Interior de la iglesia de Santa María de Melque (David Blázquez, Diputación de Toledo).

Santa María de Melque, la corona del reino visigodo de Toledo

Nos aproximamos a uno de los complejos monásticos más interesantes de Toledo, que data de finales del siglo VII o principios del VIII. Nos referimos a Santa María de Melque y su iglesia visigoda.

Tras la caída del Imperio romano y la expulsión de los visigodos de la Galia a mano de los francos, Toledo se convirtió a partir de mediados del siglo VI d. C. en la Urbs Regia, en la capital del reino visigodo, dando lugar a la formación del primer reino auténticamente hispano de la historia, cuya monarquía se convirtió al catolicismo en el año 589 de la mano de Recaredo. El reino vivió un proceso de cristianización que en el mundo rural tuvo su auge a lo largo del siglo VII con la fundación de numerosos monasterios.

Vista área del Complejo Monástico de Santa María de Melque tomada con dron (Miguel Fernández, Virtua Nostrum).

En torno a la ciudad de Toledo, centro neurálgico del poder político, administrativo y eclesiástico y de la actividad cultura del reino visigodo, se erigieron varios de estos complejos monásticos rurales, ubicados cerca de las principales vías de comunicación que unían Toledo con otras importantes ciudades como Córdoba o Mérida.

Los monasterios tenían una doble función. Económica, como centros de explotación agrícola y ganadera, controlando el pastoreo trashumante una de las principales fuentes de riqueza de las elites del reino visigodo. Y, cultural y artística.

Arqueológicamente, en la provincia de Toledo están documentando tres de estos monasterios. El yacimiento de San Pedro de la Mata (Casalgordo, Sonseca), que conserva su iglesia de planta cruciforme y del que a escasos kilómetros se ubica el yacimiento de Los Hitos (Arisgotas, Orgaz), un pequeño palacio de campo de la nobleza visigoda, reconvertido en panteón funerario. El yacimiento de Guarrazar, conocido internacionalmente por su famoso tesoro descubierto en 1858. Y, el Sitio Histórico de Santa María de Melque (San Martín de Montalbán).

Santa María de Melque, que este año celebra el 50 aniversario de su adquisición por parte de la Diputación de Toledo, son los restos de un complejo monástico de finales del siglo VII o principios del siglo VIII, del que destaca su excepcional iglesia, una de las joyas patrimoniales de la provincia y visita imprescindible para todo los amantes de la historia y la arqueología.

Exterior de la iglesia de Santa María de Melque (Enrique García Gómez, Diputación de Toledo).

La iglesia de Santa María de Melque, de planta cruciforme con cabecera recta al exterior y en forma de arco de herradura al interior, es el edifico de época visigoda mejor conservado de la Península Ibérica, siendo el único de este periodo que se conserva casi completo.

Se trata de una construcción de sillería de granito con muros de hasta 1,40 metros de grosor, levantada en el centro del complejo. Al exterior es una edificación muy sobria, presentando únicamente como decoración los salmeres de los arcos de herradura de las ventanas, la moldura con acanaladuras que recorre todos los paramentos bajo el alero y las esquinas que están rematadas con sillares redondeados que dan un aspecto más estilizado a la iglesia.

Exterior de la iglesia de Santa María de Melque (Enrique García Gómez, Diputación de Toledo).

El interior de la iglesia, rodeado de un halo mágico que despierta sensaciones única en el visitante, presentaba originalmente una rica decoración mural al estuco, conservada hoy en día en el arranque de los grandes arcos del crucero, con roleos y motivos vegetales, probablemente policromados, que podría venir a representar el ideal cristiano de recuperación del paraíso terrenal.

La lujosa decoración estucada, que en Melque sustituyó a la decoración escultórica típica empleada en la de la mayoría de los edificaciones monumentales de época visigoda, unida a la presencia de altares, canceles y otros elementos ornamentales como lámparas y vasos sagrados, cortinajes e incluso coronas votivas como las halladas en Guarrazar, dotó al edificio una apariencia muy diferente a la actual.

