Portada 'El hombre que detuvo a García Lorca' de Ian Gibson
Portada 'El hombre que detuvo a García Lorca' de Ian Gibson.

‘El hombre que detuvo a García Lorca’, de Ian Gibson

Este trabajo de Gibson se puede abordar como un complemento de lectura de su última obra para adentrarnos en la psicología del personaje que detuvo al poeta, así como para profundizar en el análisis del contexto de las fuerzas políticas de la derecha española y granadina de aquellos momentos.

Tras la reciente publicación de la obra titulada El asesinato de García Lorca, de la que ya hemos realizado una reseña en esta revista, este trabajo de Gibson, publicado en 2007, se puede abordar como un complemento de lectura de su última obra para adentrarnos en la psicología del personaje que detuvo al poeta, así como para profundizar en el análisis del contexto de las fuerzas políticas de la derecha española y granadina de aquellos momentos.

Aunque este trabajo incluye elementos que el autor retoma en su reciente obra, nos han llamado la atención de forma especial tres cuestiones que Gibson desarrolla magníficamente. Por un lado, la estructuración de la derecha española y granadina en los años 30 (CEDA, Acción Popular, Juventudes de Acción Popular, Acción Obrerista, Falange, etc.). Por otro, la confrontación abierta en una ciudad como Granada entre dos cabeceras periodísticas; a un lado, el periódico Ideal, propiedad de la Editorial Católica al igual que el diario madrileño El Debate, claros soportes de la CEDA y de las derechas en general; al otro lado, El Defensor de Granada, dirigido por Constantino Ruiz Carnero, íntimo amigo de García Lorca, partidario de las izquierdas Y finalmente, el tercer aspecto a resaltar es el magnífico retrato que Gibson nos hace del hombre que detuvo al poeta, Ruiz Alonso, a lo largo de toda la obra.

El personaje, Ramón Ruiz Alonso

Estudiante de los Salesianos donde conoció a Gil Robles, cuatro años mayor que él. Tipógrafo de profesión, de donde nace su odio hacia el sindicalismo de clase, pues por no estar afiliado al sindicato de impresores de UGT, muy poderoso en aquélla época en Madrid (recordemos que era el sector profesional de varios de los padres fundadores de la UGT, como el mismo Pablo Iglesias), no pudo encontrar trabajo en las artes gráficas y tuvo que ejercer de albañil, lo que consideró siempre como una afrenta personal. Finalmente, en 1932, entra a trabajar en el diario madrileño El Debate, sostén periodístico de la CEDA de Gil Robles, dirigido por Ángel Herrera Oria, el cerebro en la sombra de la Editorial Católica (que tras el triunfo de Franco tomaría los hábitos y llegaría a ser Cardenal, dando nombre a una importante avenida de Madrid). Ruiz Alonso, como hombre de confianza de Gil Robles, es enviado desde Madrid a Granada para trabajar en la nueva cabecera de la Editorial Católica recién estrenada, el Ideal de Granada. Se trata de un momento de gran confrontación política por las medidas adoptadas durante el primer bienio progresista: reforma agraria, desarrollo de la escuela pública frente al control de la Iglesia Católica, Estatuto de autonomía para Cataluña, etc. Al poco de llegar, el periódico es cerrado gubernativamente durante un mes tras el intento golpista fracasado del general Sanjurjo el 10 de agosto de 1932.

Ya en Granada se afilia a la organización Acción Obrerista, impulsada por el toledano Dimas Madariaga e integrada en la CEDA de Gil Robles. Se trata de una organización política cuyo ámbito de actuación es el mundo del trabajo. Algunos autores hablan de que era una especie de sindicato de la CEDA, pero realmente estaba conformada como agrupamiento eminentemente político, para confrontar el ideal católico frente a las ideas socialistas que propugnan la lucha de clases. Se trata pues de un terreno abonado para la evolución corporativista posterior de Ruiz Alonso, como se irá viendo a lo largo de la obra, tomando como referente a Mussolini en Italia.

Portada 'El hombre que detuvo a García Lorca' de Ian Gibson
Portada ‘El hombre que detuvo a García Lorca’ de Ian Gibson.

