Inicio Entrevistas «La historia no es un puñado de piedras y de polvo»

«La historia no es un puñado de piedras y de polvo»

El autor británico Tom Holland ha contribuido con su obra a divulgar la Historia Antigua. Su secreto reside en su capacidad narrativa, erudición, la lectura crítica que hace de las fuentes historiográficas y un fino sentido del humor. Todo ello hace que sus libros sean auténticos éxitos de ventas.

Tom Holland (Oxford, 1968) es, junto a Mary Beard, el historiador que ha conseguido volver a poner de moda la Antigüedad Clásica, elevando su obra a los puestos más altos de las listas de libros más vendidos. A quienes llevamos siguiendo su carrera desde hace años este hecho no nos sorprende lo más mínimo. Pero, ¿cuál es el secreto de Holland? Seguramente una mezcla de varios factores: en primer lugar, su gran capacidad narrativa, que hace que sus ensayos te absorban de forma casi hipnótica. Añadamos ahora una gran erudición, una inteligente lectura crítica de las fuentes historiográficas y un finísimo sentido del humor británico, que durante la lectura consigue arrancar más de una carcajada. Como autor tiene además una gran capacidad para analizar el pasado desde una muy certera visión contemporánea, logrando con ello mostrar cómo el conocimiento del pasado ayuda en el análisis de la actualidad. El resultado de esta suma no podía ser otro: un extraordinario don para acercar la Historia, así, con mayúscula, al gran público.

Tom Holland.
Tom Holland.

El reconocimiento como historiador le llegó con la publicación en 2003 de Rubicón, pero su trabajo como divulgador nunca ha estado relegado únicamente a los ensayos. Novelista en sus inicios profesionales, ha trabajado en radio, prensa, documentales televisivos y es uno de los historiadores más seguidos y aclamados en redes sociales como Twitter. En 2017 la editorial española Ático de los Libros publicó su reciente Dinastía y rescató otro de sus grandes trabajos, Fuego Persa. Además, durante este año llegará la reedición de Milenio. Aprovechando estas afortunadas circunstancias, mantuvimos con él una sugestiva conversación.

Pregunta. Sus libros y los de Mary Beard llevan meses en las listas de los más vendidos en España. En Italia, un ensayo sobre el griego clásico causa furor. ¿Cree que estamos viviendo una suerte de época dorada en la divulgación de la Antigüedad Clásica?

Respuesta. ¡Eso sería una magnífica noticia para los historiadores! En todo caso, sí creo que en tiempos turbulentos como los que estamos viviendo, tendemos a buscar certezas allí donde se encuentren. En algunos casos, desafortunadamente, eso empuja a la gente a las respuestas fáciles y a los dirigentes populistas, como vemos que sucede hoy en América y en Europa. Es lo que sucedió con Calígula y Nerón: supieron convencer a los ciudadanos de que estaban de su lado, frente a las élites que los habían marginado. En otros casos, y eso es motivo de alegría y de alivio, la gente se interesa por las lecciones o, mejor dicho, los hechos del pasado, tratando de encontrar una respuesta para la inseguridad del presente. Probablemente eso es una ilusión, porque hemos visto una y otra vez que al ser humano no le sirve de mucho mirar al pasado, para evitar cometer los mismos errores en el futuro. Pero en todo caso, me parece una señal de buena salud cultural por parte de los lectores actuales. 

P. Antes de dedicarse a la divulgación histórica escribió varias novelas. Sus ensayos históricos, además de realizar una lectura actual y crítica de la Historia, transmiten pasión, demuestran una gran habilidad narrativa y contienen unas maravillosas notas de humor. ¿Son estas características de Tom Holland una herencia de su etapa como escritor de ficción? ¿De qué forma ser escritor de ficción le ha ayudado como divulgador?

Portada de 'Dinastía'.
Portada de ‘Dinastía’.

R. Sin duda alguna, mi primera inmersión en el mundo de la literatura me sirvió muchísimo: descubrí al documentarme para esas novelas que disfrutaba mucho del proceso de investigación, de exploración de las fuentes, del hecho de sumergirme en el pasado de una manera tan profunda. Decidí que si podía hacer eso, no importaba si escribía ficción o no ficción. Al fin y al cabo, al recrear vidas y personajes pasados, estás ficcionalizando necesariamente la figura de, por ejemplo, Julio César en el caso de Rubicón, y para esa parte de la tarea sí me ayudaba mucho mi afición por la narrativa. En cuanto al sentido del humor, ¡se lo agradezco! Creo que eso se lo debo a mi ascendencia británica. 

P. ¿Cree que podemos acercarnos a la verdad cuando investigamos una época tan remota en la Historia como es la Antigüedad?

R. Es, efectivamente, muy difícil, de hecho, solamente contamos con el registro arqueológico propiamente dicho en tanto que prueba fehaciente. Pero por fortuna, en los últimos años ha habido notables avances en el análisis de estos materiales, y progresivamente los arqueólogos y las disciplinas aledañas han contribuido de manera muy importante con datos inesperados que matizan o en algunos casos, modifican, el relato establecido. Pensemos por ejemplo en el descubrimiento reciente de que una osamenta vikinga atribuida al líder de un poblado era de una mujer: eso nos aporta mucha información sobre la manera de organizarse de las sociedades vikingas prehistóricas. Pero, por supuesto, la Verdad con mayúscula, única y excluyente, no existe. Podemos aspirar a reunir distintas facetas del relato pasado, perspectivas de un mismo hecho: como si construyéramos un Rashomon histórico. 

P. ¿De qué manera los problemas y hechos del pasado nos pueden ayudar a lidiar con los de la actualidad?

R. Por desgracia, es fácil caer en los mismos errores de un pasado que creíamos superado: aquí está el desafortunado caso del Brexit, la opción seguramente más perjudicial para el Reino Unido porque la aparta de un mercado común, se erige en ganadora. O bien la elección de Donald Trump, un líder egoísta, populista y que, a pesar de todo, consigue convencer a más de 60 millones de votantes de que él «convertirá a América en un país grande de nuevo», citando su eslogan de campaña. Así que estamos en una etapa de la historia en que sostener eso es difícil. Pero, por otro lado, cabe espacio para la esperanza: sabemos bien dónde nos llevan los absolutismos, los déspotas y el autoritarismo, y creo que hay más gente dispuesta y alerta para evitarlo hoy que antaño, precisamente porque no ignoramos nuestro pasado. 

P. ¿Cómo podemos hacer que el estudio de la Historia resulte atractivo a los más jóvenes?

R. Yo me enamoré de la historia a través de los dinosaurios: me parecían peligrosos, excitantes y animales fascinantes, y de allí salté a la prehistoria y luego a la Antigüedad… Creo que basta con comunicarles a los jóvenes hasta qué punto la historia no está muerta, no es un puñado de piedras y de polvo sino que en las vidas de nuestros antepasados había peligro, riesgo, conquistas, esclavitud, penurias, batallas… ¡Vivían vidas mucho más duras que las nuestras, y por eso son emocionantes! 

P. Grecia, Roma, el mundo musulmán, la Edad Media y la traducción de clásicos. ¿Qué es lo próximo para Tom Holland?

R. Actualmente estoy escribiendo una historia de la Biblia, de cómo la narrativa bíblica se entreteje con la historia real para construir uno de los relatos (¿de ficción?) más apasionantes de la historia de la Humanidad. 

P. Una última y crucial pregunta. Si tuviera que elegir: ¿Tácito o Heródoto?

R. ¡Es una pregunta muy cruel! Pero me debo a Roma: Tácito. 

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