Christian Gálvez: «La fama de ‘La Gioconda’ está inventada»

Pocos artistas generan tanta expectación como Leonardo da Vinci. Cualquier descubrimiento relacionado con su vida u obra ocupa un hueco preeminente en la actualidad informativa, interés aún más creciente cuando la información está relacionada con el retrato más conocido del mundo, la dama de la enigmática sonrisa. ¿Cuál es el origen de la fascinación por 'La Gioconda'?

Aguilar acaba de publicar Gioconda descodificada. Retrato de la mujer del Renacimiento, un nuevo ensayo de Christian Gálvez (Móstoles, 1980), en el que explora la historia del cuadro, la causa de su encumbramiento y la discusión sobre quién fue la modelo retratada.

Carlos Núñez—¿En qué momento entra Leonardo en tu vida?

Christian Gálvez—El primer contacto fue en noviembre de 2009 en Milán, cuando tuve la oportunidad de entrar en el cenacolo, el refectorio de Santa Maria delle Grazie, dejándome llevar un poco por El Código da Vinci. Pude entrar con unos niños con síndrome de Down italianos y me pasó una cosa allí muy bonita con ellos, una especie de catarsis, un síndrome de Stendhal. Me quedó grabada aquella escena y me pregunté por qué precisamente allí. Me puse a leer a Leonardo. Es decir, quise leer al propio Leonardo, no leer sobre Leonardo. Y cuando empecé a leerle me di cuenta de que las biografías que yo había leído contaban cosas muy diferentes a lo que decía el propio Leonardo. Entonces me dije «voy a hacer una biografía», pero me encontré la de [Charles] Nicholl y me di cuenta de que la mejor ya estaba escrita, así que escribí una novela histórica y en ella tuve problemas a la hora de colocar el retrato de Leonardo. No quería colocar el que todo el mundo colocaba porque para mí el supuesto Autorretrato de Turín no representa las facciones de Leonardo y me puse a investigar. El resultado [Leonardo cara a cara (Aguilar, 2017)] demostró que no existía ninguna prueba histórica, literaria, artística ni científica que afirmara que el Autorretrato representa a Leonardo y que es una construcción del Romanticismo.

CN—En el libro partes de un análisis de la situación de la mujer en el Renacimiento hasta alcanzar a la modelo de Leonardo, ¿cuál era el papel de la mujer en esa sociedad en comparación con la etapa anterior?, ¿cómo se representa su estatus en el arte?

Portada de 'Gioconda descodificada. Retrato de la mujer del Renacimiento'.
Portada de ‘Gioconda descodificada. Retrato de la mujer del Renacimiento’.

CG—La mujer, antes y después del Renacimiento, siempre ha estado en un segundo plano y esa época no iba a ser menos. ¿Por qué el Renacimiento? Primero porque es una época que controlo y segundo porque cuando hablamos del Renacimiento estamos acostumbrados a hablar de la «iluminación» contra el «oscurantismo» de la Edad Media, sin olvidar las sombras del Renacimiento. Hablamos del triunvirato: Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, pero podríamos decir más nombres, todos hombres, ¿de verdad no hubo ninguna mujer que hiciera algo grande en el Renacimiento? Pues sí, claro que las hubo, ¿por qué no pasan a la historia?

CN—Leonardo fue el primero que retrató a una mujer de frente al contrario de lo que era habitual, ¿qué supuso el cambio en la representación?, ¿qué le motivó a hacerlo?

CG—Leonardo hace caso omiso a la tradición pictórica del retrato femenino. Decide, con Ginebra de Benci, representar a la mujer en una posición tres cuartos, contrapuesto, mirando directamente al espectador. Es decir, Leonardo tiene un papel fundamental a la hora de representar ese rol femenino. Luego vendría la sublimación, La Gioconda. Para hacer una comparación con alguien de su estatus y de su época, tomemos a Botticelli, quien retrataba a Simonetta Vespucci —su gran amor— de perfil, pero que cuando la utilizaba de modelo para sus obras (Venus, La primavera, etc.) sí la colocaba de frente. Leonardo otorga una identidad personal, no al rol que ejerce la mujer, sino a la mujer en sí misma. Seguía una tradición aristotélica, la fisiognomía, convencido de que las expresiones y los sentimientos se expresaban en la cara. Leonardo, para buscar la identificación y la personalización del modelo o la modelo, necesitaba ver su rostro. De hecho, La Última Cena es un estudio de perspectiva y un estudio fisiognómico. 