De forma un tanto accidental pasa a liderar la candidatura de la CEDA por Granada en las elecciones generales de 1933, desplazando al que iba a ser número uno, Alfonso García Valdecasas, apartado por participar en el mitin fundacional de la Falange celebrado en el teatro de la Comedia de Madrid el 29 de octubre de 1933.

En los mítines de su campaña electoral pronto adquiere una deriva claramente corporativista de emulación mussoliniana contra el sindicalismo de clase. Recién elegido diputado pone el acento en la liquidación de toda la legislación obrera desarrollada por el líder socialista y de la UGT, Largo Caballero desde el Ministerio de Trabajo. Y ya establecido en Madrid como diputado de la nueva mayoría parlamentaria, participa activamente contra la huelga que el sindicato socialista de las artes gráficas ha convocado por haber contratado el diario ABC a un tipógrafo no sindicado. La derrota de esta huelga va a convertirse en un importante hito en el proceso de liquidación de la legislación obrera durante el «bienio negro» radical-cedista.

Su discurso corporativista contra el sindicalismo de clase, que difunde desde la organización Acción Obrerista, conecta perfectamente con la deriva fascista de las Juventudes de Acción Popular (JAP), que emulando la concentración de El Escorial en la que los jóvenes saludaban brazo en alto al estilo romano a su Jefe, Gil Robles, preparan otro de similares características en Granada, en Sierra Nevada, al que Ruiz Alonso es invitado como orador.

Una de las voces más críticas que se iban a levantar contra Ruiz Alonso será la del director de El Defensor de Granada, Constantino Ruiz Carnero, que era además íntimo amigo de García Lorca. En su defensa, como es obvio, se alzaría El Ideal de Granada, dirigido por Pedro Gómez Aparicio, cuya opinión debió pesar mucho para que Ruiz Alonso llegara a encabezar la lista granadina de la CEDA.

Octubre de 1934

Se puede entender que con este contexto político, cuando en octubre de 1934 varios miembros de la CEDA accedieron al gobierno de Lerroux, la izquierda política y sindical, junto con la izquierda nacionalista catalana, plantearan un abierto enfrentamiento contra lo que suponían una amenaza fascista real, no sólo por la deriva de las Juventudes de Acción Popular (JAP), sino por la admiración del Jefe, Gil Robles, hacia el austrofascista Dollfuss, que acababa de aplastar a las fuerzas socialistas en Viena. La defensa de un Estado corporativista de corte mussoliniano casaba con la doctrina social de la Iglesia contraria a la lucha de clases y al sindicalismo clasista. El resultado de la confrontación es conocido: revolución en Asturias, más de 30.000 presos políticos (entre ellos la plana mayor del socialismo y la UGT), la Generalitat de Cataluña disuelta y su presidente encarcelado, muchos ayuntamientos de izquierdas sustituidos por gestoras nombradas por el Gobierno, incluso muchas Casas del Pueblo clausuradas, aunque a diferencia de Austria, tanto el Partido Socialista, como la UGT, pudieron seguir existiendo como organizaciones legales.

En el mes siguiente a estos hechos, Ruiz Alonso se da de baja de la organización Acción Obrerista, mediante carta abierta que publican El Debate y el ABC, propugnando la constitución de un Frente Nacional del Trabajo de clara inspiración nazi-fascista. Al no entregar su acta de diputado, va a tener una posición privilegiada para medrar en el seno del partido más importante que estructura la CEDA, Acción Popular, con algunos de cuyos militantes en Granada mantendrá una estrecha amistad (como Trescastro o García Alix).

Unas semanas después de estos acontecimientos, Lorca estrenará Yerma (30 de diciembre de 1934), interrumpida por grupos falangistas y objeto de crítica feroz en toda la prensa derechista y ultraderechista, que señalan al poeta como enemigo de la España católica y tradicional.

