobremanera los manuscritos del Mar Muerto, los archiconocidos textos religiosos encontrados en las cuevas de Qumrán y datados entre los años 250 a. C. y 66 d. C. Mucho menos conocido es un pequeño pero impresionante museo que se encuentra frente al anterior. El Museo de las Tierras Bíblicas recoge la colección privada de Elie Borowski, un ciudadano polaco que se dedicó en vida a coleccionar diversos objetos pertenecientes a culturas tan diversas como la egipcia, la aramea, asiria o la grecorromana hasta crear un fondo que recorre toda la historia antigua.

Yacimientos arqueológicos

A 12 km al sur de Jerusalén se encuentra el Herodium, un palacio levantado por Herodes el Grande entre el 23 y el 20 a. C., que convirtió en su mausoleo. Se trata de una construcción monumental que conllevó un importante trabajo de ingeniería para aumentar artificialmente la altura de la colina en la que se encuentra enclavado. Décadas más tarde el palacio fue utilizado por los rebeldes judíos como bastión en su lucha contra Roma, siendo junto a Masada y Maqueronte —que merecen también una visita de los interesados en la historia; la segunda de ellas se encuentra en Jordania— los últimos reductos de la revuelta. Aunque fue tomada y destruida por el ejército romano en el año 71 de nuestra era, la fortaleza también fue utilizada como refugio de los rebeldes de la segunda revuelta (132-135). En las ruinas de Herodium destaca especialmente el intrincado sistema de túneles que recorren el interior de la colina y el teatro que se conserva en una de las laderas, con un impresionante palco real decorado con mosaicos y frescos que nos muestra la riqueza que debió tener el lugar en su época de máximo esplendor.

Estrechamente relacionada con Herodes también se encuentra Cesarea Maritima, una ciudad situada a orillas del Mediterráneo (entre Tel Aviv y Haifa). Se convirtió rápidamente en la capital de la administración romana y como tal, se trata de una urbe puramente latina. Con un área pública en la que destacan su teatro, su circo y los restos del impresionante palacio construido por Herodes. La belleza del yacimiento se acrecienta de manera prodigiosa por la cercanía del mar. Es una gozada poder pasear entre las ruinas mientras escuchas el rugido de las olas —y a los turistas—.

Siguiendo la línea de la costa en dirección norte, tras atravesar Haifa, llegamos a Acre, una ciudad fortaleza que nos trasladará a la época de las Cruzadas. Aunque merece una visita sosegada, si solo puede ver dos cosas recomiendo encarecidamente visitar la ciudadela, en la que destaca el imponente refectorio cruzado, y el túnel que comunica el centro con el puerto, realizado como vía de escape en caso de necesidad; un magnífico ejemplo de ingeniería.

A 31 kilómetros de la ciudad de Haifa se encuentra la colina de Megido, donde tuvo lugar la famosa victoria del ejército egipcio liderado por Tutmosis III. Con una posición estratégica envidiable, la ciudad se convirtió en la más importante de la zona desde tiempos inmemoriales, lo que la convierte en un yacimiento excepcional para estudiar la evolución histórica de las civilizaciones que la ocuparon. Se trata también de una localización de gran importancia bíblica, pues según el Apocalipsis, será en dicha colina donde tendrá lugar la batalla del fin de los tiempos.

Nuestra última parada es la ciudad de Beit Sheán, una ciudad situada en el valle del Jordán que posee las ruinas de Escitópolis, asentamiento que tuvo su mayor esplendor en época bizantina. El estado de conservación es magnífico, especialmente el teatro —casi intacto— y las termas. Cuando el visitante pasea por el decumano monumental se hace rápidamente a la idea de la grandeza a la que podía aspirar una ciudad provincial romana. Por si fuera poco, y como es habitual en estas tierras, la ciudad contiene restos muy anteriores a la época romana, puesto que la colina adyacente posee restos de poblamientos desde épocas calcolíticas y un puesto de control fronterizo de época faraónica.  

Acerca del autor

Carlos Núñez del Pino

Carlos Núñez del Pino

Licenciado en Historia y en Humanidades por la Universidad de Huelva y Máster en Estudios Históricos Avanzados por la Universidad de Sevilla.

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