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Editorial: Hispania, Aníbal y Escipión


En el informe especial de este número nos centramos en cómo la victoria romana en las guerras púnicas sirvió para que dominaran el Mare Nostrum, que verdaderamente comenzaba a ser de su propiedad. Aunque las guerras púnicas se desarrollaron en varios escenarios, queremos pararnos a pensar en el papel que tuvieron las campañas en la península ibérica.

El fallecido historiador José María Blázquez Martínez publicó en su Obra completa un apartado dedicado a la importancia de las guerras en Hispania para la carrera militar de algunos destacados generales entre los que señala a Aníbal o Escipión el Africano, además de Pompeyo, Julio César o Augusto, entre otros.

No se trata de una suerte de chovinismo, sino de un tema de gran interés. Grandes generales vieron se enfrentaron a algunas guerras muy duras y difíciles. Mejor, en palabras de Blázquez: «fueron maestras de grandes personajes en el arte de la guerra».

Célebre pintura de Giulio Romano en la que representa la batalla de Zama, ocurrida el 19 de octubre del 202 a. C., y que enfrentó a Escipión el Africano con Aníbal Barca. En ella, Escipión puso en práctica una ingeniosa estrategia para hacer frente a los imbatibles elefantes cartagineses. Roma se impuso, aunque Aníbal logró escapar (Wikimedia).
Célebre pintura de Giulio Romano en la que representa la batalla de Zama, ocurrida el 19 de octubre del 202 a. C., y que enfrentó a Escipión el Africano con Aníbal Barca. En ella, Escipión puso en práctica una ingeniosa estrategia para hacer frente a los imbatibles elefantes cartagineses. Roma se impuso, aunque Aníbal logró escapar (Wikimedia).

Empecemos por Aníbal Barca. Llegó a Cádiz con apenas nueve años y vivió, junto a su padre, fieros enfrentamientos contra las poblaciones de la baja Andalucía. Tras su nombramiento como general por aclamación de las tropas, Aníbal siguió desarrollando sus habilidades como estratega. Blázquez definía a Aníbal como maestro de la estrategia, calculador pero con capacidad de improvisación y gran intuición. 

Otro de sus rasgos destacados sería el buen trato hacia la tropa, algo que supo conjugar para granjearse el apoyo de varios pueblos ibéricos, que fue fundamental para algunas de sus campañas. Entre ellas, el asedio de Sagunto, que es considerado el casus belli de la segunda guerra púnica. Además, buena parte del ejército con el que Aníbal cruzó los Alpes para llegar a la península itálica estaba formado por mercenarios íberos.

Por su parte, Publio Cornelio Escipión también tenía una relación con Hispania de la mano de su padre (y de su tío), que habían combatido al frente del ejército republicano, algo que pagaron con su propia vida. El joven Escipión llegó con 25 años para comandar como general del ejército romano en la península ibérica. Así, acaparó en sus manos un poder militar que nunca antes Roma había otorgado a alguien tan joven. No había tenido demasiadas experiencias en el campo de batalla, y una de ellas era tan vergonzosa como la de Cannae. Sin embargo, Escipión, con gran audacia, tomó la ciudad cartaginesa de Qart Hadast, que era el principal centro de operaciones púnico en la península, al tiempo que uno de sus puertos más importantes.

Otro de los méritos de Escipión en la península fue buscar apoyos entre las poblaciones autóctonas, y establecer buenas relaciones con ellos, algo que también compartía con Aníbal. Dos genios militares que tuvieron mucho en común. Nunca podremos saber si se encontraron en Éfeso como sugieren algunas fuentes clásicas, pero no es difícil imaginarles hablando en los términos que dicta la leyenda.

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