Durante 1935 Ruiz Alonso aparece claramente implicado con Acción Popular y sus juventudes, teniendo un papel estelar en un importante mitin celebrado en el mes de marzo en el que participaría Gil Robles. Toda la parafernalia de exaltación del Jefe y el conjunto de propuestas (19 puntos) que Ruiz Alonso lee en nombre de las JAP son, como señala Gibson, muy próximas a la Falange, si acaso se diferencian porque ponen mayor énfasis en el catolicismo.

La exaltación extremista llega hasta tal punto que el mismo presidente de Acción Popular de Granada, Francisco Rodríguez Gómez, se presentó en el domicilio de Constantino Ruiz Carnero, el director de El Defensor de Granada llegándole a agredir físicamente. El Defensor y su director llevaba una línea de ataque mordaz contra la derecha granadina, siendo Ruiz Alonso uno de los que recibía las críticas más ácidas, como la de «obrero honorario» pues cobraba pero no trabajaba, o «diputado semi-obrero» o incluso el epíteto con que le bautizó el dirigente falangista José Antonio Primo de Rivera, como «obrero amaestrado de Gil Robles».

El «Bloque Contrarrevolucionario»

Ya a finales de 1935, cuando ya se vislumbra una convocatoria de elecciones, tras la crisis del gobierno Lerroux a propósito del escándalo del estraperlo, Ruiz Alonso, junto con sus amigos García-Alix y Trescastro, pasan a ocupar diferentes cargos en la dirección granadina de Acción Popular. Por estas fechas, el discurso de las Juventudes de Acción Popular defiende literalmente la formación de un «frente contrarrevolucionario» dirigido por el Jefe, Gil Robles.

Finalmente se convocan las elecciones el día 7 de enero para que se celebren el 16 del siguiente mes de febrero. A la semana siguiente, las izquierdas anuncian la constitución del Frente Popular y las derechas tratan de estructurar un «Bloque Contrarrevolucionario» en palabras del periódico madrileño El Debate. Es curiosa la coincidencia de dos actos el domingo 9 de febrero de 1936 en Madrid. Por un lado, la derecha se vuelca en un gran mitin, mientras que en un café madrileño se celebra un homenaje a Alberti y su mujer, Mª Teresa León, que acaban de llegar de un viaje a Rusia. En este acto, Federico García Lorca lee un manifiesto de intelectuales a favor del Frente Popular que encabeza él como primer firmante.

Gil Robles Fotografiado en un mitin de la CEDA en el Frontón Urumea de San Sebastián en 1935 (Wikimedia).
Gil Robles Fotografiado en un mitin de la CEDA en el Frontón Urumea de San Sebastián en 1935 (Wikimedia).

El día de las elecciones la participación es notable (70%) y cuando los datos empiezan a inclinar la balanza hacia las izquierdas, la gente irrumpe en la Puerta del Sol, donde en la sede de Acción Popular (en el edificio en que hoy está la famosa pastelería La Mallorquina) cuelga un gigantesco cartel que junto a una enorme fotografía de Gil Robles dice: «Estos son mis poderes, dadme la mayoría absoluta y os daré una España grande». Los bomberos tienen que salir a retirarlo porque las masas enardecidas lo quieren quemar.

En Granada, sin embargo, han vuelto a ganar las derechas. Pero es tal el cúmulo de irregularidades detectadas, que cuando se reúnen las Cortes deciden repetir las elecciones en Granada (y también en Cuenca). En Granada la tensión es máxima. El 8 de marzo tiene lugar una enorme movilización de la izquierda en apoyo de la repetición de las elecciones. Al día siguiente, un grupo de falangistas abren fuego contra una reunión de trabajadores. Esa misma noche las organizaciones obreras convocan a la huelga para el día siguiente. La CNT cuenta con unos 15.000 miembros, 10.000 la UGT y unos 1.500 el PCE. Como se puede ver, se trata de una fuerza organizada de más de 25.000 trabajadores. La huelga se radicaliza y se convierte en una especie de insurrección obrera. Los locales de Falange, Acción Popular, Acción Obrerista y las instalaciones del periódico Ideal son todas ellas asaltadas y destruidas.