CN—Desde el punto de vista artístico, ¿qué características hacen única a La Gioconda?

Christian Gálvez (Fotografía de Paco Navarro).
Christian Gálvez (Fotografía de Paco Navarro).

CG—¿A diferencia de otras obras de Leonardo? Ninguna. Es decir, ¿qué tiene La Gioconda que no tenga Ginebra de Benci? Años de experiencia. La fama de La Gioconda está inventada. En las biografías coetáneas o casi coetáneas de Leonardo hablan de que su gran obra es el cenacolo en Milán. De hecho, existen cinco testimonios que aseguran que pintó una dama, unos dicen que es Lisa Gherardini, otros que es la Gioconda, otros dicen que pintó a Francesco de Giocondo, el marido… No hay unanimidad en cuanto a la modelo, pero la gran obra maestra de Leonardo siempre fue La Última Cena.

CN—El mito de La Gioconda fue construido en el siglo xix, una época donde romanticismo y nacionalismo modelaban el pensamiento sobre la cultura, ¿cómo nace esta fascinación con la obra de Leonardo?

CG—Italia se estaba reunificando y buscaba el sentimiento de nación, de unificación, la búsqueda del yo como individuo y como nación. Tienen grandes héroes patrióticos: Dante, Petrarca, Miguel Ángel, Rafael, pero no tienen a Leonardo. Era italiano y tienen La Última Cena, pero desde Francia también se le reclama, porque es donde está enterrado gracias al patronazgo de Francisco I. Y, además, tienen La Gioconda y empieza «la guerra» entre las dos obras. A La Gioconda se la reinventa en una de las grandes campañas mediáticas de la historia del arte.

CN—¿Sin el famoso robo de 1911 La Gioconda sería hoy un cuadro más? ¿Fue la mayor campaña de marketing involuntaria de la historia del arte?

CG—Fíjate, cuando la roban tenía más visitantes el Louvre con el hueco vacío que cuando estaba La Gioconda. En psicoanálisis esto se estudia: el sentimiento, el cariño, el anhelo del objeto perdido. Hasta que no la secuestraron a la gente le daba igual el cuadro. Sin ello hoy sería un cuadro más y posiblemente no estaría detrás de un cristal ni tantos turistas haciéndole fotos con su smartphone. Lo que no quita la magnificencia de la pintura, pero no es más que otras en el universo leonardiano.

CN—Hablemos de las diferentes versiones de la obra, ¿cuántas hay?, ¿qué diferencias podemos encontrar?, ¿en qué posición queda la versión del Prado?

CG—Hay que aplaudir al Museo del Prado porque no se han dejado llevar por el marketing, nunca han vendido que la obra sea de Leonardo, sino de su taller, lo que es digno de admiración. La Mona Lisa de Isleworth representa a una modelo más joven. ¿Es una primera versión?, ¿está realizada por Leonardo? Llega un momento en que la historia a través de la historia o el arte a través del arte desembocan en un callejón sin salida. Necesitamos aplicar la ciencia: carbono 14, rayos X, búsqueda de pelos, de saliva o de huellas digitales. Primero, para determinar la autoría y, segundo, para determinar qué capas fueron pintadas por Leonardo y cuáles no. El problema viene cuando las descripciones coinciden con unas Giocondas y con otras no, lo que tampoco ayuda a determinar la verdadera identidad de la modelo. Si es que existió.  

Acerca del autor

Carlos Núñez del Pino

Carlos Núñez del Pino

Licenciado en Historia y en Humanidades por la Universidad de Huelva y Máster en Estudios Históricos Avanzados por la Universidad de Sevilla.

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