Interior de la iglesia de Santa María de Melque (David Blázquez, Diputación de Toledo).

La iglesia presenta una marcada jerarquización y división tripartita del espacio, según marcaba el rito visigodo, destinado cada uno de ellos a los distintos actores que intervenían en la liturgia. La nave a los fieles, el coro al clero menor o participante y el santuario reservado para el sacerdote o clero oficiante. En la eucaristía, momento mistérico que no podía ser observado por los fieles ni el clero menor, el santuario quedaba separado y cerrado del resto de espacios por medio de canceles y cortinajes, como queda atestiguado arqueológicamente en Melque a través de los huecos conservados en las columnas de acceso al ábside de la iglesia en los que se encajaría la viga del cortinaje de la cancela.

Otros dos elementos que destacar de la iglesia de Santa María de Melque son el arcosolio, arco para alojar un sarcófago, existente en el brazo sur del crucero, construido a la vez que la iglesia y que muy probablemente perteneció a una persona ilustre. Y un recinto añadido en un momento inmediatamente posterior a la edificación de la iglesia situado en el lado occidental del brazo norte del crucero. La función de este espacio ha sido objeto de debate, planteándose posibles usos como claustro o como dependencia para guardar reliquias. Lo más probable, según las últimas interpretaciones es que este reciento, de reducido tamaño, que parece reproducir el arcosolio del interior de la iglesia y ubicado junto a la necrópolis del complejo fuera el osario del monasterio, estando así los monjes unidos tanto en vida como en la muerte.

Interior de la iglesia de Santa María de Melque (David Blázquez, Diputación de Toledo).

La iglesia es el edificio más destacado e importante, pero no es el único que se conserva del antiguo monasterio. Las excavaciones arqueológicas han permitido documentar que el complejo estaba compuesto por dos recintos formados por distintas dependencias y edificaciones organizados en torno a grandes patios y rodeado de una cerca de mampostería.

La comunidad monástica de Santa María de Melque mantuvo el culto cristiano, ya bajo dominio islámico, hasta bien entrado el siglo VIII. Tras su abandono el complejo fue reocupado y reutilizado como alquería islámica y la antigua iglesia reconvertida en una fortaleza militar, recreciéndose los muros del cimborrio que quedó convertido en una torre.

Con la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, Santa María de Melque pasó nuevamente a manos cristianas, recuperando la primitiva iglesia su función litúrgica cristiana a la vez que se mantuvo como fortaleza militar. Hacia 1130, Alfonso VII la cedió a la Orden del Temple quedando integrada en la Encomienda de Montalbán con sede en el cercano castillo de Montalbán.

Interior de la iglesia de Santa María de Melque (David Blázquez, Diputación de Toledo).

Durante finales de la Edad Media y en la Edad Moderna, Santa María de Melque conservó el culto en el templo pero ya convertida en ermita rural. Dicho culto como ermita rural se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, momento en el que fue desamortizada. Desde esa fecha, al antigua iglesia fue utilizada como dependencias de las casas labriegas que se construyeron en sus alrededores, lo que posibilitando su conservación hasta nuestros días.

A principios del siglo XX, don Jerónimo López de Ayala, conde de Cedillo, redescubre la importancia de este conjunto monástico, realizando los primeros estudios sobre él. En 1968 la Diputación Provincia de Toledo adquirió el complejo, iniciando y sufragando a lo largo de estos años una serie de estudios y trabajos arqueológicos y de restauración de la iglesia y de los edificios anejos, así como la instalación de un centro de interpretación de Santa María de Melque y del mundo visigodo, que posibilitan su disfrute y visita, así como su conservación para las generaciones futuras.

Escrito por
Rubén Pérez López

Licenciado en Historia por la Universidad de Castilla-La Mancha y Arqueólogo, Especialista en Didáctica, Divulgación y Difusión del Patrimonio Histórico y Arqueológico. Codirector gerente del equipo de 'Pequeños Arqueólogos. Talleres Didácticos' y del Proyecto 'Arqueovuelos. Drones y Didáctica del Patrimonio Histórico'.

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