La radicalización, como consecuencia de estos hechos, no dejará de crecer. Hasta el punto de que finalmente, las fuerzas de Falange y de la CEDA coinciden en una lista común, el Frente Nacional, que bajo el liderazgo del General Varela, Ruiz Alonso y el hermano de Ángel Herrera Oria (Francisco), compartirán candidatura con varios miembros de la Falange encarcelados tras su ilegalización (Ruiz de Alda, Raimundo Fernández Cuesta, etc.). En la lista del Frente Popular se incluye el socialista Fernando de los Ríos, buen amigo de la familia de García Lorca y «bestia negra» de la derecha granadina.

Ese 3 de mayo de 1936 la abstención masiva de las derechas dio el triunfo absoluto a la candidatura del Frente Popular, que se hizo también con los escaños que generalmente se reservaba la minoría. El Defensor de Granada se mofó varios días de los 10 votos recibidos por Ruiz Alonso el «obrero honorario». La masiva abstención de las derechas no fue mal vista por la Falange, pues favorecía el proceso de radicalización y acercamiento hacia posiciones fascistas de las Juventudes de Acción Popular. El mismo Ruiz Alonso acudió a Madrid con otros falangistas para entrevistarse con José Antonio Primo de Rivera, preso en la cárcel Modelo. Parece que no hubo una buena sintonía por las altas pretensiones de Ruiz Alonso, que finalmente pasó a ser uno de los responsables del reclutamiento y formación de milicias de las JAP, hasta que ya avanzada la Guerra Civil, el 19 de abril de 1937 se unificaron todas las milicias bajo el partido único FET y de las JONS. Como hecho curioso, señalar que el mismo día que se publica este decreto de unificación, Ruiz Alonso estaba pasando revista a las milicias de las JAP en Santiago de Compostela, según publicó el Faro de Vigo el 20 de abril y recoge Gibson.

Detención y asesinato de García Lorca

Tras la sublevación fascista, que en Granada se retrasó hasta el día 20 de julio y no se impuso plenamente hasta el día 23, tras ser aplastada la resistencia numantina de algunos sectores populares en el barrio del Albaicín, los sublevados nombraron a Valdés Guzmán, falangista y «camisa vieja» gobernador civil de Granada, pero en su entorno del Gobierno Civil había una fuerte presencia como asesores de miembros destacados de Acción Popular, el partido de Gil Robles, como los hermanos Jiménez de Parga.

De hecho, los tres encargados desde el Gobierno Civil de detener a García Lorca, refugiado en la casa de los Rosales, de los que algunos de los cinco hermanos eran importantes cuadros dirigentes de la Falange granadina, eran miembros destacados del partido Acción Popular: Ruiz Alonso, Trescastro y García-Alix. Al parecer, se había formulado una denuncia contra García Lorca, y aunque no se ha podido recuperar el documento original, se tienen diferentes informaciones coincidentes sobre el contenido de las acusaciones formuladas, una de ellas que Lorca era espía soviético. Parece que uno de los hermanos Rosales, José, el de mayor rango en la Falange, consiguió una orden de libertad para Lorca en el Gobierno Militar, sin embargo, parece confirmado que Valdés, ante la dimensión que tomaba el tema (miembros de Acción Popular contra miembros destacados de la Falange como los Rosales) consultó con Queipo de Llano que dio la orden de que le fusilaran con su clásico y conocido eufemismo «darle café, mucho café».

La noticia (o rumor) del asesinato de Lorca se comenzó a difundir en la mañana del mismo día 18 de agosto. El amigo de Ruiz Alonso, también militante con responsabilidades en la directiva de Acción Popular de Granada, Juan Luis Trescastro alardeaba de ello en los bares de Granada diciendo: «le di dos tiros en el culo por maricón» «al poeta de la cabeza gorda».

Al día siguiente del crimen, Ruiz Alonso, en una alocución radiofónica acababa su discurso refiriéndose a que «las gargantas de los traidores serán ahogadas en su misma sangre»

Según un antiguo dirigente de la CEDA, Torres López, en algún momento vio a Ruiz Alonso con mono (o camisa) azul y el yugo y las flechas, rodeado de los miembros asesinos de la escuadra negra o de la muerte, pero tras alguna discusión con el gobernador civil, Valdés Guzmán, cambió su indumentaria por una camisa marrón. O quizás fue como consecuencia de un enfrentamiento con Narciso Perales un «camisa vieja» muy cercano a José Antonio Primo de Rivera, en una disputa relacionada con las milicias de Falange y las que Ruiz Alonso quería montar a partir de las JAP (Cruces Negras).

Parece pues que no hay duda de que Ruiz Alonso, Trescastro y García-Alix, los tres procedentes del partido Acción Popular participaban en una escuadra negra o de la muerte de depuración paraoficial que se reunía cada noche en un café para confeccionar sus listas de objetivos. La violencia de proceder de Ruiz Alonso y sus acólitos era conocida en la ciudad por otros sectores de derechas vinculados a la sublevación.

Ruiz Alonso trató de estructurar milicias propias de las JAP, no sólo en Granada, sino posteriormente otras partes de la España controlada por los sublevados hasta que el decreto de unificación de abril de 1937 creó FET y de las JONS como partido único, siguiendo la estela nazi-fascista. A partir de este momento su estrella se difumina y pierde protagonismo político en la zona franquista. Gil Robles desde Estoril había animado a sus seguidores a seguir fielmente a los sublevados. En 1937 va a prologar un trabajo de Ruiz Alonso sobre el corporativismo, un verdadero manifiesto de orientación mussoliniana.

Pero Ruiz Alonso va a volver a recuperar protagonismo histórico gracias a otro antiguo dirigente de las JAP, incorporado desde los primeros momentos a la Falange, y además cuñado de Franco, Serrano Suñer que en una entrevista para la prensa mexicana en 1948 apelará a que, según él, ningún falangista estuvo implicado en el asesinato de Lorca. Señalando que todos los que llevaron a cabo su detención eran miembros del partido de Gil Robles, el partido de la Iglesia. Tras estas declaraciones de Serrano Suñer, dos investigadores, el hispanista británico, Gerald Brenan, y el hispanista francés, Couffon, se trasladaron a Granada y llegaron a la conclusión de la implicación de Ruiz Alonso y sus acólitos de la escuadra negra en la detención y muerte del poeta. Incluso según varias fuentes que pudieron documentar, cuando se difundió la noticia falsa de la muerte del dramaturgo Jacinto Benavente supuestamente a manos de los rojos, a Ruiz Alonso se le oyó decir en un bar «pues aquí tenemos a García Lorca».

A modo de conclusión

Tras la muerte de Franco, Ruiz Alonso marcha a EEUU a casa de una hija, para apartarse así del foco de la noticia, pues además de la obra de Gibson editada en 1971, que se empezaba a difundir masivamente en nuestro país aunque de forma clandestina, ya antes de la muerte del dictador, en 1975, se concede el premio Planeta a José Luis Vila-San-Juan con una obra titulada García Lorca asesinado: toda la verdad, donde Ruiz Alonso aparece claramente señalado.

Gibson concluye que la denuncia contra Lorca partió del núcleo duro de Acción Popular en Granada: Ruiz Alonso, García- Alix y Trescastro. Que Lorca estuviera bajo la protección de la familia Rosales (con varios miembros de Falange) y dada la rivalidad entre las JAP y los falangistas, pudo favorecer la interposición de la denuncia, pero ya antes de estar en casa de los Rosales, recibió la visita de grupos violentos de Falange y de otras filiaciones que le llevaron a pedir ayuda a su amigo y también poeta Luis Rosales.

Seguramente, su asesinato, en un marco de represión sistemática contra los partidarios del Frente Popular, se hubiera producido igualmente, pero llama la atención que elementos vinculados al partido de Gil Robles y a la Iglesia Católica participaran tan decisivamente en el mismo.


Título: El hombre que detuvo a García Lorca. Ramón Ruiz Alonso y la muerte del poeta.

Autor: Ian Gibson.

Año: 2007.

231 páginas.

Editorial Aguilar.

Escrito por
Jesús de Blas Ortega

Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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